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Una mañana con
Chenoa

No llegó a la final de Operación Triunfo, pero ni falta que le hizo. La gran perdedora de la primera emisión del reality show hispano se ha convertido en uno de sus más exitosos exponentes. Recién llegada a Caracas, permitió que Estampas le acompañara en su primer contacto con una ciudad que ansiaba conocer.
Raúl Chacón Soto.Fotos: Dumont&Regalado

La cita era en el Meliá Caracas. Chenoa baja al lobby con media hora de retraso, pero es que su vuelo ha llegado en la madrugada. De seguro estaría desayunando con todas las de la ley, pues como ella misma se encargaría de afirmar más tarde, ese es un ritual por el que hasta sacrifica horas de sueño, otro placer del que no suele renunciar a gusto. También, quizás, se tomó su tiempo para doblar las sábanas y dejar la cama hecha, un hábito del que no ha podido deshacerse... todavía. En su rostro no se advierten las señales del cansancio: allí están esos ojos pícaros, esa sensual boca, la piel de una joven de 28 años que todavía no acusa el rastro de un exceso. Llega toda de azul y blanco. Luce atractiva, aunque mucho más cuando, ya en la camioneta, se quita la chaqueta para quedarse en una especie de camiseta que resalta las líneas de su cuerpo. La adornan, también, unas muñequeras, un llamativo par de anillos, y el rosario que pende, junto a otras cadenas, de su cuello.

Frente a frente con la cantante, parte toda la comitiva rumbo a San Antonio de los Altos. Allí la esperan en la emisora Máxima 98.5 para hacerle la primera entrevista en el país. Por las ventanillas se pueden apreciar las primeras vistas de Caracas, que despiertan comentarios de admiración no de la cantante, sino de su madre, quien se deja deslumbrar por el Avila. Dice que la montaña le trae recuerdos del paisaje de Mallorca, la ciudad donde vive en España. La hija asiente. Chenoa suele viajar con su familia. Acá lo hace también con el hermano. Sobraban las razones. Llegaban de Argentina, la tierra de sus padres, por lo que la gira empezaba con un fuerte toque emocional, visita a los abuelos incluida. El entusiasmo lo mantienen. Están contentos de estar en Venezuela, un país, según cuenta la propia Chenoa, al que tenía ganas de visitar desde hace mucho tiempo. Ya una vez había tenido que suspender, contra su voluntad, una visita que ansiaba por la calurosa acogida que le brindaban sus fans, a los que ella suele llamar chenoístas. Por eso, cuando le dijeron que tenía unos días libres en medio de la gira que actualmente la lleva por toda España (son más de 80 conciertos), no lo dudó un instante y preparó maletas para venirse a este lado del Atlántico.

Mientras la camioneta serpentea el camino que conduce a San Antonio, la cantante responde con seguridad y rapidez las preguntas del cuestionario que acompaña este trabajo. De pronto, los acordes de un tema de David Bisbal hace que madre e hija se miren y concuerden, en un mudo gesto, que aquel siempre les acompaña. No da tiempo para más, pues se llega a La Cascada rápidamente. Un centenar de jovencitos (la mayoría chicas adolescentes, aunque también algunos del sexo opuesto, niños y adultos) la esperan con carteles en las manos. Chenoa señala a las integrantes de su club de fans. La madre toma la videograbadora y no pierde detalle de lo que está sucediendo. Un pequeñín sobre los hombros de un orgulloso papá llama la atención de la cantante, quien no oculta su agrado al verlo (Chenoa se graduó de educación infantil y por un tiempo trabajó en una guardería). Ya fuera del auto, los saludos y besos no se hacen esperar. Tampoco los autógrafos que reparte sin dar muestras de cansancio. Hay que darse prisa. Arriba la espera el locutor Edgar Quintana, quien ha estado anunciando su visita durante toda la mañana, con pases directos a la estrella desde que se encontraba en la camioneta. Todo está dispuesto para el recibimiento.

Las peticiones son muchas, y no hay lugar para un no. Siempre dispuesta, la cantante asume su rol, mientras la madre sigue, grabadora en mano, cuanto dice y cuanto hace. Chenoa accede a todo lo que se le pide; incluso, a cantar a dúo con Quintana; una sorpresa que éste le tenía guardada para el final. Luego de numerosas llamadas telefónicas, pases a emisoras hermanas, y de algunas respuestas que incluso tocaron el tema de su relación con Bisbal —que no han terminado, que se la pasan muy bien juntos, que lo que sucede es que no les gusta airear su relación frente a los medios—, todo termina con fuertes aplausos.

Ya de regreso a Caracas, y ganada de nuevo la calma y con varios presentes en las manos que más tarde se encargarán de revisar, la cantante se mostró agradecida por los gestos de admiración de sus fans. Dice que su disposición es natural: “Te tiene que gustar. No puedes fingir las 24 horas del días. Yo no finjo, estoy normal, soy sociable. Soy una chica cercana. No quiero que ellos vean que soy distante, porque no lo soy, y no cuesta nada tampoco tratar a la gente de una manera cariñosa”. A tanta admiración sabe ponerla en su lugar. Así lo tuvo claro desde que al salir de la Academia sintió el impacto de la popularidad alcanzada: “Estábamos en schok, no sabíamos bien lo que pasaba, pero en seguida me di cuenta de que todo era un poco mentira... que mucho es la moda. Entonces intento tomármelo todo con normalidad. Lo hago todo de una manera normal, no exagero... me gusta hacer las cosas que hacía antes”. Habla, entonces, de sus pequeños placeres: estar en la casa, leer, escuchar música —le gusta el latin jazz, Ana Belén, Mecano, ópera—, ver películas, salir a cenar. Aunque en realidad no le gusta salir mucho. Ni siquiera tiene tiempo para ir al gimnasio, y eso que le encanta practicar aerobics. “La soledad y el silencio hacen que me relaje, me permiten rebobinar, colocar las cosas en su sitio, ver qué hice bien, intentar darme cuenta de que esa soy yo”.

Una nueva pregunta revela su preocupación primordial en la carrera: “Yo busco el reconocimiento a mi trabajo... ese reconocimiento me lo da la gente de la calle, el público que es el que lo baila, y la pasa bien”. Y ese reconocimiento lo quiere lograr como intérprete y no como compositora, pues, como ella misma dice, casi no compone, y cuando lo hace, lo hace mal: “No me gusta. Si hay canciones mejores que las mías, sería tonto que dijera ‘pongan las mías’. Me gusta mucho la parte de producción, de marketing, esas cosas que sí sé controlar. Igual de importante es un autor que hace una canción que el que la sabe interpretar”.

Ya cerca de Caracas, el trayecto empieza a pasarle factura a la cantante, quien dice que nunca ha podido viajar en auto sin que le asalten mareos. No obstante, quedan ganas para responder unas últimas preguntas: “Soy apolítica... pero los cambios siempre son buenos, eso da una esperanza, pero hay que darle tiempo al tiempo a ver qué pasa”, dice refiriéndose al nuevo gobierno de su país, y agrega, hablando de otras de sus preocupaciones: “la guerra desde luego no fue buena, y salimos todos a la calle para decirlo”. No podían faltar unas palabras acerca de su relación con David Bisbal: “Mi relación es totalmente de admiración y respeto. Somos una pareja muy discreta que no le gusta exhibirse en público. No somos de salir por la ventana para que nos vean y quizás por eso la gente especula, y habla... afortunadamente la prensa española nos ha tratado muy bien. Nos sentimos respetados. Lo que pasa es que quienes entran al juego deben apechugarse a las reglas...”. Chenoa muestra su confianza en sí misma cuando se le pregunta si no le atemoriza que Bisbal se convierta en un nuevo Ricky Martin: “Es un Ricky Martin ya... Pero igual a él le podría atemorizar que yo pudiera convertirme en... ese es un pensamiento bastante machista. Al igual que él tiene mil chicas, yo tengo miles de chicos... ‘¿no te pones celosa?’, me han preguntado, y yo digo, ‘¿por qué no me lo preguntas al revés?’. No quiero parecer creída, es simplemente tratar de cambiar los puntos de vista”.

La chica no puede más. Se recuesta a la madre e, incluso, aprovecha para dormitar en sus piernas. El hambre apremia entre la comitiva, por lo que el vehículo enfila hacia Las Mercedes. Basta que la cantante ponga un pie en la calle, para escuchar su nombre desde la otra acera. Una fan la ha reconocido y le manda sus saludos. Chenoa responde con cariño. Empieza todo de nuevo. l

rchacon@eluniversal.com

No me vengas con ese cuento

¿Qué le agradeces a la vida?
“Hay que agradecerle lo bueno y lo malo. Porque lo malo también acompaña lo bonito y hace valorar mucho lo que es bueno... y también que te da sorpresas, como dice Rubén Blades”.

¿A quién o qué extrañas?
“Extraño mi casa, porque soy muy casera, me gusta mucho estar en mi casa. La sensación de estar tranquila con el pijama y mirando la tele. Extraño a mi papá que no está acá, a mi abuela. Y por supuesto a mi pareja”.

¿Cuál es el principio que nunca sacrificarías?
“No soy hipócrita, no soy mentirosa. Mentiras graciosas sí, pero la hipocresía dura, la traición... esas cosas en el ser humano son bastante feas”.

¿Cuál es el objeto más valioso que tienes?
“No sé. Como estoy acostumbrada a no tener nada y tener de repente tantas cosas, no le doy mucha importancia a lo material... Pero mis dos anillos, mis dos alianzas, no me las quito nunca. ¿Ves que tengo el dedo como deformado de llevarlos puestos? Me asusto cuando no están”.

¿Sin qué no puedes vivir?
“Sin mi familia, sin mi pareja, sin tener paz dentro de mí”.

¿Una rutina indispensable?
“Mi tiempo para desayunar y mis horas de sueño los necesito siempre”.

¿Tu mayor antojo?
“Fumarme un cigarro cuando estoy tomando un café”.

¿El sonido que más odias?
“El del teléfono”.

¿Contra cuál prejuicio has tenido que luchar?
“La incomprensión. Me he sentido muy incomprendida por mi manera de ser. Pero tampoco he querido cambiar porque los demás no me entiendan. Sí he intentado hacerme entender de otra manera, pero sin perder mi esencia. Quizás por ello las chenoístas (sus fans) se sienten muy identificadas, y tengo mucho público gay... cada quien tiene que defenderse como es”.

¿A quién te gustaría leerle el pensamiento?
“A cada persona de quien tengo la sensación de que me miente”.

¿Qué te robarías?
“La inocencia...”.

¿La palabra más hermosa del diccionario?
“Tolerancia es la más bonita”.

¿Tu mayor ambición?
“Labrarme un sitio en el panorama musical. No soy conformista, pero tampoco una ambiciosa. Busco un equilibrio”.

¿De qué hábito te gustaría deshacerte?
“No ser tan maniática; del orden, sobre todo. Hago la cama de los hoteles, doblo las toallas... Como he vivido sola tanto tiempo lo arreglo todo”.

¿Lo más difícil de tener pareja?
“La distancia. Pero es una cosa postiva y negativa”.

¿Qué te pone nerviosa?
“El que no me dejen expresarme. Que hablen sin preguntarme. Que opinen sin saber”.

¿Qué no puede faltar en tu nevera?
“Leche desnatada, hamburguesas de soja, verduras, zumos”.

¿Por qué rezas?
“Yo más que rezar, hablo mucho... generalmente al pobre hombre que está allá arriba lo llaman para pedirle, yo le hablo para agradecerle”.

Un deseo concedido...

¿Qué cambiarías de tu físico?
“(Ríe) Creo que cambiaría de mi mente más que de mi físico: estar más pendiente de agradecer que tengo salud y no de que tengo las caderas gordas o no. Los complejos me los quitaría todos de la mente”.

¿Qué talento extraordinario te gustaría poseer?
“Poder volar, me encantaría... como no me gusta en los aviones, aunque ahora estoy mejorando”.

¿Un libro indispensable?
“Hay muchos. Las novelas de Agatha Christie”.

¿El último CD que has comprado?
“El de Luis Miguel, y me quiero comprar el DVD de Shakira”.

¿Qué le preguntarías a Dios?
“Si él es feliz”.

¿A quién le has pedido un autógrafo?
“A Saviola, un jugador de fútbol argentino que estaba en Barcelona”.

¿Dime un cantante que te gustaría conocer en persona?
“A Withney Houston. Me hace ilusión”.

¿Cuando juega Argentina contra España, por quién vas?
“Ahí tengo el corazón partío... hombre, soy feliz porque cualquier resultado... juego con ventaja”.

¿Por qué venderías tu alma?
“Por salvarle la vida a los que quiero”.

¿El título de tu autobiografía?
“Tirar pa’lante”.

MAQUILLAJE: ELEAZAR VIANI. COORDINACION DE VESTUARIO:
MARY ALVAREZ Y ERICK CORREIA
VESTUARIO: CASABLANCA FASHION GROUP. CORSE: LA PERLA,
PANTALON y SANDALIAS: VERSACE

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