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Hábito aromático

Después de un día de trabajo el cuerpo merece un momento de descanso y bienestar. El baño, más que una práctica higiénica, debe ser un ritual para consentir la piel y mimar los sentidos. Sáquele provecho al agua. Carolina Quintero

“Agua que no has de beber, déjala correr” y si cae por las vertientes del cuerpo para limpiarlo, refrescarlo, relajarlo o estimularlo, mucho mejor. Desde tiempos muy antiguos el hombre ha estado ligado al agua, y el acto de bañarse ha formado parte de su cuidado personal.

A través de la historia hemos visto cómo diversas culturas hicieron arte y parte de este rito. En Grecia el baño precedía a cualquier ceremonia importante; en Roma se construyeron termas, pequeños espacios destinados al encuentro social, donde las personas se lavaban, se relajaban, recibían masajes y vapor; los árabes, por su parte, inventaron el hammam, baño de vapor. En la Edad Media los baños públicos eran habituales para la plebe, mientras la aristocracia se daba “baños turcos”, costumbre traída de Oriente. Durante el Renacimiento, el uso del agua para asear el cuerpo estuvo de capa caída, y la costumbre de entonces era impregnarse de fuertes perfumes para “tapar” el mal olor corporal.

Hoy en día este ritual tiene otro significado. La importancia concedida al placer ha revolucionado el concepto de baño en todos los sentidos. En primer lugar, al cuarto de baño como tal, y sus implementos: ducha, bañera y grifería elaboradas en metales nobles como oro, plata, acero, porcelana. Asimismo, el área, ya sea amplia, ventilada, iluminada o un espacio pequeño, pero funcional, según el gusto y el presupuesto. Lo fundamental es que adquiera ese toque de terreno sagrado del hogar, donde poder recobrar la privacidad y entregarse al bienestar.

Igualmente sucede con las líneas de baños. Casi todas las firmas cosméticas han hecho suya la aromaterapia y han extraído los mejores principios activos para crear fórmulas novedosas, de texturas agradables y aromas exquisitos. Productos que, además de limpiar, ayudan a combatir la fatiga, a revitalizar, tonificar, dinamizar y relajar tanto la piel como los sentidos. Todo un placer de sensaciones olfativas que favorecen sentirse bien consigo mismo y, lo que es mejor, disponer de un momento de belleza, lujo y refinamiento que puede disfrutarse todos los días.

TIPS:
1.El agua cuanto más caliente
más deshidrata la piel.

2.Es un mito que el agua y el jabón sequen la piel. Todo lo
contrario, pueden estimular las glándulas sebáceas —humectantes naturales de la piel— a producir más sebo.

3.Bañe el busto con agua fría
al finalizar la ducha, refuerza
la tonicidad de la piel.

Vitalidad líquida
La higiene diaria de la piel forma parte de cualquier plan de belleza, y el agua es su principal aliado. El propósito es eliminar las impurezas (células muertas, polvo, sudor o sebo), proporcionar una agradable sensación física, y a la vez, prevenir contra las infecciones. Además, prepara la piel para recibir los tratamientos.

El agua, aparte de limpiar, también tiene un alto poder terapéutico y dinamizante, mucho más cuando sale a presión: es toda una cura de vitalidad. Bañarse bajo la ducha impide que se pierda tanta hidratación de la piel, debido a que el contacto con el agua es menos prolongado. Además, tonifica los músculos y despierta los sentidos. Al estar de pie, los fluidos drenan las articulaciones, el rostro y la parte superior del cuerpo, estimulando la circulación sanguínea y luchando contra la retención de líquidos. Efectivamente, es conveniente empezar por introducir los pies e ir subiendo, poco a poco, por piernas, muslos, caderas y cuerpo. Para los brazos, se ha de comenzar con las manos y seguir luego hacia los hombros. El recorrido tiene que ser siempre en dirección al corazón para favorecer la circulación. Si además se utiliza un guante de crin o cepillo de mango con una espuma o gel de baño aromatizante que recorra todo el cuerpo, haciendo énfasis en las zonas que precisan mayor acción tonificante, el disfrute de la ducha será arrollador.

Por otra parte, bajo la regadera también se le puede sacar provecho a una exfoliación facial y corporal; así como también a la aplicación de mascarillas capilares.
En cuanto a la temperatura del agua, la ducha fría es totalmente estimulante y tonificante, ideal para quienes permanecen mucho tiempo sentados; y la ducha caliente es relajante y tranquilizante. Lo recomendable es empezar con una temperatura media, entre 35º y 37º grados centígrados, y finalizar con agua fría. Cierra los poros, vitaliza y reafirma los tejidos. Si se emplea muy caliente, podría sobreestimular, deshidratar la piel o perjudicar algunos capilares sanguíneos.

Plácida inmersión
A lo largo de los siglos el baño de larga duración, en tina o bañera, ha mantenido sus propiedades de ser la vía más agradable de recuperar la energía de un cuerpo cansado, de sosegar los nervios alterados y de combatir el estrés.

Un baño de espuma, cargado de aceites esenciales es una experiencia muy especial y, sobre todo, particular. Es un momento de relajación total: la mente en blanco, la piel sumergida en agua tibia, los aromas penetrándolo todo. Esencias que a través del agua penetran la piel, rozan las terminaciones nerviosas, acarician la nariz y palpan los pulmones. Es el poder de la aromaterapia; el buen efecto que sobre la piel y el organismo, debido al calor del agua, tienen los principios activos de las plantas y los aceites esenciales. Además del placer que proporciona se obtienen beneficios adicionales: se produce una dilatación bascular y se abren los poros, y, por medio de la transpiración, se eliminan toxinas; los músculos se relajan, baja la presión sanguínea, y la respiración se torna profunda y sosegada. Al mismo tiempo se activa el metabolismo celular y se incrementa la humectación de la piel a la par de que se le provee de brillo y sedosidad. Es todo un tratamiento de belleza.

A diferencia de la ducha, lo ideal es disfrutar de estos baños una vez a la semana; claro, en caso de que se tenga bañera o jacuzzi. Es conveniente no permanecer dentro del agua más de 25 minutos, ya que altera el manto hidrolipídico y la piel se reseca. Previamente se recomienda tomar una ducha de agua templada para limpiar el cuerpo con algún gel jabonoso o espuma. Los aceites esenciales más recomendados son el de lavanda, que alivia dolores y tranquiliza el sistema nervioso, y el sándalo, que calma, relaja e induce el sueño, y es adecuado para pieles resecas. Es importante saber que si el agua está por encima de los 40 grados, el baño pierde sus virtudes terapéuticas y sus beneficios se convierten en perjuicios: la piel se deshidrata, los vasos sanguíneos superficiales pueden romperse e, incluso, se puede sentir malestar o mareo; y eso no es lo que se busca. El entorno ideal: velas aromáticas, música antiestrés y la puerta del baño cerrada para mantener las fragancias y el vapor.

Activa humectación
Tras la ducha o el baño, con la piel aún húmeda, lo mejor es aplicar la crema o emulsión hidratante. Ya sea en gel, crema, aceite o loción, según el tipo de piel, se debe colocar mediante suaves masajes ascendentes, desde los pies hasta el torso, y relajarse durante media hora.
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caroquint@hotmail.com

 

BURBUJAS PLACENTERAS
ELLAS

CLARINS
Eau Tranquility Bath & Shower Milk

Combina la acción aromática de las plantas con aceites esenciales.
BIOTHERM
Aquathermale Invigorating Body Wash

Gel que limpia sin agredir la piel, en especial las muy secas y delicadas.

LUX
Exfoliación Luminosa

Combina extractos de perla
con ingredientes humectantes.
THIERRY MUGLER
A*Men Hair & Body

Es a la vez un gel para el cuerpo
y un champú para el cabello.
ELLOS
LACOSTE
Lacoste Essential Shower Gel

Gel para ducha con la misma
fragancia del perfume.
ROGER & GALLET
Perfumed Soap

Estos célebres jabones redondos todo un pequeño lujo cotidiano.

caroquint@hotmail.com

 
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