| Apasionados por la pesca
A pesar de que sólo una élite se dedica a esta disciplina por las considerables sumas de dinero que exige su práctica, cada día son más quienes se embarcan en esta aventura que invita a conocer la geografía del país. Raúl Chacón Soto
Venezuela es un paraíso para la pesca. Lo saben los locales y también los extranjeros que vienen en masa para probar suerte en las aguas que bordean estas privilegiadas tierras. Pensándolo bien, no podía ser de otra manera con tanta extensión de costa y con tanto río navegable. Resulta paradójico, pero quizás ha sido puertas adentro donde menos receptividad ha tenido la captura de peces con fines recreativos, lo que seguramente se debe, hay que decirlo, a las considerables sumas de dinero que hay que desembolsillar una vez que la disciplina se toma en serio. En Aguas Extremas, publicación especializada dedicada a los deportes acuáticos, se asegura que sólo aproximadamente 30.000 venezolanos se dedican a la pesca deportiva en el país, si bien agregan que la cifra está en franco ascenso, pues desde hace algunos años “ha aumentado la cantidad de personas que se ha embarcado en esta aventura, que conlleva mucha práctica, dedicación y pasión”.
Claro que es una cifra en ascenso. Probablemente usted mismo ya conozca a un amigo o tenga un pariente que, en su tiempo libre, se dedique a la pesca en compañía de otro igual de aficionado. Quizás no se trate de la gran expedición con todo el equipo necesario, pero siempre está presente el viaje, el encuentro con la naturaleza, en fin, ese pedazo de aventura que puede significar el inicio de una gran pasión.
Datos que corroboran el crecimiento de esta disciplina no faltan. Así lo asegura Gustavo Cabrera, campeón nacional de pesca en agua dulce de 2002 y subcampeón en 2004, y dueño de Arawana Outdoor, una de las tiendas donde los entusiastas seguidores de esta práctica se abastecen. Lo sabe por el crecimiento del número de eventos que la Asociación Venezolana de Pesca programa cada año —antes eran cuatro, ahora son 10—. También por el número de participantes que acude a cada encuentro. “Antes se inscribían unas 25 lanchas, hoy lo hacen más de 60”. Incluso por el número de posadas que se ha construido para atender a la creciente demanda de entusiastas pescadores. “Cerca del río Sinaruco —uno de los mejores para pescar— existen ya 10 posadas, y hace algunos años sólo había tres”. Resalta, para confirmar lo anterior, la reciente inauguración, el pasado diciembre, del resort exclusivo para aficionados a este deporte de nombre Saranda, ubicado cerca de la represa del Guri. “Gente de Canadá ha invertido 30 millones de dólares en este proyecto. Es la más grande inversión realizada hasta la fecha en suelo venezolano, destinada a ofrecer servicio a los pescadores”. Igualmente, que el número de clubes que agrupan a los deportistas ha crecido —son particularmente numerosos en Caracas y en Valencia—, y el de afiliados a cada club también. Varios acontecimientos dan respuesta al porqué de este crecimiento. Algunos son internos, como la crisis económica que ha impedido a muchos venezolanos viajar al exterior con la misma frecuencia de antes; y otros externos, como el paso del tsunami por tierras indonesias. Como lo explica Cabrera, el encarecimiento del dólar ha obligado a muchos venezolanos a hacer turismo interno y, por ende, a descubrir los tesoros escondidos de esta geografía; uno de los más preciados, su increíble oferta de sitios para pescar, ya sea en aguas saladas o en aguas dulces. En cuanto al tsunami, no es secreto para nadie que una gran cantidad de turistas se ha visto obligada a buscar otros destinos; y los que andan buscando excelentes sitios de pesca no tardan mucho en reparar en Venezuela. Así, Los Roques, por ejemplo, no se da abasto para recibir los charters de deportistas atraídos por la pesca del bone fish.
Si todavía quedan dudas de que Venezuela también es tierra de gracia para los amantes de la pesca, Cabrera recuerda algunos episodios de interés, como el que protagonizara el ex presidente de Estados Unidos, George Bush —el padre, por supuesto—, invitado de los Cisneros al Campamento Manaka, en el río Ventuari, quien posee el récord de pavones capturados en una jornada, al sacar de las aguas 114 ejemplares; o como el que estelarizaran el año pasado los seis mejores deportistas del Bass Master —uno de los torneos más importantes de pesca de agua dulce en Estados Unidos—, quienes aceptaron con todo gusto una invitación para pescar, durante toda una semana, en el río Pisimani. “Venezuela es uno de los mejores países del mundo para la pesca. Es el único, dicho sea de paso, donde se pueden capturar las cinco especies de pico más cotizadas: la aguja blanca, la aguja azul, el pez vela, el pez espada y el spear fish. Es toda una hazaña. Se le da el nombre de Fantasy Grand Slam. Sólo lo han logrado en cinco oportunidades. El Grand Slam, que consiste en la captura de cuatro de esas especies —excepto el spear fish—, prácticamente se puede realizar durante todo el año”. Atrapados, con salida. Si a estas alturas está temiendo por la diezma de tanto pez, no se preocupe. La pesca deportiva, desde el año 2000, está completamente imbuida de espíritu ecológico. Ivo De Biaggi —publicista de profesión—, quien tiene casi 14 años dedicado a esta disciplina, explica que se trata de aplicar lo de catch and release (atrápalo y suéltalo). “Durante las competencias los jueces son muy estrictos. El participante debe capturar al pez sin hacerle daño; primero lo saca del agua, lo pesa, se corrobora que está en perfectas condiciones, y se devuelve a su ambiente natural. Lo que se persigue es el enfrentamiento con el animal en condiciones que no le sean tan desventajosas; y en última instancia, de preservar el ecosistema”.
De Biaggi ha sido testigo del crecimiento de la afición por esta disciplina. Explica que, en su caso, como en el de muchos otros, supo de la pesca por un amigo, quien le pidió un día que le acompañase. Recuerda la primera vez que fue al embalse de Camatagua, donde logró capturar un pez de 2 kilos. No había nada qué hacer. No sólo el animal había picado el anzuelo. Pronto empezaría, junto a un grupo de ocho amigos, a recorrer el país buscando los mejores parajes; también a darse cuenta de que necesitaría un bote, y de que había quedado atrapado por siempre en las redes de esta afición. “Es que la pesca es adictiva, una vez que la pruebas, no la dejas”. De Biaggi planifica su vida alrededor de su hobby. Con el grupo que se inició en esta actividad ha conformado una especie de cofradía que suele disfrutar de cualquier temporada libre en mutua compañía. Al río, pues, en vacaciones, algunas veces con los amigos, y otras con la familia. Hasta la temporada decembrina la pasan todos juntos, en una zona del estado Apure que se ha convertido en una especie de paraíso particular del grupo. Claro, ellos devuelven los favores —acampan en tierras privadas—, ayudando a las comunidades vecinas que también suelen prestar apoyo.
También como muchos, De Biaggi sólo se dedica a la pesca por placer. Aunque ha competido, lo suyo es escapar de la rutina diaria, liberarse del estrés que suele atacar a los que ejercen su profesión. Nada como estar allí "en el medio del río, en el medio de la nada", junto a algún amigo o familiar, para sentirse otro, y regresar a la faena completamente renovado. En todos estos años ha cambiado de bote, ha comprado un rústico, y se ha convertido en un gran aficionado a la pesca de pavón... ha visto, ya se ha dicho, cómo crece el número de personas que se dedica a esta práctica deportiva; lo ve en la carretera, lo ve en el mismo paso de chalana —necesario para llegar a ciertos lugares del río—, donde la mitad de los vehículos lleva bote en el techo, y también en los sitios que suelen congregar a los aficionados... ¿A dónde van?. Tanto De Biaggi como Cabrera han nombrado los mismos sitios que parecen ser los más populares entre los aficionados a la pesca: la represa del Guri, el embalse de Camatagua, la represa La Coromoto, Río Verde... pero también han hablado de los ríos de los estados Apure y Amazonas, y, cómo olvidarlo, del río Sinaruco. “Pescar es la excusa perfecta para conocer a la Venezuela hermosa”, ha dicho en algún momento el publicista. Pero son muchos los sitios a los que acuden los venezolanos, y los extranjeros, a la hora de dedicarse a la pesca. En el mismo artículo publicado en Aguas Extremas se habla de algunos de ellos. Así, se menciona que desde Higuerote “parten los navíos a las zonas de Cabo Codera y Chuspa, donde es frecuente el sábalo... Morrocoy sirve como punto de salida hacia la isla de La Tortuga, las afueras de Bajo Grande y las costas profundas del estado Aragua donde suele abundar el jurel”. Bonito es lo que sobra por el cayo norte de Morrocoy, así como no tanto la especie de carite rey, que puede llegar a pesar hasta 25 kilos y que es todo un trofeo en la pesca deportiva. En Los Roques, los más aventureros encontrarán fiera resistencia del pez ratón (bone fish), la barracuda y el atún —de hecho, este archipiélago es considerado uno de los diez mejores puntos del mundo para la pesca deportiva—. Y para no ir más lejos, en La Guaira, se encuentra la zona donde se puede lograr el Grand Slam del que se habló anteriormente. Mientras ese es el escenario en aguas saladas, en las dulces aguas de los ríos una especie domina, y es el mundialmente famoso pavón venezolano.
De pavones... Pescar no ha sido lo mismo para muchos después de haber vivido la experiencia de capturar un pavón. Este pez, propio de América del Sur, habita las aguas de varios ríos venezolanos —y también de algunos embalses—. En Venezuela se encuentran ejemplares de las tres especies mejor conocidas: temensis, ocellaris e intermedia; que difieren en muchos aspectos —tamaño, color, diseño de las franjas que adornan sus costados— pero que comparten el espíritu de fiereza y combatividad que hace de su captura un verdadero reto. “La pesca del pavón es apasionante. Te exige mayor acción, hay que ir tras su rastro, hay que buscarlo. Te internas en el río, lo vas recorriendo... el contacto con el pez es mucho más directo. El pavón es un depredador, y como tal, viene de abajo y a una increíble velocidad salta hacia su presa... Imagínate el momento. Es un animal que puede llegar a pesar hasta más de diez kilos —los que suelen pescarse en aguas estadounidense son mucho más pequeños—. Para su captura tienes que tener una estrategia, usar distintos tipos de señuelos —de superficie, de media agua, de profundidad— dependiendo del momento del día, de la profundidad del río... tras este pez hemos conocido lugares hermosos, es increíble”, explica De Biaggi.
El pavón es, pues, el pez “estrella”, pero en los ríos de este país abundan otras especies: payara —no se come, pero es muy agresiva, y la sensación de pelear con ella es fabulosa, según los pescadores—, caribe, bagre rayado, cachama, y muchas, muchas más. Lo que se necesita. Quien se dedique a la pesca debe saber que, como sucede en muchas otras disciplinas, en la misma medida que aumente la pasión por el nuevo hobby, aumentarán las necesidades en cuanto a equipamiento, con todo lo que ello significa en cuanto a inversión monetaria, lo que en este caso son palabras mayores. Cabrera, como buen dueño de tienda, sabe muy bien de lo que está hablando, y reconoce que, acá en el país, la mayoría de quienes se dedican a esta práctica son de clase media alta o de clase alta. Y es que, para empezar, vale la pena mencionar un detallito: el precio del bote puede llegar a los 30 mil dólares —claro, si es de aluminio, importado—, y muchos de los aficionados preferirán contar con uno grande para ríos caudalosos, y otro pequeño, para los más chicos... ni hablar si se habla de pesca en el mar. De igual manera sucede con los implementos para la pesca. Cañas, carretes, señuelos, los hay de muchos tipos. Los mejores, por supuesto, de precios exorbitantes. Hay que contar con la ayuda de un experto a la hora de escoger lo más indicado, pues hay distintas modalidades de pesca que se adecuan al ambiente —no es lo mismo pescar en mar que en río, y tampoco en un río grande que en uno pequeño— y también al tipo de pez al que se desea atraer y a las condiciones de lucha que se desean establecer. Con todo, el equipo básico —pero muy básico— para quien desee incursionar por primera vez en la pesca puede reducirse a caña, señuelo y carrete, un combo que bien puede llevarse a casa, y al río, por una suma de 200 mil bolívares. De allí en adelante, sólo queda sumar hasta cifras impensables... recuerde que la pesca, como dijo De Biaggi, es adictiva.
rchacon@eluniversal.com
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| Orgulloso con su pavón de 5 kilos pescado en el rio Casanarito |
IVO DE BIAGGI
¿Por qué pesca?
“Es un escape. Mi trabajo es muy
urbano, tienen que ver con el momento, hay mucho estrés.
La pesca es un switch, es una oportunidad para salir
del día a día... y es un sitio de inspiración. Es como una limpieza,
una carga de energía necesaria... para mí ya es una necesidad
física, espiritual y mental”.
¿Un momento mágico?
“La primera vez que fui al Sinaruco. Estaba pescando pavones.
Al rato veo allí mismo, al lado de nosotros, una mancha del tamaño
del bote... enorme, tranquila, inmóvil. Cuando estaba ‘jalando’ el pavón,
la mancha se abalanzó para atraparlo, no lo
logró, pero la impresión
fue mayor... yo nunca había visto toninas en mi vida... pueden llegar
a pesar hasta 90 kilos...”. |
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| Este pavón
fue atrapado
en el Guri |
GUSTAVO CABRERA
¿Por qué pesca?
“Porque es un reto
con la naturaleza. Es el hombre
frente
a su ambiente. Y eso
es muy interesante. Y por el
esparcimiento.
Es muy agradable porque estás fuera de lo cotidiano, de la ciudad. Donde se pesca
no hay comodidades, no hay Internet,
telefonía, baños...
es un campamento, carpas...
uno mismo se cocina... no hay
nada que te eche
a perder
el día, como una mala noticia”.
¿Un momento mágico?
“Compartir con mi familia el
deporte que más me gusta...
con mi papá, con mi hijo,
con mi esposa...
hacerlo
con ellos es mágico”. |
| Equipos |
 Las cañas, así como los carretes, están diseñados especialmente para dos tipos de técnicas: baitcasting y spinning. También se ha desarrollado una fusión de ambas que se conoce como spincasting. Una cuarta técnica, la fly fishing es capítulo aparte, utilizada por pescadores con experiencia.
Las cañas de baitcasting tienen el mango tipo pistola, que es corto, con un gatillo que permite tener buen agarre. El carrete va por encima de la caña. Este es, por lo general, de tambor giratorio; el mejor, pero también el más difícil de manejar.
Las cañas de spinning tienen el mango liso, y el carrete, por lo general, por debajo. Son de tambor fijo, lo que significa que son más fáciles de manejar.
Ambos tipos de caña se clasifican en base a su flexibilidad: ligera, media, media dura y dura. Los equipos de agua dulce deben ser para pesca liviana (hasta 8 kilos). Para pesca de costa —desde una embarcación— se usan equipos medios (entre 8 y 14 kilos). Para pesca de orilla con caña se utilizan las de spinning (entre 3 y 5 metros de alto). Recuerde que todo dependerá del tipo de pesca al que se vaya a dedicar. Por ello es necesario asesorarse bien, y comprar lo que realmente necesite, para no llenarse de equipos que luego tendrá atiborrados en casa. |
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- Nobleza obliga
- Metamorfosis extrema |