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Pólvora
Max Haines
Aparentemente, Michael Carneal era un estudiante normal de catorce
años que empezaba en la Secundaria Heath de Paducah, Kentucky. En
realidad, Michael no era un estudiante normal
Durante
el curso escolar 1997, sus padres, religiosos y respetados, empezaron
a notar cambios sutiles en su hijo. Sus notas empeoraron y parecía
sufrir de depresión, pero no había motivo de alarma. ¿Qué chico
de 14 años no tiene sus más y sus menos? Pasar de niño a hombre
nunca es fácil.
Lo que nadie sabía ni podía imaginar eran los horribles pensamientos
de Michael. Quería hacer algo, cualquier cosa, algo que le catapultara
a la fama. Michael, que era de complexión delgada y con frecuencia
objeto de burlas, ansiaba ser respetado como lo eran los atletas
de su escuela.
Poco a poco, se le fue ocurriendo la idea de hacer algo realmente
grande. La idea le pudo venir de The Basketball Diaries, una película
de 1995 protagonizada por Leonardo Di Caprio, en la que el adolescente
rompecorazones, durante una secuencia en sueños, mata a varios compañeros
de clase y después se despierta.
Michael puso en marcha su plan. El día elegido sería un lunes por
la mañana. Sí, el 1° de diciembre de 1997 era perfecto. En principio,
advertiría al fornido Ben Strong para que ese día no dirigiera sus
oraciones en el pasillo. Michael no quería hacerle daño a Ben, un
compañero que le había mostrado cierto respeto.
Michael necesitaba pólvora y sabía donde conseguirla. El señor Wendell
Nace, quien vivía enfrente de la casa de los Carneal, tenía varias
armas que podría robar fácilmente. Se metió por una ventana del
garaje y se marchó con armas y municiones, escondidas en un bolso
marinero. Michael escondió las armas robadas debajo de su cama.
Luego, se le ocurrió entrar en el dormitorio de sus padres y hacerse
con la pistola Smith and Wesson de su progenitor, que también guardó
debajo de la cama. Después pasó el resto de la tarde viendo la televisión
con su madre, su padre y su hermana.
Michael se comportaba de manera totalmente normal. El sábado 29
de noviembre, fue a ver un partido de baloncesto con su padre.
Ese domingo, hizo sus deberes pero se tomó
un poco de tiempo para envolver sus rifles en una manta.
El lunes por la mañana, la señora Carneal le preguntó a Michael
qué era lo que llevaba en ese paquete tan raro. El le explicó que
el gato le había ensuciado las sábanas y que iba a llevar la manta
y las sábanas al lavadero pero, en vez de ello, llevó el paquete
envuelto en la manta hasta el vehículo de su hermana, colocándolo
en el maletero.
Esa mañana en la escuela, cuando su hermana le vio sacar ese bulto
tan extraño, él le explicó que ahí llevaba todo lo necesario para
un trabajo de Ciencias. Otros estudiantes también sintieron curiosidad.
A todos les dio la misma explicación.
Michael entró en la escuela. Sin decir una palabra, dejó caer el
bulto en el suelo, sacando al mismo tiempo una pistola semiautomática
Ruger Mark II de calibre 0,22. El adolescente armado no perdió la
calma en ningún momento. Hábilmente metió un cartucho de balas en
la pistola. Luego, como si hubiera ensayado todo antes, se puso
unos tapones en los oídos. Imitando las series dramáticas que tantas
veces había visto en la televisión, adoptó una posición de tiro
clásica.
Unos cuantos estudiantes que acababan de terminar sus rezos matutinos
pensaron que el raquítico de Michael estaba inventándose algo. Ben
Strong no pudo creer lo que vieron sus ojos cuando Michael empezó
a disparar. Nicole Hadley, de 14 años, recibió una bala en la cabeza.
Jessica James, de 17, en el pecho. En poco tiempo, otros jóvenes
cayeron al suelo bajo un aluvión de balas: Kayce Steger, Melissa
Jenkins, Shelley Schaberg, Kelly Hard, Hollan Holm y Craig Keene.
Ese día la escuela parecía un campo de batalla. Algunos adolescentes
estaban inconscientes. Otros agonizaban, retorciéndose de dolor
y perdiendo sangre. Otros corrían hacia las clases, temiendo por
sus vidas.
En medio de la confusión se oyó una voz. Era Ben Strong, gritando:
"Mike, ¿qué estás haciendo?". Los dos chicos se miraron a los ojos;
ambos eran muy diferentes. Ben era un muchacho religioso que acababa
de dirigir los rezos matutinos en el pasillo momentos antes. Jugaba
de defensa en el equipo de fútbol americano de la escuela. Entonces
estaba frente a frente al enclenque de Michael Carneal, quien le
estaba apuntando directamente con la pistola.
Ben se dirigió hacia él. Le dijo: "Deja la pistola. No dispares
a nadie". No paró de hablar y de avanzar poco a poco. Michael dejó
de apuntarle a su amigo con la pistola. Justo en esos momentos,
Bill Bond, el director, acudía apresurado al lugar donde se producían
los hechos. Inmediatamente, Michael le apuntó con el arma. Entonces,
Ben estaba a tan sólo unos centímetros de Michael. Siguió hablando
hasta que, sin decir una palabra, Michael tiró la pistola. Ben agarró
por las manos al pistolero, que no mostró resistencia. Bill Bond
sigue convencido de que le debe la vida a la actuación de Ben Strong.
Después de la matanza, Michael miró a Ben y le dijo: "Mátame ahora".
El director se lo llevó de allí y lo retuvo hasta la llegada de
la policía.
El
paquete que estaba en el suelo fue examinado por las autoridades.
Contenía dos escopetas de cañón doble de calibre 12, dos rifles
de calibre 0,22 y más de mil balas.
Los jóvenes que recibieron los disparos fueron trasladados urgentemente
al hospital en estado grave. Aunque se tomaron medidas heroicas
para salvarles la vida, Kayce Steer, Jessica James y Nicole Hadley
sucumbieron a sus heridas. Algunos de los sobrevivientes de la matanza
quedaron con lesiones para toda la vida. Melissa Jenkins quedó paralizada
de la cintura para abajo y no se cree que pueda volver a andar.
Shelley Schaberg también sufrió una herida en la columna y sólo
puede usar parcialmente la mano derecha. En total, los dos minutos
de tiroteo de Michael se saldaron con tres muertes y cinco estudiantes
con heridas graves, en unos casos, y leves en otros.
Michael fue juzgado en un tribunal de adultos por tres imputaciones
de asesinato condenable con la pena capital, cinco de intento de
asesinato y una de robo en primer grado. Aunque en Kentucky hay
pena de muerte, no se puede aplicar a los menores de 16 años. La
sentencia máxima a la que se podía someter a Michael era cadena
perpetua sin posibilidad alguna de libertad condicional durante
25 años.
Cuando fue interrogado por psiquiatras, el acusado intentó explicar
los móviles que le habían llevado a cometer estos asesinatos sin
sentido. Dijo que estaba harto de que se rieran de él por su tamaño
y por el falso rumor de que era homosexual. Al principio, pensó
que sólo iba a asustar a sus compañeros, pero poco a poco fue cobrando
fuerza la idea de dispararles.
El 5 de octubre, 10 meses después de la matanza, Michael se declaró
culpable de todos los cargos por enajenación mental. Se presentó
ante el tribunal con un chaleco antibalas para protegerse por si
algún ciudadano se le ocurría tomarse la justicia por su mano.
Michael Carneal fue condenado a la sentencia máxima de cadena perpetua
sin posibilidad de libertad condicional durante 25 años. Podrá gozar
de libertad condicional el 30 de noviembre de 2022, a los 40 años
de edad.
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