|
Antonio Drija
Un venezolano
en el Cirque du Soleil
Muy pocos saben que desde hace más de dos años este veterano bailarín se encuentra en las filas de una de las compañías más importantes del mundo. En Zumanity, uno de los nueve espectáculos que el Cirque du Soleil actualmente tiene en cartelera, Drija demuestra su talento creativo y sus 30 años de experiencia sobre los escenarios. Idalia De León / Fotos: Natalia Brand
Antonio Drija extrae de su bolso un álbum de fotos y empieza a pasar las páginas. “Nicholas Cage, Ashton Kutcher, Demi Moore, Sandra Bullock, Pamela Anderson, Michael Douglas, Halle Berry, Joan Collins, Patricia Arquette, Sting, Janet Jackson, Jamiroquai, Steve Tyler, Bette Midler, Quincy Jones, Gloria Estefan, Carmen Electra”. Estas son sólo algunas de las celebridades con las que se ha fotografiado, tras bastidores, el bailarín venezolano durante los dos años y medio que lleva actuando en el montaje Zumanity, el atrevido espectáculo que el Cirque du Soleil está presentando en Las Vegas.
La curiosidad sobre lo que se muestra en Zumanity es mucha —lo que se vende del espectáculo es que los actores utilizan atuendos minúsculos o ninguno—, pero también lo es sobre cómo fue que Antonio Drija llegó a formar parte del elenco de una de las compañías —o de los circos sería mejor decir— más importantes del mundo. Drija, el mismo que empezó a los 15 años bailando en el programa Viva la juventud (RCTV), quien durante los ochenta coreografió no pocos musicales de televisión y videoclips, quien junto a su ex esposa (y madre de sus dos hijos), la también bailarina y coreógrafa Anita Vivas, formó a muchos de los bailarines que hoy están tocando las puertas de Broadway, el que coqueteó con el cine (actuó en Bésame Mucho, Fiebre, Ratón de ferretería), y cuya preparación integral incluyó aprender cinco idiomas con los cuales hoy se mueve en la cosmopolita ciudad donde reside, Las Vegas. Cuando se fue a hacer la audición para intentar ingresar al Cirque du Soleil, hubo alguien que le dijo: “¿Cómo vas a hacer esa audición a los 39 años? ¿Tú no te has visto en un espejo?”. Y él le contestó: “¿Y por qué no?”. Hoy Antonio tiene 45 años y es el único venezolano que ha pasado por el Cirque du Soleil en los 21 de trayectoria que tiene el muy famoso grupo canadiense; y es el capitán del elenco de Zumanity, responsabilidad que cada seis meses se rota entre los actores, pero que los directores del espectáculo han dejado en los hombros de Drija en los dos años y medio que lleva el montaje en cartelera.
“Yo mandé mi currículo en 1999 y un año después me llamaron para una audición en Las Vegas. Pagué mi pasaje a duras penas y cuando llegué me encontré con que había como dos mil personas en la audición. Me mandaron a hacer de todo: actuación, baile, pruebas de creatividad, de improvisación y, al final, quedamos seleccionados sólo nueve. Empezamos a abrazarnos, a pegar brincos, aquello parecía el final de un Miss Venezuela, hasta que nos dijeron: ‘Ustedes no pertenecen al Cirque du Soleil. Sólo quedaron preseleccionados. Si alguno de ustedes es elegido en el futuro para sustituir a alguien o porque hay un nuevo show, lo llamaremos’”. La idea de jugar banca para el Cirque du Soleil igualmente alegró a Antonio, quien siguió con sus actividades para ese momento, entre otras cosas, montar, desde Miami, coreografías para intérpretes como Thalía, y para los artistas representados por Emilio Estefan. Tuvo que esperar dos años para que el teléfono repicara nuevamente. Se sometió a otra audición puesto que había pasado mucho tiempo y necesitaban saber en qué condiciones estaba. Para esta oportunidad lo mandaron a buscar a Miami y se fue a la sede del Cirque en Montreal.
“En esta audición siempre sentí que ellos estaban contentos conmigo y yo estaba dando el resto ahí. Me sentí como pez en el agua. No tenía temor, estaba emocionado. El 25 de diciembre de 2000 se comunicaron conmigo y me dijeron: ‘Lo estamos llamando desde El Cirque du Soleil y queremos decirle que tenemos su regalo de Navidad. Ha quedado seleccionado para el nuevo show, le vamos a mandar lo necesario para la visa y tiene que presentarse el 12 de febrero porque empiezan los ensayos, y se tiene que quedar en Montreal por seis meses para la creación del espectáculo que se montará en Las Vegas’. Me mandaron el contrato que es un libraco como la Biblia y firmé”.
¿Por qué enviaste tu currículo al Cirque du Soleil?
“La gente me decía ‘vete para Broadway’, ‘vete para Los Angeles’. Siempre quise pertenecer al Cirque... había visto muchos de sus espectáculos porque desde que los vi por primera vez me dije: ‘yo pertenezco a eso’. Por otro lado, antes de irme a Miami, sentía que no estaba haciendo nada importante. Es verdad que estaba haciendo cosas bellísimas en teatro como De frente a la luz, de Nelson Ortiga; o el musical Concierto Movimiento, Celebremos la vida; y que también hacía publicidad, coreografías, que me estaba yendo bien económicamente, pero artísticamente sentía que no estaba pasando nada más”.
¿Cómo es el proceso de creación en el Cirque...?
“Ellos no te dicen: ‘Tú vas a hacer tal personaje’. Ellos te dicen: ‘Tenemos una idea. Este espectáculo va a ser sobre el amor, la sexualidad, la sensualidad. ¿Qué propones?’. Y en la propuesta de cada día, de cada quien y durante siete meses, va saliendo algo. Es un trabajo en equipo, cada coreógrafo aporta una idea, cada artista propone algo. El director me dijo en una oportunidad que yo tenía mucho carisma: ‘Yo creo que deberías trabajar con el público, de tú a tú con el público’, y les propuse el personaje del gigoló, el cual estoy encarnando. El personaje se llama Antonio, igual que yo, y me inspiré mucho en el venezolano típico, en esos que tienen una mujer hoy, y otra en la tarde. Todo sin caer en lo vulgar, en lo chabacano. Soy la primera persona que el público ve, que intenta seducir a las mujeres del público, a las acróbatas del circo. No bailo mucho en escena, soy más bien un actor que se mueve entre el resto de los actores y de los espectadores. Soy como un común denominador durante toda la obra, aparezco en diferentes momentos y lugares del escenario. Yo trato de enamorar a todo el mundo con mi charm”.
¿Cómo es uno de tus días?
“Me levanto entre 10 y 11 de la mañana. Recuerda que las funciones terminan a las 12 de la noche, así que llego a casa como a la una. Me desayuno y después me voy al gimnasio. Luego duermo una siesta. A veces tenemos ensayos porque el show, como está en cambio permanente, exige ensayar. Después de mi siesta hago una meditación. Es algo que no puede faltar. Es el momento para equilibrar lo que voy a vivir en la noche y lo que realmente soy. El reconocimiento externo, tanto aplauso y tanto bravo, te puede corromper el ego. Cando se acaba la función me voy a casa, ceno algo y estudio lo que hice en la obra. Los lunes tenemos una reunión de elenco en la que hablamos de los cumpleaños, sobre la obra en sí, sobre algún artista que se va, sobre un artista que viene, las despedidas”.
¿Cuáles condiciones requiere un bailarín, un artista, para llegar a donde llegaste?
“Sensibilidad. He aprendido que no hace falta un buen cuerpo. Las limitantes te las pones tú. Los técnicos del teatro me dicen: ‘¿Cómo haces para que después de 1.500 funciones estés como el primer día?’. Y yo les contesto que todo se lo debo a mi profesor de teatro, Nelson Ortega”.
¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje con el Cirque?
“El poder plasmar en un montaje mi experiencia de 30 años. Esa gente tiene lo que yo siempre quise: un grupo profesional, un grupo disciplinado, con mucha ética, que paga bien. Tienen una mística increíble, te cuidan como artista, te respetan, te escuchan. Siempre hay diferencias, claro está, pero en este momento dicen que yo soy el artista que más propone. Además, el Cirque nunca deja de sorprender. Actualmente tienen un espectáculo que se llama K y es uno de los que más me ha impactado por la tecnología que utilizan. La inversión en ese show no fue de 50 millones de dólares, como Zumanity, sino de 300 millones. Ese espectáculo es muy adelantado técnicamente. Creo que a una agrupación de cualquier parte del mundo le hubiese llevado unos 20 o 30 años concebir un montaje de esa naturaleza, pero el Cirque lo logró, está ahí y te lo muestran. Tú miras K te dices: ‘yo no soy creativo’”.
¿Cómo te proyectas en el futuro tomando en cuenta que ya alcanzaste una meta tan importante?
“Mis compañeros dicen que yo soy el último que se va a ir del circo. Ellos me dicen que me ven en el futuro como director artístico. La directora artística me preguntó: ¿Cómo te ves en cinco años?, y yo le dije: ‘en un lugar como el tuyo’. ‘Yo también, pero las tablas todavía no las vas a dejar’, me contestó ella. ‘Tu personaje está muy bien, ha calado bien’. ¿Y cuando me salgan las canas cómo voy a hacer?, le dije. Ella me respondió: ‘Tu personaje se adapta bien a las canas, porque es un gigoló. Además, mientras más viejo te veas más divertido serás porque serás el viejo verde. Dejarás de actuar cuando tú lo pidas”.
¿Te ves regresando a Venezuela?
“No, por ahora”.
¿Cuál es el coreógrafo que más admiras?
“Contemporáneos, muchos, pero por encima de todos está Gene Kelly. Era un adelantado para la época. Hay gente que no se debe morir. El era una de ellos. Uno se pregunta qué estarían haciendo ahora con la tecnología existente”. idleon@eluniversal.com
 |
Zumanity es la obra
más osada del Cirque
du Soleil y Drija tene
un papel protagónico en ella |
|
Zumanity
“Zumanity significa el lado humano del zoológico. Narra una historia de amor. Son todos los tópicos del amor posibles en la historia del mundo”, cuenta Antonio Drija. “Desde el primer beso, hasta el amor senil. El punto es tocar el corazón de la gente, lo cual se logra pasando por el amor gay, lésbico, el amor inocente, el amor por sí mismo. Hay un enano que está enamorado de una mujer preciosa y allí se plantea el amor imposible. Con este espectáculo estamos logrando que cada quien acepte y quiera más a su pareja”. La otra cara del Cirque du Soleil es el eslogan que acompaña el nombre del espectáculo, y es que, ciertamente, es la primera vez que el circo se atreve a realizar un montaje de esta naturaleza. Fue un riesgo que decidieron asumir, lo cual termina por confirmar lo que todo el mundo sabe, que el talento creativo de esta importante agrupación canadiense no tiene límites. “Al principio recibimos muchas críticas porque el show estaba bastante atrevido, pero después fuimos suavizando”, relata Drija. “Ahora está en una línea donde no se pasa ni a lo muy erótico ni a lo muy vulgar. Es muy sugerente. Cuando me ha tocado ver el show como espectador hay momentos en los que lloro, y al final digo qué bello es el amor. Eso es lo que me queda a mí”.
La inversión fue de 50 millones de dólares y hay 50 personas en escena. El espectáculo dura dos horas y media, y durante los dos años y medio que lleva en cartelera las dos funciones diarias se han presentado a sala llena en el teatro New York, New York de Las Vegas. Actualmente el Cirque du Soleil tiene en escena nueve espectáculos en el mundo, de los cuales cuatro se presentan en la ciudad de Las Vegas.
¿Qué público va al show?
“De todo tipo. He visto gente de hasta 80 años y parece ser que es el que más disfruta del espectáculo”. |
Ver también en Encuentros:
- Zathura. El mejor viaje está en la imaginación
- Un siglo a sus pies |