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  Monólogo en bikini
Carla Tofano

 

Estoy echada de cara al sol, con el cuerpo develado ante el embrujo tropical, y mi mente que casi nunca se relaja -y mucho menos cuando estoy en traje de baño- inicia angustiosas especulaciones para condimentar con engañosos pensamientos, muy típicos de la fenomenología femenina, mi feliz circunstancia entre palmeras. Estoy a la orilla de una playa absolutamente fotogénica, y al tiempo que intento regodearme en la sensualidad de mi propio cuerpo expuesto a la templada brisa del Caribe, dentro de mi equívoca humanidad se inicia un fustigante debate entre la búsqueda de paz y la necesidad de mantenerme alerta, conflictiva y guerrera. Veo a los lados, nadie detiene en mi tímida anatomía mirada alguna, razón por la cual me siento relativamente a salvo para levantarme, sin mayores aspavientos, para esparcir a lo largo de mi cuerpo el protector solar que acabo de comprarme porque promete "un bronceado luminoso". La promesa básica de este producto se debe al escaso nivel de protección solar que ofrece y a que contiene pequeñísimos cristales escarchados que podrían ayudar a disimular mi escasísimo bronceado inaugural. ¡Caí otra vez en las trampas de mi imaginación reforzada por el engañoso metalenguaje del mercadeo!

Las escarchas son muy sutiles y, aunque el efecto es impecable, mi piel necesita largas sesiones de exposición al sol para adquirir el tono canela que anhelo. Ni un protector mágico podría poner remedio a mi blancura en una mañana. Ahora que lo pienso, debería haberme puesto el traje de baño negro. No sé en que estaba pensando esta mañana: pareo blanco, bikini blanco, sexy, brasilerísimo, de algodón, zarcillos de concha de nácar made in Playa El Agua... el look funciona, estamos de acuerdo, pero creo que hoy no era el día para sacarlo de paseo. Es obvio que necesito un poco más de luz en la piel para aventurarme con el clásico modelito playero en clave Saint Tropez. En fin, a lo hecho pecho. Ya me embadurné de protector los brazos, el pecho y el abdomen (odio decir barriga) sin levantarme de la tumbona. Pero a pesar de mi resistencia voy a tener que pararme para cubrir mis extremidades inferiores con gel bronceador. Detesto hacerlo sentada porque se me ven unos pliegues muy sospechosos en la barriga (odio decir barriga) y no me he matado haciendo dieta todo el año para poner ahora en riesgo la reputación de mi buen estado físico. Voy a tener que pararme, pero no sin tomar medidas. Estoy lista para echar una miradita disimulada y ver quién está a mi espalda. Ningún peligro por ahora.

Ya empezó el escándalo. ¿A quién se le podrá pedir que bajen los decibeles de la música? Nunca he entendido por qué es necesario escuchar música a un volumen tan invasivo e insolente. Quisiera escuchar el sonido de las olas. Pero disfrutar el silencio en estas tierras cálidas es una misión casi imposible, el ruido parece parte indivisible de nuestra catastrófica idiosincrasia. Voy a voltearme, creo que me veo mejor acostada boca abajo, aunque... voy a tener que pararme de todos modos en algún momento. Santiago y Marcela llevan rato jugando en el mar y están a punto de achicharrarse. Este sol es eneas. Se te incendia el cerebro mientras te bronceas. Pronto tendré que volver a embadurnar a mis dos hijos de protector factor 45 y no van a querer. Desde aquí parecen dos saludables pececitos.

Definitivamente los niños son seres anfibios. Ni loca me quito los lentes de sol. Se me quedó en casa la máscara de pestañas indeleble al agua y debo tener cara de muerta. Qué bonito el traje de baño de esa muchacha. Voy a comprarme uno así. Y este año voy a tomarme más a pecho los ejercicios de glúteos. No me siento mal, pero podría verme mucho mejor si la vida no fuera tan complicada y los gimnasios no me dieran tanta pereza. Me provoca una empanadita de cazón, aunque voy a tener que conformarme con una agüita de coco. Prefiero la abstinencia al remordimiento. Nada como un desestresante día de mar para olvidar todas las necedades que por lo regular nos agobian. ¡Guao! Qué colorazo el de esa señora ¿usará el mismo bronceador que yo? l

tofano@hotmail.com

 
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