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CRÓNICA

CARLA TOFANO

Esa boca es mía

"La boca es la cueva que nos conduce al fondo de un oscuro tragadero
de misterios... es salvoconducto al cielo y pasaporte al infierno"

Si son los ojos ventana del alma, la boca es puerta al placer. El pez muere por la boca, boca hay una sola, en boca cerrada no entran moscas y, no en vano, se dice que uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que explica. El del decir es un camino repleto de enredos, desentendidos y malos entendidos. El del deseo es un sendero plagado de gestos insatisfechos y palabras truncadas. La boca desdice y dice placeres todo el tiempo, aunque se mantenga sellada con bozales y mordazas. Casi a diario me cuestiono, en silencio, asuntos que no replico en voz alta por no perder el rictus indómito que adopto cuando dudo sin separar los labios de mi boca. Casi a diario me interrogo a mí misma desde el más absoluto silencio, porque intuyo la falta de respuestas a mis diletantes interrogantes, y para no pronunciar palabras que puedan encadenarme a mis ideas, casi siempre divagantes, repentinas, fugaces.

Me valgo del silencio que nos hermana justo ahora, para preguntarte: ¿Cuántas veces has caído en los tentáculos del placer sin ser necesariamente feliz? ¿Has cedido tu poder por pretender la quimera de algún anhelo intangible? ¿Cuántas veces has deseado tener otra boca o ser dueño de la boca que deseas para ser otra persona? Si los ojos son arma del alma, la boca es, definitivamente, la cueva que nos conduce al fondo de un oscuro tragadero de misterios. Mi boca es mía. Es diva en mi rostro. Es salvoconducto al cielo y pasaporte al infierno. Mi boca es mía y si bien no siempre puedo usarla para decir lo que pienso o para pedir lo que quiero, ella es cómplice de mis silencios y la aliada más resteada con la que cuentan mis enigmas y mis secretos.

De día o de noche, la elegante reina del asfalto hoy regresa al glamour de antaño y tiñe sus labios de rojo. Las bocas rojas son un dictamen de las reglas en boga, y todos sabemos que aceptar de buen agrado las sugerencias de estilo del decálogo de la moda en uso, le sienta a uno muy bien y se siente de maravilla. Tu boca, mi boca, las bocas, siempre han protagonizado el juego de las formas, por lo que vale la pena rescatar del olvido a la mujer de labios rojo carmín y puchero perfecto. Ava Gardner, Rita Hayworth, incluso la diosa por excelencia de la tentación y el deseo, Marilyn Monroe, apostaron siempre por el rojo pasión y nunca fallaron en su elección. Paloma Picasso, Madonna, Gwen Stefani, son mujeres de elegancia excéntrica y boquitas pintadas de rojo. Poner color en el punto más sensual del rostro es divertido aunque delicado. No pretendes sentirte sobreexpuesta, no quieres sentirte estricta, no quieres parecer un bombón cubierto de parafinado papel Burdeos. Aunque te enamora la idea de encarnar la dualidad de quien es intensamente urbana y al mismo tiempo puede evocar con soltura y clase a las divas del cine de otros tiempos, deseas sonreír sin miedo a que se te noten las costuras. Aunque tu labial sea de una marca ordinaria y te tiemble el pulso producto del estrés y el cansancio, mereces la distinción que seas capaz de imaginar. Tu boca vale su peso en oro.

Cuando apuestas a la perfección impoluta de unos labios teñidos de rojo carmín, te apuntas un diez en romanticismo y sensualidad. Con la boca roja te juegas todas las cartas que llevas bajo la manga, con la intención de revindicar el gesto femenino que sabe potenciar el camino del cortejo y las maneras de la sofisticación. Sólo imagino unos perfectamente delineados y humectados labios color escarlata, si se atreven a dejar huella sin vergüenza. El rojo sólo te lo ganas cuando aprendes a decir con maestría lo que piensas y cuando te atreves a pensar con obcecada independencia. Una boca roja sólo disfruta el silencio cuando aguarda el instante perfecto para dar el contraataque, jamás calla por lacaya subordinación. Apasionados y perfectos, carnosos e ineludibles, unos labios bermellón sólo pueden ser expresión de una mente luminosa, ambiciosa y, a todas luces, elegante.

Nadie merece vivir con miedo, pero la diosa -lúcida, lucida e impecable- que reina en la realidad de hoy, sólo puede permitirse el silencio como una elección deliberada. Mi boca es mía, y mientras mi estuche de maquillaje esté lleno de candor, ilusiones y sueños, mi boca será el gesto que elijo para revindicar mi autonomía. Esta boca es mía y míos serán hasta que la muerte nos separe, los besos que nazcan de ella y los pensamientos que le den sentido a mi razón de ser.

Espléndida, impertinente, intuitiva e imperfecta, esta boca mía, viciosa y virtuosa, es mi camino al fuego del rojo en juego.


 
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