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Aprenda a descifrar
sus valores sanguíneos

Aunque sólo un médico puede interpretar correctamente los resultados arrojados
por los exámenes de laboratorio, es importante que usted conozca todos los datos útiles que se esconden en un simple trozo de papel y que le permitirán detectar, a tiempo, cualquier problema que pudiera estar latente en su organismo.

María de los Angeles Herrera

A excepcion de los médicos y sus allegados, son pocos los que conocen el significado de tantos valores extraños que pueden resultar de una sencilla evaluación sanguínea. Hemoglobina, glucemia y colesterol se erigen como las determinaciones más conocidas, pero junto a ellas existe una serie de nombres que son difíciles de distinguir. Es importante aclarar que la última palabra siempre la tendrá su médico, pero acá podrá encontrar una sencilla guía que le ayudará a aclarar sus dudas en torno a este tema.

Todo es relativo
William Sánchez Ríos, internista y patólogo clínico, explica que “Un examen es una ‘fotografía’ de la condición bioquímica del organismo en un momento dado”. Debido a que el ser humano orgánicamente nunca se encuentra igual, es completamente normal que esos resultados varíen, en función de los elementos internos y externos que lo afectan. También, factores como el ambiente, el sexo, la edad y el grupo étnico al que pertenece la persona modifican los resultados de los análisis sanguíneos, es por ello que “aunque existen rangos y valores referenciales —añade Sánchez Ríos—, no se puede hablar de valores normales, sino de valores promedio para poblaciones determinadas, porque todo influye. En cuanto al sexo, las actividades bioquímicas y hormonales son diferentes, la edad influye, ya que no es igual el metabolismo en un joven que en un anciano y los grupos étnicos también son importantes, sobre todo en países donde éstos se muestran bien diferenciados”.

Adicionalmente, es fundamental que las personas analicen las condiciones en que fue realizada la evaluación, para tratar de aportar la mayor cantidad de datos al especialista, a fin de que se lleve a cabo una interpretación adecuada. Aspectos como la hora del día en que se practicó el examen, el tipo de alimentos y bebidas que se ingirieron el día anterior, el consumo previo de algún tipo de medicamento e, incluso, la situación emocional del paciente, son elementos que deben ser tomados en consideración.

Los más comunes
El doctor Sánchez Ríos señala que “existen más de 1.350 determinaciones sanguíneas de utilidad clínica”. Por su parte, la licenciada Mariluz Brandt, directora del laboratorio de la Clínica Atías, aclara que “es necesario clasificar los exámenes, de acuerdo con el área de investigación”. Aunque los más comunes son la hematología y la química sanguínea, también existen otros relacionados con inmunología, bacteriología, control de lípidos, virología y parasitología.

Defensas del organismo
Leucocitos: es la cuenta total de glóbulos blancos. Estos incluyen los linfocitos, que son los que producen los anticuerpos; los eosinófilos, que además de acabar con los parásitos, destruyen las células cancerosas; los basófilos, que actúan contra los alergenos; los monocitos, que eliminan células muertas y agentes infecciosos; y los neutrófilos, que protegen al organismo de bacterias y cuerpos extraños.

Los valores de referencia son de 4.000 a 10.000 unidades por milímetros cúbicos (mm3). Si los leucocitos se encuentran elevados podría tratarse de infección, intoxicación, quemadura, enfermedad de la médula, como leucemia o linfoma o, incluso, una simple respuesta al estrés. Por su parte, los valores bajos comúnmente se deben a la presencia de una enfermedad viral, como dengue o gripe, afecciones de la médula ósea o ingestión de algunos antibióticos y analgésicos.

Hematíes: son los glóbulos rojos que transportan el oxígeno desde los pulmones hacia los diferentes tejidos del organismo. El rango es de 4 a 4,5 millones por mm3 en las mujeres, y de 4,5 a 5 millones por mm3 en los hombres. Los valores altos se presentan cuando hay problemas respiratorios, en personas fumadoras y en casos de deshidratación por diarrea, vómito o sudoración profusa; mientras que los valores bajos indican anemia, hemorragia y enfermedad de la médula ósea.

Hemoglobina: es una sustancia orgánica compleja, compuesta principalmente por hierro y proteínas. Es la que transporta el oxígeno dentro de los glóbulos rojos y guarda una estrecha relación con los hematíes, por esto los valores elevados o bajos de ambos hacen referencia a las mismas complicaciones. Los rangos son entre 12.5 y 16.5 gramos por decilitro (g/dl) para los hombres, y 11.5 y 15 para las mujeres.
Hematocritos: es la proporción de glóbulos rojos y plasma dentro de la sangre. Lo ideal es que el valor se ubique entre 36 y 55 por ciento, si la cifra está por encima puede significar deshidratación y pérdida de plasma por traumatismos, como quemaduras, pero si los valores están por debajo pudieran indicar anemia.

Plaquetas: son restos o partículas de células llamadas megacariocitos, producidas en la médula ósea, cuya función es reparar las lesiones del endotelio, promoviendo la formación de coágulos. El rango de referencia es de 150.000 a 450.000 unidades por milímetro cúbico. Enfermedades propias de la médula ósea y hemorragias fuertes pueden aumentar los valores de las plaquetas en la sangre; el descenso también puede implicar la presencia de heridas, enfermedades virales tipo dengue, actividad excesiva del bazo o contacto con tóxicos que afectan la médula ósea.

Cuide lo que dice

¿Cuántas veces usted ha escuchado o pronunciado la palabra glicemia? Esa adaptación del francés glycémie es un completo error, pues el término correcto en español es glucemia, ya que toma letra “u” de la palabra glucosa.
Otro de los errores más comunes
es hacer referencia al perfil 20
como un tipo especial de evaluación que mide ciertas determinaciones sanguíneas, cuando en realidad el número viene dado por la capacidad que tienen las máquinas de los laboratorios para realizar varios exámenes al mismo tiempo. Hoy en día existen aparatos que llevan a cabo, incluso, 40 exámenes
a la vez. Lo correcto, en ese caso,
es hablar de un perfil general.

Problemas alimentarios
Colesterol: es una grasa (alcohol esteroideo insaturado), componente clave de las membranas celulares, hormonas esteroideas y ácidos biliares. El organismo lo obtiene por absorción directa intestinal o por metabolismo del hígado, y circula en la sangre unido a las lipoproteínas. El rango dependerá del tipo de colesterol, si es LDL o malo, la cifra debe ser menor de 100 miligramos por decilitro (mg/dl), mientras que si es HDL o bueno debe superar los 35 mg/dl. Si los valores están altos indica exceso en la ingestión de grasas, regularmente de origen animal; y si están bajos pueden indicar déficit nutricional o daños hepáticos. Su control es relevante para evitar, entre otras afecciones, accidentes cerebrovasculares y/o cardiovasculares.

Triglicéridos: constituyen la forma de almacenamiento de grasa de mayor proporción del organismo (cerca de un 80%), ubicada predominantemente en los adipositos de la dermis y otros órganos, como el hígado. Los triglicéridos tienen dos maneras de estar presentes en el organismo: por absorción intestinal o por transformación de los carbohidratos, a través de un proceso llamado neolipogénesis. El rango varía de 40 a 160 miligramos por decilitro (mg/dl). Los valores altos son característicos de una mala alimentación con predominio de carbohidratos, muy frecuente en personas obesas; pero si están bajos puede indicar déficit de hidratos de carbono o, incluso, daño hepático.

Organos claves
Transaminasas: incluye dos enzimas que revelan el funcionamiento del hígado, la ASAT o Aspartato Amino Transferasa y la ALAT o Alanino Amino Transferasa. Los valores oscilan entre 5 y 40 unidades por mililitro (ASAT) y de 5 a 35 unidades por mililitro (ALAT). La elevación de la ASAT es usada para determinar la presencia de isquemias cardíacas o infartos, y el aumento de ambas se usa como indicador de procesos inflamatorios del hígado.

Creatinina: proteína derivada de la creatina que le da energía a los músculos y se utiliza para evaluar la función renal. Los rangos de referencia están entre 0.2 y 1.5 miligramos por decilitro en la mujer (mg/dl) y 0.4 a 1.8 en el hombre. Los valores altos indican insuficiencia renal, pérdida de masa muscular traumática o ingestión voluminosa de carne; mientras que los bajos indican sobrehidratación y pérdida exagerada de masa muscular, sólo en casos de desnutrición.

Glucemia: el azúcar en la sangre es fundamental para determinar la presencia de diabetes o de algún trastorno de páncreas. Los valores ideales se ubican entre 60 y 110 miligramos por decilitro (mg/dl). En caso de irregularidad, lo más común es que el azúcar esté elevada, lo cual indicaría falla pancreática, intolerancia a la glucosa o diabetes; pero, también, puede tender a la baja en personas que hacen ayunos prolongados o tienen déficit alimentario.

¿Y los minerales?
El cuatro por ciento de los tejidos humanos está formado por minerales, así que ya se imaginará la importancia de mantener el balance en los valores de cada uno de ellos, especialmente del hierro, el calcio, el sodio y el potasio.

Hierro: forma parte estructural de los huesos, de algunos músculos y de la sangre, por ello resulta esencial para darle vitalidad al cuerpo humano. Cuando los valores de este mineral están muy elevados, puede deberse a trastornos en la génesis de la hemoglobina, pero lo más frecuente es que exista una deficiencia, producto de una reducción sustancial en su ingestión, de anemia, pérdida importante de sangre o fallas en el proceso de absorción.

Calcio: es el mineral más abundante dentro del organismo, pues está presente en las estructuras óseas, en la sangre y en diferentes tejidos, como el cerebro y los intestinos. Regula la actividad muscular y la contractilidad cardíaca, por lo que desequilibrios importantes podrían provocar trastornos de funcionalidad neuromuscular. El calcio es uno de los indicadores de la presencia de osteoporosis en las mujeres: sus valores pueden estar muy elevados cuando se está en las fases iniciales de la enfermedad, pero desciende dramáticamente cuando se ha llegado a una osteoporosis avanzada.

Sodio y potasio: ayudan a regular el volumen de agua y sangre que existe en el organismo, gracias a su participación en el proceso de intercambio entre la célula y su entorno. Junto al cloro, conforman los llamados electrolitos, y juegan un papel fundamental para determinar si una persona está deshidratada o tiene algún trastorno en su balance metabólico. l

mherrera@eluniversal.com

 

Fuentes consultadas: http://www.elmundo.es
www.elmundo.es http://fitness.com.mx/medicina0141.htm
http://fitness.com.mx/medicina0141.htm l Revista Vive

 
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