¨ Había un rey que daba mucho miedo. Cuando capturaba a sus enemigos los llevaba a una sala de ejecuciones donde, de un lado, se encontraba un amenazante grupo de arqueros y, del otro, una pequeña puerta de hierro adornada con calaveras, a través de la que se oían los lamentos de miles de personas que eran torturadas y maltratadas sin compasión.
El rey les decía a los prisioneros con una sonrisa: 'Ustedes pueden elegir entre morir ahora atravesados por las flechas de mis hombres o pasar por la puerta misteriosa, si se atreven'.
Para evitar el sufrimiento que se imaginaban que sufrirían al traspasar la puerta, todos pedían morir de una vez sin torturas ni dolor.
Un día, un prisionero decidió pasar por la puerta, pues, a pesar de lo que pudiera sufrir, existía una posibilidad. Entonces, el rey le dijo con una sonrisa extraña: 'Si esa es tu voluntad, adelante'. Quitaron todos los cerrojos y el prisionero abrió la puerta sumergiéndose en un tenebroso y oscuro túnel. Caminó muy despacio, temeroso, pero al mismo tiempo dispuesto a enfrentar a una fiera bestia o a un musculoso guerrero, aunque siempre con la esperanza de salir victorioso. Al fondo percibió una luz. Al llegar a ella encontró un letrero donde se podía leer: 'Todos tememos a lo desconocido, por eso nos condenamos a lo conocido'. Entonces, sonriendo tranquilo, caminó hacia su libertad".
La vida es como un caudaloso río, unas veces amplio, sereno y profundo, y otras, torrentoso y estrecho. Cuando entramos en él, con la mirada fija
en el horizonte preocupados por lo que vendrá más adelante, pendientes de la menor señal de cambio y con terror a que tengamos que enfrentarnos, tal vez, a una corriente peligrosa o a una gran caída de agua, nos desgastamos, perdiendo la capacidad de navegar de la mejor manera.
Siempre tenemos dos opciones: Nadar contra la corriente, un esfuerzo inútil pues de esa manera sólo logramos permanecer en un mismo lugar con una gran pérdida de energía y un enorme desgaste; o dejarnos llevar por ella, confiados en que, de una u otra manera, sabremos sortear los escollos y saldremos airosos, ilesos y con el menor daño posible.
La vida, al igual que el río, fluye con enorme rapidez, manteniéndose en un permanente cambio; en el momento en que aprendemos a conocer y a manejar una situación, ésta cambia rápidamente y se convierte en otra totalmente distinta.
Las personas más exitosas y felices son aquellas que van por la vida flotando y usando la corriente para su propio beneficio. Es raro verlas preocupadas por lo que viene más adelante. Por el contrario, se ven ocupadas en esquivar los escollos que van apareciendo, impulsándose con el mismo movimiento de la vida para no lastimarse y, cuando ésta se suaviza, lo disfrutan, se nutren de la experiencia y descansan.
Muchas personas quisieran poder predecir y controlar todo lo que va a ocurrir, pero esto no es posible. Y si quieren llegar sanas y salvas al final del camino, necesitarán aprender a aceptar, a ser flexibles, a adaptarse, a tomar lo mejor de cada situación y a soltar la necesidad de controlar las cosas.
Cuando te sientas asustado por el futuro y los cambios, sumérgete con confianza en el presente, coloca toda tu atención en lo que tienes que hacer en el momento y verás como la preocupación desaparecerá rápidamente. Aprende a disfrutar del regalo de estar vivo, de la experiencia que implica recorrer el sendero de la vida, y sólo cuídate de no quedarte atrapado en un recodo del río, pues allí, al no haber corriente, tu vida se estancará. De vez en cuando déjate fluir, sin oponer resistencia, especialmente si estás frente a la oportunidad de renovar tu estilo de vida. Usa tus recursos: voluntad, inteligencia, optimismo, valor y entusiasmo para superar los momentos difíciles y aprende a disfrutar de todo lo que te ofrece la vida en su recorrido.
CLAVES PARA ASUMIR RIESGOS
Vence el miedo. Cuando tengas dudas, arriésgate. Consulta con tu corazón y no sólo con la cabeza. La peor decisión es la que no se toma, y tu peor consejero, el temor.
Sé flexible. Adáptate a las nuevas circunstancias, acepta lo inesperado, y busca el lado positivo de los posibles cambios.
Sé optimista. Reconoce en cada situación una oportunidad. Recuerda que las oportunidades muchas veces están escondidas, esperando que las encuentres.
Confía en ti. No importa cuántos errores hayas cometido en el pasado, la vida siempre nos ofrece una oportunidad para aprender de lo que hemos experimentado. Tú tienes todos los recursos para ser un ganador, identifícalos y úsalos.
Disfruta. La vida es para disfrutarla, no te preocupes, deja por una vez de mirar hacia delante y mira hacia los lados, y reconoce todos los regalos esenciales que tienes en este momento. ¡Siéntete agradecido!
maytte@maytte.com
Hola, Maytte. Mis padres son dominantes, todo el día están corrigiéndome y comparándome con los demás. Me molesta su actitud, pero no puedo reaccionar, no sé si por miedo o respeto. Todo me lo guardo adentro y siento que mi corazón se va enfermando hasta llegar al punto en que siento odio por ellos. ¿Qué crees que debo hacer? E.S.
Cuando nos quedamos con todas las cosas que sentimos y quisimos expresar guardadas adentro, éstas se convierten, con el tiempo, en resentimiento. Me parece que es tiempo de sanar las heridas afectivas del pasado para perdonarlos y volver a comenzar. Recuerda que lo más importante de perdonar a otra persona es liberarnos a nosotros mismos de la carga emocional negativa que nos produce recordar lo que nos hizo. Y luego es necesario que aprendas a independizarte emocionalmente de ellos. Imagina que te reúnes con ambos y les hablas de todo lo que sientes… ¿Qué te da miedo? ¿Qué es lo peor que te puede pasar? Resuélvelo mentalmente y reúne el valor y la confianza que necesitas para encontrar el momento adecuado para hablar con alguno de ellos; también les puedes escribir una carta, sencilla, sin resentimiento, donde les expreses con claridad tus pensamientos y sentimientos. Hazlo sin juzgarlos o sin señalarlos, sólo para mostrarles que ya eres una persona adulta y que sus comentarios y actitudes te afectan. Fortalece tu autoestima y refuerza la confianza en ti mismo para que no necesites la aprobación de ellos. Piensa que en su comportamiento se esconde un amor sobreprotector, acéptalos como son y quédate con todo lo bueno que has recibido de ellos. Quítales el poder que les has concedido para que te afecten de
esa manera, y gana autonomía.
Hola, Maytte. Mi problema es que en este momento no sé qué quiero ni para dónde voy.
Tengo 54 años, y todo por lo que luché, mis hijos, mi pareja, mi trabajo, se desboronó. Me pongo a analizar y creo que en el fondo tengo miedo, pero no sé a qué. Yo siempre he tenido mucha iniciativa, estudié y me hice solo, sin apoyo de nadie, pero ahora me quedé estancado. T.P.
Lamento mucho la situación en la que se encuentra, pero recordemos juntos que todo llega a nosotros por alguna razón. Algo hicimos o dejamos de hacer para vivir cada experiencia y seguramente la necesitamos para aprender algo que nos haga reflexionar y crecer.En esos momentos se pone a prueba todo lo que hemos aprendido a lo largo de la vida, la fe, la fuerza
de voluntad, el valor, la determinación y la serenidad necesarios para manejar y superar la situación. Le sugiero que trate de recuperar la calma, no es bueno seguir lamentándonos por todo lo que pasó, y mucho menos insistir en preguntarnos qué pudimos haber hecho para evitarlo. Tampoco es sano buscar culpables, pues el resentimiento y el deseo de venganza se quedarán a vivir con nosotros. Acepte lo que no puede cambiar, suelte el pasado y perdone a todos los que le causaron daño, inclusive perdónese a sí mismo por los errores cometidos. Trabaje para recuperar el balance y el control de su vida, sólo así estará en una mejor posición para conversar con sus personas queridas e intentar un acercamiento a ellas. Hágalo desde el amor, la humildad y el deseo genuino de sanar las heridas que se causaron para comenzar una etapa nueva en su relación con ellos.
Hola, Maytte. Estoy superando un proceso de separación que ha sido muy difícil. Mi esposa me pidió el divorcio y no puedo describir lo que significó para mí… Pero lo más doloroso fue separarme de mi hijo que tenía tres años de edad. Pasamos un año de peleas y discusiones tratando de llegar a un acuerdo que me permitiera pasar tiempo con él, y al fin lo conseguí. Quiero que me orientes, porque no sé cómo acercarme a él de nuevo. R.G.
Estoy segura de que el amor que sientes hacia él te guiará. Simplemente actúa como si no hubiesen estado separados tanto tiempo. No le preguntes cómo se sintió ni trates de explicarle todavía lo que pasó. Más bien concéntrate en expresarle tu cariño, trátalo con respeto, consiéntelo sin que la culpa que podrías sentir te lleve a darle todo lo que pida. Hazle un espacio en tu vida, de manera que cada vez que esté contigo sienta que tiene su lugar. Comparte momentos de diversión, llévalo a practicar alguna actividad que le permita liberar cualquier tensión, y bríndale con tu ejemplo la posibilidad de aprender a recuperarse de cualquier situación. No le hables mal de su mamá ni le hagas preguntas que lo pongan a elegir entre los dos. Estoy segura de que con el tiempo ambos se sentirán muy bien en compañía uno del otro.
maytte@maytte.com |