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Misterio
en Australia

Durante las dos décadas transcurridas entre 1880 y 1900, por algún motivo, ocurrieron casos
clásicos de asesinato
en todo el mundo

Quién que haya estudiado
la inhumanidad del hombre con el hombre no ha especulado sobre la identidad de Jack el Destripador, de Inglaterra,
o no se ha maravillado ante
la posibilidad de que una rolliza solterona llamada Lizzie descuartizara a su mamá y su papá en Fall River, Massachussetts.
En Canadá, los crueles
Black Donnelly, de Lucan, Ontario, insistían en aterrorizar a sus vecinos hasta que éstos no aguantaron, mataron a varios miembros de la familia y quemaron la residencia Donnelly hasta reducirla a cenizas.

En Australia, el asesinato más notorio que jamás se haya cometido es conocido como el Misterio Gatton. Gatton es un pequeño punto en el mapa en el cual, en 1898, residían aproximadamente 450 personas muy trabajadoras, en su mayoría campesinos.

Gatton se encuentra a unos 100 km al oeste de Brisbane, en Queensland. Era el 26 de diciembre, Día de San Esteban, un cálido día de verano, cuando la familia Murphy se vio envuelta en la tragedia. Daniel y Mary Murphy eran campesinos muy respetados. Tenían 10 niños, pero necesitamos ocuparnos sólo de Michael, de 29 años; Norah, de 27; y Ellen, de 18.

Michael había sido policía, granjero y empleado del Instituto Universitario de Agricultura ubicado cerca de Gatton. En el verano de 1898 trabajaba en la Granja Experimental del Gobierno, en Westbrook. Pasó esa Navidad con su familia. Norah trabajó la mayor parte de su vida adulta en la granja de la familia, ayudando a sus padres. Era muy apegada a su madre y padre, pero al mismo tiempo era extrovertida y popular con otras personas de su misma edad. No tenía un novio fijo, pero le encantaba ir a los bailes que se organizaban en el área. Ellen asistió a la escuela hasta cumplir 16 años, después de lo cual, igual que Norah antes que ella, trabajó en la granja de los Murphy.

Nueve de los 10 hijos de los Murphy celebraron la Navidad ese año con sus padres. El único que no pudo llegar a casa fue Dan, quien era parte del cuerpo de policía de Brisbane y, por el azar del sorteo, le tocó guardia. Una de las hijas, Polly, estaba casada con William McNeil. Él también pasó la Navidad en la granja de los Murphy.
Podemos imaginarnos la Navidad tradicional en una zona rural: regalos envueltos en papel llamativo, brindis a la salud de los presentes y de abundantes cosechas.

Durante ese fin de semana de fiesta, Jerry Murphy se encontró por casualidad con Ted Chadwick. Ted dijo que estaba tratando de organizar un baile por el Día de San Esteban, aunque casi no había tiempo. Varias chicas de Gatton habían sugerido la idea. Ted le pidió a Jerry que llevara a algunas de sus hermanas al baile. Jerry le dijo que les preguntaría.

El Día de San Esteban varios miembros del clan Murphy fueron a las carreras de caballos en Mount Sylvia. El señor y la señora Murphy pasaron el día visitando a varios amigos. Esa tarde, a las 6:30, los Murphy habían regresado a su granja. Jerry había informado a sus hermanos y hermanas sobre la propuesta del baile. Se acordó que Michael llevaría a Norah y Ellen al encuentro social.

Michael enganchó un caballo a una carreta y los tres se dirigieron a Gatton para bailar toda la noche. Pero los Murphy no sabían que el baile había sido suspendido. De las 11 muchachas invitadas, sólo se presentaron seis.

Michael y sus dos hermanas llegaron al baile, se dieron cuenta de que había sido suspendido y se dieron vuelta para recorrer los nueve kilómetros hasta su casa.
Era una noche cálida. Había una brillante luna llena. Michael, Norah y Ellen Murphy nunca llegaron.

Por algún motivo se salieron del camino, abrieron una reja y condujeron a un área conocida como el potrero de Moran. El martes 27 de diciembre no había señales de Michael, Norah ni Ellen en la granja Murphy. Esto no causó ninguna preocupación particular. Muy posiblemente se habían quedado en el pueblo con Ted Chadwick. Quizás la carreta se había estropeado. El esposo de Polly, William, se ofreció para ir a buscar al trío desaparecido.

Mientras recorría el camino, advirtió que la carreta se había dirigido al potrero de Moran. William estaba completamente seguro de esto porque él había dañado una de las ruedas, la cual tendía a bambolearse, por lo que dejaba una huella característica. Podía ver que las huellas zigzagueantes se salían del camino.
Horrorizado, William se topó con los cadáveres de Michael, Norah y Ellen, además del cuerpo del caballo. Ambas mujeres habían sido violadas y asesinadas a golpes con una rama pesada y llena de nudos que se encontró cerca de los cuerpos.
Michael había sido golpeado en la cabeza. También le dieron un tiro, igual que al caballo.

Las manos de Ellen habían sido atadas detrás de su espalda con un pañuelo. Sus piernas tenían rasguños de uñas. Las manos de Norah también estaban amarradas en su espalda. Su ropa estaba toda desordenada. Sus piernas también habían sido rasguñadas por uñas. Había evidencia de que Norah había luchado por su vida, aunque la tierra alrededor de su cuerpo no presentaba señales de una gran agitación.

Muchos creían que los asesinatos habían ocurrido en otro lugar. Otros pensaban que esa hipótesis era improbable, dado que al caballo de los Murphy le habían disparado. Durante los siguientes 60 días, los oficiales de policía que investigaban el triple asesinato recibieron más de 3.000 informes. Dos hombres fueron objeto de fuertes sospechas. Unos 10 días antes del crimen, Thomas Day había aparecido en Gatton. Había sido contratado por el matadero de Clarke y fue empleado de Arthur Clarke entre el 16 de diciembre y el 10 de enero.

Al igual que todos los forasteros en el área, Day fue interrogado. Declaró que el día de los asesinatos se había ido temprano a la cama y no había estado cerca del potrero de Moran. Cuando revisaron su habitación se encontró sangre en sus ropas de trabajo, pero ello no se consideró inusual ya que había trabajado en un matadero.

Un jovencito de 14 años, llamado John Carroll, presentó más evidencia incriminadora. Él y su madre regresaban de las carreras en Mount Sylvia cerca de la hora de los asesinatos. John había señalado con el dedo desde la carreta, exclamándole a su madre: "Ése es el hombre de Clarke". Esa noche había luna llena, y el chico insistía en que era Day a quien había visto. Sin embargo, en la investigación, cuando lo pusieron frente a Day, declaró: "Mire… no podría decirlo".

Poco después de la investigación, Thomas Day abandonó el área de Gatton para siempre. Richard Burgess también fue interrogado, al igual que todas las personas con antecedentes policiales. Burgess había sido liberado recientemente de prisión por atacar a una anciana. Había tenido problemas con la ley casi toda su vida, y se le consideraba un criminal peligroso.

Cuando la policía intentó interrogar a Burgess, éste se tornó violento y fue detenido.
A través de sus abogados, dio una relación de sus movimientos. Un pastor recordaba que el 25 de diciembre había visto a Burgess en un camino a cierta distancia de Gatton, exacto como había declarado el sospechoso. El día 26, una tal señora Pierson le sirvió a Burgess, por motivos de caridad, una cena en un lugar lejos de Gatton.

En contradicción con quienes corroboraron la coartada de Burgess, varios testigos afirmaban que lo habían visto en los alrededores del potrero de Moran el día de los asesinatos. El joven John Carroll identificó a Burgess en una fila de hombres y dijo que se parecía al hombre que había visto en la reja que conducía a la escena del crimen. Sin embargo, John también había apuntado su dedo a Thomas Day. Un año más tarde, Burgess fue condenado por violar a una mujer en Melbourne. Fue sentenciado a siete años de prisión. Durante su confinamiento, le dijo a varios conocidos que había cometido los asesinatos, pero se consideró que estas afirmaciones no eran más que alardes.

El misterio aún no ha sido develado. ¿Por qué los Murphy se salieron del camino principal? ¿Por qué la tierra alrededor del cuerpo de Norah no estaba revuelta, a pesar de que obviamente había luchado enérgicamente por su vida? ¿Por qué el asesino le había disparado al caballo de los Murphy? ¿Quién era el culpable, Thomas Day o Richard Burgess?

Ha pasado más de un siglo desde que se cometieron los asesinatos, pero ninguna de estas interrogantes jamás ha recibido respuesta.

Traducción: José Peralta
Ilustraciones: David Márquez
davidmarquez@cantv.net

 
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