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En estos dias estaba haciendo una fila en
un supermercado, mientras dos personas delante de mí conversaban
animadamente. Lo sorprendente es que hablaban y juzgaban con dureza
a una tercera persona que no estaba presente. Escuchándolas
pensé: Que fácil es juzgar con ligereza a otra persona,
sin habernos colocado en su lugar o sin haberle preguntado directamente
acerca del porqué de su decisión o comportamiento
en un momento dado.
Muchas veces juzgamos y hacemos críticas
sobre el comportamiento y las actitudes de los demás, creyendo
que conocemos las razones por las que actúan de esa manera.
Pero, ¿realmente sabemos lo que están pensando o sintiendo
los demás internamente?
Solemos tener una mala opinión o impresión
de alguien, cuando no es afín con nuestras expectativas y
preferencias o cuando su comportamiento no concuerda con nuestros
valores o prejuicios. Por estas razones nos cuesta tanto respetar
y aceptar las diferencias que tenemos con los demás, al momento
de establecer una relación con ellos. Además, a ciertas
personas les encanta dejarse llevar por su imaginación para
juzgar a otros y lo más grave es que se atreven a compartir
con los demás sus juicios sin ninguna responsabilidad.
A veces nos cuesta respetar y aceptar a otros,
debido a los hábitos que creamos en la infancia para protegernos
contra las experiencias dolorosas que no supimos cómo asimilar
en ese momento. Pero comprender este mecanismo, puede ayudarnos
a ir más allá del juicio para mejorar nuestra relación
con los demás.
En la mayoría de los casos juzgamos
a otros, en función de las experiencias que tuvimos en el
pasado y no por lo que sentimos o interpretamos en el momento presente.
Esto quiere decir, que algunas personas se quedan atrapadas en los
patrones que de forma automática y prejuiciada, emiten un
juicio sin analizar la situación y sin darle muchas veces
la oportunidad a la otra persona de dar una explicación.
Todas las situaciones que vivimos emocionalmente
y con una cierta intensidad nos marcan y se convierten en la información
que usaremos muchas veces de forma automática para interpretar
una situación, sin que nos demos cuenta de ello. Por esta
razon, a veces fluimos llenos de bondad y simpatía hacia
las personas y el mundo, y otras lo hacemos llenos de autocrítica
y hostilidad. Aprender el arte de no juzgar nos ayuda a estar en
paz con nosotros mismos y con los demás.
Cuando confiamos en los demás y los
aceptamos como son sin emitir juicio alguno al dejarnos llevar por
la primera impresión, abrimos una puerta para que todo a
nuestro alrededor mejore.
Claves para no juzgar
Acepta a los demás como son.
Es muy importante recordar que cada uno de nosotros tiene un criterio
y un comportamiento diferente, y esto no significa que no podamos
relacionarnos con ellos. No podemos esperar que los demás
actúen como nosotros queremos que lo hagan.
Encuentra los puntos
en común. Cuando en lugar de fijarnos en las diferencias,
buscamos las características positivas y afines que tienen
los demas, la relación se vuelve más armónica
y enriquecedora.
Piensa en lo desagradable
que es juzgar. Haz la prueba: piensa en una persona que conoces
con alguna característica que no te gusta, mientras lo haces
reconoce la sensación en tu cuerpo... ¿Cómo
te sientes con respecto a esa persona? Verás que tus sensaciones
son negativas. Deja de producirlas.
Recuerda que juzgar
nos deja solos. Cuando emitimos juicios sobre otras personas,
nos quedamos solos y separados de ellas. Si mantenemos una actitud
crítica y negativa llegará el momento en que no podamos
encontrar personas afines con quienes compartir la vida.
Concentra la atención
en ti mismo. Cuando dejamos de fijarnos en lo que hacen los
demás y prestamos más atención a lo que hacemos
nosotros, nos volvemos más asertivos, respetuosos y tolerantes
con nosotros mismos y con las demás personas.
No te dejes llevar por
la primera impresión. Recuerda que muchas veces la
primera impresión que tomamos de una persona está
afectada por nuestros prejuicios. Es importante darle una segunda
oportunidad para que a través de la actividad compartida
y el intercambio de ideas, puedas realmente conocer más de
una persona. Tal vez descubras que tu primera impresión estaba
equivocada.
Aprecia y agradece.
Si aprendes a reconocer y apreciar la diversidad de todo lo que
te rodea, aun cuando sea diferente de lo que esperas, te enriquecerás
como ser humano y en el intento de comprender y disfrutar de las
diferencias sin juzgar, desarrollarás la paciencia y la tolerancia
necesarias. l
maytte@maytte.com
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