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Recomendaciones
Para protegerlos
frente al agua
l Ampliar el acceso
de los desatendidos de zonas rurales y urbanas a fuentes
confiables de agua.
l
Almacenar agua salubre en el hogar y tratarla cuando su
calidad no sea la mejor. Este líquido es indispensable,
entre otras cosas, para lavar bien los alimentos, una de
las medidas más fáciles de tomar y con la
que se pueden evitar males mayores.
l
Contar con un suministro fiable de agua apta para el consumo
en las escuelas
l
Proteger los recursos hídricos de la contaminación.
Para
mejorar la higiene y el saneamiento
l
Velar porque los niños tengan acceso a instalaciones
sanitarias seguras, y que las heces se eliminen en condiciones
de seguridad.
l
Contar con letrinas adecuadas y separadas para niños
y niñas en las escuelas de las zonas rurales.
l
Reubicar los vertederos de desechos lejos de los asentamientos
urbanos para evitar que los niños jueguen en la basura.
l
Lavarse las manos con jabón antes de las comidas
y después de defecar. Esta práctica disminuye
el riesgo de enfermedades diarreicas.
Para
protegerlos frente
a la contaminación del aire
l
Mantener una buena ventilación en la vivienda.
l
Evitar el consumo de tabaco. No convierta a los niños
en fumadores pasivos.
l
Utilizar gasolina sin plomo.
l
Para reducir los riesgos de enfermedades transmitidas por
vectores
l
En las zonas donde hay brotes de paludismo se debe utilizar
mosquiteros impregnados con insecticidas y poner telas metálicas
en las ventanas y puertas de la casa.
l
Cubrir los depósitos de agua y vaciar y secar periódicamente
los contenedores que retengan agua, para eliminar los lugares
donde se puedan reproducir los mosquitos. Así ayudará
a disminuir los riesgos de transmisión del dengue.
Para evitar
la contaminación
por agentes químicos
l
Garantizar almacenamiento y envasado seguros y un etiquetado
claro de los productos de limpieza, combustibles, solventes
y plaguicidas, tanto en el hogar como en la escuela.
l
Promover la utilización de envases con cierre de
seguridad para niños para los productos farmacéuticos
y químicos.
l
Incorporar la enseñanza de la seguridad y la salud
en relación con las sustancias químicas en
la escuela.
Para impedir
los traumatismos
l
Instalar protecciones en las ventanas y barandillas de la
cama.
l
Utilizar casco cuando se anda en bicicletas o motos.
l
Utilizar asientos de seguridad para niños y cinturones
de seguridad en los automóviles.
l
Elevar o encerrar la zona de la cocina.
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Todo para los niños
Raúl Chacón Soto
Sabia ha sido la decisión de dedicar el
Día Mundial de la Salud -que se celebra mañana-, a la necesidad
de crear ambientes saludables para el desarrollo de los más pequeños.
Sin duda, una inversión a futuro....
La gente
de la Organización Mundial de la Salud ideó el lema
"Preparemos el futuro de la vida, ambientes saludables para
el niño", para explicar, en pocas palabras, cuál
es el motivo de celebración cuando una vez más, como
todos los años, los países se disponen a celebrar
un nuevo Día Mundial de la Salud. La selección de
este tema, al que los organismos nacionales e internacionales interesados
darán seguimiento durante todo el año, ha sido muy
bien vista por las autoridades de cada nación, pues no hay
ninguna duda de que cualquier esfuerzo que se haga para mejorar
las condiciones en las que viven los niños, ya sea en sus
hogares, en las escuelas o en la propia comunidad, tendrá
efectos altamente visibles (por positivos) en los diferentes parámetros
que miden casi todos los estándares sanitarios, para no hablar
de los beneficios a largo plazo que conlleva contar con un sector
infantil bien atendido, que a la larga se convertirá en factor
importante para el desarrollo social y económico de cualquier
país.
Un vistazo a las cifras que manejan en la OMS sobre la situación
de los pequeñines (entre los 0 y 14 años) en el mundo
refleja una realidad intolerable. Cinco millones mueren anualmente
en todo el planeta por enfermedades relacionadas con el medio ambiente.
De esa cantidad, ochenta mil son infantes de América Latina
y del Caribe, una cifra que no debe sorprender a nadie, pues si
algo caracteriza a la región es la pobreza de las condiciones
en las que muchas familias levantan a sus hijos. Otros números
igual de preocupantes, aunque un poco más lejanos al día
de día de regiones tropicales, son los que da la Asociación
Estadounidense de Centros para el Tratamiento de Control de Intoxicaciones.
Ellos aseguran que 61% de los casos de intoxicaciones en ese país
(que no son de origen ocupacional), corresponde a niños menores
de seis años. Al igual que 16% de las muertes por plaguicidas.
Lo paradójico es que todos esos decesos se podrían
evitar si el hombre no hubiese contaminado el medio ambiente.
"Ningún niño debería enfrentarse a amenazas
para la salud en un ambiente con riesgos en el hogar, la escuela
o la comunidad". Así se expresa Mirta Roses Periago,
directora de la OPS, en la introducción de un folleto informativo
que la organización repartirá este 7 de abril. En
ese documento se explica que justamente son los más pequeños
de la casa quienes terminan por ser los más vulnerables frente
a los químicos y los contaminantes del medio ambiente porque
sus sistemas inmunológico, reproductor, digestivo y nervioso
central están menos desarrollados, todavía en proceso
de formación. Además son quienes se encuentran más
cerca del suelo (donde se acumula el polvo y otras sustancias tóxicas)
y quienes consumen más agua, aire y alimentos en proporción
con su peso. Un espacio en condiciones deplorables, donde no haya
agua potable, por ejemplo, o los alimentos no estén lo suficientemente
bien lavados, se convierte en potencial generador de enfermedades
(paludismo, esquistosomiasis, dengue), como lo saben miles de familias
de este país; algunas mortales y, otras, fuertes obstáculos
para el óptimo desarrollo físico e intelectual del
niño.
Reversible
Lo daños que el hombre ha provocado los puede remediar el
mismo hombre; son reversibles. Lo que hace falta es la voluntad,
y los recursos, para emprender mejoras que, muchas veces, no requieren
de esfuerzos gigantescos. En el documento de la OMS se aclara que
los problemas del medio ambiente se dividen en tres grandes grupos:
El primero, conformado por los llamados riesgos básicos (agua
no apta para el consumo, contaminación del aire en ambientes
interiores, mala higiene de los alimentos, vivienda en malas condiciones,
acumulación de la basura), el segundo, el de los riesgos
modernos (los que son el resultado del uso indebido de sustancias
químicas -algunas presentes en juguetes o en productos que
usan los niños-, de la inadecuada evacuación de desechos
tóxicos, el ruido ambiental) y, el tercero, el de los riesgos
de reciente aparición (los que son producto del cambio climático,
el agotamiento de la capa de ozono, utilización de sustancias
químicas). Cada uno de estos problemas requiere de soluciones
más o menos difíciles; a corto, mediano y largo plazo,
pero ninguno es incorregible. El problema es que, por lo general,
los pequeños no están expuestos a un solo factor de
riesgo, sino a varios al mismo tiempo. Basta mirar, por ejemplo,
las condiciones de vida en cualquier barrio de Caracas para darse
cuenta de que no sólo se carece de acceso a servicios básicos
(como agua, electricidad, atención a la salud), sino que
sus habitantes están expuestos a la contaminación
provocada por las industrias, por los automóviles y por la
basura mal recolectada. Por si fuera poco, estos niños muchas
veces están desnutridos, lo que agrava la situación.
Otros casos, como los de los niños trabajadores o los niños
de la calle, son realmente problemas mayores que requieren de políticas
al más alto nivel y el compromiso pleno de la autoridad central
para llegar a una solución.
Entre
tantos riesgos enumerados, hay algunos que requieren atención
prioritaria. El del agua poco confiable es uno de ellos, así
como también la falta de higiene, la contaminación
del aire, las enfermedades transmitidas por vectores y los traumatismos
ocasionados por accidentes. En el informe de la OMS se habla con
detalles de cada uno. En relación al agua se afirma, por
ejemplo, que cuando se pone en peligro su abastecimiento se dejan
de practicar buenos hábitos que reducen los riesgos de padecer
enfermedades. El suministro confiable de este líquido es
vital para garantizar la salud, pues con ella se llevan a cabo las
tareas de higiene del cuerpo, de los alimentos, de la ropa y del
hogar. Las autoridades recuerdan que sólo por diarrea mueren
1,3 millones de niños al año (es la segunda causa
de muerte infantil en el mundo), pero también golpean fuerte
la hepatitis, el cólera y la fiebre tifoidea. Otros problemas,
como el de la eliminación higiénica de las heces en
zonas rurales y apartadas, el de los agentes contaminantes liberados
en espacios interiores -en países en desarrollo son frecuentes
los producidos por la combustión del carbón-, el control
de los mosquitos que transmiten paludismo o dengue, el mal uso de
los plaguicidas (que no se guardan en lugares adecuados y se desechan
en condiciones poco seguras) y de los productos de limpieza, y,
finalmente, la falta de medidas de seguridad para evitar tantos
decesos por accidentes de tránsito y ahogamientos (20% de
todas las muertes por traumatismo no intencionado ocurre a menores
de 15 años), podrían ser enfrentados con rapidez si
se unieran voluntades, pues no serían necesarios cuantiosos
recursos para hacerlo.
El lector prevenido podrá darse cuenta de algo obvio, y es
que muchos de esos problemas se corresponden con la realidad de
un país subdesarrollado, por lo que no parece fácil
solucionarlos en un corto plazo sin que ello implique todo un gran
esfuerzo general por mejorar las condiciones de vida de la población.
Las autoridades de la OMS creen, sin embargo, que tomando las decisiones
correctas en todos los niveles se pueden salvar millones de vida.
Es bueno creerlo.
rchacon@eluniversal.com
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