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Amor fraternal
¿Cuándo
se considera que el tomar una vida es eutanasia? Max
Haines
CON EL ADVENIMIENTO de los procedimientos
médicos, la vida se prolonga como nunca antes. Las medidas
médicas heroicas han dado paso a una nueva clase de crimen:
asesinatos por pena. El caso Zygmanik es un temprano ejemplo de
este tipo de crimen.
Lester Zygmanik, 23, idolatraba a su
hermano mayor. George, 26, estaba casado y tenía un hijo
de cuatro años al que todo el mundo llamaba pequeño
George. Lester era operador de excavadoras; George manejaba un camión
para ganarse la vida. El clan Zygmanik vivía en una pequeña
granja en Perrineville, New Jersey.
Ambos muchachos quedaron destruidos cuando
su padre falleció. John Zygmanik había sido amado
por sus hijos, su esposa Sonia, y su nuera, Jean. Pero la tragedia
no había acabado para la familia Zygmanik. Esta llamó
de nuevo a la puerta el 17 de junio de 1973, cuatro meses luego
de la muerte de John Zygmanik.
George estaba pasando un tiempo con una
amiga, Bárbara Petruska. El joven era el padrino de uno de
los niños de Bárbara. Fue Bárbara quien le
presentó a su esposa Jean. Los dos amigos charlaban sobre
la pérdida del señor Zygmanik y de cómo lo
extrañaban los muchachos. George le preguntó a Bárbara
si le permitía manejar su nueva motocicleta. Bárbara
estuvo más que encantada de prestarle la moto a su amigo.
Le advirtió sobre el ripio suelto y le pidió que usara
un casco, pero George se negó. Sólo iba a dar un corto
paseo.
La motocicleta perdió el control,
arrojando a George contra un poste telefónico y luego barranca
abajo. Se le llevó de inmediato al hospital, pero estaba
seriamente herido y fue rápidamente transferido al Jersey
Shore Medical Centre cerca del Parque Asbury. Se supo que el cuello
de George estaba quebrado. Se le ató a una cama giratoria.
Los doctores informaron a la familia que George no caminaría
de nuevo; tal vez nunca recuperaría la sensibilidad por debajo
de su cuello.
George le rogó a su hermano que
hiciera algo para calmar su terrible dolor. Quería saber
la verdad sobre su condición. Los doctores le hicieron una
traqueotomía. El día siguiente, Lester cogió
la mano de su hermano. A ratos George decía incoherencias.
La esposa de George, Jean, también estuvo sentada al lado
de su marido. A veces las tres manos se unían para recitar
una oración.
La condición de George empeoró.
Seguía diciendo: "¿Por qué no me dejan
morir?". La pregunta no era contestada. En forma intermitente
George gritaba por el dolor. Sus patéticas súplicas
se oían por los pasillos del hospital.
En la segunda noche de sufrimiento de
George, éste le habló a su hermano. "Lester,
quiero que me prometas que no me dejarás vivir así.
Eres mi hermano. Quiero que me prometas que me matarás. Quiero
que me lo jures por Dios". Lester contestó: "Lo
juro por Dios".
A la mañana siguiente, se hizo
una operación en el cuello de George. Lester lo visitó
de inmediato luego de la intervención. Su hermano estaba
inconsciente, tenía una hinchazón grotesca. Lester
preguntó por la condición de George, pero no recibió
buenas noticias. Los doctores hacían todo lo posible para
mantenerlo vivo. No había esperanzas de que se recuperara
jamás.
Lester Zygmanik se fue a casa esa tarde.
Tomó una escopeta del estante de las armas y salió
hacia el cobertizo. Usando una sierra, cortó parte del cañón
y de la culata. El arma cabía apretadamente en su abrigo.
Lester manejó hasta el hospital
y llegó hasta el cuarto de su hermano. Eran las 11:00 de
la noche. Nadie le prestó demasiada atención. Una
de las enfermeras lo saludó, pero Lester no contestó.
Unos minutos más tarde estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos.
Otra enfermera saludó a Lester, pero él entró
apurado.
Se acercó a la cama de su hermano.
Lester atestiguaría más tarde: "Le pregunté
si sentía dolor. Le pregunté si el dolor era realmente
intenso. El afirmó con la cabeza. Luego le dije que yo estaba
allí para quitarle el dolor. Le pregunté si eso le
parecía bien. Le dije: 'No te preocupes, no tendrás
más dolor', y él aceptó con la cabeza".
Lester levantó entonces la escopeta recortada hasta la sien
de su hermano y disparó. Continuó su testimonio: "También
le quité el tubo del cuello". Lester dejó su
arma en el piso del hospital y salió del cuarto de su hermano.
Lester fue interceptado por dos guardias
de seguridad, quienes corrían luego de haber sido informados
sobre la escopeta. "Yo soy al que buscan. He disparado a mi
hermano", les dijo.
Lester fue arrestado. Increíblemente,
George vivó otras 27 horas tras el disparo mortal. Luego
de su muerte, los cargos en contra de Lester fueron cambiados de
"asesinato atroz" a "asesinato".
Mientras la historia del joven que había
matado a su hermano se hacía conocida, no parecía
ser un asesinato ordinario. Todos los motivos normales para el peor
de todos los crímenes no se aplicaban en este caso. Parecía
que sólo existía un motivo: el amor de un hermano.
Cinco meses luego del disparo, Lester
Zygmanik fue a juicio por asesinato. La esposa de George, Jean,
atestiguó que cuando su marido le había hecho prometer
a Lester que lo mataría, le hizo prometer que ella no intervendría,
corroborando así, la versión de Lester sobre la dramática
escena.
En los pocos días anteriores al
disparo, Lester le había dicho a varias personas, incluyendo
a Bárbara Petruska, que debía matar a su hermano George
para quitarle el dolor. Todo el mundo sabía que Lester estaba
terriblemente apenado y era capaz de decir cualquier cosa. Nadie
pensó que realmente lo haría.
La asesoría de defensa aseguraba
que Lester estaba apenado hasta el punto en el que no sabía
si lo que estaba haciendo estaba bien o mal. Sobre todo, su amor
por su hermano oscurecía todas las acciones racionales. Dijeron
que en el momento de apretar el gatillo padecía de una locura
temporal.
La
fiscalía presentó a expertos en psiquiatría
quienes dijeron que Lester era muy consciente de lo que estaba haciendo
todo el tiempo. Tenía la capacidad de conseguir un arma,
cortar el cañón, esconderla y proceder con un solo
motivo hasta la cama de su hermano. Todo esto apuntaba a un plan
más que a acciones individuales. La fiscalía estableció
firmemente que el sufrimiento no le da licencia a nadie para terminar
con una vida.
Luego de deliberar durante dos horas
y cuarenta minutos, el jurado trajo el veredicto de no culpable.
Técnicamente, Lester fue exonerado
porque la ley forzaba a la defensa a presentar el pedido de locura
temporal. Nadando por debajo de la superficie durante todo el juicio,
estaba el tema de la eutanasia. En este juicio en particular el
jurado eligió creer que Lester no era un criminal responsable
de quitarle la vida a su hermano.
Lester Zygmanik regresó a su hogar
con su madre y siguió trabajando como operador de excavadoras.
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Ilustraciones: David Márquez
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