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En torno a los sueños
Diversas teorías tratan de explicar
por qué pasamos años de nuestras vidas soñando.
Alok Jha
Me encuentro en medio de una gran arena, como
sacada de una escena de la película Ben Hur, corriendo hacia
un grupo de aurigas. La muchedumbre está enardecida. Al acercarme
al grupo, sus espadas lanzan destellos y los latidos de mi corazón,
ya en estado de frenesí, se duplican. Estoy a punto de estrellarme
contra ellos; me despierto de un salto y me encuentro en una habitación
del tamaño de un hangar, en medio de la oscuridad. Cientos
de personas alrededor aún duermen. Pero estamos en Birmingham,
en el centro de Inglaterra, no en la antigua Roma, y se trata de
un experimento en el que se analiza la forma en que los ruidos y
la música externos afectan los sueños.
Los sueños han tenido un significado
cultural desde que los humanos los experimentan. Tratar de descifrar
lo que pueden decirnos sobre nosotros mismos o sobre nuestro futuro
ha sido una actividad popular para quienes creen que los sueños
son una suerte de ventana a nuestro pensamiento. Sin embargo, los
investigadores que los estudian desde una perspectiva más
científica han luchado por ganar credibilidad. La ciencia
aún se enfrenta a las interrogantes: ¿Cuál
es el significado de los sueños? ¿Por qué ocurren?
¿Qué dicen sobre nuestros cerebros?
Todo un misterio
El trabajo de los neurocientíficos y los psicólogos
ha conducido a claves desconcertantes acerca de cómo entramos
a esa realidad paralela cuando dormimos. Algunos investigadores
señalan, incluso, que comprender por qué soñamos
podría ser la clave para entender nuestra propia conciencia.
En su mayoría, los sueños aún
pertenecen al campo del misticismo, simplemente porque investigarlos
no es tarea fácil. No hay forma de "ver" lo que
una persona está soñando, y los investigadores en
los laboratorios de análisis del sueño normalmente
dependen de los informes sobre sus sueños que hacen los participantes
voluntarios de los estudios. Frecuentemente se trata de episodios
seleccionados de lo que ocurre. Yo, por ejemplo, sé que el
reporte de mi propio sueño después del experimento
en Birmingham sólo fue parcial; todo lo que pude recordar
fueron los últimos momentos.
"No puedo hacer que ocurra un sueño, no es fácil
manipular el contenido", señala G. William Domhoff,
profesor de sicología en la Universidad de California, en
Santa Cruz. "Se han realizado numerosos estudios en los que
hacemos cosquillas a la persona, susurramos algo a su oído,
o hacemos algún ruido mientras duerme. Los sueños
son ligeramente autónomos, ligeramente inmunes a este tipo
de cosas".
Incluso así, la interpretación
de los sueños tiene una historia hecha de fragmentos. Los
sueños son parte fundamental de los trabajos de Sigmund Freud
y del desarrollo del psicoanálisis a inicios del siglo XIX.
Freud señaló que los sueños eran una forma
de satisfacer nuestros deseos mientras dormimos, los cuales surgen
de nuestros impulsos sexuales.
No obstante, el razonamiento de Freud era completamente
subjetivo. Al intentar establecer asociaciones entre los que sueñan
y los diversos elementos del sueño, trató de descubrir
los pensamientos subyacentes que, según su hipótesis,
lo causaban. Freud indicó que estos pensamientos subyacentes
siempre eran manifestaciones de deseos.
Estudios y más
estudios
En 1953, dos investigadores estadounidenses descubrieron un estado
psicológico conocido como sueño de Movimientos Oculares
Rápidos (REM, por sus siglas en inglés). Se trata
de un estado paradójico en el que permanecemos profundamente
dormidos, aunque nuestro cerebro se mantiene tan estimulado y activo
como cuando estamos en las horas normales de vigilia. Esto ocurre
cada 90 minutos durante el sueño. Los experimentos realizados
en los años 50 mostraron que 80% de las personas que despertaban
de este estado reportaban sueños, en comparación con
sólo 10% de quienes se despertaban de sueños no REM.
Esto llevó a la conclusión de que los sueños
REM eran el equivalente psicológico de la capacidad de soñar.
En 1970, sin embargo, la teoría de los sueños de Freud
fue cuestionada cuando Allan Hobson, de la Escuela de Medicina de
Harvard, y Robert McCarley dejaron al descubierto el mecanismo subyacente
en el sueño REM. Este es controlado por un interruptor ubicado
en el tronco del cerebro llamado puente de Varolio, que tiene poco
que ver con la actividad mental, aparte de la regulación
de los niveles de vigilia. Hobson había establecido que el
sueño REM, y en consecuencia la capacidad de soñar,
no tenía conexión con deseos conscientes y tampoco
con la satisfacción de deseos. Hobson llegó a afirmar
que los sueños eran generados por la activación aleatoria
del cerebelo.
Mark Solms es un profesor de neuropsicología
en la Cape Town University que originalmente estudió neurociencia,
aunque comenzó a analizar los sueños después
de su formación como sicoanalista. "En los sueños,
usted ve cosas porque su corteza visual está excitada. Percibe
sonidos porque su corteza auditiva está estimulada",
indica. "El cerebelo conecta todas las imágenes en un
intento fútil de crear una historia o un episodio a partir
de lo que está ocurriendo. La narrativa no significa nada".
La teoría de "activación-síntesis"
de Hobson se mantuvo como la explicación aceptada de cómo
se generan los sueños, mientras que las ideas de Freud fueron
desechadas por la comunidad científica. Fue así hasta
que Solms descubrió por accidente que las personas con lesiones
en el puente de Varolio continuaban teniendo sueños.
"Quedé totalmente sorprendido:
sabemos que los daños en esta estructura conducen a una pérdida
del sueño REM y, en consecuencia, esto debe llevar a una
pérdida de la capacidad de soñar", resalta Solms.
Había separado el sueño REM de la capacidad de soñar,
pero esto dejaba sin contestar una vez más la interrogante:
"¿Qué parte del cerebro causa los sueños?".
La respuesta fue otra sorpresa. "Había
estructuras cerebrales que, al dañarse, hacían que
cesaran los sueños", explica Solms. Una era la parte
del cerebro que procesa la percepción espacial. Lo más
interesante fue que los sueños también cesaban al
dañarse la parte del cerebro que controla la motivación.
Los pacientes que habían sufrido daños
en esta parte del cerebro -el cuadrante ventromedial del lóbulo
frontal- no sólo pierden su habilidad para soñar,
sino que también presentan una falta total de motivación
para hacer cualquier cosa.
Básicamente, los pacientes no hacen
nada por su propia voluntad", dice Solms. "Ellos pueden
realizar cualquier acción, no importa cuán compleja
sea, mientras se les explique cómo hacerlo. No tienen motivación
interna para hacer nada".
La investigación demostró que
los sueños no eran controlados por los mecanismos básicos
automáticos como se había pensado. Además,
el hecho de que el aspecto particular de la mente que parecía
más crítico en la generación de los sueños
era el mecanismo de la motivación era realmente interesante:
esto se acercaba a la clase de conclusiones que los sicoanalistas
estaban elaborando a partir de Freud. A pesar de lo contundente
de la evidencia, Solms se mostró cauteloso ante cualquier
conclusión precipitada. "Esto no prueba que la teoría
freudiana de los sueños sea correcta", señala.
"Esto hace que la teoría freudiana del sueño
sea posible desde el punto de vista de la ciencia neurológica.
Todo lo que podemos decir es que los sueños son generados
por mecanismos cerebrales más complejos".
Domhoff, sin embargo, señala que la
teoría de activación-síntesis y la actualización
de la teoría freudiana que hizo Solms no prueban nada. Señala
que Freud argumentaba que el aspecto de la satisfacción de
deseos en el sueño debía ser más prominente
en los niños. Esto resulta imposible, según los experimentos
realizados a finales de los años noventa. "Existen sólidas
investigaciones que sugieren que los niños sólo desarrollan
gradualmente la capacidad de soñar. Los niños menores
de seis o siete años no sueñan con frecuencia o no
lo hacen muy bien, y además, no tienen sueños similares
a los de los adultos hasta los diez años".
Los estudios sobre los sueños de estudiantes
universitarios en todo el mundo también revelan más
semejanzas que diferencias. Igualmente, los sueños recopilados
en los años cincuenta no difieren mucho de los recopilados
en los noventa. Los temas suelen ser preocupaciones personales,
la familia u otras personas importantes. Cualquier patrón
podría indicar que la activación del cerebro no es
aleatoria. "Ciertamente, esto no es algo que los freudianos
o los seguidores de la teoría de síntesis-activación
pudieran anticipar", dice Domhoff.

Motivo de desvelos
La teoría cognitiva del sueño de Domhoff, desarrollada
después de estudiar miles de informes de sueños durante
varias décadas, sugiere que el cerebro podría crear
los sueños activamente de la misma forma que crea los pensamientos
durante la fase de vigilia.
"El objetivo del cerebro siempre
es construir una imagen razonable del mundo, basándose en
el material que recibe", indica. "Si usted se encuentra
en una situación en la que el cerebro no está recibiendo
información alguna del exterior, entonces el cerebro comienza
a inventar. Una teoría cognitiva señala que soñar
es simplemente una forma de pensar con algunos cambios sutiles.
Ocurre porque el cerebro está intentando construir una imagen
razonable del mundo con la información que tiene".
No obstante, ¿cuál es el punto de toda esta actividad?
Antti Revonsuo, investigador del centro de neurociencia cognitiva
de la Universidad de Turkos, en Finlandia, argumenta que los sueños
tienen una función. "Si observamos la literatura sobre
la investigación de los sueños, donde se ha analizado
sistemáticamente el contenido de cientos y cientos de informes
de sueños, existen algunos rasgos que sobresalen", señala.
"Algunos elementos negativos parecen
ser más importantes que los correspondientes elementos positivos.
Las emociones negativas son más comunes que las emociones
positivas, al igual que las interacciones agresivas en comparación
con las amistosas".
Cerca de 80% de las personas han tenido sueños en los que
son atacadas o perseguidas. Revonsuo explica que los sueños
negativos son una especie de simulación de la vida real.
"Sabemos que el ambiente en el que nuestros ancestros vivieron
estaba lleno de amenazas. La función de estos sueños
es simular las amenazas más peligrosas en este ambiente".
La teoría de Revonsuo también
considera por qué tenemos pesadillas recurrentes. "Los
sueños se quedan atascados o comienzan a repetir las experiencias
más desagradables porque ésta es precisamente la función
del sueño: identificar las situaciones más peligrosas
en las que nunca nos hemos encontrado durante nuestra vida",
dice. "Precisamente porque son las situaciones más peligrosas
y amenazadoras, el cerebro durante el sueño comienza a construir
simulaciones para prepararnos mejor para enfrentar situaciones que
en algún momento podrían ocurrir en nuestra vida".
Si la teoría de Revonsuo es correcta, entonces las pesadillas
podrían ser, simplemente, nuestra forma natural de soñar.
Pero teorías como la suya requieren más evidencia
experimental para que sean aceptadas en su totalidad.
Solms está a punto de comenzar
un proyecto que usará la generación de imágenes
por resonancia magnética para estudiar el cerebro de las
personas que se encuentran en la etapa inicial del sueño.
El experto quiere utilizar este experimento
para someter a prueba otras de las teorías freudianas. "Si
la función de los sueños es proteger el acto de dormir,
que es la hipótesis de Freud, los pacientes que no sueñan
podrían dormir con perturbaciones", señala. "Si
la función de los sueños es consolidar la memoria
-otra teoría que ha influido mucho-, entonces se tendría
que demostrar que los pacientes que no pueden soñar presentan
una curva de aprendizaje inferior en comparación con los
que sí pueden hacerlo".
Solms indica que los sueños son
la clave para acercar el psicoanálisis, que es el estudio
de la experiencia subjetiva del cerebro, a la neurociencia, que
es la contraparte objetiva y más científica.
"Los sueños tuvieron un peso
considerable en el desarrollo de la teoría psicoanalítica,
que a pesar de sus fallas fue, al menos, un intento serio de abordar
el aspecto de la mente, el cual tendían a negar las ciencias
neurológicas ", indica Solms.
Domhoff resalta que la comprensión
de los sueños proporcionaría un elemento incluso más
básico para los científicos. "Si se desea tener
una teoría completa de la mente, ésta debería
abarcar los sueños", comenta.
Jennie Parker, investigadora de la University
of the West of England y psicóloga analista del sueño
en Birmingham, quiere usar los informes de sueños de los
voluntarios para probar una nueva forma de analizar los sueños.
El análisis no les dirá a los pacientes el posible
significado de sus sueños; en lugar de ello, se buscarán
patrones específicos en la narrativa y las emociones que
puedan sentir los participantes. Desafortunadamente, Parker no podrá
explicar por qué yo soñaba que era un auriga romano.
Para ella son más importantes mis sensaciones de resolución
y mi temor a ser lastimado.
Parker indica que los sueños ocurren
con tal frecuencia a tantas personas que no podemos simplemente
ignorar la posibilidad de entender por qué lo hacemos. "Si
podemos desenmarañar los sueños, podremos comprender
otras formas de la conciencia humana", señala. l
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