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RATATOUILLE
Cuando el héroe
es una rata

La última producción
del binomio Pixar-
Disney ha llegado
a la cartelera local
después de haberse
ganado los aplausos
del público y la
aclamación de la
crítica que la ha
considerado uno
de los mejores
platillos.

Por Raúl Chacón



U
na rata...¿en la cocina? La verdad es que la premisa de Ratatouille no es
nada fácil de digerir. De ello estaba absolutamente consciente Brad Bird —y también Jan Pinkava, quien comparte con Bird el crédito de la idea inicial de una rata parisiense que sueña con ser chef—, el guionista-director de esta realmente animada cinta que ha dejado a todos muy buen sabor en la boca. De roedores han estado llenas las pantallas —grande y chica—, pero no se recuerda a ratas más que en papeles de villanas. ¿Protagonistas? ¿Heroicas? ¿Metiendo la pata —por muy bien que lo hagan— en la comida? Eso sí que no. Pues bien, en la creativa mente de Bird estas criaturas son realmente bienvenidas, como él mismo sostuviera en una entrevista que se le hiciera en San Francisco —donde está la sede de los estudios Pixar— cuando fueron presentados, por primera vez, cincuenta minutos del metraje del film a la prensa internacional. "En mi mundo de fantasía a mí me gustan porque ellas quieren llevarse bien con los humanos". Y añade, como para sustentar su atrevimiento: "La realización cinematográfica es una versión 'tecnologizada' de lo que es ser un niño pequeño e imaginar lo que desees, no importa lo fantástico que sea… la animación, en particular, es un medio fantástico porque puedes tener las ideas más ridículas que se te ocurran y reunirlas todas en pantalla".

La idea, en este caso, más que ridícula, lucía arriesgada. El realizador sabía que
lo importante era que el público comprara la premisa inicial y venciera la natural animadversión que estos animales despiertan. El que una rata pueda llegar a ser adorable —y hasta un héroe— representa, no hay que dudarlo, un gran desafío: "Se debe reconocer la incomodidad del primer paso. Si ves a los comediantes muy gordos o muy bajos, notarás que ellos enseguida hacen referencia a estas características. Un comediante gordo pasa dos minutos de su rutina hablando de su gordura.

El público se relaja y piensa: 'OK, él sabe que es gordo, ahora yo puedo disfrutar
del espectáculo', en lugar de: 'Dios mío, qué gordo es, no puedo pensar en otra cosa'… Por ello, (en Ratatouille) tenemos una toma que equivale a decir: 'Sí, sé lo que ustedes piensan', y la cual es la quintaesencia de la pesadilla de las ratas: criaturas atemorizadoras, con ojos brillantes y colmillos… luego hay una toma con muchas de ellas corriendo por todas partes, no son tan desagradables pero igual son muchas… las vemos después junto a montones de basura y, de pronto, están al sol, al aire libre. Y allí hay un lindo trozo de pastel al que le falta un mordisco y una rata que lo toma muy delicadamente, que lo huele y que no se ve en absoluto atemorizadora. Confiamos en que si hemos hecho bien el trabajo, lograremos que el público pase de gritar: '¡Ah! ¡Ratas!', a pensar que quizás no sean tan malas y hasta simpatizar con ellas".

¡Y vaya que lo hicieron
bien! A estas alturas Bird debe estar mucho más
que satisfecho por la cálida
acogida que le han dado
al film. Al público le ha encantado —había recaudado hasta mediados de julio la cifra de 143 millones de dólares sólo
en Estados Unidos—,
y la crítica no ha dudado
en afirmar que está a la altura —si no por encima— de trabajos suyos tan reconocidos y premiados como The Iron Giant y Los Increíbles. La alabanza ha sido de tal magnitud que no dudan en colocarlo en el grupo de los grandes creadores del cine estadounidense actual.

Y es que reconocen en esta cinta, que lleva sin lugar a dudas su impronta —el héroe que se impone a los obstáculos en la consecución de su sueño, la búsqueda de
la excelencia sobre la mediocridad y la importancia de los lazos familiares—,
su atrevimiento, su profundidad, su belleza pictórica, la maravilla tecnológica,
el perfecto match entre música e imagen... sin que nada de ello vaya en desmedro
del puro entretenimiento —es, también, un excelente ejemplo de la comedia física
que a tantos encanta, llena de acrobacias y persecuciones.


Claro está que para preparar un platillo único se necesita mucho
más que un chef fuera de serie.
Los ingredientes, por ejemplo, deben ser de primerísima calidad. Y todos los sous chefs deben trabajar duro para no descuidar el más mínimo detalle.



Allí está el secreto de la excelencia. En el caso de este Ratatouille —el nombre de la película es también el de un plato más bien sencillo elaborado con vegetales— el esmero es evidente. Y se nota no sólo en su envidiable sabor sino en la gloriosa presentación. No podía ser de otra manera a juzgar por el trabajo descrito en las notas de producción enviadas por Pixar, donde se revela, por ejemplo, y sin caer en mayores detalles, que fueron necesarias horas y horas de observación de ratas
—no salvajes, por supuesto— para retratar con exactitud movimientos, gestos, que aportaran naturalidad a los personajes; que fue casi un mandato viajar a París
—qué sacrificio— y pasar horas recorriendo la ciudad para tomarle el pulso a su
luz y detenerse en sus restaurantes tres estrellas —¡pobrecitos!— y también en sus alcantarillas, con el objetivo de tomar fotografías y apuntes y así poder mostrar a la ciudad como nunca antes y recrear el maravilloso mundo de una cocina de uno
de esos palacios del buen comer; que el avance en materia de animación computarizada (CGI) es realmente increíble, y que queda absolutamente de manifiesto en el meticuloso tratamiento dado, por ejemplo, al pelaje de las ratas, a la expresividad de sus rostros, a las emocionantes escenas que involucran un frenesí de movimientos, como las que ocurren en la cocina o a ras del suelo, desde la perspectiva de los roedores, o a la extraordinaria representación de los distintos alimentos y platos que se convierten en una verdadera delicia para los sentidos.

Más allá de todos estos logros, Ratatouille es, sin duda, un plato excepcional dentro
de una carta donde casi nada sorprende, una pieza que emociona en su afán por transmitir al gran público el amor por la buena cocina, curiosamente realizada
en el país donde reinala comida rápida. Acá, ya se puede dar banquete. Bon appétit.

rchacon@eluniversal.com



Auguste Gusteau


Legendario chef, verdadera autoridad del mundo
de la gastronomía y dueño del restaurante
que lleva su nombre., es el héroe culinario
de Remy, a quien se le aparece después
de muerto como especie de conciencia.
"Cualquiera puede cocinar", era su lema




Colette


Sous chef en Gusteau's,
quien ha construido una coraza
para sobrevivir y destacar en un mundo
de hombres: el de la cocina; la alta,
por supuesto. Terminará
por enamorarse
de Linguini, luego de que éste
reciba cierta ayuda de Remy

 



Skinner

Convertido en chef luego de la muerte
de Gusteau, este cómico villano se preocupa
más por crear una línea de alimentos
congelados que por mantener la calidad
del restaurante. Cabe recordar
que Skinner se llamaba el célebre
psicólogo conductista
que experimentaba con ratas





Emile

Es la antítesis de Remy, su hermano.
Come lo que sea, donde sea.
Pero puede aprender, y empezar
a distinguir lo bueno… Su intervención
al final recuerda la importancia
de ser fiel a los amigos y a la familia

 



Anton Ego

Despiadado crítico gastronómico,
su palabra es suficiente para hundir
o llevar a la cúspide cualquier local.
En la versión original la voz es de
Peter O'Toole. Sus frases finales
resumen el mensaje de la película:
"No cualquiera puede ser un gran
artista. Pero un gran artista puede
venir de cualquier parte"

 

 

 

 

Remy

Dotada de un olfato excepcional, la simpática rata sueña con ser un gran chef en París... y lo consigue de la más insospechada manera, no sin antes sortear los mil y un obstáculos y ganar la batalla contra las expectativas familiares

 

 

Linguini

Torpe, nada guapo y, definitivamente,
sin talento para la cocina, este asistente
de la limpieza del restaurante Gusteau's
encontrará su sitio en el mundo,
y en el corazón de Colette, después
de sellar una particular alianza
con su amigo roedor

 

Fotos: Cortesía Buena Vista Internacional


Ver también:
- A Aurora le salió su ocaso
- Ratatouille cuando el héroe es una rata





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