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¡Han
vuelto
los helados frapé!
Después de 12 años de ausencia,
la famosa marca intenta recuperar el terreno perdido en el gusto
del venezolano. Bajo la manga trae dos ases: uno asociado
al pasado, por el desdeño hacia los modos industrializados
de producción
-se preparan en el mismo lugar donde se venden, como sucedía
en sus
orígenes-; y otro, al futuro, por la innovación que
significan los helados
hechos en la piedra fría. Lea y entenderá.
Raúl Chacón Soto
¡Cuántas personas no se habrán
sorprendido -y alegrado- al ver de nuevo el famoso logo que tantos
buenos recuerdos despierta entre los venezolanos! Sí, porque
Frapé no es una marca más de helados; es, mejor, un
nombre que muchos asocian a la nostalgia; una que ha dejado muy
buen sabor en la boca, no sólo por la naturaleza incomparable
del producto, sino por todo lo que acompañaba a su consumo;
y es que ir a comerse uno de estos helados -o un perro caliente
con salsa alemana y una merengada en los locales que, por extensión,
todos denominaban como al helado-, era una de esas pequeñas
pero maravillosas tradiciones, que permitía el paseo con
la familia o con los amigos, y que se convertía en pretexto
perfecto para la reunión y el disfrute.
Los Frapé han vuelto, y han vuelto tan
buenos como antes -quienes se han detenido lo han podido comprobar,
comiéndose otro, y otro más-. Aunque quizás
los de ahora son todavía mejores que los que habitan en el
recuerdo de la mayoría, pues como dice Armando Pérez,
hijo de quien hiciera realidad estos deliciosos productos, se ha
retomado el concepto que regía la fabricación de estos
helados en sus orígenes, allá por los años
cuarenta en Cumaná, cuando todo el proceso era artesanal,
casero, muy alejado de los modos industrializados que tuvieron cabida
ya entrados los setenta. Ahora, como en el pasado, lo que se vende
adelante, se fabrica atrás. Podría decirse que la
nueva heladería, ubicada en Los Palos Grandes, repite un
poco la historia de la primera de su tipo que su padre, Francisco
Pérez -a la combinación de las primeras sílabas
de nombre y apellido obedece el nombre de los helados- inauguró
en Caracas por El Paraíso... Y como en aquella ocasión,
el éxito parece estar garantizado.
La gente se detiene a comer un Frapé
movida por el recuerdo, pero una vez que ha probado uno, reincide...
No han faltado quienes se emocionan. Cuenta Pérez que hasta
una señora terminó llorando al relatarle cómo
su padre la llevaba a comer helados todos los domingos cuando ella
era aún una niña. No es para extrañarse. Frapé,
como ya se ha dicho, es un nombre que está ligado a cálidos
momentos de muchos venezolanos. Y justamente esa particularidad
es la que quiere rescatar Pérez con este nuevo intento de
reconquista de paladares, aunque ahora el esfuerzo deba dirigirse,
particularmente, a lograr el favor de los más jóvenes.
De allí la preocupación por ofrecer un producto de
muchísima calidad, 100% natural -sin aditivos químicos-,
elaborado con las mejores frutas y cremas -incluso hoy en día
muchas veces traen las piñas, los cocos y los jobitos de
Cumaná, a su juicio, de sabor muy especial-. Quien se acerque
encontrará difícil decidirse por alguna de las 23
variedades que ofrecen en el local, y que varían desde las
clásicas de coco, piña o limón, hasta las más
exóticas, como anón, fruta de merey -deliciosa-, y
la ya mencionada de jobito, pasando, claro está, por las
de consistencia cremosa como fresa, mantecado y chocolate. Pero
la oferta no acaba allí. La nueva apuesta del local es lo
que se conoce como helados preparados en la piedra...
La piedra fría.
Acá en Venezuela se trata de toda una innovación,
si bien este método de preparación de helados ha venido
utilizándose en Estados Unidos desde hace ya algunos años.
La piedra fría no es más que una plancha de acero
con tope de granito, que se congela de tal manera que, sobre su
superficie, se puede proceder a la mezcla de distintos sabores de
helados con los ingredientes adicionales o toppins que solicite
el interesado. A la disposición de las personas habrá,
pues, toda una variedad de sabores -gomitas, caramelos, nueces,
galletas-, de la que puede escoger los que más le gusten.
El espectáculo será ver en vivo la preparación
del helado. A juicio de Pérez, este método de preparación
puede gustar mucho en el país, y es un buen ejemplo de la
combinación entre tradición e innovación con
la que pretende impulsar a la marca. Un concepto que está
presente incluso en el logotipo que, a diferencia del original,
ya no es rectangular sino ovalado, con unas líneas en movimiento
que acentúan la nueva transformación...
Los planes, ahora, son muchos. Pérez
piensa desarrollar las heladerías bajo el concepto de franquicia.
El local actual, que funciona como modelo, serviría también
de base para la miniplanta que produciría los helados para
toda el área metropolitana. Y en cada región del país
donde se inaugurara un nuevo local, habría otra miniplanta
encargada de la producción. De lo que se trata es de mantener
el concepto. Los helados serán, siempre, de fabricación
artesanal, 100 % naturales, y elaborados con frutas criollas. Por
lo pronto, también se encontrarán -además de
en el local de Los Palos Grandes-, en las pastelerías La
Crocante. l
rchacon@eluniversal.com
| Un
copito de historia |
Cuenta
Armando Pérez que su padre, Francisco, empezó
a hacer pruebas con su helado 100% natural al principio de la
década de los cuarenta. Los vendía en un conocido
lugar de Cumaná llamado Bar Sport, situado frente a la
plaza Bolívar. El éxito llegó casi de inmediato.
La gente de la ciudad y de todo el oriente del país se
enteraría muy pronto de la calidad de los nuevos helados
-por boca de los agentes viajeros que visitaban el lugar-, al
punto de que hasta el presidente Isaías Medina Angarita,
en una visita a esas tierras, los pidió expresamente
como postre en la cena que se ofrecía en su honor. El
negocio marchaba muy bien, pero ya entrada la década
de los cincuenta, la familia Pérez decide abandonar la
ciudad para irse a vivir a Caracas -querían asegurar
la educación de los hijos-, por lo que no sería
sino hasta 1960 cuando se da inicio a una nueva etapa en la
fabricación de los famosos helados, con la inauguración
de una tienda ubicada en la urbanización El Paraíso.
Fue justamente allí cuando el señor Pérez
decide etiquetar a sus helados con el nombre de Frapé
(uniendo las primeras sílabas de su nombre), que, por
curiosidad, "sonaba" parecido al término frappe,
con el que se denota a las bebidas granizadas. A partir de ese
momento el crecimiento fue vertiginoso. A los pocos meses se
vieron obligados a alquilar un local más grande al lado
de la Universidad Santa María, donde instalaron una planta.
Poco tiempo después se encontraban en San Bernardino
abriendo otra tienda, y luego otras en La California, en Santa
Mónica. No pasaría mucho para empezar a venderles
también a terceros, como sucedió, por ejemplo,
con El Naturista en el este de la capital. Ya en 1974, empieza
una tercera etapa cuando la empresa adquiere un galpón
en Cumaná donde empieza a fabricar de manera industrial
los helados que luego se transportarían al resto del
país. Diez años más tarde, contaban con
una línea de carritos, y todo iba viento en popa hasta
que los huracanados vientos de la crisis financiera empezaron
a hacer mella en el negocio. La caída de tantos bancos,
la devaluación y, en general, la muy deteriorada situación
económica, terminó por hundir lo que parecía
un negocio a prueba de tempestades -incluso EFE y Tío
Rico, las más grandes empresas del sector, tuvieron que
pasar a otras manos para sobrevivir-, por lo que ya en 1994
tuvieron que cerrar las puertas... Hasta que de nuevo diez años
más tarde, el descendiente de Francisco -con ayuda financiera
y asesoría de nuevos socios, claro está-, viera
en la nueva tendencia que privilegia a los helados artesanales,
una nueva oportunidad para resurgir. |
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