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Breves
saludables
Lo que revelan las últimas investigaciones
en materia
de familia y nutrición
El poder del amor del
papá. El tiempo que el padre dedica a su hijo tiene
un gran peso en su desarrollo.
Desde hace mucho tiempo hemos sabido que el
amor de un padre es tan importante como el de la madre. Sin embargo,
una nueva investigación revela cuán importante es
el afecto del papá.
Una reciente revisión de casi 100 estudios
diferentes reveló que mientras más afectivo es un
padre con sus hijos, mejor les va a éstos en términos
emocionales. Tienden a ser más generosos, por ejemplo, y
tienen mejores destrezas sociales, así como un sentido más
firme de su valía. Varios análisis sugieren que una
relación padre-hijo positiva podría incluso ser la
principal razón de que los muchachos eviten ciertos problemas,
tales como la delincuencia y el consumo de narcóticos.
Si bien la razón no está del
todo clara, los niños tienden a percibir que sus papás
gozan de más prestigio que sus mamás, lo que conduce
a que las conversaciones que sostienen tengan mayor impacto, dice
Ronald Rohner, principal autor del estudio y director del Center
for the Study of Parental Acceptance and Rejection de la Universidad
de Connecticut. En esencia, el informe recuerda lo vital que resulta
un padre comprometido con sus hijos.
Cómo el cerebro juega con la comida.
Marcus Lillkvist miró horrorizado su plato. "Había
leído sobre los tamaños de las raciones en Estados
Unidos", dijo, incrédulo. "Eso no es un burrito;
es un leño". Lillkvist, un sueco en su primer viaje
a EEUU, hizo luego una cosa sumamente extraña en ese país:
cruzó los cubiertos y dijo que estaba satisfecho.
Un estudio reciente publicado en el
American Journal of Clinical Nutrition reveló que desde
1980, el consumo de alimentos de los norteamericanos ha aumentado
en 500 calorías por día. En parte, ello es un efecto
secundario de la abundancia: ante bolsas gigantes de cotufas, mesas
de buffet con suculentos platos y latas de galletas fáciles
de alcanzar, de buena gana se consienten demasiado. Brian Wansink,
director del laboratorio de comida y marcas de la Universidad de
Illinois, ha encontrado muchos factores que bajo engaño nos
inducen a comer en exceso.
l La
gente que bebe en vasos pequeños y anchos toma el doble que
las personas que usan vasos altos y estrechos -incluso si ambas
clases contienen el mismo volumen.
l Colocar
la comida fuera de alcance puede disminuir la tentación,
pero la prudencia nunca está de más. En las oficinas
que ofrecen dulces, los empleados que tenían que levantarse
de sus sillas para llegar al recipiente con las golosinas realizaban
menos visitas al mismo. Pero no se daban cuenta de que una vez en
el recipiente, tendían a tomar dos o tres, en lugar de sólo
una.
l Wansink
le dio a varios grupos de personas grandes frascos con gomitas de
cuatro o seis colores diferentes -todas tenían el mismo sabor.
Las personas con sólo cuatro colores para escoger consumieron
40% menos que quienes tenían seis opciones.
l Cuando
varios sabores de gomitas eran servidos en un mismo recipiente,
la ilusión de mayor diversidad condujo a la gente a comer
casi el doble que cuando las mismas gomitas eran servidas en recipientes
separados.
La mayoría de la gente en EEUU
aún sube de medio kilo a un kilo de peso al año -equivalente
a apenas 10 o 20 calorías por día. Una solución
es realizar drásticos cambios en el estilo de vida en un
esfuerzo por perder peso. "Pero otro enfoque consistiría
en modificar su entorno personal, de forma que el cerebro no interviniera
en las decisiones relacionadas con la comida", señala
Wansink, quien desechó todos sus vasos cortos y anchos. "Permita
que su entorno trabaje para usted, no en su contra. Estos estudios
muestran que pequeños factores marcan una gran diferencia",
agrega. l
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