 |
| ¿Cómo
detenerlos?
Los expertos instan a los adultos
a ser más estrictos. “Los padres deberían
reunirse y hablar con los directores de las escuelas para
que aborden el asunto. Si el financiamiento de un colegio
dependiera de la solución que se alcance al problema
de esta conducta deshonesta, se mostrarían creativos
muy rápidamente”, dice Josephson.
Si bien el aumento de la supervisión en los colegios
podría ayudar a penalizar a muchos de los que infringen
las normas, la prevención es a fin de cuentas lo más
efectivo. Además, los expertos coinciden en que la
campaña contra las trampas debería comenzar
en el hogar.
Las siguientes son medidas que todo padre debería tomar:
Hablar:
Cerca de 34% de los padres no habla con sus hijos sobre el
hacer trampas, debido a que creen que sus hijos nunca las
harían. Las estadísticas no respaldan este optimismo.
“Los papás tienen que dejar en claro que está
mal tratar de engañar a los profesores y que ellos
se sentirían profundamente decepcionados si sus hijos
lo hacen”, dice Josephson.
Dar el ejemplo:
Vivir con honestidad da resultado. “Hacer trampas para
avanzar en una cola o mentir sobre la edad de los hijos para
entrar al cine y pagar menos son comportamientos que los chicos
pueden captar y usar para justificarse cuando se copian en
el colegio”, dice Foss.
Escuchar al que hace trampas:
Si consiguen a su hijo adolescente haciendo trampas, pregúntenle
por qué lo hizo, y escúchenlo con atención.
Algunas veces un muchacho recurre a la deshonestidad debido
a que presenta una dificultad para el aprendizaje que no ha
sido detectada por un profesional. Igualmente, puede estar
teniendo problemas sociales o emocionales serios en el colegio,
que le impiden concentrarse en sus deberes.
Apoyar al colegio:
“Con frecuencia, los padres desean que se haga cumplir
las reglas cuando quien las ha infringido es el hijo de otra
persona, no cuando lo hacen sus propios hijos”, indica
Marvin Berkowitz, profesora de la Universidad de Missouri.
Sin embargo, los profesores están más dispuestos
a tomar medidas contra las conductas deshonestas si saben
que los padres apoyan completamente la penalización.
Imponer medidas correctivas:
Cuando un estudiante hace trampas sin que haya circunstancias
atenuantes, usted debe imponer una sanción que lo haga
pensar “no vale la pena”. Piense en algo que él
realmente valore, ya sea la posibilidad de prestarle el automóvil
de la familia o de realizar un viaje. Mantenga sus armas.
Cuando usted se muestra firme sobre algo, su hijo lo percibe.
|
¿Sus hijos se copian?
No se apresure en decir que no. Las estadísticas
muestran que el número de alumnos que hacen trampas en los
exámenes va en aumento. Hablemos claramente sobre cómo
detener esta conducta. Wayne Kalyn
Marianne Sullivan se sintió decepcionada,
pero no del todo sorprendida. Cuando Sullivan —profesora de
literatura en Pensilvania— realizó un examen el año
pasado, observó que un estudiante estaba sacando unas notas
de su manga, pensando que no era observado. “Me acerqué
y simplemente le quité el papel”, dice Sullivan. “No
dije nada; él tampoco. El sabía que lo habían
descubierto”.
Posteriormente, Sullivan se reunió
con el estudiante y le hizo la misma pregunta que les hace a todos
los tramposos “pillados”: ¿Por qué? “Me
dijo que se le había olvidado que tenía examen y que
lo recordó demasiado tarde y no tuvo tiempo para estudiar”,
indicó la profesora. El estudiante obtuvo un cero en la prueba,
y se le notificó a los padres.
amentablemente, dice Sullivan, esto dista mucho
de ser un caso aislado. En su liceo, ha visto un constante aumento
de conductas poco éticas de parte de los alumnos.
Las estadísticas nacionales en Estados
Unidos indican una situación similar. Según Michael
Josephson, fundador del Josephson Institute of Ethics, en Los Angeles,
74% de los 10.000 estudiantes de bachillerato entrevistados en 2002
se habían copiado en los exámenes en los 12 meses
anteriores. En otro estudio publicado un año antes por Donald
McCabe, presidente fundador del Center for Academic Integrity de
la Duke University, 74% de los estudiantes de educación media
y 75% de los universitarios admitieron haber empleado medios deshonestos
para obtener mejores notas.
Copiarse no es nada nuevo, por supuesto, pero
se están observando variaciones de alta tecnología
sin precedentes. Hay estudiantes que almacenan información
clave de los exámenes en buscapersonas electrónicos
y luego programan los dispositivos para que les den las respuestas
en modo de vibración. Otros bajan “chuletas”
a sus computadoras de mano y, si quieren compartir sus fortunas,
les envían las respuestas como mensajes de textos a las máquinas
de sus amigos. Hay quienes graban los temas que pueden salir en
los exámenes en casetes justo sobre su música favorita
y escuchan las anotaciones poniéndose unos audífonos
durante las pruebas.
¿Dónde están los profesores?
Podría uno preguntarse. ¿Por qué permiten el
uso de estos dispositivos electrónicos en el salón
de clase? “Muchos profesores no van al ritmo de los acelerados
adelantos en las formas de copiarse”, indica Kathleen Foss,
coautora de libro Student Cheating and Plagiarism in the Internet
Era: A Wake-Up Call. Foss fue bibliotecaria por 31 años
en California. Foss dice que muchos profesores no se han dado cuenta
de que los alumnos pueden hacer trampas con los audífonos
y buscapersonas; en todo caso, no es fácil prohibir el uso
de los artefactos electrónicos pequeños en el salón
de clase. Además, los profesores a menudo usan la hora del
examen para ponerse al día con otras labores y no quieren
hacer el papel de policías. “¿Qué vamos
a hacer, comenzar a registrar de arriba abajo a los estudiantes?”,
se pregunta Foss.
Aunque la epidemia de trampas es preocupante,
la actitud de los estudiantes es mucho más perturbadora para
los profesores y directores. "Muchos de los alumnos ni siquiera
piensan que están haciendo algo suficientemente malo como
para preocuparse”, dice McCabe, profesora de la Rutgers University
en Newark, Nueva Jersey. “Piensan que deberíamos centrarnos
en el panorama global —los políticos y los empresarios—
no en las conductas poco éticas en las escuelas. ‘La
gente hace trampas, asúmanlo’, dicen los estudiantes”.
Los expertos culpan a las escuelas y a los
padres, muchos de los cuales no han sido suficientemente firmes
a la hora de detectar y castigar el acto de copiarse en los exámenes.
“Mucho es lo que se dice de la boca para fuera sobre la importancia
de la honestidad, pero los adultos a menudo sólo se quedan
en eso”, señala Josephson. “Cuando los padres
se dan cuenta de que sus hijos han hecho trampas, deberían
hacer cumplir las normas, no amenazar a la escuela o llamar a un
abogado, como muchos hacen”.
¿Son culpables los padres, en parte,
del aumento del problema al presionar demasiado a sus hijos? “Los
niños que se sienten constantemente presionados por sus padres
para que sobresalgan, para que saquen la máxima nota y sólo
la máxima, también pueden optar por copiarse”,
dice Diane Waryold, directora ejecutiva del Center for Academic
Integrity.
Muchos expertos señalan una razón
más pragmática: la falta de tiempo. “Los muchachos
se inscriben en cursos avanzados, entran a clubes, consiguen empleos
de medio tiempo, juegan fútbol u otro deporte. ¿Cuándo
van a hacer las tareas o estudiar para los exámenes?”,
se pregunta Foss. “Copiarse se convierte de pronto en la mejor
opción”.
También se convierte en la mejor opción
para aquellos estudiantes que sí respetarían las normas
pero que ven a sus compañeros engordar su promedio de notas
con medios deshonestos. Los expertos llaman a esto al efecto dominó
de la trampa. Es similar a la crisis que se observa en los deportes
profesionales: algunos atletas temen que si no toman esteroides
u otra droga ilegal para aumentar su desempeño, quedarán
en desventaja en comparación con quienes lo hacen. “Los
muchachos honestos consideran que tienen que mantenerse a la par
de sus compañeros cuando se trata de las calificaciones”,
indica McCabe. “Entonces, si un grupo de estudiantes decide
copiarse, los otros puede que hagan lo mismo”. l
|