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Guarderías
Las enfermedades más comunes

Los niños entre seis meses
y cuatro años de edad, son los más propensos a enfermarse una vez que comienzan su vida escolar en algún centro de cuidado o guardería. Sepa cómo prevenirlo.
C. M.

A pesar de las normas de higiene que debe tener todo centro que trabaje para niños y el esquema de vacunación que debe tener todo niño al ingresar a la guardería, es casi imposible evitar la exposición a bacterias, virus o parásitos, responsables de enfermedades más comunes dentro del nuevo espacio cotidiano.

Si bien la vacunación es la mejor manera de prevenir ciertas enfermedades, se debe tomar en cuenta que, a medida que van creciendo, los niños van creando inmunidad frente a algunos agentes infecciosos. "Es importante que las madres entiendan que no es lo mismo el sistema inmunológico de un niño de cinco o seis años de edad, al de un lactante de ocho meses que siempre ha sido cuidado dentro de su casa y, de repente, le toca ir a una guardería a exponerse a muchos agentes patógenos (cualquier microrganismo capaz de producir una enfermedad infecciosa), por eso es muy frecuente que se enfermen", explica Marinés Vancampenhoud, pediatra-infectólogo del Hospital Domingo Luciani de Caracas.

La mayoría de las enfermedades que se contagian en las guarderías pueden ser por varios factores:

l Manipulación de objetos: es casi imposible evitar que un niño juegue con otro. Un niño enfermo puede contagiar a otro con el simple hecho de pasarse objetos comunes entre ellos como chupones, rascaencías, pelotas, etcétera.

l Falta de higiene: debe insistirse al personal la importancia de lavarse las manos. Muchas veces se olvida el asearse las manos antes y después de manipular alimentos, cambiar pañales, y esto hace que se pueda contagiar de alguna infección fácilmente transmisible a los más pequeños. Asimismo, es importante que el personal de aseo mantenga en buenas condiciones los baños y áreas comunes porque éstos son otro vehículo importante para transmitir enfermedades.

l Falta de vacunación: tanto niños como maestros deben estar atentos a los esquemas de vacunación, porque es una de las maneras más efectivas de prevenir enfermedades.

l Exploración del espacio: los niños tienen la particularidad de explorar el espacio donde se desenvuelven con sus manos y boca. Por ello, debe extremarse las medidas de sanidad ambiental en las áreas de recreo, columpios, colchones para dormir, mesitas, sillas, entre otras.

De acuerdo con la especialista, también es importante que las madres estén atentas ante cualquier síntoma particular, porque los propios niños son portadores de enfermedades infectocontagiosas que pueden originarse en la guardería y llegar hasta su propia familia (hermanos mayores o más pequeños) o al círculo social al que pertenezcan.

La Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Venezolana de Pediatría y Puericultura tienen recomendaciones de cuándo las madres no deben enviar a un niño enfermo a la guardería con el fin de prevenir el contagio de esa enfermedad al resto de los pequeños y sería ideal que tanto las madres como las maestras, incluyendo el personal auxiliar, conozcan estas recomendaciones y así puedan estar atentos ante cualquier niño que manifieste síntomas de enfermedades contagiosas.

La más comunes
Infecciones gastrointestinales
El contacto íntimo y desaseado de niños de corta edad permite la propagación de virus, bacterias y parásitos intestinales, que pueden causar diarreas severas y constantes. La principal causa de diarrea en niños menores de seis años, es el rotavirus. En nuestro país, uno de cada 10 niños se enferma por rotavirus durante el primer año de vida y uno de cada 24, requiere ser hospitalizado por deshidratación. Una de las maneras más efectivas de prevenirlo es a través de la vacunación. Este virus que se aloja en el intestino, causa evacuaciones sumamente líquidas y abundantes (además de vómitos y fiebre), razón por la cual es casi inevitable que las heces se salgan del pañal, en el caso de los niños pequeños, o que se llenen las piernitas y la ropa, en el caso de los niños que ya controlan los esfínteres. Es recomendable que tanto en las guarderías como en la casa, el sitio donde se cambian los pañales no sea una superficie porosa y sea desinfectada luego de cada cambio de pañal. En el caso de los pañales, éstos deben ser bien doblados para evitar que se salga algún resto de la evacuación y botarlos en bolsas plásticas directamente en el tobo de la basura. Además, la persona que realiza los cambios debe lavarse las manos, sobre todo, si después habrá manipulación de alimentos.

Infecciones de piel
La piel es el órgano del cuerpo que nos separa del medio ambiente, por lo tanto, está expuesta a resistir múltiples agentes patógenos como los propios virus y bacterias. En una guardería es muy común que los niños se toquen unos a otros; a través de esa vía pueden contagiarse infecciones de la piel. La más común es la piodermitis, una infección bacteriana que puede alcanzar mayor severidad y peligro según la profundidad y extensión del área afectada. Por lo general, el niño afectado se rasca, contaminando sus uñas y dedos. Al tocar a otro niño o algún objeto, transmite la enfermedad a los demás. Los síntomas de la infección son unas ampollitas o lesiones costrosas que producen mucha picazón (prurito) y de allí que pueda contagiarse fácilmente. La recomendación es lavarse las manos constantemente y medicar al niño para evitar las ganas de rascarse. Es importante que las maestras y padres estén atentos a cualquier cambio en el aspecto de la piel.

Dolencias respiratorias
Con los radicales cambios climáticos y la cantidad de agentes patógenos en el ambiente, es poco probable poder evitar algunas infecciones respiratorias en niños; más aún cuando pasan la mayor parte del tiempo en la guardería, por lo general, un sitio cerrado donde se agrupa a más de 10 niños. Entre las más corrientes que se pueden contraer están los resfriados comunes, la amigdalitis, bronquitis u otitis. El problema se presenta con algunas infecciones virales específicas que es importante saber reconocer a tiempo como el virus de influenza, cuyas manifestaciones son malestar general, fiebre alta y tos. Estos problemas respiratorios pueden complicarse dependiendo de los factores personales de los niños (alergias) y de factores ambientales (contaminación y el propio contacto con otros niños). Se sabe que los niños menores de dos años pueden tener entre ocho y 10 infecciones de las vías respiratorias por año. Otro factor a tomar en cuenta es que tanto los padres como los maestros, deben conocer a qué agentes son alérgicos los niños porque la alergia causa una inflamación de las vías respiratorias que hace que los mecanismos defensivos del organismo se alteren y no existan buenas defensas contra las infecciones. La forma de contagio es a través de la exposición con saliva o moco, frecuente entre niños pequeños por la manipulación de objetos inanimados (juguetes o chupones) y el contacto directo con secreciones.

Una vez que los niños comienzan a relacionarse con otros, bien sea en guarderías o en ambientes distintos, es inevitable que puedan contagiarse de alguna infección. Específicamente en las guarderías deberían existir normas escritas que maneje todo el personal sobre qué hacer en caso de alguna enfermedad infecciosa, porque no es lo mismo un brote de conjuntivitus en una guardería que uno de meningococo. El manejo debe ser totalmente distinto.

Recomendaciones a los padres
La vacunación es imprescindible para lograr la prevención de algunas infecciones contagiosas como rotavirus, sarampión, hepatitis A, hepatitis B, polio, meningitis, difteria, tétano, tos ferina, entre otras. Por ello es indispensable que las maestras soliciten las tarjetas de vacunación con el fin de verificar que todos los niños tengan su esquema de inmunizaciones completo. También es fundamental que el personal de las guarderías esté vacunado, porque a los adultos se les olvida repetir o completar las dosis de vacunación y se convierten en transmisores de las enfermedades. Todo personal que trabaja en la guardería debe vacunarse anualmente contra la influenza.

En cualquiera de los casos, la manera más fácil de prevención es lavarse las manos constantemente con agua limpia y jabón. Desde pequeños, también se debe enseñar a los niños reglas básicas de higiene. l

El bebé no debe ir cuando:

l Tenga alguna enfermedad que le impida participar
en sus actividades
l Cualquier manifestación como: fiebre, irritabilidad, llanto persistente o disnea
l Diarrea o evacuaciones con moco y sangre
l Infección por bacterias como E.coli o Shigella
l Vómitos en las 24 horas previas
l Ulceras bucales
l Erupción con fiebre
l Conjuntivitis purulenta
l Amigdalitis
l Pediculosis (piojos)
l Enfermedad como tos ferina, sarampión o sarna

 
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