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Ever Bonilla

Madera fina

Fotos: Beto Gutiérrez

En Quíbor y Guadalupe, poblaciones del Estado Lara, en ese paisaje xerófilo de pueblos de niños descalzos, tunas y cardonales, como bien lo describe la periodista Maritza Jiménez, un puñado de hombres y mujeres arranca a la madera, otra flor distinta al cardón. Son gente que "aprendió de sus antepasados los secretos de cada árbol, pregonándolos a punta de machete, navaja y lima, en un espectro de objetos y figuras que le han dado fama a la región como una de las más ricas productoras de artesanía en Venezuela".

Justamente es a esta gente a la que Dennis Schmeichler, dueño de la tienda Casa Curuba, ha querido rendir tributo. Para ello, se adentró al valle de Quíbor, acompañado por el fotógrafo Beto Gutiérrez, con la idea de retratarlos. "Nuestra intención no es la de mostrar al artesano en su oficio. Beto y yo buscamos hacer el click en ellos como seres humanos. Los convocamos a estar 'desnudos' frente a nosotros, enseñándonos quiénes son y mirando directamente a cámara, para que así los pudiesen ver los espectadores", cuenta Schmeichler, en cuyo establecimiento el visitante puede ver tales retratos. La muestra se titula Gente de madera. Los cuatro artesanos fotografiados representan las distintas edades que en ese lugar se dedican a la talla: desde Ever Bonilla -8 años- hasta José de la Paz Silva -75- a quien todos conocen como "el señor Pajita", y quien se dedica a este oficio desde los 12 años, usando como materia prima el cardón. El fabrica sus propias herramientas y trabaja junto con sus hijos, quienes han sabido continuar las enseñanzas de su padre. De sus manos salen mecedoras, banquetas, juegos de comedor, taburetes, mesas y tinajeros, pero es buscado siempre por sus emblemáticos muebles de cardón forrados con cuero.

José de la Paz Silva

Elio Aranguren, de 35 años, se entregó a la madera inspirado por su madre, quien fabricaba pilones y bandejas. En el año 2002 tomó la determinación de sólo "cultivar" flores. Con herramientas sencillas logra convertir un trozo de madera en la más bella flor: cayenas, flores de Navidad, girasoles y orquídeas, hechas con distintas maderas como sierra de iguana, zapatero, palo de arco, manzano y guataparo, entre otros tipos. Es Elio quien corta y le da la forma a la madera, y su primo Luis Arejula -otro de los retratados-, es quien le ayuda en el lijado y acabado de las figuras.

El más "pequeño" de este cuarteto, Ever Bonilla, es un enamorado de los elefantes. Hace un año tuvo el anhelo de tallar uno que, con ayuda de su padre, le salió tan bonito que siguió haciéndolos. Su talento parece ser legado de su abuelo Juan Lovatón. "Ever ha aprendido muy rápido -afirma su abuelo- tal vez porque desde niño ha visto a sus padres trabajando con tallas de maderas, y lo más importante es que a él le gusta mucho. Es el niño de los elefantes". Esta selección fotográfica, a la que Beto Gutiérrez dará continuidad con otros artesanos, anhela mostrar no el trabajo, sino el alma de estos artistas. He aquí parte de ella. -A.G.

 
Elio, el artesano
de las flores
 
Luis Arejula


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