- El envolvente ritmo de Sean.
- Con sabor y alma latina.
- El monitor se pasea por la música.

 CRONICA
- Palabras envenenadas
- Jennifer Garner
Suya es la risa
- Con las manos en la masa
- En torno a los sueños
FAMILIA
- Criar gemelos
es un arduo trabajo
BELLEZA
- Para caer en la tentación
SALUD
- Breves saludables
COCINA
- Desayune con imaginación
MASCOTAS
- Control y seguridad
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 


En torno a los sueños

Diversas teorías tratan de explicar por qué pasamos años de nuestras vidas soñando. Alok Jha

Me encuentro en medio de una gran arena, como sacada de una escena de la película Ben Hur, corriendo hacia un grupo de aurigas. La muchedumbre está enardecida. Al acercarme al grupo, sus espadas lanzan destellos y los latidos de mi corazón, ya en estado de frenesí, se duplican. Estoy a punto de estrellarme contra ellos; me despierto de un salto y me encuentro en una habitación del tamaño de un hangar, en medio de la oscuridad. Cientos de personas alrededor aún duermen. Pero estamos en Birmingham, en el centro de Inglaterra, no en la antigua Roma, y se trata de un experimento en el que se analiza la forma en que los ruidos y la música externos afectan los sueños.

Los sueños han tenido un significado cultural desde que los humanos los experimentan. Tratar de descifrar lo que pueden decirnos sobre nosotros mismos o sobre nuestro futuro ha sido una actividad popular para quienes creen que los sueños son una suerte de ventana a nuestro pensamiento. Sin embargo, los investigadores que los estudian desde una perspectiva más científica han luchado por ganar credibilidad. La ciencia aún se enfrenta a las interrogantes: ¿Cuál es el significado de los sueños? ¿Por qué ocurren? ¿Qué dicen sobre nuestros cerebros?

Todo un misterio
El trabajo de los neurocientíficos y los psicólogos ha conducido a claves desconcertantes acerca de cómo entramos a esa realidad paralela cuando dormimos. Algunos investigadores señalan, incluso, que comprender por qué soñamos podría ser la clave para entender nuestra propia conciencia.

En su mayoría, los sueños aún pertenecen al campo del misticismo, simplemente porque investigarlos no es tarea fácil. No hay forma de "ver" lo que una persona está soñando, y los investigadores en los laboratorios de análisis del sueño normalmente dependen de los informes sobre sus sueños que hacen los participantes voluntarios de los estudios. Frecuentemente se trata de episodios seleccionados de lo que ocurre. Yo, por ejemplo, sé que el reporte de mi propio sueño después del experimento en Birmingham sólo fue parcial; todo lo que pude recordar fueron los últimos momentos.
"No puedo hacer que ocurra un sueño, no es fácil manipular el contenido", señala G. William Domhoff, profesor de sicología en la Universidad de California, en Santa Cruz. "Se han realizado numerosos estudios en los que hacemos cosquillas a la persona, susurramos algo a su oído, o hacemos algún ruido mientras duerme. Los sueños son ligeramente autónomos, ligeramente inmunes a este tipo de cosas".

Incluso así, la interpretación de los sueños tiene una historia hecha de fragmentos. Los sueños son parte fundamental de los trabajos de Sigmund Freud y del desarrollo del psicoanálisis a inicios del siglo XIX. Freud señaló que los sueños eran una forma de satisfacer nuestros deseos mientras dormimos, los cuales surgen de nuestros impulsos sexuales.

No obstante, el razonamiento de Freud era completamente subjetivo. Al intentar establecer asociaciones entre los que sueñan y los diversos elementos del sueño, trató de descubrir los pensamientos subyacentes que, según su hipótesis, lo causaban. Freud indicó que estos pensamientos subyacentes siempre eran manifestaciones de deseos.

Estudios y más estudios
En 1953, dos investigadores estadounidenses descubrieron un estado psicológico conocido como sueño de Movimientos Oculares Rápidos (REM, por sus siglas en inglés). Se trata de un estado paradójico en el que permanecemos profundamente dormidos, aunque nuestro cerebro se mantiene tan estimulado y activo como cuando estamos en las horas normales de vigilia. Esto ocurre cada 90 minutos durante el sueño. Los experimentos realizados en los años 50 mostraron que 80% de las personas que despertaban de este estado reportaban sueños, en comparación con sólo 10% de quienes se despertaban de sueños no REM. Esto llevó a la conclusión de que los sueños REM eran el equivalente psicológico de la capacidad de soñar.
En 1970, sin embargo, la teoría de los sueños de Freud fue cuestionada cuando Allan Hobson, de la Escuela de Medicina de Harvard, y Robert McCarley dejaron al descubierto el mecanismo subyacente en el sueño REM. Este es controlado por un interruptor ubicado en el tronco del cerebro llamado puente de Varolio, que tiene poco que ver con la actividad mental, aparte de la regulación de los niveles de vigilia. Hobson había establecido que el sueño REM, y en consecuencia la capacidad de soñar, no tenía conexión con deseos conscientes y tampoco con la satisfacción de deseos. Hobson llegó a afirmar que los sueños eran generados por la activación aleatoria del cerebelo.

Mark Solms es un profesor de neuropsicología en la Cape Town University que originalmente estudió neurociencia, aunque comenzó a analizar los sueños después de su formación como sicoanalista. "En los sueños, usted ve cosas porque su corteza visual está excitada. Percibe sonidos porque su corteza auditiva está estimulada", indica. "El cerebelo conecta todas las imágenes en un intento fútil de crear una historia o un episodio a partir de lo que está ocurriendo. La narrativa no significa nada".

La teoría de "activación-síntesis" de Hobson se mantuvo como la explicación aceptada de cómo se generan los sueños, mientras que las ideas de Freud fueron desechadas por la comunidad científica. Fue así hasta que Solms descubrió por accidente que las personas con lesiones en el puente de Varolio continuaban teniendo sueños.

"Quedé totalmente sorprendido: sabemos que los daños en esta estructura conducen a una pérdida del sueño REM y, en consecuencia, esto debe llevar a una pérdida de la capacidad de soñar", resalta Solms. Había separado el sueño REM de la capacidad de soñar, pero esto dejaba sin contestar una vez más la interrogante: "¿Qué parte del cerebro causa los sueños?".

La respuesta fue otra sorpresa. "Había estructuras cerebrales que, al dañarse, hacían que cesaran los sueños", explica Solms. Una era la parte del cerebro que procesa la percepción espacial. Lo más interesante fue que los sueños también cesaban al dañarse la parte del cerebro que controla la motivación.

Los pacientes que habían sufrido daños en esta parte del cerebro -el cuadrante ventromedial del lóbulo frontal- no sólo pierden su habilidad para soñar, sino que también presentan una falta total de motivación para hacer cualquier cosa.

Básicamente, los pacientes no hacen nada por su propia voluntad", dice Solms. "Ellos pueden realizar cualquier acción, no importa cuán compleja sea, mientras se les explique cómo hacerlo. No tienen motivación interna para hacer nada".

La investigación demostró que los sueños no eran controlados por los mecanismos básicos automáticos como se había pensado. Además, el hecho de que el aspecto particular de la mente que parecía más crítico en la generación de los sueños era el mecanismo de la motivación era realmente interesante: esto se acercaba a la clase de conclusiones que los sicoanalistas estaban elaborando a partir de Freud. A pesar de lo contundente de la evidencia, Solms se mostró cauteloso ante cualquier conclusión precipitada. "Esto no prueba que la teoría freudiana de los sueños sea correcta", señala. "Esto hace que la teoría freudiana del sueño sea posible desde el punto de vista de la ciencia neurológica. Todo lo que podemos decir es que los sueños son generados por mecanismos cerebrales más complejos".

Domhoff, sin embargo, señala que la teoría de activación-síntesis y la actualización de la teoría freudiana que hizo Solms no prueban nada. Señala que Freud argumentaba que el aspecto de la satisfacción de deseos en el sueño debía ser más prominente en los niños. Esto resulta imposible, según los experimentos realizados a finales de los años noventa. "Existen sólidas investigaciones que sugieren que los niños sólo desarrollan gradualmente la capacidad de soñar. Los niños menores de seis o siete años no sueñan con frecuencia o no lo hacen muy bien, y además, no tienen sueños similares a los de los adultos hasta los diez años".

Los estudios sobre los sueños de estudiantes universitarios en todo el mundo también revelan más semejanzas que diferencias. Igualmente, los sueños recopilados en los años cincuenta no difieren mucho de los recopilados en los noventa. Los temas suelen ser preocupaciones personales, la familia u otras personas importantes. Cualquier patrón podría indicar que la activación del cerebro no es aleatoria. "Ciertamente, esto no es algo que los freudianos o los seguidores de la teoría de síntesis-activación pudieran anticipar", dice Domhoff.

Motivo de desvelos
La teoría cognitiva del sueño de Domhoff, desarrollada después de estudiar miles de informes de sueños durante varias décadas, sugiere que el cerebro podría crear los sueños activamente de la misma forma que crea los pensamientos durante la fase de vigilia.

"El objetivo del cerebro siempre es construir una imagen razonable del mundo, basándose en el material que recibe", indica. "Si usted se encuentra en una situación en la que el cerebro no está recibiendo información alguna del exterior, entonces el cerebro comienza a inventar. Una teoría cognitiva señala que soñar es simplemente una forma de pensar con algunos cambios sutiles. Ocurre porque el cerebro está intentando construir una imagen razonable del mundo con la información que tiene".
No obstante, ¿cuál es el punto de toda esta actividad? Antti Revonsuo, investigador del centro de neurociencia cognitiva de la Universidad de Turkos, en Finlandia, argumenta que los sueños tienen una función. "Si observamos la literatura sobre la investigación de los sueños, donde se ha analizado sistemáticamente el contenido de cientos y cientos de informes de sueños, existen algunos rasgos que sobresalen", señala.

"Algunos elementos negativos parecen ser más importantes que los correspondientes elementos positivos. Las emociones negativas son más comunes que las emociones positivas, al igual que las interacciones agresivas en comparación con las amistosas".
Cerca de 80% de las personas han tenido sueños en los que son atacadas o perseguidas. Revonsuo explica que los sueños negativos son una especie de simulación de la vida real. "Sabemos que el ambiente en el que nuestros ancestros vivieron estaba lleno de amenazas. La función de estos sueños es simular las amenazas más peligrosas en este ambiente".

La teoría de Revonsuo también considera por qué tenemos pesadillas recurrentes. "Los sueños se quedan atascados o comienzan a repetir las experiencias más desagradables porque ésta es precisamente la función del sueño: identificar las situaciones más peligrosas en las que nunca nos hemos encontrado durante nuestra vida", dice. "Precisamente porque son las situaciones más peligrosas y amenazadoras, el cerebro durante el sueño comienza a construir simulaciones para prepararnos mejor para enfrentar situaciones que en algún momento podrían ocurrir en nuestra vida".
Si la teoría de Revonsuo es correcta, entonces las pesadillas podrían ser, simplemente, nuestra forma natural de soñar. Pero teorías como la suya requieren más evidencia experimental para que sean aceptadas en su totalidad.

Solms está a punto de comenzar un proyecto que usará la generación de imágenes por resonancia magnética para estudiar el cerebro de las personas que se encuentran en la etapa inicial del sueño.

El experto quiere utilizar este experimento para someter a prueba otras de las teorías freudianas. "Si la función de los sueños es proteger el acto de dormir, que es la hipótesis de Freud, los pacientes que no sueñan podrían dormir con perturbaciones", señala. "Si la función de los sueños es consolidar la memoria -otra teoría que ha influido mucho-, entonces se tendría que demostrar que los pacientes que no pueden soñar presentan una curva de aprendizaje inferior en comparación con los que sí pueden hacerlo".

Solms indica que los sueños son la clave para acercar el psicoanálisis, que es el estudio de la experiencia subjetiva del cerebro, a la neurociencia, que es la contraparte objetiva y más científica.

"Los sueños tuvieron un peso considerable en el desarrollo de la teoría psicoanalítica, que a pesar de sus fallas fue, al menos, un intento serio de abordar el aspecto de la mente, el cual tendían a negar las ciencias neurológicas ", indica Solms.

Domhoff resalta que la comprensión de los sueños proporcionaría un elemento incluso más básico para los científicos. "Si se desea tener una teoría completa de la mente, ésta debería abarcar los sueños", comenta.

Jennie Parker, investigadora de la University of the West of England y psicóloga analista del sueño en Birmingham, quiere usar los informes de sueños de los voluntarios para probar una nueva forma de analizar los sueños. El análisis no les dirá a los pacientes el posible significado de sus sueños; en lugar de ello, se buscarán patrones específicos en la narrativa y las emociones que puedan sentir los participantes. Desafortunadamente, Parker no podrá explicar por qué yo soñaba que era un auriga romano. Para ella son más importantes mis sensaciones de resolución y mi temor a ser lastimado.

Parker indica que los sueños ocurren con tal frecuencia a tantas personas que no podemos simplemente ignorar la posibilidad de entender por qué lo hacemos. "Si podemos desenmarañar los sueños, podremos comprender otras formas de la conciencia humana", señala. l

 

Ver también en Encuentros:
- Jennifer Garner. Suya es la risa
- Con las manos en la masa

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso