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Zathura
el mejor viaje esta en la imaginacion

A punto de despegar en la cartelera local, esta fantasía estelar concebida por el mismo autor de El expreso polar y Jumanji, pretende rescatar el encanto de las viejas producciones familiares de Hollywood, sin dejar de echar mano a las nuevas tecnologías. Enmar Pérez Garmendia. Los Angeles

No siempre ocurre con los creadores, pero lo primero que cruza la mente mientras el director de Zathura, Jon Favreau, explica su visión del film es que en su caso no hay dudas de que existe —para bien o para mal— una feliz coincidencia entre el producto final y lo previamente imaginado. Es en esa suerte de honestidad, quizás, donde reside el discreto encanto de esta “aventura espacial” de evidente aire retro, cuya historia original es producto de la fantasía de Chris Van Allsburg, el mismo escritor de El expreso polar y Jumanji. Pero más de un talento acompaña a esta producción: la cinta cuenta en su reparto con el siempre bienvenido y laureado Tim Robbins, quien, a pesar de aparecer por escasos minutos en pantalla, asiste a un encuentro con la prensa internacional en Los Angeles. “El tema de Zathura es universal —dice Robbins. Cuando era niño me trasladé a cualquier lugar desde la sala de mi casa. Fui al espacio, fui al lejano oeste, jugué beisbol… Yo vivía para entonces en un pequeño apartamento de Nueva York, pero todo estaba en mi imaginación. Eso fue lo que me atrapó cuando leí el guión. Todo sucede en la casa, y yo creo que de eso se trata la infancia”.

Son los niños, pues, los verdaderos protagonistas de esta historia. Bajo el ala protectora de Robbins aparecen los menores Josh Hutcherson (Walter), Jonah Bobo (Danny) y la talentosa Kristen Stewart (quien hiciera El cuarto del pánico junto a Jodie Foster, ahora en el rol de Lisa). Completa el elenco Dax Shepard (el astronauta).

El relato es simple: dos hermanos de diez y seis años, en constante pelea —nada anormal en vista de la edad y el parentesco—, solos en su hogar y bajo el cuidado de su hermana adolescente, accidentalmente dan inicio a un juego de mesa que terminará transportando su casa a una galaxia “muy, muy lejana”, llena de peligros y amenazantes criaturas. La única manera de volver a su vecindario es concluyendo el juego con sabiduría, por lo que se verán forzados a superar sus diferencias y a trabajar en equipo. Cualquier parecido con Jumanji, ya se sabe, no es pura casualidad, pero Favreau rescata, más allá de la trama, la manera particular de trasladar a la acción uno y otro argumento.

TIM ROBBINS ES UNA “ESTRELLA” FUGAZ EN EL FILM
EL TALENTOSO JONAH BOBO
COMO DANNY
UNA HERMANA CON CORAZON
DE HIELO
PERDIDOS EN EL ESPACIO
LA IMAGINACION ALZA VUELO
EL DIRECTOR JON FAVREAU
EN PLENA ACCION

“El objetivo principal (en Zathura) era hacer una película con el feeling de aquellas de los viejos tiempos de Steven Spielberg. La época de ET, Encuentros cercanos del tercer tipo… Quería que fuera entretenida para los niños, claro está, pero a la par buscaba que los adultos tuvieran la sensación de que ya habían visto ese film cuando eran más jóvenes. Algo así como: ‘¡un momento!, ¡esto es los ochenta!’”, explica el también actor y guionista, quien confiesa que siempre ha hecho largometrajes para divertirse a sí mismo.

Cineasta con duende Tras haberse iniciado como director en la fértil cantera del cine independiente, Favreau se ubicó detrás de las cámaras en Elf (El Duende, 2003), un oportuno tubazo de taquilla que le ha permitido dar un salto a producciones más ambiciosas: “Sentí que sería maravilloso trabajar con efectos especiales, miniaturas, robots, imágenes generadas por computadora, áreas en las que no había incursionado. Después de filmar Elf y saborear algo de ese tipo de producciones, Zathura me pareció el siguiente paso lógico para retarme y crecer como realizador”.

Es obvio que lo ha logrado, pero a pesar de su declarada intención de experimentar con tanto “juguete nuevo”, el uso de efectos especiales se encuentra bastante dosificado en el film.

“Mi finalidad era que las cosas se vieran como si pertenecieran a otra era, ya pasada, y que visualmente conservaran una cualidad táctil. Yo recuerdo cuando vi La guerra de las galaxias cuanto deseaba tener mi propio R2D2”.

Con el fin de alcanzar este propósito, muchos de los objetos y de las criaturas fueron construidos y la mayoría se encontraba en el set durante el rodaje: “Usé efectos digitales, lógicamente, pero para todo había miniaturas, maquetas: la nave, la casa… Es cierto que cuando las ves en pantalla se mueven un poco raro, diferente, no digo que luzcan reales, pero tienen esa cualidad táctil que tanto me interesa, y si se siente falso es en un buen sentido para mí”.

El resultado final, como señala el productor Peter Billingsley, es una equilibrada amalgama entre viejas y nuevas tecnologías que logra otorgarle un look nostálgico a la película.

“El juego fue concebido como aquellos de cuerda de los años cincuenta; quería que luciera como si realmente lo hubiese podido encontrar en el clóset de mi padre —explica Favreau. Las naves se parecen a las de Buck Rogers o Flash Gordon. El robot recuerda a los de El planeta olvidado. Los zorgons (las criaturas más amenazadoras de la producción) guardan semejanza con los viejos dibujos de Frank Frazetta en los libros seriales de John Carter of Mars…”.

“No quiero irrespetar con el comentario al director Jon Favreau —ha dicho el crítico de Entertainment Weekly Scott Brown—, pero yo espero que se dedique a hacer filmes para la familia por un buen rato más. Es bueno en eso y necesitamos mucho de ese tipo de creaciones”. Hollywood, extrañamente, parece coincidir con él. Y esos sí que son predios en los que hace rato la inocencia parece habitar en el espacio. l

 

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