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Nacer
con TV
sobrevivir con parabólica
Este texto que Antonio Olivieri
escribiera diez años atrás, cuando Estampas
llegaba a sus 40 años, es uno de esos imperdibles que hemos
rescatado de los archivos y hemos reproducido para ustedes en la
víspera del 500 aniversario. Siendo Olivieri hombre del medio
publicitario, el tema no podía ser otro: una particular mirada
a la historia del país a través de los avisos de la
revista. Lo mejor: su vigencia, una década después.
Aunque, claro está, ahora tenemos la televisión por
cable
Dicen
que los publicistas sintonizan la televisión sólo
para ver los comerciales. Igual pasa cuando leen periódicos:
sólo ven los avisos. Esta es la ventaja de ser publicista.
No se entera uno de las cosas malas de la vida, sino del mundo paradisíaco
de atractivas ofertas de productos, engalanadas con gente bella
y palabras felices.
Con esta idea, permítanme que les guíe a través
de los cuarenta años de Estampas, sin detenernos en
nada que no sean avisos. No es escapismo. Es simplemente, una manera
divertida e interesantísima de estudiar la historia.
Nacer en los días
de la "tele"
1953 fue el año del nacimiento de la televisión en
Venezuela. Aunque el Canal 5 fue inaugurado formalmente el 22 de
noviembre de 1952, en enero del año siguiente comenzó
en forma. En mayo empezó el Canal 4 de Televisa, de la cual
surgió después Venevisión, y el 15 de
noviembre de ese año empezó Radio Caracas TV.
El nacimiento de la "tele" se traduce, en las páginas
de Estampas, en una profusa cantidad de avisos con ofertas
para que los venezolanos compren su televisor. Los aparatos de entonces
daban risa, con una pantalla grisácea o azulada, de bordes
redondeados, metida en un mueble con aspecto de escaparate. Los
modelos más lujosos tenían, incluso, puerticas de
cursi subido. Pero para que les dé rabia, aquí van
los precios: 300 o 400 bolívares los más baratos y
menos de 3 mil lo más caros, con un mes gratis de demostración,
cuota inicial de 100 bolos y cuotas mensuales de 25 a 40. ¡Qué
tiempos aquellos...!
Fueron introducidos en esos años al país, productos
tales como los tintes para el cabello, las persianas, dientes postizos
de color natural (en sustitución de los dientes de oro),
las permanentes, depiladores de piernas femeninas, medias irrompibles
y crema dental con clorofila.
Ya Oscar Yanes se ha encargado de mostrarnos suficientemente el
Pasapoga y demás lugares de echar canitas al aire, los cuales
de vez en cuando deslizaron su avisito en Estampas, así
como los carnavales en el Terminal de Pasajeros del Puerto de La
Guaira, entonces cerquita, gracias a la recién inaugurada
Autopista Caracas-La Guaira. Los fines de semana uno podía
ir al Cinerama de la Plaza Venezuela o al Parque El Pinar. Después
inauguraron Los Próceres y el Teleférico del Avila.
Desde esa época, por cierto, se nota que éste es un
país cíclico: curado el ratón de año
nuevo, el siguiente arroz es en los carnavales, luego viene la Semana
Santa, algún puente entre 19 de abril, 24 de junio, 5 y 24
de julio. Seguidamente vacaciones escolares y, desde octubre, preparación
para las navidades, cuyo comienzo entonces era decretado por Antonio
Aragón y su llamado a colaborar con los huerfanitos. Una
tradición importante de la navidad de los años cincuenta
fue el Concurso de Navidad Papá Noel, en las páginas
de nuestro hermano grande, el diario El Universal.
De la década de los cincuenta son dichos como "la cátedra",
sustituido poco después por " noooo, si así es"
y su variante "noooo, si así es que's que's". Como
todo cambia, entonces los discos de 78 rpm comenzaron a ser amenazados
por una cosa novedosa, el "long play", que daba seis piezas
por lado y un bojote de tiempo para bailar con Billo's, más
pegaditos, una buena pieza de Lucho Gatica.
La superdécada
La atmósfera de los sesenta era chévere, "pepiada"
y provocaba darle "matica'e café" a los pavosos.
Para Estampas, ésta es realmente la época de su consolidación,
pues su maduración le permite ir desarrollando su estilo
inconfundible, orientado hacia la familia y el hogar.
La estrella publicitaria de los sesenta en Estampas es la
oferta de apartamentos por el entonces novedoso sistema de propiedad
horizontal, gracias al surgimiento de las Entidades de Ahorro y
Préstamo, creadas para financiar la vivienda de la expansiva
clase media. Todo era abundante y fácil entonces. Usted podía
estudiar bachillerato libre y tomar un curso de "Programación
IBM", quedando listo para el triunfo en cuestión de
dos años. La sobreproducción azucarera obligó
a promover más consumo, con la campaña "los jóvenes
necesitan más azúcar". La Electricidad de Caracas
recomendaba instalar en casa una secadora eléctrica, que
funcionaba sin depender de horas de sol o amenazas de lluvia. La
revolución del momento (además de la cubana, la espacial
y la de la minifalda) era el transistor, que llenó de radiecitos
al mundo y todavía hoy los chamos no se han despegado de
ellos.
Los discos "long play" estaban en pleno apogeo y los tocadiscos,
llamados "pick-up", se vendían como pan caliente,
originando el vocablo "picoteo" para designar a las fiestecitas
de fin de semana. Después surgieron las famosas discotecas.
Del 67 en adelante comienzan a aparecer los casettes, con lo cual
empezó la copiadora de música y la nueva forma de
tomar apuntes en clase, grabándolas, pero hay quienes no
saben que grabar clases no es aprendérselas.
Entre minifaldas, pantalones acampanados, la horrenda moda saco
y un intento no muy exitoso por imponer una antiestética
maxifalda, se movió la moda. El bikini, gloriosa creación
de los años cincuenta, intentó ser sustituido por
el monokini, pero la cosa no pasó de un amago. Las pelucas,
incluyendo Cuchita, "la más bella peluquita de quita
y pon", se impusieron un tiempo. Los cartones de leche pasteurizada
dejaron de soltar pedacitos de cera, gracias a la misma supertecnología
que inventó los aviones "jet" y llevó el
hombre al espacio, produciendo todas esas expresiones, muy de los
sesenta, como "estar en órbita", ser "astronauta"
y andar "a millón".
El petróleo
es nuestro
Los setenta son, ni más ni menos, los años del boom
petrolero, de la Venezuela Saudita, de trillones de apartamentos,
de la masificación de las tarjetas de crédito, del
"viaje ahora y pague después" y un poco de cosas
más.
Las calles tenían más motos y carros Volkswagen que
gente. Estampas no sólo era la gran guía para
decorar el hogar, conseguir puertas para los baños, asesorarse
en materia de alfombras y decidir sobre regalos y adornos. También
empezaron en estos años de misas en lengua vernácula,
los anuncios de productos tan novedosos como los lentes de contacto,
las medias "panty", los "betamax", los televisores
a color con antifiltro. Salieron al mundo los primeros chamitos
con frenillo, los cruceros por el Caribe (porque el "jet"
le quitó el negocio a los trasatlánticos) y un "bojote"
de cosas comenzaron a ser "ortopédicas", desde
chupones y teteros hasta asientos de carro, posiblemente sin advertir
que lo ortopédico se refiere a los pies. Por lo demás,
lo que no era ortopédico, era "de protesta" o "ejecutivo".
El fin del 4,30
La década de los ochenta se caracterizó por una cantidad
de embarques. Desde cometas famosos que regresaron más desgastados
que luz de Bengala usada, hasta presidentes refraneros que prometieron
deshipotecar el país y por ahí andan tan campantes.
Nuestro signo monetario agarró paludismo y el país
todo terminó en el desastre de los profetas.
Poco a poco empezaron a aparecer en avisos de Estampas, ofertas
de reparación y mantenimiento de cosas, práctica que
no se hacía en este país desde los años cuarenta.
Nos llegó la televisión a colores, las computadoras
personales, las chicas plásticas, la ropa de "lycra",
los "sifrinos", los "yuppies", la gerencia en
tiempos de turbulencia, las barraganas, La guerra de las galaxias,
ochenta y seis mil misses, el sonido cuadrafónico, la radio
FM, la deuda externa, el sida, los condones, el narcotráfico,
el "jogging", los "spa", los diarios especializados
en economía, la fiebre bursátil, los carros japoneses,
los "minicomponentes", el "walkman", los discos
compactos, los chistes de gallegos y como feliz cierre de la década,
las sensacionales antenas parabólicas para poder ver televisión
del mundo entero.
Tiempo presente (los noventa)
La década actual tiene apenas tres años, pero ya ha
echado suficiente broma como para que sea comparable a las precedentes.
Son productos propios de este tiempo el rumor de golpe, la exhortación
a comprar comida, el teléfono celular, el cacharro prehistórico
al lado de la supernave importada, los huecos en las calles, los
perfumes que son copias originales, la constituyente, los bonos
cero cupón, los circuitos electorales, los dinosaurios jurásicos,
el poscomunismo, los sobres-bomba, los coches-bomba, el chisme-bomba,
los autos de detención, La Casona, los "woperó",
las tormentas tropicales, el chiripero, la crisis y los análisis
de escenarios futuros.
Los avisos de Estampas dicen mucho. Por eso, de ahora en
lo sucesivo, póngales más atención y descubra
qué mundos interesantes los inspiran. l
Ver también en Encuentros:
-
¡Aguerridas!
- Moda a prueba de balas
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