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Doble confusión

No son raros los casos en los que un inocente va a la cárcel. Lo raro es que el asesino confiese para liberarlo. Max Haines

NO OCURRE MUY SEGUIDO que una simple riña de bar termina siendo un caso interesante y complicado de asesinato. Así y todo, a mediados del siglo diecinueve, una pelea entre dos grupos temperamentales acabó en un asesinato sangriento. ¿Creería que eran ingleses versus italianos? Por supuesto que sí.

En lo profundo del corazón de Londres, muchos miembros de la comunidad italiana de esa ciudad frecuentaban dos lugares públicos, el Golden Anchor y Bordessa's. Generalmente iban a ambos establecimientos en la misma noche. El Golden Anchor también tenía una gran clientela de ingleses que no se llevaba bien con los hermanos italianos, a pesar de poner sus picos en remojo bajo el mismo techo.

El 26 de diciembre de 1864, Seraphino Pelizzioni, de 33 años, un fabricante de monturas para cuadros, estaba tomando algo en Bordessa’s cuando uno de sus compañeros italianos corrió para avisarle que había una riña en el Golden Anchor.
Seraphino, quien tenía reputación de pacificador, fue rápidamente hasta allí. Entró al local y fue directamente a la sala de juegos. Cuando abrió la puerta, le dieron un salvaje golpe en la cabeza. Allí cayó, medio cuerpo dentro de la sala y medio cuerpo afuera. La sangre corría desde su cabeza.

Apenas consciente, Seraphino sintió como lo arrastraban dentro de la sala y lo depositaban sobre lo que parecía ser otro hombre que yacía en el suelo.
Unos momentos más tarde llegó la policía. Seraphino fue trasladado a la cárcel. Luego de que le quitaran un pequeño cortaplumas, fue acusado de intentar asesinar a Michael Harrington.

Harrington murió en el hospital, pero no sin antes identificar a Seraphino como el asesino. Afirmó desde su lecho de muerte: “El hombre con el bigote fue quien lo hizo. Que Dios lo perdone”.

Otro joven llamado Rebbeck, quien había sido acuchillado, pero no había muerto, fue más contundente cuando enfrentó a Seraphino en la cama del hospital. Dijo: “Ese hombre me embistió”.

Seraphino fue juzgado y fue hallado culpable del asesinato de Michael Harrington. Fue sentenciado a muerte. Su defensa consistía, principalmente, en un testigo: Dominico Cetto, quien afirmó que luego de la pelea en el pub, otro italiano, el primo de Seraphino, Gregorio Mogni, le había dado el cuchillo y le dijo que se deshiciera de él. Cetto lanzó el cuchillo por encima de una cerca dentro del jardín de Bordessa’s.
El cuchillo manchado con sangre fue recuperado. De todas formas, esta evidencia perdió la mayor parte de su peso cuando un oficial de policía dijo haber encontrado otro cuchillo sangriento cerca del Golden Anchor. La defensa no había logrado encontrar a Gregorio, quien había abandonado Londres inmediatamente después de la gran pelea en el pub. Seraphino se quebró luego de que la sentencia fue leída y tuvo que ser sacado de la sala.

La comunidad italiana estaba consternada por el veredicto y la sentencia. Inicialmente sentían que no hubo premeditación por parte de Seraphino y que se le debería haber inculpado por homicidio involuntario y no por asesinato. Además, la participación de Gregorio Mogni al solicitar que Cetto se deshiciera del cuchillo sangriento hizo que apareciera una duda razonable.

Un miembro influyente de la comunidad italiana llamado Negretti estaba convencido de que un hombre inocente iba a ser colgado. Decidió rastrear al huidizo Gregorio Mogni. Negretti pidió y recibió el apoyo del Daily Telegram. El periódico aceptó que había ocurrido un error por parte de la justicia. Le dieron mucha publicidad al caso.
Seis días después del juicio de Seraphino, Gregorio Mogni se confesó en Birmingham y un cura católico romano le aconsejó que se pusiera en contacto con Negretti y le dijera todo lo que sabía sobre la muerte de Harrington. Gregorio contactó a Negretti y se entregó a la policía. Confesó haber acuchillado a Harrington.

Gregorio fue acusado de homicidio involuntario y apropiadamente juzgado. Su propio hermano atestiguó que había visto a Gregorio blandiendo el cuchillo durante la pelea. Otro testigo dijo que luego de la pelea, Gregorio había admitido haber acuchillado “a tres o cuatro de ellos, y uno está muerto”.

Seraphino fue llevado desde su celda para presenciar el juicio de Gregorio. Debemos recordar que era la primera vez que Seraphino había hablado en su defensa frente al jurado. Un acusado no podía ser llevado como testigo en su propia defensa en ese momento en Inglaterra.

La corte estaba llena de espectadores curiosos cuando Seraphino atestiguó. Por primera vez, ellos y el jurado vieron a Gregorio y a Seraphino en la misma sala juntos. Fue una revelación. Eran dos gotas de agua: misma altura, misma complexión morena y el mismo bigote frondoso. Con razón un hombre moribundo y otro seriamente herido habían errado al identificarle. Los dos hombres se veían como gemelos idénticos.

Seraphino contó su historia. El jurado le creyó e inmediatamente halló culpable de homicidio involuntario a Gregorio Mogni. Fue sentenciado a cinco años en prisión.
Sólo quedaba un tema por aclarar. Seraphino todavía tenía pena de muerte y estaba esperando ser ejecutado por un crimen cometido por su primo Gregorio. La fecha de ejecución de Seraphino fue postergada, permitiéndole a las autoridades resolver el dilema. Luego se decidió juzgar a Seraphino por el intento de asesinato de Rebbeck, el hombre malherido que lo había identificado desde su cama.

El juicio fue ridículo, ya que sólo se llevó a cabo para que Gregorio tuviera la oportunidad de confesar haber cometido el crimen desde el banquillo de los testigos. Gracias a su testimonio, sólo le tomó al jurado 10 minutos para hallar a Seraphino inocente.

La comunidad italiana celebró la absolución a través de Londres y toda Inglaterra. Al día siguiente, Seraphino Pelizzioni fue liberado de la prisión. No recibió compensación alguna por su equívoca sentencia. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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