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Dieta
 y embarazo

Los ácidos grasos omega-3 son un componente esencial de cualquier dieta saludable, particularmente para las mujeres embarazadas que desean tener hijos inteligentes y sociables. The Economist

Lamentablemente, los distintos regímenes alimentarios que se conocen hoy en día no hacen hincapié en las ventajas que tiene para el organismo el consumo de mariscos, aun cuando el pescado incluido en casi todas estas dietas es una fuente particularmente rica en unos nutrientes conocidos como ácidos grasos omega-3.
Es bien sabido que estos ácidos grasos poliinsaturados son fundamentales para el cuerpo humano: debido a que el mismo no puede producirlos, se deben consumir a través de los alimentos. Ahora los resultados de un estudio científico realizado en Gran Bretaña indican que estos nutrientes esenciales son muchísimo más importantes para nuestra salud de lo que se pensaba. La cantidad de ácidos grasos omega-3 (o ácidos linolénicos) presente en la dieta de una mujer en período de gestación ayuda a determinar la inteligencia y las habilidades psicomotoras básicas, cognoscitivas y conductuales de su hijo, tales como la capacidad para manipular objetos pequeños, la coordinación óculo-manual y su futuro comportamiento en el seno de la familia y la sociedad.

Esta es una de las conclusiones a las que llegó Joseph Hibbeln, un científico del America’s National Institute of Health que ha estado trabajando con una serie de datos de un proyecto de investigación auspiciado por la Universidad de Bristol. The Avon Longitudinal Study of Parents and Children, conocido también como el proyecto Children of the 90’s, busca identificar las distintas maneras de optimizar la salud y el desarrollo infantil.

La investigación la inició la doctora Jean Golding hace 15 años, con la finalidad de determinar cómo interactúan los ambientes físico y social con la herencia genética y cómo estos afectan la salud, el comportamiento y el desarrollo de los niños. Los investigadores que participan en el proyecto han estado haciendo un seguimiento a 14.000 niños que nacieron entre 1991 y 1992 en el condado de Avon, en el sureste de Inglaterra. El propósito es seguir estudiándolos hasta verlos convertidos en adultos.
 Esta base de datos les ha permitido a los doctores Hibbeln y Golding enfocar su estudio en un aspecto clave de la relación madre-hijo durante el embarazo: la nutrición maternal, particularmente el efecto que tiene la ingesta de ácidos grasos omega-3 en el desarrollo del feto.

A favor del consumo de mariscos
El hallazgo más sorprendente es, quizás, el hecho de que los hijos de madres que habían consumido las cantidades más bajas de ácidos poliinsaturados de la familia omega-3 durante el embarazo registraron un coeficiente intelectual (CI) verbal de seis puntos por debajo del promedio. Puede que no parezca significativo, pero este hecho podría tener un impacto negativo en la salud intelectual de todo un país en caso de que llegue a generalizarse. Además, el descubrimiento es particularmente pertinente toda vez que se aconseja a las mujeres que están embarazadas que limiten el consumo de mariscos, pues podrían exponer al feto a altos niveles de mercurio metílico.

El problema con este metal es que puede afectar negativamente el sistema nervioso en formación de un feto. Irónicamente, de seguir este consejo, las futuras madres estarían evitando una de las principales fuentes de ácidos esenciales omega-3. El doctor Hibbeln afirma, sin embargo, que su investigación pone de relieve que los beneficios de consumir frutos del mar superan significativamente los riesgos de ingerir el mercurio presente en ellos. De hecho, en el proyecto del condado de Avon fueron precisamente los bebés expuestos a los niveles más bajos de mercurio metílico quienes presentaron el mayor riesgo de registrar un CI verbal deficiente.

El segundo hallazgo fue que a los tres años y medio los niños que mostraron el desarrollo psicomotor más avanzado fueron justamente aquellos cuyas madres habían consumido los niveles más altos de omega-3. Otro de los resultados fue que una dieta pobre en ácidos linolénicos durante la gestación fue la causante de un alto porcentaje de casos de interacciones sociales patológicas en los niños, tales como la incapacidad de hacer amigos a medida que crecían.

De acuerdo con Hibbeln, estos “datos desalentadores” indican que 14% de los niños de siete años, cuyas madres fueron sometidas a las dietas más deficientes en ácidos esenciales omega-3 durante el embarazo, registró dicho comportamiento. En comparación, sólo 8% de los infantes que nacieron en el grupo de las madres que consumieron elevados niveles de estos nutrientes presentó tales patologías. Estos resultados son particularmente preocupantes a la luz de las investigaciones según las cuales una conducta patológica en la infancia es un indicio importante de comportamientos aberrantes en la adultez.

Es preciso hacer una salvedad. Estudios científicos como éste, que se basan en la correlación de una variable con otra, no bastan por sí solos para establecer conclusiones definitivas puesto que ninguna correlación es necesariamente determinante. Sin embargo, estas conclusiones están respaldadas por diversos grupos de datos. Uno de ellos son las gráficas que muestran distintas curvas de “respuesta a las dosis”; es decir, que diferentes niveles de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 producen distintos resultados. Se ha comprobado mediante varios estudios experimentales que los ácidos linolénicos también pueden afectar positivamente el comportamiento de una persona adulta. A manera de ejemplo se puede hacer referencia a uno de los estudios del doctor Hibbeln. La investigación logró demostrar que los suplementos de omega-3 administrados a personas alcohólicas que tenían un comportamiento agresivo redujeron los niveles de ira en una tercera parte en un lapso de tres meses.

Equilibrio de ácidos grasos esenciales
El doctor Hibbeln enfocó su investigación en la ingesta directa de ácidos grasos omega-3. No obstante, el nivel de estos nutrientes puede ser reducido al competir con un grupo similar de ácidos grasos conocidos como omega-6 o ácidos linoleicos (presentes en aceites como los de maíz y soya). En efecto, la proporción de ácidos grasos del tipo omega-3 y omega-6 presentes en las membranas de las células, en particular las neuronas, podría ser una de las causas determinantes de todo este problema de la nutrición maternal durante el embarazo, toda vez que podría afectar la habilidad de las moléculas mensajeras para atravesar dicha membrana.

La membrana celular promedio de un occidental cuya dieta es baja en pescados y alta en aceites vegetales ricos en omega-6, contiene 20% de lípidos formados a partir de ácidos grasos omega-3 y 80% de grasas del tipo omega-6. Al contrario, en la membrana celular promedio de un japonés los porcentajes son de 40 y 60%, respectivamente. El resultado es que células como las de los japoneses pueden ser más sensibles a las moléculas mensajeras en comparación con las de los occidentales.

Las otras implicaciones sociales de estos estudios aún se desconocen, aunque es probable que sean igualmente significativas. Dos informes publicados recientemente por varias instituciones benéficas británicas —uno de la Mental Health Foundation y el otro de Sustain, un grupo activista que defiende una alimentación más sana— demuestran que los cambios que ha sufrido la dieta de los ciudadanos occidentales en los últimos 50 años, particularmente en lo tocante al consumo de ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6, son un factor determinante del creciente deterioro de la salud mental en varios países. Como dice el viejo refrán “somos los que comemos”. Y si el doctor Hibbeln y la doctora Golding tienen razón con respecto a sus investigaciones, parece que también nos desenvolvemos socialmente dependiendo del tipo de alimentos que consumimos. l

TRADUCCION: SERVIO VILORIA

 
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