TENDENCIAS
PROTAGONISTAS
-

La sonrisa de
Katherine

- El monitor
- De receta con ...
LA CARACAS DE...
- ¨Vitico ¨
Davalillo
CRÓNICA
-

Esta boca
es mía

MODA
-

Dos bonitas
novedades

GASTRONOMÍA
- Cita imperdible
ENCUENTROS
- Llámalo amor,
si quieres
-

Juan Luis Guerra
El hombre del año

-

Joaquin Cortés
¨Los gitanos
llevamos siempre
una pena¨

-

Longchamp
Llega la tradición
francesa


VIVIR MEJOR
SALUD
- Sonrisa
de comercial
BELLEZA
- Rociate de lujo
BELLEZA
-

En la tina

DECORACÓN
-

Un buen
brochazo

COCINA
- Salsas: Un
cambio de sabor
MASCOTAS
-

Compañeros
a la moda

PUNTO Y APARTE
CRIMENES
HOROSCOPO
HUMOR
MENTE Y ESPÍRITU
CRUCIGRAMA
ARCHIVO
CONTACTENOS
 
 
LA CARACAS DE ...

Vitico Davalillo

"Cada día en el Universitario
era inolvidable "

Uno de los mejores peloteros de la historia tuvo a Caracas como cuna de sus glorias y sinsabores. Con los Leones, fue el ídolo indiscutible de una generación
Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

Tuvo la ciudad a sus pies. Durante 30 años fue uno de los mejores peloteros venezolanos de la historia. Su nombre, "Vitico" Davalillo, es sinónimo del hit, y su imagen, delgada y minúscula, hizo vibrar a la capital noche a noche mientras vistió el uniforme de los emblemáticos Leones del Caracas.

Aunque nació en Cabimas, es un símbolo de esta ciudad, a la que llegó siendo un adolescente durante los años cincuenta. "En esa época, el centro de Caracas era Catia. Allí había de todo", dice. En una primera visita vivió en el Cerro Belén (hoy 23 de Enero), y tras su mudanza definitiva, al ser firmado para jugar como profesional, se alojó en una modesta habitación del Bloque 10 en Las Lomas de Urdaneta, Catia. Durante años, mientras ganaba reconocimiento, subía a un autobús que, tras un interminable recorrido por la ciudad, lo llevaba desde su casa hasta el estadio Universitario para asistir al partido de turno.

"Yo pagaba 'medio' para llegar al estadio, pero me demoraba como dos horas, porque el autobús daba muchas vueltas. Había otro que iba directo, pero costaba un 'real', y para mí era mucha plata", cuenta. De esa forma, gracias al laberíntico paseo del transporte público, Vitico Davalillo conoció la capital que luego se rendiría ante sus hazañas deportivas.

"Nunca pienso en la admiración que pude despertar en la ciudad. Durante toda mi vida sólo me enfoqué en hacer lo que sé hacer: jugar pelota. Si con eso conquisté a la gente… no sé. Sólo quise cumplir con mi trabajo", reflexiona.

Y, en realidad, ése es el sumario de su vida: el beisbol. Incluso cuando tenía un día libre, se iba a alguno de los campos del 23 de enero (terrenos que él mismo ayudó a construir con "pico y pala"), a jugar "chapita" con otros peloteros de su época. Y si acaso querían variar el pasatiempo, en la avenida Sucre hallaban los cines Bolívar y Venezuela. "Allí nos instalábamos a ver películas, porque con una entrada veíamos varias funciones. A veces llegábamos en la mañana y nos daba la noche todavía en el cine", rememora.

Con el tiempo llegó a las Grandes Ligas, donde jugó por 16 años. "Cuando me fui a Estados Unidos tuve que olvidarme de mi ciudad, mi gente y mi familia. Para nosotros era duro, pero era la forma de triunfar en la pelota", cuenta.

Sin embargo, cada año, terminados sus compromisos en el Norte, Davalillo se uniformaba con los Leones para el deleite de la afición. Entonces, luego de tres décadas de actividad en Venezuela, dijo adiós a los terrenos. En 1987, año de su despedida, logró la memorable hazaña de superar los 1.500 hits de por vida. Al final de la temporada dejó el registro en 1.505, récord que permanece vigente y lejos de amenazas. "La noche del 1.500 fue especial, como todas. Es que, para mí, todos los juegos eran especiales. Yo era un profesional, y por eso, cada día en el Universitario era un momento inolvidable", asegura.

Es por ello que aún hoy, al pasar frente al estadio de la UCV, cientos de recuerdos se precipitan a su mente. "Es que allí comenzó y terminó mi carrera. Allí conseguí bastante gloria, y también bastantes sinsabores", afirma.

Actualmente, a sus 71 años, dicta clínicas de beisbol. Y cuando no ocupa su tiempo en eso, se va a una pollera en los alrededores de la Plaza Venezuela, donde pasa sus tardes jugando dominó y tomándose sus cervecitas. Desde allí mira la calle que se convulsiona por los nuevos ídolos del beisbol. Aprecia la congestión que producen los Caracas-Magallanes, y una reflexión asoma sobre lo que fue y lo que será su paso por esta ciudad: "A mí que me recuerden como lo que fui: 'Vitico' Davalillo. No fui más que eso, y tal fue mi aporte a Caracas . Sólo fui 'Vitico' Davalillo".


Asistente de fotografía: Anita Carli


 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso