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Con
las manos
en la masa
De los 290 espacios culinarios de la TV
mundial se ha degustado uno: Escuela de Cocina, del canal argentino
Utilísima, que es visto en Venezuela a través de la
televisión por cable. Muestra suficiente para comprobar que
detrás del fogoneo de los chefs y la docencia gastronómica
se ensalzan un sinfín de historias creativas y divertidas.
José Ramón Villalobos.Buenos
Aires
Esto es mas una realidad que una novedad:
los espacios culinarios se han vuelto un asunto de creciente presencia
en la pantalla. Y en consecuencia se habla del boom de un género
televisivo que toma a la gastronomía como un objeto de culto,
como un guiño de buen vivir y no necesariamente costoso y
complicado.
Argentina es el país latinoamericano
pionero en producir espacios de cocina que son transmitidos, por
TV Cable, al mundo. Un ejemplo es Utilísima Satelital, donde
60 cocineros -distribuidos en diferentes programas- fogonean en
sets televisivos los más variopintos menús de la mesa
internacional. Visitamos este canal, animados por homologar esa
especie de postulado del famoso chef inglés Ainsley Harriot
(de People and Arts): "Cuando se enciende la cámara
el cocinero tiene que ser innovador, atrevido, inquieto, divertido;
debe buscar que el espectador, desde su casa, participe de los sabores
más irresistibles, porque nadie debe quedar excluido de una
buena receta. Es decir, hay que regalar el corazón...".
Primer plato
Como todos los jueves invernales, los cuatro jóvenes ingresan
al canal cubiertos por los abrigos que les permiten sortear los
cinco grados mañaneros que hacen en la ciudad. En minutos
se uniforman de negro con un delantal de rayas blancas y viene el
reconocimiento: inconfundibles, son los cocineros del programa Escuela
de Cocina, que llegan con una seguridad tan parecida a la de su
compatriota Maradona cuando pisa una cancha de fútbol. En
este caso esa confianza se manifiesta es un estudio de televisión
de 65 metros, de cuyo interior sobresalen dos generosas cocinas,
dos mesas para degustar y el mobiliario apiñado de un espacio
de decoración. Mientras aceitan posiciones, son bordeados
por tres camarógrafos y cuatro productores responsables de
que la grabación a iniciarse no se desvíe de los carriles.
"¿Sabes cuál es la diferencia
entre un chef de TV y uno de restaurante? Que en televisión
te expones vos y el producto, y eso es un arma de doble filo; en
cambio, en un restaurante, sólo expones el producto. Aquí
hay que tener destreza para cocinar y enseñar; y además,
mezclar pasión y profesión. Y para eso no se estudia.
No se trata únicamente de decorar platos como se cree, sino
presentar una receta con pericia y rapidez para la gente que te
sigue en casa. Porque la idea es animar a cocinar, que tomen consejitos,
datitos... Ya te enterarás", introduce Maximiliano Fontanet,
uno de los cuatro cocineros.
Teresa Ricci (conductora) bautiza la grabación
con unas palabras crecidas en sabor, pues suele valerse de atractivas
charlas para mantener y conquistar audiencias. Las utiliza en aras
de marcar una distinción entre tantos programas de cocina
(se estiman 290 en la TV mundial). "Chicos, ¿estarán
de acuerdo? -pregunta Teresa ya en cámara a los otros chefs-.
No se puede decir que los orientales o los europeos están
marcando la pauta, no, hoy en día todos los platos valen
lo mismo. Ahora prevalece lo global, lo evolutivo, con mucha fusión...
Acá podemos estar hablando durante horas, pero a lo nuestro.
¿Qué tenemos hoy? Maximiliano un cheese cake de calabaza
e Itziar nos tiene truchas a la Navarra". "Listo, ¡corten!
Teresa te veo ansiosa. Repitamos otra vez...", ordena Giselle
Tolcachier, la joven productora general. Teresa se frota las manos
y al reiniciar agrega que la Novelle Cuisine perdió sus años
de esplendor. Giselle, finalmente, queda convencida con la nueva
puesta.
Segundo plato
En un receso fugaz, los productores abren las puertas del estudio
y salen a un angosto pasillo donde están ubicados dos grandes
mesones con una pluralidad de comida tal que, al margen de parafernalia
televisiva, cualquiera pensaría que se celebra un banquete
de cumpleaños. Pero no, es el laboratorio de sabores que
siempre acompaña las trastiendas de todos los programas culinarios.
Este está poblado por cinco asistentes vestidos de blanco
(en su mayoría estudiantes de cocina) que cortan y mezclan
sin cesar todos los alimentos que se utilizan en las faenas por
venir. Allí el olor mareante impide, a ciegas, distinguir
el origen de cada plato.
En el ínterin, Maximiliano e Itziar
ensayan con los camarógrafos y se organizan para explicar
las técnicas de preparación del cheese cake (que ya
está en la nevera) y de las truchas (que ya humean en el
set). De nuestro lado, sobrevienen dos espontáneas conclusiones.
La primera: como dice también Ainsley Harriot, "nadie
hace un buen guiso en la TV con un calzado duro e incómodo".
En efecto, bien hacen los chefs de Utilísima en calzar zapatos
ligeros, pues no descansan, pasan buena parte del día de
pie en agotadoras jornadas. La segunda: "En casa de herrero
cuchillo de palo", pues los cocineros apenas paladean sus propias
creaciones. Ellos recién almuerzan cuando muchos de nosotros
estamos cenando.
Tercer plato
Los productores coordinan a los chefs como lo haría un director
de actores en un plató de cine. "No muevan los platos
cuando los muestren y no los tapen con los envases, ¿eh?",
les recuerdan esas reglas de oro. El encendido de las luces silencia
de nuevo y... "ya saben, cada uno tiene de cinco a siete minutos
para cocinar", sentencia tajante Giselle. Si el cronómetro
marca el octavo minuto, a los productores se les agita el corazón
y a los cocineros les invaden los nervios. Y para evitar ese desdén
se someten con frecuencia a la precisión del reloj con el
fin de controlar los comprimidísimos tiempos. Por ejemplo,
Teresa y sus colegas graban en un día todos los espacios
a transmitirse durante una semana. Sí, en siete horas continuas
elaboran más de 10 recetas para cinco programas ("es
tan acelerado, como divertido", dicen todos). De no creer.
Los movimientos de Maximiliano
-edificando un cheese cake de calabaza en el set- demuestran que
domina el arte de cocinar para la teleaudiencia. De modo que la
atmósfera en el estudio es relajada porque su ritmo va al
compás del cronómetro, y eso, allí, es "tomar
la sartén por el mango" (en diez segundos explicó
la mezcla de una crema que llevaría media hora). En un momento,
Giselle hace piruetas con las manos y Maximiliano advierte: "No
utilicen queso crema dietético. Contiene más ácidos
que el común". Giselle dice: "Perfecto". A
un costado, los otros cocineros intercambian opiniones sobre las
45 recetas que deben preparar en el mes y conversan en voz baja
para no interferir justo en el minuto siete que el cheese cake,
cortejado por una crema de caramelo, cae rendido ante las cámaras.
Al término, le indican
a Teresa que saboree el pastel y se acerque rápidamente a
Itziar que ya aparece en los cuatro monitores desplegados por el
estudio. Cuando la muestran cortando las truchas para rellenarlas
con jamón crudo, uno de los asistentes introduce -escurridizo
para no salir en pantalla- los pescados ya listos en un horno digno
de admiración. "Ya saben lo de siempre: el pescado fresco
es brilloso y resistente al tacto. Cuando está listo, como
en este caso, los ojos tienen que estar blancos", comparte
Itziar un tanto nerviosa, y da paso al sobrevuelo de una tercera
conclusión: la docencia culinaria, sin dudas, es más
comprometida de lo que se aprecia en la tele. Por dos recetas vemos
la movilización perenne de al menos 25 personas.
El director anuncia desde
la cabina que restan 50 segundos y la quietud que reinaba hasta
entonces muta al desasosiego: Itziar presurosa se quema las manos
presentando una de las truchas horneadas, Teresa contrae la nariz
para olfatearla y se despide. Pero el agotamiento la vence y repite
tres veces el cierre. Lo logra. Al final, todos salen de vuelta
al angosto pasillo y degustan un efímero descanso antes de
reiniciar la próxima correría (otros cuatro programas
más). Pero ellos contentos: "Se acabó la guerra
fría/ que viva la gastronomía", canta uno de
los chefs... Y sí, es cierto lo que dice Harriot: los cocineros
de TV son inquietos, innovadores y hasta divertidos. l
joseravi@hotmail.com
Escuela de Cocina se trasmite en Venezuela
de lunes a viernes a la 1:30 PM y 8:30 PM por Intercable (canal
29) y Supercable (canal 55).
| Una
chef todo uso |
La
sede de Utilísima es muy parecida en su arquitectura
a las casas coloniales del centro de Caracas. Tiene un apreciable
patio central con paredes blancas, espigadas escalinatas que
convergen en nueve estudios de grabación, y un ascensor
años 20 que es transitado las 24 horas del día
por las 500 personas que conforman esa familia que exporta desde
San Telmo -uno de los barrios más emblemáticos
de Buenos Aires- 41 programas televisivos hacia América
Latina, España y once ciudades de Estados Unidos.
Teresa Ricci (27) ya supera los seis años en esa familia
y conduce, desde hace tres, Escuela de Cocina. Es argentina
de sangre española e italiana. Se tituló de chef,
es profesora y dueña de una empresa de catering. Cocinó
en el hotel más lujoso de Buenos Aires: el Hyatt (donde
se hospedó Madonna cuando filmó Evita).
Los chefs de TV viven en una permanente ilustración,
¿es fácil?
"Los cocineros televisivos no sólo hacemos esto.
Por ejemplo, muchos de los que estamos acá somos también
docentes y eso ayuda a imaginar qué preguntas se hace
el espectador. El objetivo es explicar un plato lo mejor posible
para que cuando lo preparen en casa digan: "ah, es como
me lo contaron en la tele".
¿Y todo les sale bien?
"No... hace unas
semanas estaba salteando unas cebollas en cámara, me
distraje y se prendió un fuego de un metro de alto. Se
generó un incendio gigantísimo. No grabamos por
dos días... y así hay miles de historias".
Técnicamente
hablando, ¿qué
implica?
"Nosotros trabajamos con tres cámaras y dos toman
los detalles. Tenemos que estar atentos a muchos parámetros,
a los directores, los carteles, las recetas. Son cinco minutos
para presentar, entonces, cocinamos antes de salir al aire.
Es todo un proceso. Yo me armo un organigrama".
¿Cuáles ingredientes no pueden faltar
en el set?
"Es fundamental un buen fuego con una buena sartén
para sellar carnes. Infaltable el aceite de oliva, ajo, yerbas
y tomate. Y por supuesto: ¡un excelente director!". |
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| El
sabor de la produccion |
Sobre cada recetario
anunciado en pantalla se cierne un riguroso proceso de planificación.
Alicia Rovegno, coordina- dora gastronómica del canal,
nos sirvió -sin aderezos- esa trastienda en bandeja de
plata. He aquí lo que dijo esta mujer con quince años
produciendo programas de cocina:
Por todo el canal se ven muchos chefs jóvenes. ¿Cómo
llegan hasta aquí?
"Hoy contamos con 60. Yo siempre estoy a la pesca, tienen
que ser didácticos, si no, no hay caso. Hemos convocado
a excelentes cocineros de todas partes y cuando llegan al estudio
se paralizan. ¡Y eso es terrible en este negocio! Los
que se quedan han aprendido en el camino".
¿Cómo eligen las recetas de los distintos programas?
"Es lo más difícil de planificar. A fin de
mes cada chef plantea 15 ideas, y de allí armamos un
cronograma mensual. También el público participa,
hasta de Alemania nos han escrito con propuestas. Porque no
te creas, a veces los cocineros nos envían recetas poco
atractivas. Ah, algo importante: los platos no pueden coincidir
entre un programa y otro".
¿Y qué orientación gastronómica
tienen esos platos?
"De todos los países. Te cuento algo a ti que eres
de Venezuela: una vez presentamos comida venezolana y no obtuvimos
buena respuesta. Salimos al aire y nos escribieron desde Caracas
(en promedio el canal recibe unos 800 e-mail diarios de toda
Latinoamérica) manifestando desacuerdos por el producto
final. Y eso inhibe a los chefs cuando quieren elaborar algo
venezolano o mexicano. ¡Y es que les sale a lo argentino,
porque son argentinos!". |
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