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La familia es como un microcosmos. Si queremos
mejorar al mundo debemos comenzar por recuperar la calidad de nuestro
espacio familiar. Deseamos vivir en un mundo equilibrado y en paz
pero, ¿cómo vamos a lograrlo si no podemos mantener
la paz y la armonía en nuestro hogar? Generalmente decimos
que los niños son el futuro. Así que el lugar donde
ellos crecen y se desarrollan es de vital importancia. Los padres
tenemos una gran responsabilidad en este proceso, quiénes
somos y nuestra manera de vivir, harán que nos convirtamos
en el patrón que ellos copiarán durante sus primeros
años de vida. Además con la actitud y la manera de
educarlos, influiremos en lo que más tarde serán nuestros
hijos.
La mayoría de nosotros quiere que sus hijos sean felices,
exitosos, prósperos y en muchos casos que sean o tengan lo
que no fuimos o tuvimos nosotros
¿Pero, les estamos
dando el ejemplo y las herramientas necesarias que en verdad, les
ayuden a tener una vida plena? Es importante detenernos en este
punto para reflexionar acerca de nuestro comportamiento como padres
y, sin sentirnos culpables o sin juzgarnos tan duramente, hacer
los cambios necesarios para acercarnos a ellos a tiempo de reafirmar
los lazos de amor, respeto, apoyo y aceptación que nos permitan
estar al lado de ellos para acompañarlos y apoyarlos sin
necesidad de que dependan de nosotros material o emocionalmente,
cuando sean adultos.
Hoy en día la mayoría de los
padres se dedica a satisfacer las necesidades materiales de sus
hijos, pero esto hace que en muchos hogares ambos padres trabajen
y pasen muy poco tiempo de calidad junto a ellos. Esto repercute
negativamente sobre la formación de los niños, que
en su mayoría termina apoyándose y acompañándose
de los extraños o de los amigos. Por otro lado, los niños
que están sometidos a un nivel de exigencia muy alto por
parte de sus padres, quienes les piden constantemente ser exitosos
y competitivos, crecen tratando de satisfacer las expectativas de
otros, para obtener el reconocimiento y la atención que los
haga sentir queridos, a pesar de no sentirse bien consigo mismos
y con lo que hacen. Estos, inevitablemente serán infelices
por mucho que consigan.
Para favorecer
su equilibrio emocional
Evita las etiquetas. Muchos
de nosotros crecimos escuchando frases como: "Eres torpe",
"Eres lento", "Nunca haces las cosas bien",
"Eres vago"
y de la misma manera terminamos diciéndoselas
a nuestro hijos sin comprender que con ellas los marcamos emocionalmente
y contribuimos a formar en ellos una autoestima baja. Cambiemos
esos comentarios por otros que nos permitan reconocer sus cualidades
y apoyarlos a superar sus limitaciones sin hacerlos sentir mal por
ellas.
Exprésales tu
afecto. El contacto físico a través de las
caricias y las palabras amables y amorosas, los hará sentir
queridos e importantes para ti. No los maltrates ni física
ni emocionalmente; violencia no es amor, además recuerda
que estas heridas tardan mucho tiempo en sanar y que los hacen crecer
llenos de resentimiento. Aprende a canalizar tu estrés y
tu malestar para no afectarlos a ellos.
Dedícales tiempo
de calidad. Tal vez estés pensando mientras lees esto,
que tú pasas mucho tiempo con ellos
pero, te pregunto:
¿Haciendo deberes y cumpliendo con las responsabilidades
nada más? Es muy importante que puedas compartir momentos
de disfrute, de diversión, que favorezcan la comunicación
y el intercambio con ellos, más adelante, serán estos
momentos los que más recuerden cuando sean adultos, para
suavizar sus vidas.
Reconoce sus necesidades.
Recuerda que cuando son pequeños no saben expresar sus necesidades
de forma directa, así que un llanto sin causa aparente, que
se duerman fuera de sus horas acostumbradas, la pérdida del
apetito, una pataleta inesperada pueden significar que tenga una
necesidad que no puede expresar. Aprende a observar y a conocer
a cada uno de tus hijos para que puedas comprenderlos y apoyarlos
en todo momento.
Trátalos con
respeto. Evita llamarles la atención o gritarles en
público, esto puede representar una gran humillación.
Considéralos al momento de planificar las actividades familiares,
trátalos de la misma manera como esperas ser tratado por
ellos, recuerda que es tu ejemplo lo que formará el comportamiento.
No les exijas más allá de lo que pueden cumplir o
hacer de acuerdo a sus posibilidades. Déjalos ser y obsérvalos
desde muy pequeños para que puedas reconocer y aceptar sus
características y diferencias personales. No los compares,
respétalos y dales estímulo amorosamente para que
aprendan a superar sus limitaciones.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte
por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa y todo va
a estar bien!
Hola Maytte,
llevo varios domingos leyendo tus artículos y por eso me
atrevo a comentar contigo un miedo que me atormenta y que no me
deja relacionar con los demás, me siento sola. A mis 25 años,
tengo miedo de acercarme a otras personas para iniciar una amistad,
pienso que me pueden hacer daño. Antes imponía el
respeto con una frase o un comentario fuerte. Ahora no se cómo
hacerlo sin ser brusca. ¿Cómo puedo actuar para que
no me hieran y tener buenos amigos?. -M E P.
Las habilidades sociales se adquieren
poco a poco. Lo más importante es reconocer el temor o la
razón por la cual mantuvimos la distancia hacia los demás
por tanto tiempo. Tu mismo comportamiento brusco evito que se acercaran
a ti para construir una buena relación de amistad, detrás
de esta actitud seguramente se escondía una gran timidez
o una profunda inseguridad. Es importante que te decidas a superarlas
para lo cual te sugiero que: comiences por expresar y compartir
tus ideas de vez en cuando, atrévete a participar en las
reuniones de grupo en tu trabajo, cambia tu manera de vestir, sonríe
y sé amable con todos. Ofrécete a apoyarlos si fuese
necesario y comienza lentamente a transformar la imagen que tenían
de ti.
Es tiempo de sanar esa herida que todavía mantienes abierta
y que refuerza tu temor de volver a ser herida. ¡Nadie puede
hacerlo a menos que tú se lo permitas! Practica el perdón
hacia esa persona y pasa la página. Estas en el umbral de
una vida nueva y diferente ábrete para que puedas vivirla.

QUERIDA Maytte, por
sugerencia de una amiga que colecciona tus artículos he decidido
escribirte. Soy una viuda de 55 años que no se resigna a
la pérdida de su marido. Me parece que lo tengo a mi lado,
me imagino que lo voy a ver cuando llegue a casa
A veces me
quiero morir, no he podido superar su ausencia a pesar de que todo
me recuerda, inclusive mis hijos, que ya no está. ¿Podré
adaptarme a esta nueva situación para superarlo? ¿Me
puedes sugerir algo?
-R M B.
Cuando se pierde a un ser querido,
toma tiempo aceptar la realidad. Es natural que experimentes la
sensación de tenerlo a tu lado, pues fueron muchos años
de una vida compartida. Manejar la soledad que llega de forma inesperada
es un proceso difícil, más no imposible. Comienza
por cambiar algunas cosas en casa, abre las ventanas, pinta y pon
un poco de color en las paredes, flores para que poco a poco comiences
a renovar un poco la energía y la tristeza que pueda haber
en el ambiente.
Vive tu duelo y cada vez que le recuerdes,
envíale un pensamiento de luz y amor, fortalécete
en la idea de que la vida continúa y debes asumirla con más
valor y determinación. Vamos, tú puedes superarlo
y aunque su presencia ocupará un lugar permanente en tu corazón,
no puedes seguir resistiéndote a aceptar que ahora tu vida
será diferente. Acompáñate de tus amigos y
familiares pero no para compartir y reforzar la pérdida,
sino para retomar la alegría de vivir. Busca alguna actividad
que te dé un sentido de utilidad o que te ayude a desarrollar
la creatividad, ofrécete para brindar apoyo voluntario, así
te sentirás mejor.
Recuerda que la presencia de Dios
te acompaña en todo momento y te da la fortaleza que necesitas
para superarlo, aceptándolo como parte de la vida.

Hola Maytte,
me encanta leer tus artículos
porque algunas veces me identifico muy bien. Tengo 21 años
pero la gente dice que me comporto como una niña. Paso horas
en el teléfono, digo cosas sin pensar que duelen a algunas
personas, me molesto muy fácilmente y no puedo evitarlo.
No sé qué hacer
¿Cómo puedo madurar?
-M M G.
Lo primero que tenemos que hacer para
corregir un comportamiento es reconocerlo y tú lo has hecho.
No podemos dejarnos llevar por los comentarios que nos hacen los
demás, porque no sabemos cuáles son sus intenciones
y comenzaríamos a complacerlos, con el riesgo de perder nuestra
identidad. Podemos escuchar y atender a las observaciones que nos
hacen solo aquellas personas que nos quieren de forma desinteresada
y que lo único que desean es vernos crecer y ser felices.
Te sugiero que tomes unos minutos
para pensar en lo que vas a decir antes de hablar. Suaviza tu tono
de voz para no lucir agresiva. A veces es más importante
como decimos las cosas, que lo que decimos. Pide disculpas si has
ofendido a alguien con tus comentarios, con la práctica de
estar atenta lograrás ir corrigiendo tus actitudes y comportamiento.
No te rindas si notas que al principio
no lo logras, persevera, pues toma tiempo. Eres muy joven y probablemente
la inseguridad se esconde detrás de tu forma brusca de actuar.
Ponte a ti misma un límite al hablar por teléfono
y aprende a disfrutar de esos pequeños espacios de soledad.
¡Eres especial, proyéctalo!
maytte@maytte.com
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