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Madrastras

POR LAS
BUENAS
Y POR LAS

MALAS

Estas "madres postizas" que en el imaginario colectivo representan una suerte de hechicera malvada -y a veces lo son-, en la vida real llegan a convertirse en imprescindibles. A ellas va dirigido este pequeño homenaje
Por maruja dagnino


'¿Qué quiere el alma? Ficciones que curen". Esto es lo que dice uno de los fundadores de la psicología arquetipal, James Hillman, argumentando que el alma se cura -y a veces se distrae- contándose una historia que es mejor que la realidad.
Maltratadas por la cultura, las madrastras, en la realidad, son mucho más que aquellos personajes mezquinos y malvados de los cuentos de hadas y de las mitologías, pero estas construcciones que datan desde la antigüedad -arquetipos- han cumplido y aún cumplen una función en la estructuración del alma humana: son una manera de evadir o desplazar el "monstruo" en que se convierten todas las madres del mundo en las cabezas de sus hijos, según la psicóloga argentina Ana Bloj: "Sucede que esa maravillosa madre que cuida, cambia los pañales y, además, cuenta cuentos y todo tipo de relatos fantásticos, por momentos deja de ser suave, dócil y protectora. Los pelos se le erizan, hemos llegado a ver cómo le salían unos enormes cuernos en la cabeza, que aumentaban proporcionalmente a su enojo, del mismo modo en que crecía la nariz de Pinocho en proporción con sus mentiras. Vimos cómo los ojos se agigantaban saliéndose de sus órbitas, le crecían las uñas hasta transformarse en garras. ¡Ya no es mi madre! ¡Es un monstruo devorador!".
Así, "las madrastras de los cuentos permiten al niño descargar en ellas todas las pulsiones agresivas sin tener sentimiento alguno de culpabilidad. La buena, en los cuentos, generalmente ha muerto (¡no vaya a ser cosa que viva y se transforme!)". En este sentido, la dimensión del cuento de hadas invita, pues, a un mundo irreal, explica Ana Bloj, pero no por ello falso.
Según la psicóloga Magaly Villalobos, en la imagen de Hera (la madrastra de la mitología griega que persiguió por siempre a su hijastro Hércules para matarlo) está contenido el aspecto negativo de la maternidad. Como éstas son representaciones del inconsciente, los hijastros también suelen sentirse amenazados por sus madrastras.

Pero el lado positivo de la madrastra es también el de la madre dadora, contenedora y generosa, y si la mujer logra conectarse
con ese lado luminoso y vencer la resistencia natural de los hijastros a entregarse en su regazo, la experiencia será muy enriquecedora, explica Villalobos. "A esta representación de la madre en positivo, Carl Jung la llama nada menos que 'anima', es decir, alma".
En la vida real y, sobre todo, en la época contemporánea en la que todas las familias son reconstituidas, corresponde
a la madrastra, en su rol femenino pleno, ser vínculo y vehículo de un orden afectivo.
Eso, sin embargo, requiere de una gran inteligencia que pasa por entender primero esta pulsión humana que describen los arquetipos, y que, según la psicóloga Magaly Villalobos, tiene que ver con el sentimiento de posesión.
De lo que no se ha hablado lo suficiente es de las madrastras que, en la historia universal, desempeñaron el papel de madre, dieron todo por sus hijastros y gracias a eso, serán siempre recordadas con amor.

 

 

Las "malastras"

Hera
Hera, personaje de la mitología griega, representa el arquetipo de la madrastra en su aspecto más sombrío. Es la esposa de Zeus, y juntos son el matrimonio sagrado del Olimpo, pero ella odiaba a todos los hijos que Zeus tenía fuera del matrimonio, entre los cuales se encontraba Hércules, que estaba llamado a ser héroe. A Hera esa condición de héroe de su hijastro la irritaba profundamente, así que lo persiguió toda la vida para tratar de matarlo. En su afán de castigarlo por "nada", un día le envió unas serpientes para que lo mataran, pero él logró atraparlas.

 

 

 

 

 

Presa de pájaro
Los hermanos Grimm, cazadores de fábulas populares, escribieron varias historias, como Presa de pájaro, en la que la madrastra le corta la cabeza a su hijastro, quien se convierte en pájaro y al final la empuja hacia el molino.
O Hansel y Gretel, en la que se relata la maldad de una madrastra que prácticamente arroja a sus hijastros al bosque: "El hermanito cogió de la mano a su hermanita y le habló así: 'Desde que mamá murió no hemos tenido una hora de felicidad; la madrastra nos pega todos los días, y si nos acercamos a ella nos echa a puntapiés. Por comida sólo tenemos los mendrugos de pan duro que sobran, y hasta el perrito que está debajo de la mesa lo pasa mejor que nosotros, pues alguna que otra vez le echan un buen bocado".

 

 

Medea
La gran hechicera de la mitología griega intentó librarse de Teseo, su hijastro. Egeo, rey de Atenas, propuso matrimonio a Medea, convencido de que ella lograría, con hechicería, concebir un hijo suyo a pesar de su avanzada edad. Y así fue, pero cuando apareció Teseo, quien se identificó como hijo de Egeo, dispuesto a ser reconocido como heredero, ella intentó deshacerse de él, envenenándolo. Teseo la descubrió y Medea tuvo que huir con su hijo a cuestas.

 

 

 

 

 


las de Cenicienta y Blancanieves
Las heroínas de estas hitorias representan, según
la psicóloga venezolana Magaly Villalobos, los arquetipos de las hijastras sumisas y victimizadas, pasivas y dependientes, que, para poder defenderse de sus madrastras, asumen una posición de bajo perfil. Pero estas madrastras ni siquiera tienen nombre en los cuentos. Tal vez no sea necesario, porque sencillamente, como Medea, representan la imagen de la "bruja mala" que reaparece en los cuentos de hadas.

La de "el hombre elefante"
Otra madrastra famosa fue la de Merrick, un caso de la vida real inmortalizado por David Lynch en la película de 1980 El hombre elefante, que protagonizó John Hurt. Merrick, que había quedado huérfano de madre, sufrió, luego, la peor de las desgracias: una madrastra que, estando el niño enfermo a la edad de 13 años, lo arrojó a la calle, obligándolo a "buscarse la vida". Merrick encontró un trabajo liando cigarrillos hasta que su mano derecha empezó a crecer desproporcionadamente. Más tarde iría convirtiéndose en una especie de monstruo.

ISABEL VALOIS
Hija de Catalina de Médicis y Enrique II, se dice que Isabel tuvo sólo amor para su hijastro, el príncipe Carlos, que era hijo de Felipe II y su primera mujer, Manuela de Portugal. El problema era la naturaleza de este amor. La historia de Isabel anda a caballo entre el bien y el mal. Parece que, cuando Carlitos murió misteriosamente (la leyenda cuenta que lo envenenó su padre por celos), el dolor de Isabel fue tan grande que su marido le prohibió llorar.

Las "buenastras"


Margarita
Siendo apenas una niña, Margarita, hermana del rey Felipe IV, El Bello de Francia, se casó en segundas nupcias con el monarca inglés, Eduardo I Pataslargas. A Margarita le tocó infinidad de veces interponerse entre el rey y su vástago, en aras de impedir que el malhumorado monarca lo matara de una paliza. Como era casi contemporánea con los hijastros, solía jugar con ellos con bastante frecuencia e incluso llegaron a conspirar contra el "ogro".

 

 

 

 

Agnes de Mera
Es una madrastra célebre de la historia francesa. Como tercera mujer del rey Felipe Augusto, le tocó criar a su hijo, y jamás distinguió entre él y los propios.


Ana DaVinci
Al padre de Leonardo DaVinci, David Del Piero, quien tuvo a su hijo con una rubia campesina llamada Caterina, se le ocurrió la idea afortunada, en esa época, de llevárselo a su esposa Ana, quien al parecer lo quiso como suyo desde el primer momento en que lo vio. Se dice que ella jamás escatimó en mimos, dinero y dedicación para con Leonardo, quien más tarde habría de recordarla con amor y agradecimiento.
Catalina Parr
La sexta y última consorte de Enrique VIII ya había enviudado de dos esposos antes de casarse con el rey, y es una de las madrastras más memorables de la historia. Reunió a los tres hijos de su marido bajo su égida, se ocupó de su educación intelectual y espiritual, y les colmó de cariño. Tuvo la iniciativa de reconciliar a Enrique con sus hijas, a quienes había declarado bastardas. Incluso, tras la muerte de Enrique, siguió albergando en su hogar a Elizabeth, de quien se dice estuvo a punto de robarle su cuarto esposo, Lord Seymour. A su muerte, Elizabeth lloró, tal vez arrepentida, a quien consideró como una "madre amorosa".


Sara Bush Johnson
Abraham Lincoln tuvo la enorme suerte de contar con una buenísima madrastra cuando murió su madre, siendo él un niño de nueve años. Sara Bush Johnson era viuda, con tres hijos, cuando se casó con el papá de "Abe" Lincoln. Se le conoce como una mujer trabajadora, sensata e increíblemente realista, y alentó a Abraham a que siguiera estudiando. Posteriormente, él reconocería en público cuán grande era su deuda con su madrastra.

 

 

 

Hatshepsut
La faraona egipcia Hatshepsut -la bella Hat- fue obligada a casarse, según los códigos de aquella época, con su propio hermano Thutmosis II, quien ya tenía un hijo del mismo nombre, producto de una relación con otra mujer. Y, a pesar de que la misma Hat tuvo una hija con él, siempre veló por la educación y buena crianza de su hijastro. Pero con la muerte de ella, Thutmosis III ascendió al trono e hizo todo lo posible por borrar el nombre de su madrastra de los anales de la XVIII dinastía de Egipto.

 

La de Juno
En Juno, film ganador del Oscar 2007 para el mejor guión, la guionista (Diablo Cody) introduce el personaje de la madrastra porque, según cuenta la propia Cody, ella misma lo es en la vida real y quería mostrar a esta suerte de madre sustituta, pero "en un sentido positivo". Es así como Juno, la adolescente embarazada protagonista de la cinta, quien decide tener a su hijo, cuenta con esa especie de bendición en la que se convierte la nueva pareja de su padre.

 

 

 

 

 

 

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