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ASDRUBAL “CHEO” HURTADO, JUAN ERNESTO LAYA, LUIS JULIO TORO Y DAVID PEÑA |
La nota infantil de
Ensamble Gurrufío
Tienen 21 años de trayectoria, lo que quiere decir que están en plena juventud. Justamente a esta “edad” los cuatro virtuosos, apelando al juguete que los identifica, vuelven su mirada (y talento) a la infancia. Riqui riqui riqui ran titula su más reciente trabajo discográfico que será lanzado al mercado el próximo 13 de marzo, de la mano del libro del mismo nombre editado por Ekaré. Idalia De León. Fotos: Iván Fraga
La casa del flautista Luis Julio Toro es pequeña. Dicho rasgo no es un impedimento para que ella contenga todo lo que su dueño ha querido que allí esté: Libros, CDs, objetos, muebles, cuadros; todo se agolpa creando un ambiente amigable y acogedor que bien se insertaría en esa tendencia que se ha dado por llamar desorden chic. Un poco en sintonía con las características del espacio, se fue desarrollando el encuentro con los integrantes de la agrupación Ensamble Gurrufío a propósito del lanzamiento al mercado de su más reciente producción Riqui riqui riqui ran, que recoge una importante muestra de canciones como Maríamoñito, Los chimichimitos o Arroz con leche, las cuales pertenecen al cancionero popular latinoamericano y que han acompañado la infancia de varias generaciones de venezolanos.
Los miembros del grupo llegaron a cuenta gotas, y las mismas preguntas se fueron repitiendo a cada uno a medida que se fueron incorporando a la conversación y cuando lo permitía la atención que robaban los hijos más pequeños de los cuatro músicos, quienes también fueron convocados, pues se haría una foto de grupo con los pequeños y porque, en primera instancia, son los niños el punto de partida del nuevo (el número 10) CD de este cuarteto que acopla, más que armoniosamente, el sonido del cuatro, las maracas, el contrabajo y la flauta.
El diálogo empezó con el dueño de casa y uno de los fundadores de la agrupación musical, la cual cumplió —el año pasado— 21 años. “El disco con temas infantiles lo teníamos como proyecto hace mucho tiempo, pero no lo habíamos concretado porque en un trabajo discográfico de música infantil la letra es esencial; en este sentido, no veíamos viable hacer un disco instrumental infantil”. En ese proceso de ir y venir, de encauzar una idea que transitaba continuamente por la mente de los muchachos (ya no tanto) de Gurrufío, la gente de editorial Ekaré les propuso hacer un disco a partir de las canciones incluidas en un libro que estaban preparando y que llevaba por nombre Riqui riqui riqui ran, Canciones para jugar y bailar. Esta invitación fue la que impulsó la iniciativa y los virtuosos se animaron a seleccionar 20 temas de los incluidos en el libro, que en la producción discográfica están interpretados por más de una voz cantante, acompañadas por el talento musical del Ensamble, experiencia que no es inédita en el grupo, pues con el disco Serenata con Gurrufío (2001) ya habían incorporado el trabajo vocal.
Y he aquí que este dos en uno permite a los no tan chicos brindar otra mirada a las canciones con las que se criaron y arrullaron cuando niños, y que hoy cantan a sus hijos, sobrinos o nietos aun cuando se viven tiempos de reggaeton. Esa es la experiencia que ha vivido con sus propios hijos, por ejemplo, el maraquero del grupo, Juan Ernesto Laya, quien llegó a la cita acompañado por su esposa y cuatro vástagos. “Grabando el disco me acordé de todo, de cuando era niño, de mi abuelo cantando todas esas canciones. Disfruté, especialmente, cuando se estaban montando las voces. Cuando le llevé el disco a los niños ellos me preguntaron: ‘¿Y qué es esto papá?’. Les dije: ‘Este es el nuevo CD de Ensamble Gurrufìo’. Ahora no dejan descansar el disco, siempre quieren que lo deje en el carro. Es que algunas de esas canciones las conocen porque se las enseñan en la escuela”, afirma.
Y, efectivamente, esas mamás y papás que suelen cantar una canción infantil mientras bañan, visten y mandan a la escuela a sus hijos, son el público que el cuatrista Asdrúbal “Cheo” Hurtado denomina “cautivo” y a quien, desde su opinión, está primordialmente dirigido el disco: “Creo que esta es una manera de hacer buena música venezolana con un repertorio que ha sido mil veces cantado por un público que no tenía necesidad de escucharlo por la radio. Uno dice que este es un disco infantil, pero en realidad es una producción de la música de nosotros. Los conciertos principalmente son para adultos, y allí vamos a compartir con nuestros hijos y nietos lo que nos enseñaron cuando éramos niños. Son las mismas canciones que ellos están aprendiendo ahora, es verdad, pero yo creo que son más mías que de ellos”.
En todo caso, no se sabe quién va comprar el disco y para quien. Esa es una pregunta que se hace Hurtado sin que probablemente encuentre respuesta. ¿Será el adulto quien lo compre para enseñárselo a su hijo o viceversa? Sin embargo, intenta encontrarla: “Es un disco que tiene como público a la gente de la edad de nosotros, principalmente, lo cual permitirá que en el camino las nuevas generaciones conozcan canciones como Los Maderos de San Juan, por ejemplo. Es un disco que no tiene desperdicio, es muy actualizado, y donde la fusión da cuenta de la riqueza que tienen los ritmos venezolanos”.
Virtuosos en acción David Peña es el contrabajista de la agrupación y uno de los responsables de la producción musical del disco. Llegó solo a la cita pues su única hija ya no puede sumarse al público infantil (tiene 17 años). “A él debes hacerle las preguntas sobre lo relacionado con los arreglos de las canciones”, comentan. “Lo primero que hay que tomar en cuenta en una producción de esta naturaleza —dice Peña— es que la mayoría de los temas son de una musicalización más bien elemental, sencilla, tipo marcha, sería mejor decir. A partir de allí quisimos proporcionarle a las canciones mayor riqueza rítmica y armónica, con el acento en la música popular venezolana”.
Claros ejemplos de esto son temas como Arroz con leche, el cual se reelaboró sobre el ritmo de culo e’ puya (sic), o La pájara pinta, que está hecha en ritmo de gaita. Uno de los responsables de que canciones de antaño se hayan ataviado con sonoridades propias del folclor nacional, y en consecuencia adquirido un nuevo aire, es Gilberto Rebolledo, veterano en estas lides, quien en tiempo récord hizo la mayor cantidad de arreglos. “También contamos con la participación de Alfredo Naranjo, quien por su vinculación con ritmos como el jazz y la salsa otorga un carácter especial a temas como Un elefante se balanceaba o Que llueva que llueva”, destaca Peña.
A la hora de encerrarse en el estudio se hicieron los ajustes necesarios; de hecho, fue el momento en que los niños que hicieron voces y coros (la mayoría hijos de músicos) verbalizaron sus inquietudes sobre cuán lejos y cuán cerca estaba el grupo de transmitir sensaciones. El resultado, en opinión del Ensamble, es que cuando lo escuchan tanto niños como adultos la reacción es positiva.
“Por eso no habíamos arrancado a producir el disco —señala Luis Julio Toro—, por lo complicado, por lo elaborado del proceso. No queríamos excedernos en una complejidad que atentara contra la comprensión, la transmisión de lo que se quiere decir. No podíamos abandonarnos a una simpleza que percibe lo infantil como elemental, todo lo cual nos terminó por corroborar lo que sentíamos y es que, artísticamente hablando, era muy delicado hacer un disco para niños. Aun así, todo el proceso lo disfrutamos mucho, porque el reto, además, era hacer una producción que valiera la pena”.
“Por otro lado —enfatiza Peña— nunca pensamos en el álbum en términos de ventas”. Para cerrar Luis Julio sentencia: “Nosotros no hicimos este disco pensando que era para unos niños, hicimos, más bien, una música para niños con la que nosotros nos sentimos identificados. Es un disco que hicimos con gente cercana, con la que hay afecto, de otra manera no creo que hubiese sido posible hacerlo. Una vez más nos sucedió lo que siempre nos ocurre, que hacemos música que, primero que nada, nos hace profundamente felices, tanto como artistas como personas”.
La posibilidad de escuchar en vivo Riqui riqui riqui ran será más pronto que tarde. Ensamble Gurrufío presentará un espectáculo los días 22 y 23 de julio en el Aula Magna de la UCV, dando así inicio a una gira que los llevará por varias ciudades del país. Junto a ellos se subirán al escenario los integrantes de la Camerata Criolla y el resto de los músicos invitados a participar en el cancionero. l
ideleon@eluniversal.com
| DOS EN UNO |
“Riqui riqui riqui ran, un cancionero con infinitas posibilidades para que solos o acompañados, aquí o allá, sigamos la música de este libro para jugar, cantar y bailar sin parar”, son las palabras escritas por Bartolomé Díaz Sahún, que, a manera de colofón, cierran la edición de este libro que recientemente salió del horno de la mano de Ediciones Ekaré. ¿Pero cómo editar una recopilación de canciones infantiles sin tener la posibilidad de escucharlas? Debió haber sido la interrogante que se planteó la editorial cuando decidió poner en marcha el proyecto de publicar Riqui riqui riqui ran. Por eso el libro incluye no sólo las letras de las canciones, no sólo los acordes para quien desee ejecutarlas, sino un disco que gustosamente produjo Ensamble Gurrufío.
El libro contiene 32 temas muy conocidos en los países de habla hispana, y que se han transmito de boca en boca. Canciones como Riqui riqui riqui ran, Maria Moñitos, Matarile, Arroz con leche, Los pollos de mi cazuela, La pájara pinta o El negrito Con fueron recopiladas por la gente de Ekaré a partir de la idea de Magali Pimentel. Las ilustraciones que acompañan los textos pertenecen a David Márquez, colaborador permanente de la revista Estampas, para quien desarrollar este trabajo le brindó la oportunidad de ofrecer su interpretación muy personal de las letras de las canciones con las cuales estaba familiarizado desde siempre. Márquez, quien recientemente terminó una Maestría en el Edinburgh College of Art, ya había ilustrado libros para Ediciones Ekaré como 10 minutos antes de dormir y Las vacaciones de Roberta, entre otros. |
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