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Los colores del arrepentimiento
Max Haines
Charles inició su vida como un delincuente y pretende terminarla como un santo

Charles Gervais era el menor de seis hermanos. Cuando su padre abandonó a toda la familia, él supo que tarde o temprano tendría que valerse por sí mismo. A los 12 años, Charles se fue de su casa y se lanzó a las calles de Nueva Orleáns.
El famoso barrio francés de la ciudad, tan sofisticado para los turistas, es un nido de prostitutas y traficantes de drogas. A Charles no le costó mucho tiempo hacerse un hueco en este mundillo. Cuando aún era un niño, se ganaba la vida robando.
Después, de joven, empezó a consumir LSD y se sometió a la tutela de una prostituta llamada Litha. También dependía del chulo de Litha, aunque Danny era más que un chulo: vendía artículos robados, ejercía de usurero en sus ratos libres y era el artífice de varios robos en la zona de Nueva Orleáns.
Esta ecléctica banda introdujo a Charles al satanismo. Su aquelarre se reunía en cementerios. La mayoría había tomado LSD antes de profanar tumbas, participar en orgías y beber sangre humana.
Con el paso de los años, Charles, quien para entonces era un adolescente, se convirtió en un reconocido miembro de la secta satánica. El adolescente no conocía otra vida. La secta estaba involucrada en tráfico de drogas, películas pornográficas y violencia. Charles participaba en todas estas actividades. Las relaciones sexuales con las prostitutas eran algo cotidiano, igual que el consumo de LSD.
A los 14 años de edad, Charles fue arrestado por robo, declarado culpable y enviado a la cárcel. Poco tiempo después de que saliera de la cárcel, fue arrestado por posesión de drogas y volvió a prisión. En 1987, tras salir de las rejas por segunda vez, volvió a sus lugares habituales en Nueva Orleáns. Ya era mayor. La policía sabía que era un delincuente con antecedentes penales. Ya había dejado de ser el niño gracioso más allá de toda sospecha. Danny, Litha y sus antiguos amigos de la secta le dieron la espalda. Ya no tenía valor.
Charles Gervais tenía un plan. Montaría su propia banda en Texas. Las prostitutas trabajarían para él, y los drogadictos le comprarían la droga. Pero primero necesitaba un capital inicial. La novia de Charles, Thelma, buscaría a los imbéciles a los que robarían y matarían. Luego, se irían a Texas, donde iniciarían su propia secta.
La primera víctima de la pareja sería Andre Daigle, al que se le engañaría para llevarlo al apartamento de Thelma. Después de hacerle tomar alcohol y drogas, sería fácil encargarse de él. Mike Phillips, un amigo, iba a ayudarles a cometer el asesinato.
Todo fue conforme a los planes. Thelma engañó a Andre, emborrachándolo y haciéndole consumir drogas con la promesa de tener relaciones sexuales con él. Su víctima no tardó en perder el conocimiento. Mientras dormía, Charles y Mike se pusieron encima de él con un martillo. Una cosa era planear un asesinato y otra muy distinta cometerlo. Los dos hombres hablaron sobre quién le asestaría el primer golpe. Pasaron unas horas antes de que Mike por fin le pegara un martillazo en la cabeza al hombre dormido. Cuatro veces. Luego le pasó la herramienta a Charles, quien le dio dos martillazos en la cabeza. Andre sollozaba.
Pese a la violencia de los martillazos, el hombre herido seguía respirando. Se cayó del sofá al suelo. El martillo iba de uno a otro. El hombre, indefenso, no paraba de recibir martillazos. Andre se aferraba a la vida, intentando respirar y apartarse de sus agresores. Charles y Mike no habían contado con esto. Les sorprendió el estado de la víctima, pero no mostraron ninguna piedad ni arrepentimiento.
Uno de los hombres agarró una percha de metal y se la puso a Andre alrededor del cuello. Charles se puso encima de la espalda de Andre y saltó varias veces, intentando dejarlo sin aliento.
De pronto, Andre parecía estar muerto. Los dos hombres le quitaron la percha del cuello. Por increíble que parezca, Andre jadeó y se retorció. En un último intento de acabar con su vida, Charles y Mike cortaron el cable de una lámpara e intentaron estrangularle con él. Utilizando el martillo como un torno, retorcieron el cable hasta que se tensó y se rompió. Charles volvió a hacer lo mismo con un grueso cable de una aspiradora. El martillo quedó torcido y el cable bien tirante. Esa vez Andre sí que murió.
Los asesinos envolvieron el cadáver en una cortina grande y lo arrastraron debajo de un sofá de la sala de estar. Luego, se pusieron a limpiar la enorme cantidad de sangre y salieron del apartamento, no sin antes encender el aire acondicionado a toda potencia.
Charles y Mike tenían un problema: el cadáver de Andre Daigle. Después de mucho discutir, decidieron clavarle los brazos y las piernas debajo del sofá. Después, pusieron una sábana por encima del mueble y se lo llevaron en la furgoneta de Andre, arrojándolo en un vertedero a unas siete millas.
Cuando Andre dejó de aparecer por los lugares que solía frecuentar, su hermano, Chris Daigle, dio parte de su desaparición a la policía. Al pasar los días sin noticias de su hermano, Chris fue a ver a una famosa adivina, Rose Marie Kerr, quien le dijo que buscara por los callejones del distrito de Jefferson. Chris y su mujer, Virginia, recorrieron las calles, buscando el vehículo de su hermano. La adivina les había dicho que verían la furgoneta desaparecida el sábado siguiente por la noche.
Justo como había previsto la señora Kerr, Chris y Virginia vieron la furgoneta desaparecida conducida por dos personas el sábado por la noche. Detuvieron un vehículo de la policía. Tras una persecución, Charles Gervais y Mike Phillips fueron detenidos.
Cuando se les preguntó por la furgoneta robada, los dos hombres no tardaron en confesar haber asesinado a su dueño. Así se pudo localizar el cadáver de Andre Daigle. En el juicio, a ambos se les declaró culpables y fueron sentenciados a cadena perpetua.
En la actualidad, Charles Gervais está cumpliendo su condena en el Instituto Correccional Dixon, en Baton Rouge, Luisiana. En la cárcel, Charles, quien practicó el satanismo durante muchos años, volvió a adoptar su fe católica inicial. Se dedicó a pintar cuadros sobre temas religiosos y hoy sus obras se exponen en el Centro de Vida Católica de Baton Rouge.
Charles consiguió una cierta fama a nivel internacional cuando uno de sus cuadros, un retrato de un metro de ancho por casi dos de alto del Papa Juan Pablo II arrodillándose para rezar ante Nuestra Señora de Fátima, fue mostrado en una audiencia general del Papa en la plaza de San Pedro. El Papa lo vio y lo compró en el acto.
Charles Gervais pasará el resto de sus días en prisión.

 
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