Contigo
aprendí
Cinco famosas progenitoras venezolanas tienen algo en común: sus retoños
más preciados siguieron sus pasos profesionales o, en ocasiones, lo que es una segunda pasión, como es el caso de la chef Helena Ibarra, quien, en el pasado,
hizo pininos como manager de rock. Que el próximo Día de las Madres sea el motivo para compartir con ellas sus reflexiones en eso de ser colegas, madres
e hijas. Pablo Blanco. Fotos: Dumont & Regalado
Samantha y Helena

Trina y Canelita

Adriana y Sofía

Cristal y Edith
Mimí y Sindy
| La cuna del rock |
Samantha Dagnino
Avalancha es el nombre del primer álbum como solista de Samantha, una rockera de 18 años, hija de la chef Helena Ibarra y el cantante Pablo Dagnino. Después de haber formado parte de la banda alternativa Tensa Calma, Samantha decidió dejarse apadrinar por sus progenitores, cuya antigua relación de pareja estuvo marcada por lo que fuera el lanzamiento del primer disco de la extinta banda venezolana de rock Sentimiento Muerto, con Ibarra como manager y Dagnino como voz líder. No en vano el inminente lanzamiento de Avalancha está coordinado por mamá y producido por papá. Que lo diga Samantha...
¿Qué has aprendido de tu mamá?
“La convicción de buscar las cosas que quieres y no rendirte. He aprendido a no ser conformista. A tomar los riesgos que implica el dedicarte a hacer lo que te gusta hacer”.
¿Cómo influyó ella en eso que querías hacer?
“Mi mamá es quien más me ha fomentado el talento. Desde muy pequeña me metió en cursos por aquí y por allá. Me inscribió en lo que fueron mis primeras clases de canto lírico con Liliana Macharri y luego en la entonces Unidad Educativa del Conac, en la que hacías un bachillerato en el que te especializabas en música o teatro. Para mí fue muy rico para canalizar mi vocación y se lo debo a ella”.
¿Aparte del rock has heredado el gusto por la cocina?
“Siempre digo que soy un desastre en la cocina, como para protegerme de que me comparen con ella en esa área, pero en realidad sí me he puesto a observarla mientras hace su trabajo, tratando de aprender. Me ha enseñado el valor de sentarse a comer en la mesa. Y como si fuera poco en mi cabeza están todas sus recetas. Ese es el mejor patrimonio”.
Helena Ibarra
Habla la madre
“Cuando salí embarazada de Samantha me asusté. Yo era una rockera seria y además era la manager de Sentimiento Muerto y novia del vocalista, lo cual en ese momento no significaba precisamente una sólida estabilidad económica. Puede decirse que mi hija se gestó entre los acordes de la grabación de ese primer disco de Sentimiento... Yo tenía entonces dos partos pendientes: el de mi hija y el del álbum. Inmediatamente decidí que me ponía más nerviosa el lanzamiento del disco y tuve un parto de lo más relajado, no recuerdo dolores ni complicaciones en particular. La gente siempre me recuerda que durante mi embarazo me puse más bonita, en lugar de engordar rebajé seis kilos. Y Samantha creció mientras se construía la historia de la banda. Se quedaba dormida sobre las cajas de las guitarras de Cayayo, lo cual para muchos era un horror. Creo que no gratuitamente heredó la rebeldía rockera enseriada digna de un artista que pretende hacer de ese oficio una profesión para vivir y no un juego. Para mí es maravilloso descubrir su esencia a través de su expresión artística. Samantha es un precipitador de mi propio proceso personal y eso se lo agradezco”. |
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| La hija del son |
Trina Medina
Creció entre músicos. Sus 15 minutos de fama comenzaron cuando acompañó a Yordano en dos hits de los noventa: Robando Azules y Madera Fina. Actualmente está produciendo, de manera independiente, un álbum con el que rendirá homenaje a los cantantes que más han influido en su vida, gracias a la banda sonora que, desde pequeña, le puso a escuchar su mamá: la sonera Canelita Medina.
“Mi mamá es como una diosa de tiempos antiguos. No lo digo sólo yo que soy su hija sino quien la ve en escena. Cuando toma el micrófono parece una reina, tiene una clase
natural que hace que su interpretación tenga un nivel de elegancia irrepetible”.
¿Tú heredaste algo de eso?
“¿Yo? No. Yo soy más como Tracy Chapman. Ando en jeans, soy como más informal. Quizás ese es su dolor de cabeza (risas)”.
¿Qué has aprendido de Canelita?
“Desde que se enteró de que yo quería cantar me ha dado los mejores consejos. El primero de ellos fue que tuviera una carrera paralela a la música para lograr cierta estabilidad económica en el futuro. Me hablaba la voz de la experiencia y así lo hice: terminé mis estudios de Relaciones Industriales y es lo que me ha permitido tener el recurso para ir armando mi propio estudio de grabaciones. Siempre se lo agradeceré”.
¿Suele darte consejos en materia musical?
“Nos entendemos de maravilla porque ella es una músico innata, intuitiva, como Oscar D’León: de estos artistas que saben si la banda está desafinada por puro instinto natural. Yo domino más la parte técnica. Nuestro intercambio es muy rico”.
¿Qué es lo mejor de ser la hija de Canelita?
“Imagínate, soy hija de la única mujer que canta sones en el mundo. Es algo que quizás saben pocos venezolanos. Ni siquiera en Cuba hay mujeres soneras, porque Celia Cruz era La Guarachera de América. Mi mamá es la prueba fehaciente de que la historia de la salsa no se terminó con la Fania All Stars.
¿Qué más quieres que te diga?”.
Canelita Medina
Habla la madre
“Trina fue gestada durante mis comienzos en la música, cuando yo cantaba en la Sonora Caracas. Mi esposo, Alfredo Sojo, era el pianista de la banda. Mi barriga fue creciendo en un escenario, trabajé hasta los siete meses de embarazo. Y al nacer ella escuchaba lo que yo escuchaba: la cubana Celeste Mendoza, la Sonora Matancera y, por supuesto, Celia Cruz. Desde chiquita fue muy seria, como ahora, y siempre fue excelente estudiante. Lo malo es que en la casa no agarraba ni una escoba (risas). Siempre le aconsejé que si se iba a dedicar a la música sacara también otra carrera porque aquí en el país el ambiente de los cantantes de salsa es a veces muy ‘relajado’, un día estás arriba y otro abajo. Me enteré de que quería cantar cuando me lo hizo saber un tercero: ‘¡Canelita: Trina está cantando en una pizzería!’. Total que ahora sabe más de música que yo. Lo más hermoso que he aprendido de ella es la valentía; siempre he sido una mujer muy tímida y ella me ha enseñado a ser más osada. Me ha dado mucho valor... ”. |
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| Bajo el signo del arte |
Adriana Meneses
Actualmente dirige el Museo de la Estampa y el Diseño Carlos Cruz Diez. Su incursión en el área de la gerencia cultural comenzó hace más de 10 años, cuando le tocó asumir, en 1995, la dirección del Museo Jacobo Borges. La influencia
de su madre, la periodista y
gerente cultural Sofía Imber,
ha sido evidente.
¿Qué ha aprendido Adriana de Sofía?
“Su capacidad y disposición para
el trabajo. La disciplina. La convicción de que lo primero son tus objetivos y después todo lo demás. Nunca tuve excusas para no hacer mis tareas escolares, a menos que tuviera un fuerte quebranto de salud”.
¿Cuándo decidiste seguir sus pasos?
“Yo tenía como 13 años cuando mi mamá comenzó a ser directora del Museo de Arte Contemporáneo, en el año 73. Desde allí tomé esa conciencia de la importancia de su oficio: viví todas las compras de obras de arte para la institución y me percaté de su impecable criterio en la materia. Descubrí fotos de ella con los grandes de la plástica como Picasso y Leger. En el colegio la identificaban como una figura de televisión y en mi casa se hacían las páginas culturales de El Universal. Así que pronto me di cuenta de que era un camino que yo iba a disfrutar. En mi bachillerato comencé a hacer un periódico estudiantil y cuando vine a darme cuenta estaba estudiando Comunicación Social. Después hice una especialización en Gerencia Cultural en el exterior y al regresar al país se me presentó la oportunidad de dirigir el museo del oeste. Todo encajó de manera natural y gracias al apoyo de mi madre”.
¿Te ha asesorado laboralmente?
“Sería lo más lógico pensarlo, pero hemos tomado caminos muy distintos por los tipos de museos que nos han tocado dirigir. Sin embargo, que nos comparen es inevitable”.
¿Qué es lo mejor de ser su hija?
“Crecí como la niña más querida. En la familia siempre bromean cuando recuerdan que ella me bañaba en agua Evian (vivían en París en ese entonces) porque pensaba que el agua hervida no era suficiente (risas). Su ejemplo como ser humano es invalorable, como lo son su legado de compromiso ante el otro y su valentía. Hay una consigna suya que me ha marcado: ‘No tengas miedo de pertenecer a una minoría’”.
Sofía Imber
Habla la madre
“Adriana se gestó y nació en París, el mismo día que yo nací: el 8 de mayo, mientras yo estaba trabajando en colecciones privadas. Su papá, el escritor Guillermo Meneses, y yo deseábamos enormemente su nacimiento. Ser su mamá no ha sido fácil, siempre ha tenido mucha personalidad. Antes pensaba que no escuchaba mis consejos, pero con el tiempo me he dado cuenta de que sí lo ha hecho. Su labor en el Museo Jacobo Borges fue muy significativa en lo que se refiere al trabajo con la comunidad. Por el oficio que tenemos en común es inevitable que tengamos un diálogo constante sobre hacia dónde va el país, sin echárnoslas de intelectuales. De ella he aprendido a ser más tolerante, a jerarquizar las prioridades y a ser un poco menos rígida, menos trágica, si se quiere (risas). Debo destacar que, precisamente, una de sus características más hermosas es que es una madre abnegada que se desvive por sus dos hijos”. |
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| Disney en la colina |
Cristal Montaño
Es una de las productoras del programa Portada’s de Venevisión. Su oficio le viene de observar y aprender el trabajo de su madre: Edith Valerio, una de las productoras más respetadas del Canal de la Colina, quien ahora es su jefa. Juntas han aprendido a diferenciar su vínculo familiar del corre corre que viven diariamente gracias a la profesión a la que decidieron entregarle cada gota de sudor.
¿Cómo fue crecer con Edith?
“Como estar en Disneylandia.
Crecí yendo todas mis vacaciones escolares a la carpa del Circo Cómplice y visitando los camerinos del programa Complicidades. Conocía a todos los artistas que estaban de moda en ese momento: Roberto Antonio, Melissa y Proyecto M. De adulta el sueño no se ha acabado, decidí convertirme en productora porque quería ser tan feliz como mi mamá”.
¿Qué has aprendido de ella?
“Entendí que ser comunicador social es como ser un médico: dedicas las 24 horas del día a tu trabajo. Valoré lo que significa coloquialmente ‘partirse el lomo’”.
¿En qué se parecen?
“Somos igualitas. Tenemos el mismo carácter, no somos nada fáciles. Cuando una se molesta la otra se esconde (risas). Nuestra relación es de panas; disfrutamos mucho el estar juntas, no sólo trabajando sino haciendo shopping o yéndonos de vacaciones. Siempre viví con ella hasta que decidí independizarme, hace apenas seis meses, y mudarme sola. Ya no puedo ir al clóset del cuarto de al lado a tomar prestado algo que ponerme”.
Edith Valerio
Habla la madre
“Cristal fue engendrada la primera noche de amor de mi matrimonio. Debo decir que mi esposo y yo teníamos previsto tener hijos, pero no tan pronto. Eramos unos muchachitos veinteañeros y nos asustamos por el asunto económico. Yo era periodista del Bloque de Armas, así que mi embarazo fue en medio del estrés de una redacción de revistas. Pronto se acostumbró a acompañarme al trabajo: aprendió a caminar en una sala de edición y durante sus vacaciones escolares me pedía ansiosamente acompañarme a los estudios del canal. Siempre lo disfrutó, era la consentida de Maite Delgado, Viviana Gibelli y Delta Girbau. Creo que logré transmitirle que la comunicación social es una carrera de pasiones en la que o te entregas al ciento por ciento o renuncias. No fue difícil inculcarle la disciplina porque ya ella sabía cómo ladraba el cachorro (risas). Las madres tienden a hacer concesiones con los hijos, a hacerse las locas, pero yo no me puedo dar ese lujo en la oficina, ella sabe que más bien le exigiré más que al resto del equipo. Es mi escuela joven, le aporta la visión de su generación a mi trabajo. Funcionamos como las mejores amigas. Cristal es una bendición, qué original eso, ¿verdad? (risas), pero es que es cierto”. |
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| Igualita a mimí |
Sindy Aoun Lazo
Cristinita es el personaje de la telenovela Voltea pa’ que te enamores, con el que el país ha conocido el histrionismo de Sindy Aoun Lazo, la hija de la actriz Mimí Lazo. “Pero esta niña es igualita a Mimí”, se escucha cada vez que Sindy aparece en pantalla. A ella
la comparación, lejos de molestarle, le parece de lo más lógica.
“¿A quién más me voy a parecer?”, pregunta asombrada. “Debo
confesar que al principio de la telenovela me afectaba mucho
que dijeran que yo imitaba a mi mamá. No creo que se trate
de una imitación, todos tenemos rasgos físicos y personales heredados de nuestros padres.
Y yo no tuve papá, entonces...”.
¿Qué has aprendido de tu mamá?
“Que uno puede hacer con su vida lo que quiera siempre y cuando no le haga daño a nadie. Que no hay una sola manera de vivir la vida, que hay que deshacerse de los mapas mentales”.
¿Sueles pedirle consejos de actuación?
“No. Para nada. Se pone muy nerviosa si lo hago. Pero siempre observo cómo prepara sus personajes, es sumamente metódica: compra varios cuadernos y desglosa el libreto, construye la historia del rol haciéndose las preguntas básicas de Stanislavski: ¿de dónde vengo?, ¿quién soy?, ¿a dónde voy?”.
¿Y cómo es trabajar juntas en una misma telenovela?
“Es muy particular porque, al aire, ella está pasando la prueba de mamá y yo la de hija. Si tenemos una escena juntas la tensión se siente en el estudio: comienza a hacerme señas para que lo haga mejor y yo me angustio. Hasta ahora no puedo jugar a eso de separar cuándo es mi mamá y cuándo es mi compañera de trabajo. Siempre es mi mamá”.
¿Cómo te regaña?
“Hay una frase premonitoria del regaño: ‘Sindy, mi amor, Dios te bendiga’. Si me la dice ya sé que lo que viene es una bomba”.
¿En qué se parecen y en qué se diferencian?
“Nos parecemos en el carácter: somos fregadas, somos raras. Nos diferenciamos en que yo soy algo reservada y ella lo cuenta todo, lo cual me choca (risas). Bueno, en el fondo lo disfruto porque es que mi mamá, literalmente, es un personaje”.
Mimí Lazo
Habla la madre
“Sindy está hecha de queso y vino. Cuando yo estaba embarazada, me encontraba en Roma estudiando actuación y el doctor que me atendió me dijo que dos copas de vino diarias eran buenas para la salud. Desde ese entonces no me las he dejado de tomar (risas). Mi hija ha sido una niña afortunada: imagínate si yo hubiera podido comenzar mi carrera de actriz de telenovelas con un papel escrito por Mónica Montañés y siendo la hija de Elba Escobar... Que le diera por actuar
me tomó por sorpresa, yo la había mandado con mucho sacrificio a estudiar Producción de Cine en Los Angeles y me enteré, por María Conchita, de que la niña estaba recibiendo clases de actuación a escondidas con la colombiana Angie Cepeda. Fue una grata sorpresa, lo que no entiendo es por qué lo hizo
a escondidas. Me da de todo cuando veo que tiene el libreto todo roto,
me provoca pegárselo por la cabeza, pero he entendido que ella tiene que vivir su propio proceso. No se parece a mí en nada, ella es más brava que yo. Además, no ha tenido las autopistas de hombres que yo he tenido y no le da por contar sus intimidades cuando tiene unos tragos de más, como a mí, que me pongo
a decir que me quiero ganar el Oscar
y boncharme a Luis Miguel (risas)”.
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