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El clásico
triángulo amoroso

Willis Beach y Margaret Lilliendahl se cruzaban correspondencia en secreto. Max Haines

Era un dia glorioso de otoño del mes de septiembre de 1927 cuando el lechero James Wollman y su ayudante, James Rutherford, pasaron por la entrada del Great Swamp Lane cerca de Nueva Jersey.

Ambos hombres se quedaron atónitos al ver a una mujer alta y delgada corriendo frenéticamente. Sus ropas estaban rotas y su cabello revuelto. La mujer gritaba histéricamente que había sido violada, asaltada, y que su marido yacía muerto en su auto un poco más arriba de la calle.

Wollman y Rutherford siguieron a la dama y se encontraron con el cuerpo de un caballero mayor tirado en el suelo del automóvil.

A los pocos minutos Margaret Lilliendahl contaba a la policía cómo dos hombres saltaron sobre el parabrisas del auto, forzándola a conducir hasta Great Swamp Lane. Una vez que el vehículo había perdido de vista la carretera principal, los dos hombres dispararon a su marido, el doctor William Lilliendahl, en la cabeza. Después la asaltaron, se llevaron todo el dinero de la cartera de su esposo y la dejaron marchar.

La policía interrogó a varios niños que habían visto el sedán azul viajando a alta velocidad por la carretera principal cerca de la escena del crimen.

En el momento del asesinato, el doctor Lilliendahl tenía una precaria salud. En su juventud se había graduado en la Universidad de Pensilvania, donde obtuvo una licenciatura en Derecho antes de aprobar el examen nacional para dedicarse al estudio de la Medicina.

En 1915 abrió un consultorio general al oeste de la calle 42 en Nueva York.
Un día, el buen doctor fue llamado al lecho de la joven Margaret Thompson, quien sufría un dolor de garganta. Margaret, más tarde, se convirtió en la secretaria del ya no tan joven galeno, y poco después se convertiría en la señora de William Lilliendahl.
La salud del doctor no era buena. Los Lilliendahl se trasladaron a la tranquila y pacífica Nueva Jersey. A la hora del asesinato, Margaret tenía 42 años y su esposo cursaba los 70.

El día después de la tragedia más de 100 boyscouts buscaron por los bosques cercanos a la escena del crimen. Tres metros más allá del auto de los Lilliendahl encontraron un anillo de oro que había sido reportado como desaparecido por la señora Lilliendahl. Internándose un poco más en el bosque encontraron la cartera vacía del doctor. El arma asesina, un revólver de calibre .32, nunca fue encontrada.
No se sabe en qué momento los investigadores empezaron a dudar de la historia de Margaret. Todas las teorías se desmoronaron cuando se la llevaron custodiada como testigo material, y sólo la dejaron en libertad después de pagar una fianza de 25.000 dólares. El caso, entonces, alcanzó la página principal de los diarios. Ya no era un asesinato cometido por indeseables, sino un crimen misterioso que conjuraba varias teorías.

La solución más directa ubicaba a Margaret disparándole a su esposo dos tiros. Después había gente que creía que ella había atraído a su marido hacia una zona aislada de la carretera donde un matón a sueldo llevó a cabo su sucio acuerdo.
Parece que Margaret Lilliendahl tenía un amigo. Un granjero llamado Willis Beach, quien había sido visto conduciendo con Margaret en varias ocasiones. Willis, de 58 años, era propietario de un sedán azul, que había sido visto andando a gran velocidad por la autopista justo a la hora del crimen.

Había un problema. Willis no sólo no parecía un criminal, sino que tampoco parecía un amante. Medía exactamente metro y medio y cojeaba al andar. Unos ojos azules tristes y acuosos acentuaban su cara pálida y delgada. Willis no era un bombón, pero también Casanova estaba lejos de ser un hombre hermoso.

Aparece, entonces, la señora Carolyn Tamberlain, una señora desgarbada que atendía la oficina de correos en el pueblo. Carolyn era muy chismosa y había puesto su interés en Willis a través de Margaret.

Aparentemente, Margaret Lilliendahl había estado recogiendo correo dirigido a Peggy Anderson. ¿Y quién había estado enviando este correo? Lo adivinaron: Willis Beach. No sólo eso, Margaret también enviaba correo a Willis de forma regular.

Willis respondía que él estaba felizmente casado y que era un buen amigo de Margaret y del fallecido doctor. Cuando la policía trató de comprobar esta historia descubrió que Willis no era tan santo como se pintaba. De hecho, una vez había sido arrestado por desfalco en Filadelfia, pero las denuncias fueron retiradas cuando devolvió todo.

El 6 de octubre, la policía sintió que tenía suficientes evidencias circunstanciales como para arrestar a Margaret y a Willis y culparles de asesinato. Dos meses más tarde, el sensacional juicio de Lilliendahl comenzó en la pintoresca ciudad de Mays Landing.

Los testigos del fiscal establecieron que sólo se habían encontrado las huellas de Margaret alrededor del auto. Uno esperaría varias huellas de zapatos en las cercanías del vehículo si su historia de dos hombres atacantes fuera cierta.

Un investigador de la policía juró que no se encontraron arañazos o contusiones en Margaret cuando fue examinada  en la comisaría sólo horas después del supuesto ataque. Los detectives dijeron haber encontrado dos mapas de carretera en el bolso de Margaret. Cada mapa tenía marcado el sitio exacto donde se encontraba Great Swamp Lane.

Varios granjeros subieron al estrado, y todos hablaron de la atracción que sentía Margaret hacia Willis. Por supuesto, la señora del correo, Carolyn Tamberlain, fue la más dañina de los testigos.

El Estado también presentó testigos oculares que juraron haber visto a Beach saliendo de la escena del crimen en su sedán azul. Un testigo llegó a decir que Beach había confesado haber matado al doctor Lilliendahl. El fiscal había pintado el cuadro de un clásico triángulo amoroso que había finalizado en asesinato.

La defensa  declaró que los dos lecheros se encontraron con la señora Lilliendahl a las dos de la tarde. Willis Beach fue capaz de presentar una coartada indestructible justo a la 1:15 pm el día del crimen. Una reactuación del crimen, cronometrada desde el punto donde Beach fue visto a la 1:15 hasta la hora en que los lecheros vieron el cuerpo a las dos de la tarde, llevó 45 minutos. Esto creó dudas.

Willis subió al estrado de los testigos y juró que de lo único que era culpable era de ser propietario de un sedán azul. Los abogados de la defensa pudieron presentar cuatro testigos que declararon haber visto el auto con dos hombres situado al principio de la carretera que daba a Great Swamp Lane.

Desafortunadamente, ni Willis ni Margaret pudieron dar una buena razón para explicar sus hábitos epistolares.

Ahí lo tiene, un caso de asesinato dependiendo completamente de evidencias circunstanciales. El jurado tardó 25 horas en alcanzar un veredicto. Ambos fueron declarados culpables de asesinato no intencional voluntario. Cada uno recibió sentencias máximas de 10 años en prisión con trabajos forzados. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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