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Pérdida de peso y
pensamiento negativo

En la batalla contra la gordura, las falsas creencias y los soliloquios negativos podrían ser enemigos peores que la comida o la pereza. Les mostramos cómo combatir esa tendencia. Dennis Brabham, Melissa Hantman y William Whitney

Las personas, en general, están siempre muy motivadas cuando de perder peso se trata, como lo demuestra una creciente lista de libros que son éxitos de ventas y de sitios web sobre dietas que registran un alto volumen de visitas. Pero, lamentablemente, no todo el mundo enfoca el tema de la manera correcta. La presión a la que se someten algunos individuos para triunfar —y las autocríticas a las que se entregan cuando no alcanzan la meta— pueden tener terribles repercusiones en el ámbito de las emociones y la dieta.

Piense en esos jeans que tiene en el clóset, que parecieran reprocharle su exceso de peso. Usted sabe que no le sirven, por lo que se siente poco atractiva y despreciable. Esta tendencia a evaluarse con extrema severidad sólo hará que se rinda por completo. Desea buscar alivio en el refrigerador.

Usted necesita identificar las cosas que se está diciendo a sí misma y que podrían hacer que se sienta desanimada y tire la toalla. No se castigue cuando coma en exceso. Acepte que actuó de una manera contraproducente y luego establezca mejores métodos para alcanzar su meta. Revise qué le gustaría hacer y trabaje a fin de conquistar esa meta.

Quizás no se recrimina (aún) a sí misma por los fracasos, pero ejerce una presión desmesurada sobre su persona para alcanzar el éxito. Cuando se dice a sí misma: “Debo rebajar 10 kilos para el Día de los Enamorados o nunca conseguiré una cita”, usted se está encaminando hacia un estado de turbulencia emocional, además del fracaso en lo concerniente a la pérdida de peso. Rebajar en una cantidad de tiempo prescrita es una meta importante, pero la premisa perfeccionista que se cuela en su pensamiento muy bien podría interferir con una dieta y un programa de ejercicios adecuados.

En un universo perfecto, ver los jeans o saber que el Día de los Enamorados está cerca, evocaría pensamientos racionales, tales como: “Pronto luciré estupenda, y voy a disfrutar el desafío de comer y hacer ejercicios de manera adecuada durante el proceso”. Pero poca gente piensa así.

Conversamos con Nando Pelusi y Mitchell Robin, psicólogos clínicos de Nueva York, sobre lo que realmente nos decimos a nosotros mismos al sabotear nuestros mejores esfuerzos por perder peso —o alcanzar cualquier meta.

“Debo estar delgada”
Esto genera desesperación, lo cual socava una estrategia saludable de largo alcance para llevar una dieta adecuada. Asimismo, el perfeccionismo impregna esta forma de pensar: “No sólo debo ser delgada, sino también perfecta”.

“Debo comer hasta saciarme”
Los primeros humanos vivían en un medio en el cual los recursos alimentarios eran escasos. Mientras que nuestros ancestros tenían que cazar ardillas y comerlas, nosotros podemos pedir una hamburguesa  extra-grande y faltar a la sesión de entrenamiento físico.

“Necesito resultados inmediatos”
La exigencia de una mejora inmediata socava el compromiso de alcanzar una meta a largo plazo. Es difícil renunciar a soluciones rápidas: “Este ponquecito me hará sentir bien rápidamente”. Pensamos, ¿por qué molestarse en comer sanamente si la recompensa está tan lejos? Hacer dieta requiere frustración en el momento presente y rechazo de la pronta recompensa.

 “Necesito alivio”
La gente come para evitar sentimientos de soledad, depresión y ansiedad. Los alimentos grasosos y azucarados proporcionan un rápido alivio y distracción de otras preocupaciones. Resolver algunos de estos problemas puede ayudar a superar malos hábitos de alimentación.

“Me siento horrible. Es terrible estar pesada”
Para algunas mujeres, tener exceso de peso es la peor cosa que se pueda imaginar; las puede inmovilizar y dejar estupefactas. Esta es una reacción más adecuada ante una tragedia. La pérdida de peso se alcanza más fácilmente sin esa perspectiva fatalista.

“Es intolerable seguir una dieta. Es muy difícil hacerlo”
Este pensamiento la deja indefensa. La gente que se frustra fácilmente quiere soluciones fáciles. Las dietas de moda nos seducen porque apelan a esa inmediatez. Sin embargo, la gente que confía en las modas experimenta un alto porcentaje de fracasos. Cuando usted hace dieta pensando en resultados a corto plazo, no aprende las estrategias que requieren paciencia y persistencia.

“No soy buena”.
“Como tengo problemas en esta área, soy despreciable” Tener sobrepeso puede ser visto como una señal de debilidad o insignificancia, y la mayoría de las personas no están motivadas cuando se sienten de esa manera. Otra forma de sentir que no se vale nada es pensar: “Mi valor depende de mi aspecto”. Esta idea confunde belleza con delgadez, un concepto que se despliega constantemente en los medios.

Ponerse en marcha
Ahora que se deshizo de sus pensamientos irracionales, un poco de motivación es la clave para el cambio. Pero, ¿cómo lograr este salto? El psicólogo y maratonista Michael Gilewski ha encontrado que el cerebro puede alcanzar un estado de comportamiento habitual a través de pequeños éxitos —convertir un esfuerzo antes extraordinario en una simple rutina.

“Alguien puede escalar el monte Everest, pero seguramente no es la primera vez que escala”, señala. Quizás la motivación puede ser, sencillamente, producto de un refuerzo positivo y un éxito repetido.

Preguntamos a cinco expertos en motivación —entre ellos una sargento de entrenamiento en servicio activo y un entrenador de escalada en roca— cómo consiguen transformar a las personas, que de novatas en el campo de las dietas pasan a ser recios soldados. A continuación sus sugerencias.

Inspiración interna
Deborah Low es asesora en el área de control de peso y estilo de vida, radicada en Vancouver, Canadá.

“Tenemos una actitud ‘todo o nada’: Si no hacemos nuestra hora completa en el gimnasio, muy bien pudiéramos quedarnos sentados y comer comida chatarra. Si usted se siente culpable y se castiga a sí misma, puede comerse 10 galletas en lugar de dos. Si se critica, nunca cambiará.

La motivación es algo que recibimos de otras personas, pero la inspiración surge de nuestro interior. Pensar ‘Perderé peso y luego seré feliz’ no es suficiente. Si nos respetamos y amamos, independientemente de nuestro peso, resulta más fácil escoger las opciones saludables.

Luchamos porque estamos obsesionados con el resultado final. Nos obligamos a ir al gimnasio, a restringir la comida y a medirnos y pesarnos. Usted deja que ese número en la balanza determine cómo será su día. Le pido a los clientes que recuerden cómo era cuando jugaban de niños. Corrían, se subían a cosas —su meta no era perder peso, sino divertirse. Estar activo les daba una sensación de libertad, exaltación y asombro. La gente tiene que reconectarse con esa emoción”.

Jugar en equipo
Chris Broadway enseña en un aula al aire libre de la organización Outward Bound en Hurricane Island, frente a las costas de Maine, Estados Unidos.

“Establezco un clima de espíritu de equipo desde el principio: le enseño una destreza a una persona y su responsabilidad es transmitirla a todos los demás. Dejamos que los estudiantes cometan sus propios errores. Prevemos que ellos tengan dificultades, dado que las actividades que planificamos son un desafío. Pueden experimentar desánimo, pero celebramos los logros. Los estudiantes fijan su propio nivel de éxito. Algunos se enfocan en el resultado final, pero no todos están orientados hacia los resultados. Algunos desean medir su éxito de acuerdo con las relaciones que establecen, de acuerdo con el propio proceso.

Otro factor de motivación es cómo su experiencia aquí se relaciona con su vida. Creamos situaciones en las que hay riesgos reales y riesgos aparentes, como en la navegación. Dejamos que el grupo navegue antes de una tormenta y decida cuándo retroceder y cuándo avanzar. Les mostramos cómo aplicar estas situaciones a sus empresas o vidas personales —calcular el riesgo, saber cuándo asumirlo o el momento de retroceder.

Es mucho más efectivo cuando otro estudiante interviene para dar el mensaje de liderazgo. En nuestra calidad de instructores, siempre estamos reforzando su caja de herramientas a fin de que tengan medios para hacerlo. Con un grupo de 12 participantes es difícil esconderse. Incluso si alguien atraviesa un período de baja actividad, él o ella sin duda necesita desempeñar un papel”.

Disfrutar de las montañas
John Joline es instructor de escalada en el Dartmouth College.
“Ciertas clases de enseñanza se realizan desde abajo: se le dice a la gente qué hacer, aunque desde afuera de la actividad. Yo trato de enseñar desde arriba: escalo con mis estudiantes, participando plenamente de la actividad. Hago que mi entusiasmo sea contagioso.

Incluso una escalada dentro de los límites físicos de una persona, si ésta se esfuerza por realizarla hermosamente, puede ser un desafío y dar recompensa. Nuestra cultura enfatiza las metas, las cosas absolutas. Nos enseñan que la competencia debe ser feroz. Pero si perdemos el sentido de diversión, de placer, todas las arengas de un instructor no le darán a un estudiante una motivación duradera. Lo importante es disfrutar el momento, la sensación física de ascender por la roca y llegar a la cima. Eso por sí sólo se convierte en una recompensa suficientemente convincente para mantenerlo a uno involucrado.

Para alguien de alrededor de 35 o más años, escalar aún es visto como un deporte potencialmente peligroso, algo atrevido y aterrador. Es una construcción mental que puede inhibirnos. Además, para los empleados de oficina, pasar las manos y los dedos por rocas agrestes puede estremecer sus cimientos”.

Regresar vivo a casa
Billie Jo Miranda es sargento de entrenamiento del ejército de EEUU en Fort Jackson, Carolina del Sur.

“La meta es estar preparado para la guerra y regresar vivo a casa. Motivamos a través del ejemplo: lo hacemos al lado, al frente y detrás de ellos. Adaptamos el entrenamiento al nivel del soldado más débil. Esto quizás no sea beneficioso para el soldado que era un atleta en la universidad, pero todos son parte de un equipo, se presionan entre sí.

Hay quienes realizan el mínimo esfuerzo. La juventud de hoy está conformada por niños de la generación Nintendo. El entrenamiento les exige que salgan de la cama y caminen un kilómetro y medio adicional. Mientras más rigor se infunde al entrenamiento, más consciente está un soldado de lo que puede lograr en combate. No deberían disfrutar el entrenamiento. Este debe causar dolor físico y mental. Y lo detestan. Pero deseamos que disfruten el alcanzar una meta.

Si se tiene corazón, se tiene la motivación y el deseo de pasar por cualquier cosa. Es un proceso de pensamiento patriótico: lo que hacemos es por el mejoramiento de su país. Cuando dicen: ‘Ya no quiero hacer esto’, sólo denme 10 minutos con ese soldado y lo hará 100 veces. Usamos el hecho de que son voluntarios como herramienta de motivación: ‘Soldado, no le pedí que viniera aquí. Usted, obviamente, se unió al ejército por un motivo, usted quería hacer algo por su país’”.

Piense como un termotasto
Peter Catina es profesor de fisiología del ejercicio en la Pennsylvania State University.
“La mayoría de los atletas de primera clase ya están en el máximo escalafón de su deporte, y alcanzar el siguiente nivel es un desafío. Pero es difícil mantener el nivel de uno cuando se está en el pináculo —seamos novatos o expertos. Todos debemos tener disciplina tanto física como mental.

Regularnos a nosotros mismos es clave: puede hacerlo de manera sencilla si usted se convierte en su observador. Piense como un termostato: sea capaz de detectar una discrepancia entre el ambiente y su estándar interno. Es la diferencia entre su estado actual y dónde quisieran estar su mente y cuerpo. Entonces puede hacer ajustes —elevar sus estándares para satisfacer sus expectativas— a través de estrategia y acción. Algunos nacen con la habilidad de regularse a sí mismos, pero puedo identificar clientes que no saben cómo y yo les enseño. Estar consciente es el primer paso: advertir cuántas calorías ha consumido, cuán efectivo le resulta el ejercicio, con cuánta frecuencia lo hace.

Los aeróbicos ya no son la panacea para perder peso. Es el cambio en la composición del cuerpo lo que nos hace lucir mejor, y para eso, el entrenamiento de fuerza es lo más efectivo. No se pese constantemente, porque los músculos pesan más que la grasa. En lugar de ello, mida su índice de masa corporal —o incluso su cintura— y sólo cada cuatro o seis semanas. He tenido muchas clientas mujeres que aumentan 2,5 kilos, pero disminuyen tres tallas de vestido”. l

PSYCHOLOGY TODAY. DERECHOS DE EL UNIVERSAL / TRADUCCION: JOSE PERALTA /
FOTO: WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/MICHAEL A. KELLER

 

 
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