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CRÍMENES MAX HAINES

La sombra
de una duda

Siempre hubo
interrogantes
en torno al
ahorcamiento
de un condenado
debido a la
confesión de
otro hombre
y al horrible
acto que
éste cometió


 

 



 

Era un gélido día de diciembre de 1946, cuando John Rowland observaba fijamente mientras un funcionario de la corte colocaba el tocado negro en la gran peluca del honorable juez Sellers, antes de que éste pronunciara solemnemente la sentencia de muerte. Tras ser encontrado culpable, Rowland moriría en la horca. Los buenos ciudadanos de Manchester, Inglaterra, prosiguieron con sus compras de Navidad. Nadie pensó mucho en la ejecución. Otro criminal reprobable sería ejecutado. Tenían razón respecto del aborrecible malhechor, pero se equivocaban en cuanto
a que la ejecución de Rowland sería algo rutinario.

John Rowland había dedicado su vida al crimen. Entre sus más depravados actos
se encontraba el intento de estrangulamiento de una mujer que era amiga suya en 1927. Por este abominable hecho, Rowland pasó tres años en la prisión. En 1930 contrajo nupcias, pero 10 meses después su esposa murió en el parto. En 1932, Rowland se casó por segunda vez y, en poco tiempo, fue padre de una bebita.
En 1935 fue sentenciado a muerte por estrangular a su propia hija. Sin embargo, sólo purgó 10 años de cárcel.

Al ser liberado se unió al ejército. Rowland fue civil durante sólo tres meses antes de ser acusado del asesinato de Olive Balchin. Dos escolares descubrieron el cadáver de Olive en un área de Manchester destruida por los bombardeos el domingo 20 de octubre de 1946. Cerca de su cuerpo, la policía encontró un tipo de martillo un tanto inusual, generalmente usado en la industria del cuero. Resultó ser el arma homicida. También hallaron una bolsa de papel arrugada que quizás se utilizó para transportar el arma. La víctima fue golpeada en la cabeza con el martillo hasta que murió.

Los detectives inspeccionaron de manera rutinaria las residencias y los negocios del vecindario. Sus esfuerzos se vieron recompensados cuando interrogaron a la mesera Edith Copley, quien estaba empleada en el Queen's Cafe. Ella recordaba haber visto a Olive en el café entre las 10:30 y las 11:00 p.m. la noche del asesinato. Olive estaba acompañada de un hombre que portaba una bolsa de papel alargada.

El vendedor de una tienda, Edward MacDonald, fue a la policía luego de leer los diarios. Recordaba haber vendido un martillo el sábado anterior y haberlo envuelto en una bolsa de papel. También recordaba que el hombre que había comprado el martillo vestía un traje oscuro, corbata y un impermeable color beige.
Al revisar las posadas en el área, la policía localizó a un hombre que le había prestado un impermeable beige a otro individuo que conocía sólo como Rowland.
La prenda no le había sido devuelta. Rowland era bien conocido en la policía
debido a su largo prontuario criminal. Fácilmente le siguieron el rastro hasta
el dormitorio colectivo Services Transit Dormitory, donde lo arrestaron.

Cuando lo interrogaron, Rowland admitió que conocía a Olive desde hacía algunos meses antes de su asesinato, pero insistió en que no tenía nada que ver con su muerte. Lo colocaron en una fila con otros sospechosos y Edward MacDonald y Elizabeth Copley lo identificaron sin lugar a dudas. Otro hombre, Norman Mercer, juró que Rowland era el sujeto al que vio discutiendo con Olive unas 11 horas antes de que encontraran su cuerpo. Rowland, quien vociferaba su inocencia, fue acusado del asesinado de Olive Balchin. Fue encontrado culpable y sentenciado a morir
en la horca.

En la cárcel de Walton Gaol, en Liverpool, se encontraba un tal David John Ware, quien cumplía sentencia por robar dinero del albergue del Ejército de Salvación en Stoke-on-Trent. El 22 de enero de 1947 le pasó un pedazo de papel a un guardia
y le pidió que lo entregara al alcalde de la penitenciaría. La nota decía: "Yo, David John Ware, deseo confesar que maté a Olive Balchin con un martillo en un sitio que había sido bombardeado en Deanesgate, Manchester, el 19 de octubre alrededor de las 10 de la noche. Estuvimos en un cine cerca del estadio Belle-Vue temprano esa noche. No la conocía. Deseo que esto sea usado como evidencia y aceptado como la verdad".

Se enviaron a varios detectives para
que interrogaran a Ware. Éste les dijo
que había conocido a Olive esa noche.
La conoció frente a un cine y la invitó a
ver una función para pasar el tiempo. Cuando salieron, él la había llevado a
un edificio destruido por los bombardeos. Ware afirmó que mientras caminaban tomados de los brazos, Olive hurgó en
sus bolsillos. No le dejó ver que él sabía
lo que ella hacía, pero fue entonces
cuando decidió matarla. "Le propiné
un violento golpe en la cabeza. Ella
gritó, y para acallarla le di otro golpe.
En esa ocasión, sólo murmuró. Tenía
las manos en la cabeza, protegiéndose;
con el segundo golpe cayó al piso y yo
continué golpeándola. La sangre salpicó
como un pequeño rocío. Lo sentí sobre
mi rostro y entonces entré en pánico,
arrojé el martillo y dejé todo como estaba".

John Rowland estaba comprensiblemente extasiado por el giro de los acontecimientos. Sus abogados estaban en el proceso de solicitar una apelación de su condena. Estos trámites se pospusieron hasta el 10 de febrero, de forma que la policía y sus abogados pudieran verificar la nueva y sorprendente información. Por supuesto, interrogaron a Ware. Durante el interrogatorio, mencionó que Olive le había sacado un billete de 10 chelines de su bolsillo. Un billete de diez chelines se encontró en uno de los bolsillos de la víctima. Sin embargo, estaba en el fondo del bolsillo, cubierto por monedas, tickets y cartas. Parecía improbable que una carterista colocara cuidadosamente un billete de 10 chelines bajo estos objetos, pero era posible.

Dado que la vida de John Rowland estaba en juego, se realizó una investigación oficial en torno a la confesión de Ware. Durante esta investigación, Ware dio un giro completo. Declaró: "Mejor lo confieso. Nunca he visto a la tal Balchin en mi vida. No la asesiné. Mi salud no ha estado muy buena desde que estalló la guerra y realmente siento que necesito tratamiento. También pensé que me ponía en la posición de héroe. Quería verme en los titulares. En el pasado quería ser colgado. Valía la pena ser colgado para ser un héroe, dado que no valía la pena vivir esta vida. Lamento haber causado problemas; no me di cuenta de las graves consecuencias que habría si creían en la confesión".

Los tres principales testigos que habían identificado a Rowland no reconocieron a Ware. La investigación oficial concluyó que no había habido ningún error judicial.
El 27 de febrero de 1947, John Rowland fue ejecutado.

Curiosamente, más de cuatro años después de la ejecución de Rowland ocurrió un incidente que nuevamente planteó dudas sobre su culpabilidad. En julio de 1951, Ware, quien ahora estaba fuera de prisión y vivía en Bristol, intentó matar a una mujer totalmente desconocida. La atrajo a un campo abierto, donde la atacó con un martillo que había comprado ese mismo día. La cabeza del martillo se rompió, lo que, sin duda, le salvó la vida a la mujer. Luego huyó corriendo de la escena del crimen. Poco tiempo después, entró en una estación de policía y confesó. Su única explicación del ataque fue que sintió una "imperiosa necesidad" de matar a la mujer. Ware fue enjuiciado por el ataque. Lo encontraron "no culpable por problemas mentales" y lo encerraron en el sanatorio para enfermos mentales de Broadmoor.
El día de los inocentes de 1954, que en la cultura anglosajona cae el primero de abril, David Ware se suicidó ahorcándose.

Traducción: José Peralta. ilustraciones: David Marquez. davidmarquez@cantv.net



 
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