Mente sana,
padres felices
Basado en estudios que indican
que los conflictos emocionales pueden alterar el funcionamiento
del sistema reproductivo,
el Programa Integral de Fertilidad creado por la psicoterapeuta estadounidense Niravi Payne
tiene ahora eco en Venezuela,
donde se ha comenzado
a aplicar con muy buenos augurios.
María Elisa Espinosa
María Gabriela Chalbaud y Marcos
Domínguez, una pareja de caraqueños que en estos días pisa los tempranos treinta, pasó alrededor de cuatro
años nadando en las ansias de tener un bebé. Ningún diagnóstico médico daba cuenta de algún problema de infertilidad, pero con todo y eso
el niño no llegaba.
Hoy, con algunos meses de nacido, Marcos Eduardo es la materialización de una convicción que ha recorrido el mundo entero en boca de la estadounidense Niravi Payne, entregada a promulgar que el milagro de la vida, más que eso, es el derecho de toda mujer o pareja a ser padres felices y conscientes.
Su método psicoterapéutico, que llamó Programa Integral de Fertilidad (Whole Person Fertility Program, en inglés), se basa en numerosos estudios que indican que los conflictos emocionales pueden alterar el funcionamiento de los sistemas biológicos. En otras palabras, Payne se sustenta en la —ya comprobada— conexión que hay entre mente y cuerpo, y extrapola esta idea al tema de la fecundidad, convencida de que sólo teniendo bien integrados ambos elementos es que una pareja puede lograr la concepción.
En este caso particular de la fertilidad, tal como lo explica la psicoterapeuta, lo que sucede es que el diálogo constante entre los pensamientos y los sentimientos de una persona suele provocar respuestas en su cuerpo que conducen a cambios químicos, hormonales y neurológicos capaces de alterar el equilibrio del sistema hormonal involucrado en la reproducción.
Por ser esto así, su método lo que busca es que la pareja con fertilidad disminuida descifre todos aquellos mensajes negativos y creencias que su mente le está enviando al cuerpo (muchos de los cuales, por cierto, suelen originarse en la niñez), de manera que a partir de ese hallazgo pueda sanar y, en consecuencia, salir embarazada.
Concretamente, para facilitar la expresión de las emociones que estos mensajes generan, Payne se ha valido a lo largo de los últimos 25 años de diferentes técnicas, entre ellas la exploración de la configuración familiar y de las creencias adquiridas con respecto a la sexualidad, la pareja y los hijos; así como también trabaja con algunos métodos de relajación, visualización y terapias alternativas para liberar el estrés y movilizar las energías reproductivas.
Más allá del agua tibia
En Venezuela, las terapeutas Ana Llorente y Andreína Di Gerónimo le han seguido los pasos a Niravi Payne, con quien se formaron como facilitadoras de su método y con quien mantienen periódicas consultas telefónicas para tratar la evolución de los casos que atienden desde hace un año en Serfertil, una institución creada por ambas justamente para brindarle a las parejas con fertilidad disminuida una alternativa de tratamiento integral que por sí solo, o como apoyo a tratamientos de fertilización asistida, les permita convertirse en padres biológicos o crecer como persona, en el caso de que definitivamente no sea posible embarazarse.
Son ellas, por tanto, las más indicadas para responder a una inquietud primordial en torno al tema: ¿Acaso la idea de estar “relajados” para poder concebir no es descubrir el agua tibia?
Llorente lo pone en estos términos: “Efectivamente, e incluso en muchas clínicas de fertilidad en todas partes del mundo, se cuenta con programas que aplican técnicas como yoga, relajación y la psicología para ayudar a la pareja a reducir los niveles de estrés, pues obviamente hay una cantidad de estudios que hablan de que la gente no se embaraza a causa de estar estresado. Sin embargo, lo que normalmente se aborda en ese tipo de programas es el estrés producido por el tratamiento de fertilidad como tal, dejando fuera ese estrés crónico que está instalado allí, a veces cargándolo incluso desde que se está en el vientre de la madre. En nuestro caso, es precisamente este tipo de estrés que ya tomó forma en el cuerpo, así como alguna depresión que se pueda tener previo a la búsqueda de un bebé, lo que más trabajamos a través del Programa Integral de Fertilidad. Esa es la gran diferencia”.
Di Gerónimo, sin embargo, no se olvida de añadir otro factor que también puede incurrir en una fertilidad disminuida; es decir, la presión social y familiar según la cual todos estamos predestinados a casarnos y después de eso a tener hijos. “Cuando esto se lo hacen ver así a una persona, se le puede generar estrés y por lo tanto su sistema inmune baja, quedando más propensa a cualquier enfermedad o trastorno físico. Nosotras tampoco obviamos este tipo de estrés porque es importante; y así como con los otros tipos, lo que buscamos es que la persona tome conciencia de que lo padece”.
En ese sentido, parte de lo que se enseña a través de este método es que el individuo —sea el hombre o la mujer, o ambos— se dé cuenta de cuándo no está relajado, cuándo sus músculos están tensos, cuándo una situación de vida le está creando una angustia interna... “¿Te duele la espalda? ¿Estás apretando mucho la mandíbula? ¿Qué factor te está molestando en este momento? ¿Qué decisión no has podido tomar?, son algunas preguntas que le hacemos y a partir de allí le damos técnicas de auto relajación, así como otras herramientas alternativas (como balance craneosacral, sintergética, terapia floral de Bach, masaje profundo y Jin Shin Jyutsu), para que la persona realmente aprenda y se cure. Es decir, es un trabajo bien completo porque no nos estamos quedando solamente con el síntoma, sino que vamos al proceso que lo está generando”, aclara Di Gerónimo.
Sin falsas ilusiones y ganando
Aunque Llorente y Di Gerónimo no descartan que efectivamente en algunos casos puedan existir razones físicas por las cuales una pareja no pueda embarazarse, prefieren orientar toda la atención al tema de la mente y las emociones.
“Obviamente hay causas como la contaminación ambiental, el ritmo de vida y una cantidad de cosas que están en el organismo que terminan dificultando un embarazo, pero el problema aquí es que se pasa por alto el otro componente”, insiste en destacar Llorente. “Lo cierto es que el trabajo resultaría muy exitoso si nosotras conseguimos que las parejas realmente se conviertan en papás biológicos; sin embargo, de no ser así, puesto que nosotras no jugamos a ser Dios, ya habría una ganancia”.
La terapeuta se explica mejor: “Un embarazo no es necesariamente el fin último de nuestro trabajo. El fin último de nuestro trabajo es que esa persona se haga más consciente de sí misma; que cuando se convierta en madre o padre pueda ser una madre o un padre que sabe lo que trae de atrás, y si no es posible un embarazo igualmente puede explorar otras posibilidades de construir una familia, porque las hay, como por ejemplo: adoptar un bebé o sanar como persona y como pareja”.
De esto se hace eco Gabriela Moreno, mujer que se acerca a las cuatro décadas, quien en la búsqueda de un bebé se ha encontrado junto a su esposo con aprendizajes valiosísimos a través del Programa Integral de Fertilidad; entre ellos, que en sus cuerpos no hay ningún indicio físico que apunte a no poder tener hijos, y por lo tanto, el camino al éxito de su embarazo está en el crecimiento de ambos.
“Estamos con el método desde septiembre de 2006 y lo que me parece más interesante de la propuesta es que es un trabajo integral. El ser humano no está hecho de pedacitos, sino que es un todo: mente, cuerpo y espíritu, y en ese sentido holístico de la vida aprendes a descubrir todo lo que se necesita para ser padres. Es decir, no es una cuestión de carencias, aquí se habla de búsqueda, de darte cuenta de que todo es un aprendizaje. Te das cuenta de que la única relación de tres que funciona es ésta: la de padre, madre e hijo”.
El trabajo es en equipo
Las creadoras de Serfertil hacen especial hincapié en que el método alternativo en el cual se basan para lograr el embarazo en personas que así lo desean, no está divorciado de los tratamientos tradicionales de fertilidad asistida a los que suelen apelar tantísimas parejas en el país. De hecho, tanto ellas como la propia Niravi Payne siempre hablan de que un método no necesariamente tiene que descartar al otro.
Por lo pronto, en lo que respecta a la experiencia vivida por ellas en Caracas, la resumen como positiva, habiendo escuchado ya de boca de uno que otro especialista palabras alentadoras. “Hace poco, en el consultorio del doctor de una de las mujeres que recibe nuestra terapia, le escuchamos decir: ‘Oye, pero la verdad es que esta no es la misma mujer que yo inseminé antes... Ahora sí está relajada’”.
Y aunque lo cuentan satisfechas, concluyendo que en algunos casos la receptividad por parte de algunos médicos tiene que ver con que “al final entienden que el trabajo se facilita”, tampoco dejan de advertir Llorente y Di Gerónimo que lo importante de todo esto es que efectivamente el proceso se llegue a ver como algo en lo que muchos están involucrados: “Que no se crea que esto se tiene que separar de la medicina; que los médicos, obstetras, ginecólogos y todos aquellos que trabajen con procesos de fertilidad no nos vean como sus enemigos. Más bien, este es un trabajo en equipo donde realmente lo que se busca es el bien de ese bebé que va a nacer, de esa mujer que no se puede embarazar, de ese hombre que tiene problemas de bajo conteo espermático. Que si se trabaja realmente en equipo, donde nadie es mejor que nadie y cada quien puede aportar algo, lo que va a resultar es el beneficio de esa pareja que va a ser papá y mamá”, resume Llorente sobre las expectativas que ella y su colega terapeuta tienen sembradas.
Di Gerónimo, por su parte, apunta hacia la importancia del compromiso que deben asumir tanto la pareja como el terapeuta en todo esto: “El trabajo que se hace aquí es realmente de abrir los sentimientos, de abrir el corazón de la persona para que pueda sentir tanto el placer como el dolor. Yo creo que uno de los grandes secretos de todo esto es que cuando esa persona abre el corazón, es porque se siente en confianza, porque se siente tomada en cuenta, porque no se siente juzgada. Porque nada es bueno ni malo, sino que simplemente la vida es así”. l
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| Casos de casos |
De acuerdo a los casos trabajados en las terapias integrales de fertilidad, muchas veces los problemas para procrear vienen en respuesta a haber tenido una madre que fue sumamente protectora u otra que no tuvo suficiente atención hacia sus hijos, por lo cual la paciente, consciente o inconscientemente, evita repetir cualquiera de estos patro- nes y es por ello que no logra salir embarazada. Asimismo, en ocasiones la mujer con problemas de fertilidad disminuida tiene en su historial un aborto previo provocado, generalmente cuando era adolescente. En el momento en que esto sale a colación en la terapia, es que comienza a sanar la persona, y por tanto su capacidad reproductiva se reactiva. Buena parte de los estudios desarrollados por Niravi Payne en los Estados Unidos están sustentados en la observación que hiciera a la denominada generación de las baby boomers; es decir, las hijas de aquellas mujeres de la post guerra que optaron por una vida diferente
a la de sus madres amas de casa y dependientes de sus
maridos, bien sea porque ellas mismas no querían verse reflejadas en ese espejo o porque las propias madres le inculcaron la importancia de hacerse profesionales y económicamente auto suficientes, en lugar de convertirse en mamás.
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