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El momento
de los mandalas
Una antigua herramienta hindú para
la meditación y relajación es utilizada actualmente
fuera de los monasterios budistas, pues el hombre occidental la
está haciendo suya. Siga leyendo y sepa de qué se
trata este conocimiento milenario. Idalia
De León
La palabra suena mucho últimamente.
Así como el símbolo del yin y el yang se convirtió
de pronto en motivo para un tatuaje o para la estampa de una franela,
los mandalas, gracias a la belleza de sus diseños y a su
significación, parecen haberse anotado en la onda que llevó
a los objetos místicos a las vidrieras de ropa y de accesorios.
Pero los mandalas, para quien desee profundizar un poco más
en el tema, poseen una connotación que trasciende lo utilitario
y decorativo. Conforman el resumen de un conocimiento milenario
que procede de la India y que es practicado por diferentes corrientes
de pensamiento.
La palabra mandala significa "círculo
sagrado" en sánscrito y simboliza la sanación
y la totalidad. Los tibetanos utilizan el término Khil-Khor
que significa "el centro y los alrededores". En la Enciclopedia
de los símbolos, su autor, Udo Becker, aclara que originalmente
la palabra significaba círculo para los hindúes, pero
que con el tiempo, el término sirvió para "designar
un tipo de diagrama, geométrico, circular o cuadrado, que
contiene motivos ornamentales abstractos o elementos icónicos
de la religión hindú, y que es utilizado para la meditación".
En otras palabras, un mandala es un dibujo
que representa un campo energético y sagrado. Sobre la base
de una figura geométrica, comúnmente, el círculo,
se dibujan diferentes formas siguiendo un patrón específico
y armónico. También es descrito como un diagrama cosmológico
que puede contribuir con la transformación de algunos estados
mentales y del entorno.
El psicoanalista Carl G. Jung fue el responsable
de que los mandalas fuesen más conocidos en el mundo occidental,
ya que los utilizó con sus pacientes para la interpretación
de sueños. Se dice que el discípulo de Sigmund Freud
experimentó cómo estos dibujos contribuyen con el
reordenamiento "del material contradictorio en nuestro interior".
Para el reconocido terapeuta, los mandalas se convirtieron en una
seria herramienta de trabajo que lo llevó, incluso, a describir
una teoría sobre la psique humana.
Gracias a los aportes de Jung, la meditación
a través de los mandalas se considera como una suerte de
arte-terapia, pues se dice que facilitan el proceso de autoconocimiento,
el desarrollo de la intuición, y para encontrar la tan anhelada
paz interior.
En
el libro Mandalas para viajar, su autora Monserrat Vidal,
cita a la psicóloga clínica Rosa María Palacín,
quien afirma, de acuerdo a su experiencia, que dibujar u observar
mandalas ayuda a conectar con el hemisferio derecho de nuestro cerebro.
Dice: "Su funcionamiento es analógico, intuitivo, abstracto,
llega a la solución de problemas mediante el desarrollo de
la creatividad, y diría yo, mediante la conexión entre
el universo y el yo espiritual de cada uno".
Mandalas
para qué
Como puede verse, a los mandalas se le atribuyen numerosos beneficios,
pero son tantos que, actualmente, muchos intentan tener acceso a
los favores que se le atribuyen, utilizándolos como amuleto
o como objeto decorativo. Y no es para menos, pues se dice que los
mandalas, ya sea que se les contemple o se les dibuje, tienen la
facultad de llevar armonía a los hogares y de ahuyentar las
vibraciones negativas. También, que mejoran la memoria y
que son fuente de prosperidad.
Sin embargo, para los budistas, el propósito
de los mandalas se enfoca en otra dirección. Los utilizan
como instrumento de meditación religiosa. Los monjes tibetanos
son capaces de elaborar verdaderas obras de arte en una faena que
les toma semanas, para luego destruirlas en minutos, pues, para
ellos, lo que tiene valor no es el producto del trabajo, sino el
proceso en sí mismo. Los budistas procuran, por medio de
los mandalas, lograr profundos niveles de meditación, y lo
más importante, elevar el nivel de conciencia.
Esta doctrina reconoce, sin embargo, diferentes
tipos de acuerdo con su objetivo. Algunos, con determinadas características
específicas, pueden elaborarse con el fin de ofrecerlos a
maestros espirituales, otros para alguna ceremonia de iniciación
tántrica, o bien para solicitar algún favor por el
bien de una comunidad específica.
Todo
un arte
Para los budistas, la confección de un mandala es un ritual
en el que participan varios monjes, quienes respetan estrictamente
una serie de pasos aprendidos de las escrituras budistas y que deben
saber de memoria, hasta dar por culminado el trabajo. Son célebres
las imágenes de monjes arrodillados trabajando, por ejemplo,
en la confección de mandalas de arena.
En los mandalas que ilustran este trabajo
se puede observar la complejidad de sus diseños y la belleza
y armonía de todo el conjunto, lo cual lleva a muchos a pensar
que elaborar estos coloridos diseños es tarea exclusiva de
dibujantes o pintores (o de expertos monjes, claro está).
La posibilidad de hacer mandalas parece
estar en manos de cualquiera que desee sumergirse en sus laberínticas
probabilidades, incluyendo niños. Tampoco es necesario saber
dibujar. El esquema básico lo conforman los cuatro puntos
cardinales sobre una figura geométrica. Los colores y formas
que se incorporen son ilimitados, así como la técnica
y materiales que se deseen utilizar en su elaboración. Tampoco
es limitado el uso de imágenes o representaciones de la naturaleza
(aves, flores) o símbolos místicos. Igualmente, una
persona puede hacer una réplica de un mandala existente -de
hecho hay libros especializados en reunir imágenes de mandalas-
o bien crear uno a partir de su ingenio.
Marion y Werner Kustenmacher, autores
del libro Energía y fuerza a través de los mandalas
señalan que, independientemente de su origen y cultura, en
el símbolo del mandala "los seres humanos pueden experimentar
que no deben perderse en el camino de la existencia, sino encontrar
la seguridad en el centro". l
| MONJES
BUDISTAS: MAESTROS DE UNA TRADICION |
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| Para los budistas elaborar
un mandala es un ritual que exige tiempo y dedicación |
Una vez terminado, el diseño desmantela
pues lo que importa es el proceso y no el producto |
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Trazar las líneas
para confeccionar un mandala de arena exige precisión
y no
admite errores |
La arena se coloca en un envase adornado
como una deidad
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| A cada monje le corresponde
rellenar cada espacio con un color específico |
Finalmente, la arena es arrojada al mar
para
simbolizar el desapego |
| En la mesa de noche |
| Tres publicaciones abordan
el tema de los mandalas desde diferentes posturas, pero comparten
el interés por motivar a las personas a dibujar y colorear
mandalas como camino para desarrollo de la personalidad, como
herramienta de meditación o para la solución de
problemas. |
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Mandalas y pedagogía
Marie Pré
Editorial MTM empírica
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Energía y
fuerza a través
de los mandala
Marion y Werner Kustenmacher
Ediciones Obelisco
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Mandalas para viajar
Monserrat Vidal
Editorial MTM empírica
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Ver también en Encuentros:
- Las verdades de Daniela
- Ser asistente personal
de una celebridad
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