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Queremos niños felices
 

La familia es como un microcosmos. Si queremos mejorar al mundo debemos comenzar por recuperar la calidad de nuestro espacio familiar. Deseamos vivir en un mundo equilibrado y en paz… pero, ¿cómo vamos a lograrlo si no podemos mantener la paz y la armonía en nuestro hogar? Generalmente decimos que los niños son el futuro. Así que el lugar donde ellos crecen y se desarrollan es de vital importancia. Los padres tenemos una gran responsabilidad en este proceso, quiénes somos y nuestra manera de vivir, harán que nos convirtamos en el patrón que ellos copiarán durante sus primeros años de vida. Además con la actitud y la manera de educarlos, influiremos en lo que más tarde serán nuestros hijos.
La mayoría de nosotros quiere que sus hijos sean felices, exitosos, prósperos y en muchos casos que sean o tengan lo que no fuimos o tuvimos nosotros… ¿Pero, les estamos dando el ejemplo y las herramientas necesarias que en verdad, les ayuden a tener una vida plena? Es importante detenernos en este punto para reflexionar acerca de nuestro comportamiento como padres y, sin sentirnos culpables o sin juzgarnos tan duramente, hacer los cambios necesarios para acercarnos a ellos a tiempo de reafirmar los lazos de amor, respeto, apoyo y aceptación que nos permitan estar al lado de ellos para acompañarlos y apoyarlos sin necesidad de que dependan de nosotros material o emocionalmente, cuando sean adultos.

Hoy en día la mayoría de los padres se dedica a satisfacer las necesidades materiales de sus hijos, pero esto hace que en muchos hogares ambos padres trabajen y pasen muy poco tiempo de calidad junto a ellos. Esto repercute negativamente sobre la formación de los niños, que en su mayoría termina apoyándose y acompañándose de los extraños o de los amigos. Por otro lado, los niños que están sometidos a un nivel de exigencia muy alto por parte de sus padres, quienes les piden constantemente ser exitosos y competitivos, crecen tratando de satisfacer las expectativas de otros, para obtener el reconocimiento y la atención que los haga sentir queridos, a pesar de no sentirse bien consigo mismos y con lo que hacen. Estos, inevitablemente serán infelices por mucho que consigan.

Para favorecer
su equilibrio emocional

Evita las etiquetas. Muchos de nosotros crecimos escuchando frases como: "Eres torpe", "Eres lento", "Nunca haces las cosas bien", "Eres vago"… y de la misma manera terminamos diciéndoselas a nuestro hijos sin comprender que con ellas los marcamos emocionalmente y contribuimos a formar en ellos una autoestima baja. Cambiemos esos comentarios por otros que nos permitan reconocer sus cualidades y apoyarlos a superar sus limitaciones sin hacerlos sentir mal por ellas.

Exprésales tu afecto. El contacto físico a través de las caricias y las palabras amables y amorosas, los hará sentir queridos e importantes para ti. No los maltrates ni física ni emocionalmente; violencia no es amor, además recuerda que estas heridas tardan mucho tiempo en sanar y que los hacen crecer llenos de resentimiento. Aprende a canalizar tu estrés y tu malestar para no afectarlos a ellos.

Dedícales tiempo de calidad. Tal vez estés pensando mientras lees esto, que tú pasas mucho tiempo con ellos… pero, te pregunto: ¿Haciendo deberes y cumpliendo con las responsabilidades nada más? Es muy importante que puedas compartir momentos de disfrute, de diversión, que favorezcan la comunicación y el intercambio con ellos, más adelante, serán estos momentos los que más recuerden cuando sean adultos, para suavizar sus vidas.

Reconoce sus necesidades. Recuerda que cuando son pequeños no saben expresar sus necesidades de forma directa, así que un llanto sin causa aparente, que se duerman fuera de sus horas acostumbradas, la pérdida del apetito, una pataleta inesperada pueden significar que tenga una necesidad que no puede expresar. Aprende a observar y a conocer a cada uno de tus hijos para que puedas comprenderlos y apoyarlos en todo momento.

Trátalos con respeto. Evita llamarles la atención o gritarles en público, esto puede representar una gran humillación. Considéralos al momento de planificar las actividades familiares, trátalos de la misma manera como esperas ser tratado por ellos, recuerda que es tu ejemplo lo que formará el comportamiento. No les exijas más allá de lo que pueden cumplir o hacer de acuerdo a sus posibilidades. Déjalos ser y obsérvalos desde muy pequeños para que puedas reconocer y aceptar sus características y diferencias personales. No los compares, respétalos y dales estímulo amorosamente para que aprendan a superar sus limitaciones.

¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa y todo va a estar bien!


Preguntas y respuestas

Hola Maytte, llevo varios domingos leyendo tus artículos y por eso me atrevo a comentar contigo un miedo que me atormenta y que no me deja relacionar con los demás, me siento sola. A mis 25 años, tengo miedo de acercarme a otras personas para iniciar una amistad, pienso que me pueden hacer daño. Antes imponía el respeto con una frase o un comentario fuerte. Ahora no se cómo hacerlo sin ser brusca. ¿Cómo puedo actuar para que no me hieran y tener buenos amigos?. -M E P.

Las habilidades sociales se adquieren poco a poco. Lo más importante es reconocer el temor o la razón por la cual mantuvimos la distancia hacia los demás por tanto tiempo. Tu mismo comportamiento brusco evito que se acercaran a ti para construir una buena relación de amistad, detrás de esta actitud seguramente se escondía una gran timidez o una profunda inseguridad. Es importante que te decidas a superarlas para lo cual te sugiero que: comiences por expresar y compartir tus ideas de vez en cuando, atrévete a participar en las reuniones de grupo en tu trabajo, cambia tu manera de vestir, sonríe y sé amable con todos. Ofrécete a apoyarlos si fuese necesario y comienza lentamente a transformar la imagen que tenían de ti.
Es tiempo de sanar esa herida que todavía mantienes abierta y que refuerza tu temor de volver a ser herida. ¡Nadie puede hacerlo a menos que tú se lo permitas! Practica el perdón hacia esa persona y pasa la página. Estas en el umbral de una vida nueva y diferente ábrete para que puedas vivirla.

QUERIDA Maytte, por sugerencia de una amiga que colecciona tus artículos he decidido escribirte. Soy una viuda de 55 años que no se resigna a la pérdida de su marido. Me parece que lo tengo a mi lado, me imagino que lo voy a ver cuando llegue a casa… A veces me quiero morir, no he podido superar su ausencia a pesar de que todo me recuerda, inclusive mis hijos, que ya no está. ¿Podré adaptarme a esta nueva situación para superarlo? ¿Me puedes sugerir algo?
-R M B.

Cuando se pierde a un ser querido, toma tiempo aceptar la realidad. Es natural que experimentes la sensación de tenerlo a tu lado, pues fueron muchos años de una vida compartida. Manejar la soledad que llega de forma inesperada es un proceso difícil, más no imposible. Comienza por cambiar algunas cosas en casa, abre las ventanas, pinta y pon un poco de color en las paredes, flores para que poco a poco comiences a renovar un poco la energía y la tristeza que pueda haber en el ambiente.

Vive tu duelo y cada vez que le recuerdes, envíale un pensamiento de luz y amor, fortalécete en la idea de que la vida continúa y debes asumirla con más valor y determinación. Vamos, tú puedes superarlo y aunque su presencia ocupará un lugar permanente en tu corazón, no puedes seguir resistiéndote a aceptar que ahora tu vida será diferente. Acompáñate de tus amigos y familiares pero no para compartir y reforzar la pérdida, sino para retomar la alegría de vivir. Busca alguna actividad que te dé un sentido de utilidad o que te ayude a desarrollar la creatividad, ofrécete para brindar apoyo voluntario, así te sentirás mejor.

Recuerda que la presencia de Dios te acompaña en todo momento y te da la fortaleza que necesitas para superarlo, aceptándolo como parte de la vida.

Hola Maytte, me encanta leer tus artículos porque algunas veces me identifico muy bien. Tengo 21 años pero la gente dice que me comporto como una niña. Paso horas en el teléfono, digo cosas sin pensar que duelen a algunas personas, me molesto muy fácilmente y no puedo evitarlo. No sé qué hacer… ¿Cómo puedo madurar? -M M G.

Lo primero que tenemos que hacer para corregir un comportamiento es reconocerlo y tú lo has hecho. No podemos dejarnos llevar por los comentarios que nos hacen los demás, porque no sabemos cuáles son sus intenciones y comenzaríamos a complacerlos, con el riesgo de perder nuestra identidad. Podemos escuchar y atender a las observaciones que nos hacen solo aquellas personas que nos quieren de forma desinteresada y que lo único que desean es vernos crecer y ser felices.

Te sugiero que tomes unos minutos para pensar en lo que vas a decir antes de hablar. Suaviza tu tono de voz para no lucir agresiva. A veces es más importante como decimos las cosas, que lo que decimos. Pide disculpas si has ofendido a alguien con tus comentarios, con la práctica de estar atenta lograrás ir corrigiendo tus actitudes y comportamiento.

No te rindas si notas que al principio no lo logras, persevera, pues toma tiempo. Eres muy joven y probablemente la inseguridad se esconde detrás de tu forma brusca de actuar. Ponte a ti misma un límite al hablar por teléfono y aprende a disfrutar de esos pequeños espacios de soledad. ¡Eres especial, proyéctalo!

maytte@maytte.com

 
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