| Apasionados por Mozart
Cinco venezolanos reflexionan sobre el llamado “genio de Salzburgo” en el 250 aniversario de su nacimiento. El Ballet Contemporáneo de Caracas y la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, por su parte, lo homenajean este mes con el espectáculo Amadeus. Pablo Blanco
Una noche de 1761, el músico Leopold Mozart regresaba a su hogar en Salzburgo, Austria, acompañado de Schachtner, su casero. Para su sorpresa, su hijo Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Amadeus, de cinco años, había “rayado” una partitura bajo la luz de las velas. Leopold le preguntó: “¿Qué haces?” y el pequeño respondió: “Un concierto para piano”. Los dos adultos soltaron una gran carcajada. Pero al darse cuenta de que cada nota estaba perfectamente escrita, el padre rompió a llorar. Con el tiempo, aquella célebre partitura se extravió. No obstante, de la misma fecha data el Minueto y Trío para piano en sol mayor, la primera pieza de quien se daría a conocer posteriormente como Wolfgang Amadeus Mozart, nacido el 27 de enero de 1756. A su “travesura infantil” le siguieron 41 sinfonías, entre 22 óperas y operetas, 27 conciertos para piano, 19 misas y 5 conciertos para violín que se sumaron a un total de 626 obras en 35 años de vida. Este año el mundo entero celebra el aniversario 250 de su nacimiento. Quienes seguidamente toman la palabra le regalan su admiración.
Meditación melódica
El reconocido gastrónomo venezolano Armando Scannone recuerda las melodías de Mozart desde que cursaba el bachillerato; esa época en la que asistía a conciertos de música clásica en el Teatro Municipal de Caracas. “Desde entonces, una de mis obras favoritas es La flauta mágica porque tiene dentro de sí a ese Mozart infantil que hace un manejo feliz de todas las situaciones y que a la vez es misterioso y esotérico. Quizás el montaje de esa pieza que más recuerdo es el de la Opera de París, por lo extraordinario. Quien escucha a Mozart por primera vez, automáticamente, comienza a tararear la melodía como si ya se la supiera. Uno queda en un estado de ánimo profundamente placentero, casi se podría decir que se consigue esa paz interior similar a la que se busca con la meditación; es un descanso mental. Y no me refiero a un ‘viaje’ espiritual que muchos construyen con imágenes sino a la paz que tiene que ver, más bien, con ese estar conforme con uno mismo. Es algo que viene dado por la sola concentración en la belleza de esos sonidos”.
Audiencia sagrada
El señor Manuel Delgado, economista y contador público jubilado del Banco Central de Venezuela, quien se define como un “historiador de las finanzas”, alterna su profesión con la apreciación musical. Su interés en la materia comenzó cuando apenas era alumno del colegio Don Bosco, ubicado en la ciudad de Valencia, Estado Carabobo. “Al terminar la misa el padre Ricardo Alterio, quien era organista, nos ponía a escuchar, a los más interesados, ejecuciones de música sacra. Fue así como posteriormente comencé a interesarme, también, en la música clásica y conocí la obra de Mozart. De este último siempre me ha fascinado esa transparencia melódica, su frescura tan fácil de asimilar por cualquier tipo de audiencia, pero estructuralmente tan compleja. A propósito de ese talento natural que tenía debo acotar que no me gusta como se refleja su vida en la película Amadeus, de Milos Forman; para desmitificarlo se le retrata como un sinvergüenza y yo, por el contrario, pienso que su corta existencia fue muy noble”.
Hasta la eternidad
Parmana Armoogan es una abogada y musicóloga, de ancestros hindúes, que ejerce la docencia en el Instituto Universitario de Música (IUDEM). Según comenta, Mozart está en sus alegrías, angustias y tristezas. “Pertenezco a una familia melómana por naturaleza, por lo cual Mozart llegó a mi vida cuando tuve mi primer piano, a los cuatro años. Lo utilizo mucho para dar conferencias de musicoterapia y poner en práctica eso que se conoce como el Efecto Mozart, la capacidad de ese genio que beneficia nuestra psiquis. Me piden mucho que dicte charlas sobre su vida y yo siempre las inicio citando al novelista y poeta alemán Herman Hesse, quien decía que ‘cuando escuchamos a Amadeus entendemos que la vida sí tiene sentido’. Sus sinfonías, sonetos, sonatas, fantasías y óperas hacen que uno se conecte directamente con Dios. No en vano se dice que ‘la mano del Creador se colocó sobre la ciudad de Salzburgo’, hace 250 años, para hacernos conocer uno de sus hijos más amados. Yo hasta le digo ‘mi bebé’, porque ese espíritu de niño —tan presente en su obra— lo mantuvo hasta sus últimos días. Quienquiera que se defina amante de la música tiene que tener entre su colección de óperas Las bodas de Fígaro y Don Giovanni. Por otro lado, cantar la Misa de coronación es algo que me hipnotiza. Y, por supuesto, he pedido a todos mis familiares, e incluso a mis alumnos, que el día que yo muera me pongan el Réquiem de Mozart. Si nací con él tengo que morir con él”.
El oído para la prosa
“Han debido avisarme que nada es eterno.
Ni el cielo, ni las mañanas.
Hubiese podido aprenderlo en la infancia
mientras me paseaban por los parques.
O cuando
escuchaba, atento, las canciones de cuna.
Alguna maestra prevenida pudo enseñarme
a decir adiós (...)
Ese arte de decir adiós que es tan difícil.
Encontrar la mitad que nos falta, soportar
la gotera que en el baño nunca nos decidimos
a arreglar(...)”
Fragmento de Apuntes para escuchar
el Réquiem de Mozart de Harry Almela.
En su libro Los trabajos y las noches, el escritor Harry Almela incluyó el poema Apuntes para escuchar el Réquiem de Mozart. “Es un texto que habla del deseo de morir por unos meses para luego despertarse en las puertas del Infierno, sabiendo que quedó inconcluso un poema que se estaba escribiendo. Quise imaginarme que igual cosa le sucedió a Mozart en sus últimas horas mientras componía y dejaba sin terminar esa misa. Descubrí que el Réquiem tiene como punto de partida el misario católico, que fue uno de los libritos que me acompañó durante mi atormentada infancia, llena de ángeles y demonios. Resultó que Mozart estaba allí desde siempre en mi vida, y que a través de una larga vuelta por la literatura volvió a llegar hasta mí. Me interesa su aire de libertad, su irreverencia, su alta línea de flotación, el oído total que tanta falta hace para la poesía. Como dice Aquiles Nazoa, el músico ‘tenía una caja de música en el corazón’. También me llama la atención el interés que le prestó al público no precisamente culto, al hombre de la calle de su época a través de sus óperas. No me interesa alimentar el mito romántico de decir que lo escucho cuando escribo. Ni él ni yo nos merecemos una escena así”.
La nota juvenil
Richard Urbano, un joven carupanero ejecutante de viola en la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, reflexiona sobre lo que ha significado el genio de Salzburgo en su vida. “El haber escogido esta profesión se lo debo a mis padres, quienes, cuando ya yo había destrozado muchos corotos en la casa, me pusieron a estudiar teoría y solfeo a ver si canalizaba toda esa energía propia de un joven de 14 años. Con el tiempo esto se transformó en una disciplina tan placentera que me fue atrapando. ¿Y cómo no iba a ser así, si uno se encuentra personajes como Mozart? Es una materia obligatoria para todo músico que ejecute instrumentos de cuerdas. Escucharlo me produce admiración e interpretarlo me llena de orgullo. Además, se dice que tenía suerte con las mujeres, y en eso también me gustaría parecerme a él (risas)”.
A LO BROADWAY
Los días sábado 11 y domingo 12 de marzo, el Ballet Contemporáneo de Caracas junto a la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas presentan —en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño— Amadeus, un espectáculo definido como “gran musical operático al estilo Broadway”. María Eugenia Barrios, directora y fundadora de la compañía explica su inspiración para este montaje. “Parto de la vida de Mozart como ese niño pródigo en las grandes cortes de Europa hasta su creciente frustración como adulto, cuando su inmenso talento es ignorado por sus contemporáneos y rechazado en la corte de Viena por las intrigas de otros compositores de su época como Antonio Salieri. Una vida marcada por la influencia de un padre dominante y exigente. Un réquiem de extraño encargo, el cual sellará la muerte prematura de un genio, cuya música, fuente inagotable de inspiración divina, ha conquistado los corazones de millones de personas a través del tiempo”. Además de la OSMC acompañan al ballet los cantantes Giovanna Sportelli, Cecilia Gómez, Pedro Carrillo, Alexis Heath y Camilo Serrano, todos bajo la batuta del maestro Rodolfo Saglimbeni. Las entradas están a la venta en las taquillas del teatro, así como en Video Color Yamín de Altamira. A este evento le precede una función especial didáctica, dirigida a estudiantes de bachillerato, titulada Amadeus para jóvenes, la cual se llevará a cabo el viernes 10 de marzo a las 10:30 am en el TTC. Los interesados en participar se pueden comunicar a través del 793.6791 l |
pblanco@eluniversal.com
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