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revista Estampas
 

Bob Abreu
La música al bate

El exitoso jugador de beisbol se estrena en otra faceta: la de empresario de la música. Su nuevo sello disquero, Cacao Música, debuta con cinco trabajos discográficos que se lanzan al ruedo el próximo 7 de noviembre. Bob confía en su buen swing. Adriana Gibbs. Nueva York. Enviada especial. Fotos: Cortesía Cacao Música

2006 ha sido —particularmente— un año de cambios para Bob Abreu. Algunos sutiles, otros no tanto. De ser jugador de los Filis pasó a vestirse de Yankees el pasado 2 de agosto, lo que lo convirtió en el noveno venezolano en jugar en el equipo más ganador de la historia, y en el primero en llegar como superestrella. De vivir en su querida casa de Filadelfia, pasó a habitar el piso 37 de un moderno edificio ubicado en la zona norte de Manhattan. “La venida a Nueva York no la esperaba con certeza”. El aragüeño fue bien recibido tanto por la prensa como por los fanáticos de Nueva York. Para muchos su llegada fue clave en la consolidación del equipo neoyorquino, y aunque los yanquis salieron del play off a principios de octubre, la derrota del equipo no opacó su exitoso desempeño. Antes de empezar la postemporada, en los últimos días de septiembre, Abreu tuvo el privilegio de formar parte de un selecto club que hasta entonces estuvo reservado a Andrés Galárraga y Magglio Ordóñez: el de los únicos venezolanos en lograr durante al menos cinco temporadas superar las 100 carreras empujadas en las Grandes Ligas.

“En Nueva York me siento a gusto —dice sin titubeo—, es una ciudad que se presta para todo; es rápida, pero uno se ajusta. Te hace sentir que estás en tu país, porque caminas y a cada rato escuchas a alguien hablando español”.

A él no le gusta la rutina. “La monotonía no me da buena onda. Siempre estoy buscando nuevas ideas, nuevos proyectos”. Quien lo ve en el campo de juego, puede advertir que el jardinero derecho venezolano siempre está en movimiento: flexionando las piernas, agachándose, estirando sus brazos, yendo de un lado a otro en el terreno. No es hombre de quietudes. Y, “¿acaso ser inquieto no es, a fin de cuentas, lo característico de todo impulso vital?”, como bien ha escrito el francés Michel Maffesoli; de eso que incita al hombre a cambiar de lugar, de hábitos, esa curiosidad que le lleva a fundar empresas e iniciar aventuras.

Y es que al hecho de vivir en la Gran Manzana se suma una nueva andanza de Abreu, pues el jugador ha decidido mostrar otra cara suya, la del empresario. Su fuerza en el bate ahora se desliza en otro terreno, Cacao Música, nombre del sello discográfico que lanza sus primeros trabajos.

LEON EN EL BRONX
A Bob Kelly Abreu allá le llaman Bobby. Debutó con los Astros de Houston en 1996. Luego fue tomado por Tampa Bay y, de
inmediato, fue cambiado a Philadelphia. Este año Abreu fue traspasado a los Yankees de Nueva York, el equipo con
la plantilla más cara de las Ligas Mayores. La llegada
de Abreu le dio nuevos bríos
al equipo de la Gran Manzana.
El jardinero de los Yankees
es uno de los bateadores más consistentes de la gran carpa. Contacto, poder, velocidad, brazo y defensiva son sus herramientas y le han hecho merecedor de un nombre propio en la pelota mayor. Y aunque su equipo perdió empezando en los play off, él no dejó de
lucir bien. En su primer encuentro con los Tigres de Detroit, Abreu impulsó cuatro carreras en una postemporada de Grandes Ligas, lo que lo convirtió
en el segundo venezolano en tener éxito en la primera jornada de las series divisionales.

“Me animé a crear esta empresa para apoyar al talento venezolano que, por una u otra razón, no se toma tanto en cuenta. Uno ve en el exterior que los artistas en la música son puertorriqueños, colombianos, mexicanos y que no hay un nombre venezolano que resuene. Claro, con sus excepciones… Tenía esa inquietud y un amigo me presentó a Omar Jeanton (empresario, músico, director de la Emisora Cultural de Caracas). Nos citamos en Atlanta, luego de un juego. Desde las diez de la noche hasta las cuatro de la mañana estuvimos hablando y escuchando música. De ese encuentro empezó a abrirse esa florcita hacia el mundo de la música y comienzo a regar todo este proyecto. Yo vivo la música —dice categórico—, es una pasión que ha estado presente en toda mi vida. En todas las cosas que hago siempre la pongo”. 

Ciertamente, luego del juego con los Orioles de Baltimore en el Yankee Stadium, lo primero que hizo Abreu al subirse a la camioneta que nos llevaría a su apartamento para esta conversación, fue buscar un estuche de discos (con CD’s de Franco de Vita, Ricardo Montaner, Gilberto Santa Rosa) y poner uno de Oscar D’ León. Mientras Roberto, su chofer, sorteaba el tráfico del Bronx, Abreu cantaba y tamborileaba con sus manos. Y si bien en el trayecto hubo uno que otro comentario, una que otra pregunta, la escena estuvo dominada por esta imagen: Bob Abreu cantando temas de Oscar D’ León.

“Estoy muy entusiasmado porque es un proyecto muy venezolano, distinto a otros que tengo encaminados (una línea de ropa deportiva y de calzado es uno de ellos). Así como tenemos cuartobates en el beisbol, Cacao Música proyectará en el exterior a esos venezolanos que son cuartobates en la música”.

En el campo de juego
Anda con alegre ímpetu. Bob Abreu, cantaría Serrat, debe sentirse en buenas manos. Pareciera que la vida ahora está a su medida. Los incómodos momentos que vivió, por uno u otro episodio ventilado a la luz pública, quedaron atrás. Y hay razones para pensar que con Cacao Música le podría ir tan bien como en el beisbol.

¿Cómo convivirán en él la ambición y la humildad? ¿Cuánto deseo habrá albergado Abreu para llegar donde está?, ¿tendría la certeza de saber que —en el beisbol— se rendirían ante sus talentos, y que sería uno de los jugadores más cotizados de los Yankees? ¿O el beisbolista, nacido en Turmero hace 32 años, se advertirá —en uno que otro momento— sorprendido con lo que le ha tocado vivir?

¿Qué le ha dado el beisbol?
“Yo salí de mi casa muy temprano. A los 15 años entrenaba en Valencia y a los 17 me vine solo a Estados Unidos. El beisbol me ha enseñado a valorar la vida, la alegría de conocer otros países y culturas, de hacerme hombre a corto plazo”.

¿Es halagador que le conozca todo el mundo?
“Es bonito ser reconocido porque sabes que en tu profesión te has destacado, saber que le agradas a la gente... ¿A quién no le va a gustar?”.

Hasta ahora, ¿cuáles han sido los mayores logros de su vida?
“Cuando conseguí el 30-30 (30 jonrones y 30 empujadas en una temporada). Siento que no he llegado al pináculo de mi carrera, pero este logro fue importante”.

¿Tiene un ritual antes de empezar un juego?
“Cuando están cantando el himno le pido a Dios que me ayude a hacer bien mi trabajo, y lo dejo en las manos de él”.

¿Pensó en algún momento que iba a llegar al lugar en el que hoy está?
“Yo diría que en el momento que firmé yo tenía mi sueño de ser de las Grandes Ligas; uno lo desea, uno lo trabaja, pero en realidad  uno no sabe si se va a llegar o no. Son cuestiones del destino, pero sí anhelaba ser alguien importante en las Grandes Ligas; no me gusta ser un pelotero más del montón”.

De no haber sido beisbolista… ¿qué le hubiese gustado ser?
“Me hubiese gustado ser músico, pero ese talento no lo tengo… (risas). Por eso decidí estar por detrás, como empresario”.

Omar Jeanton, su socio en Cacao Música, se suma a la conversación: “Bob sí canta y creo que hubiese sido un buen cantante de baladas”. Más risas.

"Anhelaba ser alguien importante en las Grandes Ligas; no me gusta ser un pelotero más del montón"

Fuera del campo
La vista desde el piso 37 de su apartamento es privilegiada: Nueva York y sus luces. Allí vive solo. Su familia lo visita cuando está en temporada (tiene cinco hermanos, y hay una sobrinita que, dicen, son sus ojos, cuya imagen está en la pantalla de su celular).

Al llegar al apartamento Abreu va directo a la cocina, calienta en el horno microondas unas pizzas, saca una ensalada, y a la mesa. Luego de comer recoge los platos y los lleva al fregador. Un gesto que no le luce impostado. Como si siempre lo hiciera.

Dicen que quien come dulce no pierde sencillez. La frase le calza, pues a él le llaman el Comedulce (sus debilidades, en este terreno, son la Samba de fresa, la Nucita, la leche condensada, el Toronto y el Ping pong) y la sencillez es una virtud que ha sabido conservar. Se advierte en sus maneras. Lo destacan quienes le rodean, Roberto, su chofer desde hace varios años, Rafael Alvarez, su entrenador personal. Lo han dicho sus fans.

“De Filadelfia extraño a mis amistades, mis compañeros de equipo y mi casa de allá. Yo la hice acorde con lo que a mí me gusta”.

¿Cómo describiría su casa?, ¿qué lugares de allí siente que se parecen más a usted?
“Es una casa colonial grande, tiene cuatro habitaciones, dos pisos, una redoma en la entrada que siempre me ha gustado, una fuente, una biblioteca, un espacio de juegos, un salón grande para ver televisión que me gusta mucho y que frecuento. Es acogedora”.

LOS FANATICOS PREGUNTAN
Elena Rada
¿Jugará con los Leones
en esta temporada?

“Sí, siempre he dicho que quiero darles a los venezolanos que no pueden verme jugar en Estados Unidos esta posibilidad
en mi país”.

William Osuna
¿Cuáles han sido sus jonrones más emocionantes?
“Uno en Venezuela cuando dejé en el terreno a los Cardenales de Lara. Otro en Miami cuando hice por primera vez mi 30-30 y estaba mi mamá presente. Hay más… pero estos son los que recuerdo ahora”.

Taimara Gonzalez
¿Dónde va a pasar sus
navidades este año?

“Siempre voy a Venezuela, pero me gusta variar
un poco. Viajo y la paso
en familia”.

Antonio Motaban
¿A cuál rightfil admira?
“Al dominicano Vladimir Guerrero”.

Alí Reyes
¿Qué extraña
de Venezuela?

“Sus cachapas con queso, el papelón con limón, el calor venezolano, su gente”.

¿Cuál es el oficio casero que más detesta hacer?
“No me gusta cocinar y no sé hacerlo. Pienso que quien cocina debe gustarle hacerlo y debe tener creatividad a la hora de elaborar platos”.

En casa de Bob cocina una dominicana de nombre Gela. “Tiene muy buena sazón”, dice el propio Bob. Cocinaba para él en Filadelfia, y se la trajo ahora a Nueva York. “Ella me prepara de todo un poco: me hace sopas, carne molida, caraotas, carne mechada, pollo guisado… es muy buena”.

¿Y un oficio casero que le resulte amigable?
“No me incomoda lavar los platos. Cuando era chamo lo hacía mucho y mi mamá me decía: ‘Tú y tus regueros’”.

Nació el 11 de marzo de 1974. Su cumpleaños 32 lo recibió en Puerto Rico. “Con amigos tuve un corto brindis de cumpleaños, después me fui a dormir porque tenía juego al día siguiente”.

Le encanta ir a la playa. En Venezuela se le puede ver en Cata y en las playas de Ocumare, y si es fuera del país, le encantan las de Aruba.

¿Cómo se quita el estrés?
“Con una buena musiquita, algo ligerito”.

¿Qué le gusta bailar?
“Bailo joropo… (se ríe),  bailo salsa, me defiendo en la pista, de todo un poco”.

¿Qué música escucha en casa?
“Depende. Si estoy solo y quiero estar tranquilo pongo un jazz suave. Cuando me baño armo mi alboroto, pongo salsa y me pongo a cantar”.

¿Y en el carro?
“Puedo escuchar salsa o una balada. Y antes de ir a jugar, tengo mis audífonos y pongo música para concentrarme e irme preparando en el terreno”.

¿Qué le da miedo?
“Nada”, dice categórico.

¿Qué lo hace llorar?
“No lloro con facilidad, diría que soy medio llorón. Soy sentimental. Puedo llorar de emoción”.

¿Qué locura de amor ha hecho?
“Uno de mis primeros amores en Maracay. La visitaba casi todos los días y regresaba en autobús a Caracas a medianoche”.

Un momento difícil...
“La pérdida de mi padre, tenía 18 años, estaba en Venezuela. Fue duro, pero lo pude asimilar poco a poco. Estaba en una operación y no sobrevivió a ella”.

Un rasgo suyo…
“Soy tímido. Quizá no se ve; no un poquito, diría que soy bastante tímido”.

En los días de juego —con el número 53 uniformado de yanqui— sus jornadas fueron así: se despertaba a las diez u once de la mañana, desayunaba ajustándose al régimen de Alvarez (“no niego que me encanta levantarme y comerme una arepa grande con queso blanco rallado, cuando la dieta lo permite”) y luego entrenaba en el gimnasio del edificio donde vive; de allí al estadio, y luego nuevamente a la noche. Si es fin de semana puede inventar irse “de tijeretas” (esto es, ir a bailar a una discoteca, lo que suele hacer con compañeros de oficio: Alex Rodríguez y Melvin Mora). Alvarez, su entrenador, dice: “Bob es de la noche. La faceta de empresario ha significado que muchas veces, después del juego, tenga reuniones de trabajo que se prolongan hasta tarde”.

Cambios aquí, cambios allá, se sabe que Abreu este año no dejará de vestirse de León y vendrá a Venezuela a jugar algunos partidos de la temporada. Vendrá, eso sí, con discos bajo el brazo y, seguramente, con otras sorpresas: quién sabe si le veremos trajeado con algún diseño de su línea de ropa deportiva, o quizá con otro proyecto encaminado. Inquieto Bob, siempre inquieto.

 

100% sabor
“Cartelúo”. Con este sonoro adjetivo define Abreu a Cacao Música. Esta editora tiene la intención de consolidar un sello discográfico que proyecte el talento venezolano en el amplio espectro musical del mundo. Explica Omar Jeanton, uno de los socios: “La intención es la de propiciar el acercamiento y gusto por géneros y estilos diversos, estimulando el conocimiento de artistas proponiendo sonidos, exponiendo otras formas instrumentales y fusiones. Venezuela es una mina de talentos, tanto en lo popular como en lo académico, con calidad, sensibilidad, virtuosismo, diversidad, intuición… cualidades que buscamos expresar.

El nombre Cacao Música nace para reivindicar, esta vez en el campo artístico, nuestra capacidad de producir con talento y calidad de exportación. World Music de Venezuela para el mundo”.

El sello agrupa a destacados talentos internacionales, noveles artistas y músicos de trayectoria. Uno de los trabajos discográficos es de Vidal Colmenares, un veterano cantante de los llanos venezolanos que mezcla su voz recia y dura con unos arreglos de música de cámara sorprendentes que lo remozan y proyectan como una propuesta novedosa. Interesantes son también los discos de Alfredo Naranjo y Orlando Poleo, dos músicos caraqueños que ponen su sonido en el ámbito del latin jazz y la salsa. Menos conocidos, pero de singular calidad, son los trabajos de Santos Viejos (pop latino), Joel Uriola (salsa) y Caracas Soul Connection, un disco que propone un soul latino basado en grandes éxitos del soul americano de los años sesenta y setenta con un sonido caribe. También están propuestas como la de Bolívar Soloist, un grupo de cámara compuesto por venezolanos residenciados en Europa de gran calidad. Este disco fue grabado en París, Francia.

Aparte del talento venezolano, Cacao Música tiene a dos grandes figuras internacionales: José Luis Quintana, “Changuito”, luminaria de la música cubana, creador del songo, con el disco Telegrafía sin hilo; y el extraordinario baterista cubano, residenciado en Estados Unidos, Horacio “el Negro” Hernández, con su disco Italuba II.

En enero de 2007 se presentarán los discos de Luz Marina y Claudi Corsi, quienes ofrecen una propuesta exquisitamente intimista; también los melómanos tendrán la oportunidad de apreciar el más reciente trabajo discográfico del guitarrista venezolano Aquiles Báez; y se lanzará, además, una serie de colección dedicada a proyectar el talento de los cultores musicales venezolanos. •

 


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