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Foto: www.shutterstock.com/Jaimie Duplass

¿Es su hijo
HIPERACTIVO?

Este trastorno altera la vida del niño que lo sufre y también la de su familia.
El diagnóstico y un tratamiento adecuado ayudan a normalizar la situación
Por Esther García

Recientemente se ha celebrado en España el II Congreso sobre Hiperactividad, organizado por la Asociación de Niños con Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención. Su objetivo ha sido orientar a padres, educadores y profesionales de la salud en el diagnóstico y tratamiento de este trastorno, que afecta al 5% de la población infantil.

Raúl es uno de estos niños. Tiene seis años, pero actúa como si fuera más pequeño; salta de una actividad a otra sin terminar ninguna, siempre está agitado, le regañan en casa y en el colegio, no hace las tareas, pierde el material, se pelea con los compañeros y su impulsividad le ha ocasionado algunos accidentes serios. Los papás de Eva también reciben quejas del colegio: su profesora dice que no atiende, se levanta, es muy lenta y nunca termina lo que se le pide. Han llegado a plantearse si tiene un problema de audición, porque cuando le hablan parece no enterarse, pero han comprobado que no es así. En realidad, lo que ocurre es que Raúl y Eva sufren TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad).

QUÉ ES Y QUÉ LO CAUSA
El TDAH es un trastorno que afecta al sistema nervioso central y se presenta con aumento de la actividad, impulsividad y/o falta de atención. Sus síntomas son:

Déficit de atención. El niño no se concentra, no entiende las instrucciones, deja las tareas a medias, evita las actividades que suponen esfuerzo mental, olvida las cosas y se fija en detalles intrascendentes y no en lo importante.

Comportamiento impulsivo e hiperactivo. El pequeño mueve frecuentemente manos y pies, se levanta cuando tiene que estar sentado, habla en exceso, no le gustan las actividades tranquilas y es bastante impaciente.

Estos comportamientos se deben a un déficit en ciertos neurotransmisores que hace que las áreas del cerebro encargadas de mantener la atención y controlar los impulsos de movimiento tengan un rendimiento inferior al normal. El TDAH tiene diferentes causas. Se sabe que es frecuente entre hermanos (más en gemelos) y en niños con uno de los padres afectado, lo que indica un componente genético. Además, un estudio danés llevado a cabo entre 21.000 niños observó la relación frecuente entre TDAH y prematuridad o bajo peso al nacer. Y que es más habitual en niños que en niñas (la proporción es de cuatro a una).

Otras investigaciones muestran la conexión entre hiperactividad y aditivos que la activan, aunque no son causa del trastorno. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria advierte sobre estos aditivos (E102, E104, E110, E112, E129, E122, E124 y E211), usados en ciertas chucherías.

Por otro lado, el TDAH suele estar asociado a más trastornos. Según un estudio realizado en Canadá, 53% de niños y 42% de niñas con TDAH tienen, al menos, otro diagnóstico, como problemas de aprendizaje (dislexia, discalculia...), ansiedad, retraso motriz o retraso del lenguaje.

LA IMPORTANCIA DEL TRATAMIENTO
El hecho de que sus síntomas puedan confundirse con la agitación típica de los niños o la simple mala educación hace que el TDAH sea difícil de diagnosticar. Generalmente no se descubre hasta que el pequeño empieza la primaria y muchas veces son los profesores o el psicólogo del colegio los que dan la voz de alarma. El diagnóstico suele realizarlo un neurólogo, un psiquiatra o un psicólogo.
Para que se pueda hablar de TDAH, los síntomas deben producirse en todos los ambientes en los que el pequeño interactúa y a lo largo del tiempo. Además, hay que descartar cualquier patología que pudiese estar detrás de los síntomas.
Una vez diagnosticado, es esencial tratarlo. De lo contrario, puede derivar en problemas como depresión o conducta antisocial. También hay estudios que relacionan el TDAH no tratado con mayor probabilidad de consumo de drogas.

Existen dos tratamientos complementarios: el farmacológico y el psicopedagógico. Los medicamentos utilizados son estimulantes (parece paradójico, pero no lo es, ya que lo que se estimula son esos neurotransmisores que en el hiperactivo tienen una actuación deficitaria). La medicación ayuda a controlar la hiperactividad y a mejorar la atención, pero no basta, ya que sólo disminuye la conducta problemática mientras dura su efecto.

El tratamiento psicopedagógico sirve para enseñar a los padres cómo reforzar las conductas adecuadas y cómo motivar a su hijo. Al niño se le entrena en técnicas de control de la impulsividad, estrategias atencionales, habilidades sociales y solución de problemas.

El tratamiento con fármacos es largo, pero no es para toda la vida: la terapia psicopedagógica logra que el niño aprenda a controlar sus impulsos y a mejorar su atención.


Los niños con TDAH necesitan supervisión CONSTANTE y dedicación, con lo que el problema afecta a toda la familia y es frecuente que ésta se AÍSLE

FAMILIA Y COLEGIO: UNIDOS FRENTE AL PROBLEMA
Conviene que la familia y el colegio mantengan una estrecha comunicación y actúen en la misma línea. Lo primero es no poner etiquetas al pequeño como "desobediente", "despistado"... ya que acabaría asumiendo su conducta como algo inamovible. Es importante trasmitirle la idea de que se confía en él y en sus posibilidades de mejorar y darle, poco a poco, responsabilidades que favorezcan su autonomía. Y como estos niños suelen tener baja autoestima debido a la dificultad para llevar a cabo tareas normales para su edad y a que sufren continuas amonestaciones, hay que reforzar las conductas adecuadas con muestras de cariño. Eso sí, en casa deben existir unas normas claras que el pequeño entienda.

Un último apunte. Los niños con TDAH necesitan supervisión constante y dedicación, con lo que el problema afecta a toda la familia y es frecuente que ésta se aísle, debido a la dificultad que supone mantener a su hijo tranquilo en casa de amigos, en un restaurante... Además, tienen que soportar la censura de otros, que con frecuencia les acusan de no imponer disciplina. Para sobrellevar estas situaciones conviene contactar con asociaciones de padres de niños hiperactivos. En ellas pueden desahogar sus sentimientos con la certeza de que van a ser comprendidos y apoyados.

 

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