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Dar es recibir con creces

Acaban de descubrir
un hecho sorprendente acerca de lo que recibimos a cambio cuando damos, estemos colaborando en las operaciones de rescate
en un desastre o ayudando a alguien a cruzar la calle.
En lo que puede considerarse unintercambio kármico maravilloso, quien da
a menudo termina beneficiándose más
que quien recibe.

Por T. L.


En opinión de un grupo de científicos, este beneficio implica mucho más que un momento de bienestar pasajero. Literalmente, nuestra salud es la gran ganadora. El Buck Institute for Age Research de Novato, California, realizó un estudio con 2.000 personas y demostró que los participantes que prestaron servicio voluntariamente en una o más instituciones benéficas tenían 44 por ciento menos de probabilidades de morir antes que los que no se ofrecieron para este tipo de trabajo -y ello después de tomar en cuenta otros factores como la calidad de vida, el ejercicio físico y el estado civil. En lo que respecta a promover la longevidad, el trabajar como voluntario en cualquier actividad superó el ejercitarse físicamente cuatro veces a la semana en 30 por ciento y al ir a misa en 29 por ciento. Según los resultados de otro estudio llevado a cabo con 427 mujeres, las que prestaron cualquier tipo de servicio como voluntarias gozaban de una salud física incluso mejor, aun 30 años después del estudio. Al igual que dejar de fumar, dar es lo mejor que puede hacer una persona por su salud, siempre y cuando la virtud sea la única recompensa que espera.

Pero, ¿cómo funciona todo esto? Aunque se desconozcan los motivos subyacentes a la relación que existe entre la persona que da y la que recibe, "ayudar a nuestros semejantes genera una sensación de placer, toda vez que la mera acción es recompensada con dosis elevadas de dopamina" (el neurotransmisor relacionado con los deseos, el placer y la gratificación), según se desprende de una investigación reciente publicada en la revista Molecular Psychiatry. No obstante, no importa tanto si se debe a la euforia resultante o a otro factor. "Si desea llevar una vida más placentera, gozar de una salud de roble o sentirse útil y conectado en el mundo que lo rodea, la clave es dar", afirma el doctor Stephen Post, uno de los autores del libro Why Good Things Happen to Good People (Por qué a la gente buena le suceden cosas buenas).

Se comienza realizando acciones sencillas consciente y deliberadamente (no necesita renunciar a su empleo para unirse como voluntario a la Cruz Roja de su país, si bien puede hacerlo si realmente lo desea). Tal y como notará más adelante, el altruismo puede asumir innumerables formas, incluso algunas que nunca imaginó. Inspírese en ellas y permita que la generosidad forme parte de su vida cotidiana, bien sea dejando una buena propina o escuchando a un amigo. Verá cómo sus acciones comienzan a ser consecuentes con sus valores, cómo se conecta con el prójimo desde una óptica más espiritual y cómo se estrecha la relación que tiene con sus semejantes. En palabras más sencillas, de acuerdo con Post: "Dé un poquito cada día y vivirá más feliz, sano y mucho más".

Deje el ego a un lado
Muchos pudiéramos dar más de lo que solemos brindar si no nos identificáramos tanto con ciertos roles. Los conceptos que tenemos de nosotros mismos (madre, profesor, ejecutivo bancario) pueden limitar nuestra visión de las cosas con las que podemos ayudar a los demás. Se preguntará: "¿Por qué debo ayudar a repartir sopa para los damnificados cuando lo que me interesa son las finanzas?". O bien dirá: "Eso no es asunto mío; allá los demás". Sin embargo, muchas veces, la mejor manera de ayudar es sencillamente satisfacer una necesidad, cualquiera que sea.

El doctor Gary Morsch, uno de los autores del libro The Power of Serving Others (El poder de servir a nuestros semejantes) lo descubrió, personalmente, en 1996. Llegó a la ciudad de Calcuta, India, con 90 voluntarios y 12 millones de dólares en medicinas, con la finalidad de trabajar junto a la Madre Teresa y su congregación, Las Hermanas de la Caridad. Pero en lugar de ponerlo a trabajar inmediatamente ayudando a los enfermos y los moribundos, le entregaron dos baldes y una pala para que recogiera un montón de basura putrefacta y la botara en el vertedero. "¡Deben estar equivocados!", pensó (al fin y al cabo, era un doctor). No fue sino hasta después de un rato, cuando leyó el cartel que colgaba dentro del albergue, que aprendió la lección. Escrito por la Madre Teresa con su puño y letra, rezaba: "Haz las cosas sencillas con mucho amor". Desde entonces, no ha olvidado esta experiencia tan aleccionadora. "Descubrí que el verdadero servicio no tiene que ver con lo que podemos ofrecer o quienes somos. Se basa en el hecho de que estemos dispuestos y abiertos para ayudar a los que nos necesitan".

Inténtelo
Piense en todas las etiquetas que usa para definirse y describirse. ¿Cómo puede limitar el concepto que tiene de sí mismo su capacidad de dar cuando más lo necesitan? Piense en algunas personas o instituciones benéficas que podrían necesitar su ayuda, indistintamente de todas las habilidades que lo caractericen. Deje que las personas con quienes se topa a diario y sus necesidades dicten la mejor forma en que puede ayudarlas, ya sea ofreciendo apoyo emocional a un amigo o dando un empujoncito a un colega. Incluso podría descubrir aspectos de usted mismo que ni siquiera se imaginaba que tenía.


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"El verdadero servicio no tiene que ver con lo que podemos ofrecer o quienes somos. Se basa en que estemos abiertos para ayudar a los que nos necesitan"

Alégrese por la suerte de los demás
Una de las cosas más generosas que puede hacer por el mundo (y a veces la más difícil también) es compartir una alegría o felicidad verdadera por la suerte que tiene alguien más. Como lo asevera Sharon Salzberg, fundadora
de Insight Meditation Society y autora del libro Lovingkindness: The Revolutionary Art of Happiness (La bondad: el arte revolucionario
de la felicidad
): "Sentimos un temor inherente
de que si alguien más es feliz, ya no habrá
tanta felicidad en el mundo para nosotros.
Pero no es cierto". En su opinión, este tipo
de temor, que encierra una cualidad de
bloqueo, nos aleja de nuestros semejantes.
En cambio, la generosidad auténtica es espontánea y productiva. "El reto consiste
en dejar fluir ese espíritu de generosidad
de modo que podamos darnos al prójimo".

 

Inténtelo
La próxima vez que asciendan a un colega o que un amigo tenga un golpe de suerte, contrarreste cualquier sentimiento adverso que surja en usted con un regocijo auténtico. En vez que imaginar que "ya no habrá tanta felicidad" para usted, piense todo lo contrario; verá cómo sale ganando en consecuencia. Al compartir esa alegría, estará abriéndose para recibir una abundancia mayor. Celebre las buenas noticias de sus amigos y descubrirá cómo la buena suerte y una energía renovada entran en su vida.

Dé lo que más necesita
A primera vista, este consejo no tiene sentido. Si realmente necesitamos algo, ¿cómo es posible tenerlo y luego regalarlo? En eso consiste el dar, y esa es precisamente su magia. Mediante un estudio, que se publicó en la revista Social Science & Medicine, se examinó el efecto que tiene la generosidad en el bienestar de la persona que la da. Un grupo de personas que sufrían de esclerosis múltiple fueron entrenadas para que aprendieran a escuchar y apoyar emocionalmente a otros pacientes que tenían la misma enfermedad. Los investigadores determinaron que los primeros mostraron un aumento significativo en los niveles de confianza, autoestima y ánimo en comparación con los segundos (otro estudio realizado con miembros de Alcohólicos Anónimos tuvo los mismos resultados. Los que ayudaron a otras personas alcohólicas tuvieron menos probabilidades de recaer en el primer año, que es el más crítico, que los que no se ofrecieron para ayudar). "Con frecuencia, ayudamos a otras personas a superar precisamente los mismos problemas que nos aquejan", señala Post.

No quiere decir que sea fácil regalar precisamente lo que necesitamos más, y esa es la razón por la que debemos practicarlo. "A veces, decidimos regalarle algo a una persona", indica Salzberg. "Pero luego surge cierto temor en nosotros que obliga a pensar que quizá podamos necesitarlo, que no tenemos suficiente como para regalarlo. La clave es estar conscientes de dicho temor y, de todas maneras, darle el regalo. Así se practica el altruismo. No se trata de salir ganando o perdiendo, sino de conocer la naturaleza de la generosidad".

Inténtelo
En lugar de verse como alguien que carece de esas cosas y que, por lo tanto, necesita que alguien se las dé, véase como alguien que realmente puede ofrecerlas; se sorprenderá de lo que comienza a suceder. Piense en lo que le gustaría tener más en su vida: ¿desea tener más amigos? Dispóngase a ayudar a alguien que lo necesite o escríbale una carta a un viejo amigo con quien haya perdido el contacto. ¿Desea divertirse más? Organice una fiesta sin un motivo en particular. ¿Desea reír más? Comparta un chiste o una anécdota divertida, y verá cómo aprenderá a reírse de casi cualquier cosa.

Aproveche las noticias
Al ver el noticiero estelar, es probable que se pregunte: "¿qué puedo hacer ante tantas noticias desalentadoras? O bien: ¿qué importancia tiene que ayude o no?". No obstante, nuestra respuesta es una decisión que no escapa a nuestro control, acota Morsch. "Tenemos que empezar a ver los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor como oportunidades para ayudar, no como problemas que hay que resolver".

Morsch, que fundó la asociación sin fines de lucro Heart to Heart International y ha trabajado en los países más azotados por los desastres a escala global, advierte que no debemos preocuparnos por los problemas en su totalidad. "El propósito de trabajar en un comedor para desamparados no es erradicar el hambre definitivamente, sino alimentar a una persona hambrienta ese día. Podemos cambiar el mundo si cada uno de nosotros se propone ayudar a la próxima persona necesitada que encuentre".

Inténtelo
Cada vez que escucha una noticia sobre un desastre o un crimen no significa que no se pueda salvar al mundo. Comience a ver las noticias de una manera distinta, desde otra óptica: utilice la información como una guía para saber dónde se requiere más ayuda. Al conocer los hechos, podrá decidir cómo usar mejor los recursos con los que cuenta, ya sea al proporcionar fondos, sacrificar parte de su tiempo o emprender una campaña escribiendo cartas para buscar una solución.


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"Si sólo ayudamos a nuestros
seres queridos, realmente
no hemos comprendido nada"

Salga de su círculo familiar
Es más fácil ayudar a las personas que están más cerca de nosotros. Si bien esa es una manera de empezar a ayudar al prójimo, según Post, nuestra ayuda no debería terminar allí.
"Si sólo ayudamos a nuestros seres queridos, realmente no hemos comprendido nada. Es necesario que alcancemos el equilibrio entre
dar a las personas que conocemos y a las que no. Ese es el desafío y la virtud de la generosidad. "Al extender nuestro campo de acción, estamos dando a entender que el resto del mundo sí nos importa. El empresario social Adam Hirschfelder sugiere lo siguiente a las personas que están dispuestas a ampliar sus horizontes: prestar servicio como voluntarios. Después de inspirarse en unas investigaciones que demostraron cómo mejoró la salud de un grupo de personas de la tercera edad que se ofrecieron para trabajar en diversas actividades como voluntarios, creó el proyecto Rx: Voluntario del Public Health Institute, una de las primeras iniciativas a escala nacional en Estados Unidos, dirigidas a promover el voluntariado y el compromiso cívico entre las personas mayores que viven en casas de reposo. "La sensación de euforia (que se siente después de practicar el altruismo) es mucho más que una prueba anecdótica", agrega. "Comprobamos que prestar servicio voluntariamente ejerce un efecto poderoso en la expectativa y en la calidad de vida de las personas".

Inténtelo
Piense en un área en la que pueda trabajar como voluntario. "Pregúntese qué grupo quisiera ayudar o qué causa desearía apoyar; debe ser algo que disfrute hacer, no un servicio que deba prestar como obligación", sugiere Hirschfelder. ¿Con qué grupo de personas le gustaría trabajar? ¿Con los adolescentes? ¿Con los ancianos? ¿Le gustaría trabajar haciendo llamadas telefónicas, recogiendo firmas, escuchando los problemas de otras personas o ayudándolas en el albergue? "Ponga toda su emoción en las actividades que realice en cualquier institución, no sólo como una manera de ayudar a sus semejantes sino como una forma de integrarse a la comunidad".

Pase el testigo
Ser generoso con nuestros semejantes significa mucho más que ser simplemente personas bondadosas; implica inculcarles el sentido del valor. En este sentido, ayudarlos es sinónimo de enseñarlos a pescar. "También se compara con el hecho de arrojar una piedra al lago", indica Morsch. "Las ondas continúan expandiéndose una tras otra. La bondad entra primero que nosotros, y sale después también". Cuando le enseñamos una nueva técnica o destreza a alguien, o lo motivamos a alcanzar un sueño, o bien cuando elogiamos la contribución que hace a la sociedad, le permitimos ser mejor persona al enseñarle también a dar.

Inténtelo
¿Quién, en el círculo en el que usted se desenvuelve, puede beneficiarse de su tiempo y atención? Piense en algunas personas que conoce cuando comienzan a ejercer su profesión que quisieran aprender los trucos del oficio o pudieran necesitar algún consejo. Busque la manera de enseñar a otros a ser mejores personas.

Dé cada vez que pueda, en cualquier parte
Parece una ironía. Puede que una persona altruista pase todo el día defendiendo el salario de los trabajadores, pero se niega a dejarle una propina al mesonero de un restaurante. "Nos sucede a todos", explica Post. "Nos extralimitamos en lo referente a la generosidad, pero antes de que nos demos cuenta la impaciencia o la frustración se apoderan de nosotros". Incluso le ha sucedido a él. Aunque sea el presidente del Institute for Research on Unlimited Love, admite que ha tenido (aunque rara vez) que tomarse una cucharada de su propia medicina cuando el auto que está delante del suyo casi se detiene frente a la luz amarilla.

Considere sus interacciones diarias como oportunidades únicas para ser generoso. Puede que le afecten sobremanera las injusticias y los desastres que azotan al mundo, pero al contestarle groseramente al empleado de un establecimiento comercial está perdiendo la integridad. Para Post, ser generoso consecuentemente depende de que nuestras acciones reflejen nuestros pensamientos, algo en lo que personalmente está mejorando. "Tengo una relación cordial con los empleados de la lavandería, y para mí es importante".

Inténtelo
¿Sabe en qué momento tiende a perder su espíritu de generosidad? ¿En el trabajo? ¿En el banco? Trate de esforzarse por ser atento y bondadoso con todas las personas con las que interactúa a diario, las conozca o no. Observe cómo cambian su experiencia y estado de ánimo y cómo le responde la gente. Salzberg sugiere que usemos un mantra sencillo que nos ayude a estar presente con la persona que nos encontramos. Puede ser: ¡que seas feliz! o ¡que tengas paz! "Esto nos ayudará a canalizar nuestra atención frente a esa persona, en vez de dejar que nuestros juicios nos aparten de ella".

Traducción: Servio Viloria

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