|
Hoy sí es verdad que los varones
me van a tener que perdonar. Hoy sí que voy de frente y con
los faroles en una de rendirnos homenaje a nosotras las mujeres.
Sí señor, sin disimulo ninguno ni falsas modestias
ni presuntas pretensiones de falsas igualdades. Lo siento mucho,
pero las mujeres somos lo máximo, y punto. Al menos en un
campo, y mírame nada más de qué campo estoy
hablando.
Hoy quiero hablar de la vaina más extraordinaria
posible. Hoy quiero hablar de esa maravilla que sólo nos
ocurre a nosotras las mujeres. Hoy voy a hablar de estar en estado,
salir embarazada, preñarse, pues. Gestar otra vida es definitiva
e incuestionablemente lo máximo. Y como quiera que es lo
máximo, pero lo máximo de lo máximo, dan ganas
de reírse, de llorar, de bailar, de quedarse quietecita;
en fin, dan ganas de cantidad de cosas porque el tamaño de
esa felicidad es sólo equiparable al tamaño del pánico.
Felicidad porque uno está creando a un muchachito o a una
muchachita que va a ser hijo o hija de uno y es imposible pensar
en un amor más grande ni en nada que se le pueda equiparar.
Uno está trascendiendo y en ese momento eres la naturaleza
toda y eres diosa y eres maga y sabia e inmensa. Y por todas esas
razones eres feliz. Pero, al mismo tiempo, el pánico es mayúsculo
por lo mismo: por el tamaño del compromiso, por las dudas,
por la falta de certezas sobre si lo irás a hacer bien, si
estarás a la altura de semejante bendición. Dentro
de poquitico habrá sobre este mundo una personita nueva y
tú vas a ser nada menos que su mamá. Por supuesto
que da pánico.
Y mientras te debates o te rindes ante la fuerza
de esos dos sentimientos arrasadores tú, completa, vas cambiando
con C mayúscula y signos de admiración varios. Te
dan mareos, náuseas, ganas de vomitar, acidez, sueño
o insomnio, o ambos. Te da un hambre nunca vista o un asco estricto,
o ambos. Andas depresiva o eufórica, o ambos. Lloras por
todo o te enfurece todo, o ambos. Te sientes brillante o tarada,
o ambas. Engordas y engordas y engordas y te sientes preciosa u
horrorosa, sensual o cuchi, espléndida o gorda, o ambas.
Tienes que dejar de fumar, de tomar café, de comer mucho
dulce, de echarle mucha sal a la comida, de comer en exceso y de
hacer ningún tipo de dieta, tienes que tomarte tu trabajo
con otra filosofía, no estresarte, descansar mucho, no alterarte.
Tienes, pues, que dejar de ser quien tú eras para poder ser
a plenitud la mamá de alguien. Magnífico. Se te ensanchan
las caderas, te duele la zona lumbar, te crecen y te crecen las
lolas, se te hinchan los pies, te da taquicardia, te falta el aire,
te cansas por nada, te da sueño o insomnio, o ambos. Estupendo.
Te controlan el peso y la tensión y la falta de hierro y
te mandan a tomar vitaminas y ácido fólico y hierro
y te clavan una aguja larga en plena barriga, en la misma barriga
donde se está gestando tu bebé, para ver si todo va
perfecto, cosa que es un adelanto fabuloso de la ciencia, y qué
maravilla, pero co..., te clavan una aguja en la barriga, en la
misma barriga donde se está gestando tu bebé. Genial.
Y te enseñan a respirar y a relajarte y a pujar y a relajarte
más para que te prepares para el momentazo de todos los momentos
que es el de dar a luz, bien pariendo de la manera que llaman natural
o por cesárea. Maravilloso. Y uno que quisiera que la gente
toda te consintiera y te comprendiera como loca y te ayudara y hasta
te aplaudiera porque mírenme, carajo, estoy en plena creación
de una vida nueva. Pero, claro, la humanidad tiene siglos en esto
y al mismo tiempo que tú, y de ahí para atrás
hay un mujerero que ha pasado por lo mismo con su barrigota y sus
muchachitos y, por lo tanto, hay quien dirá que estás
irritable, fastidiosa e insoportable y hasta floja porque cargas
esa soñamentazón, y boba porque no hablas sino de
eso. Cheverón.
Por eso yo hoy quise brindarnos este aplauso
por escrito, feministísima yo. ¿Por qué? Para
dejar bien claro que somos diosas, sabias, magas e inmensas, y en
lo absoluto iguales a nuestros adorados padres, ni siquiera a los
excelsos, ni que lo diga la ley. No me vengan. ¿Igualdad
de deberes y derechos y encima agradecidas porque antes era peor?
Si quieren no aplaudan ni piropeen, pues, pero dejémonos
de igualdades, por favor. l
|