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  ¿Iguales? Míquiti...
Mónica Montañes

Hoy sí es verdad que los varones me van a tener que perdonar. Hoy sí que voy de frente y con los faroles en una de rendirnos homenaje a nosotras las mujeres. Sí señor, sin disimulo ninguno ni falsas modestias ni presuntas pretensiones de falsas igualdades. Lo siento mucho, pero las mujeres somos lo máximo, y punto. Al menos en un campo, y mírame nada más de qué campo estoy hablando.

Hoy quiero hablar de la vaina más extraordinaria posible. Hoy quiero hablar de esa maravilla que sólo nos ocurre a nosotras las mujeres. Hoy voy a hablar de estar en estado, salir embarazada, preñarse, pues. Gestar otra vida es definitiva e incuestionablemente lo máximo. Y como quiera que es lo máximo, pero lo máximo de lo máximo, dan ganas de reírse, de llorar, de bailar, de quedarse quietecita; en fin, dan ganas de cantidad de cosas porque el tamaño de esa felicidad es sólo equiparable al tamaño del pánico. Felicidad porque uno está creando a un muchachito o a una muchachita que va a ser hijo o hija de uno y es imposible pensar en un amor más grande ni en nada que se le pueda equiparar. Uno está trascendiendo y en ese momento eres la naturaleza toda y eres diosa y eres maga y sabia e inmensa. Y por todas esas razones eres feliz. Pero, al mismo tiempo, el pánico es mayúsculo por lo mismo: por el tamaño del compromiso, por las dudas, por la falta de certezas sobre si lo irás a hacer bien, si estarás a la altura de semejante bendición. Dentro de poquitico habrá sobre este mundo una personita nueva y tú vas a ser nada menos que su mamá. Por supuesto que da pánico.

Y mientras te debates o te rindes ante la fuerza de esos dos sentimientos arrasadores tú, completa, vas cambiando con C mayúscula y signos de admiración varios. Te dan mareos, náuseas, ganas de vomitar, acidez, sueño o insomnio, o ambos. Te da un hambre nunca vista o un asco estricto, o ambos. Andas depresiva o eufórica, o ambos. Lloras por todo o te enfurece todo, o ambos. Te sientes brillante o tarada, o ambas. Engordas y engordas y engordas y te sientes preciosa u horrorosa, sensual o cuchi, espléndida o gorda, o ambas. Tienes que dejar de fumar, de tomar café, de comer mucho dulce, de echarle mucha sal a la comida, de comer en exceso y de hacer ningún tipo de dieta, tienes que tomarte tu trabajo con otra filosofía, no estresarte, descansar mucho, no alterarte. Tienes, pues, que dejar de ser quien tú eras para poder ser a plenitud la mamá de alguien. Magnífico. Se te ensanchan las caderas, te duele la zona lumbar, te crecen y te crecen las lolas, se te hinchan los pies, te da taquicardia, te falta el aire, te cansas por nada, te da sueño o insomnio, o ambos. Estupendo. Te controlan el peso y la tensión y la falta de hierro y te mandan a tomar vitaminas y ácido fólico y hierro y te clavan una aguja larga en plena barriga, en la misma barriga donde se está gestando tu bebé, para ver si todo va perfecto, cosa que es un adelanto fabuloso de la ciencia, y qué maravilla, pero co..., te clavan una aguja en la barriga, en la misma barriga donde se está gestando tu bebé. Genial. Y te enseñan a respirar y a relajarte y a pujar y a relajarte más para que te prepares para el momentazo de todos los momentos que es el de dar a luz, bien pariendo de la manera que llaman natural o por cesárea. Maravilloso. Y uno que quisiera que la gente toda te consintiera y te comprendiera como loca y te ayudara y hasta te aplaudiera porque mírenme, carajo, estoy en plena creación de una vida nueva. Pero, claro, la humanidad tiene siglos en esto y al mismo tiempo que tú, y de ahí para atrás hay un mujerero que ha pasado por lo mismo con su barrigota y sus muchachitos y, por lo tanto, hay quien dirá que estás irritable, fastidiosa e insoportable y hasta floja porque cargas esa soñamentazón, y boba porque no hablas sino de eso. Cheverón.

Por eso yo hoy quise brindarnos este aplauso por escrito, feministísima yo. ¿Por qué? Para dejar bien claro que somos diosas, sabias, magas e inmensas, y en lo absoluto iguales a nuestros adorados padres, ni siquiera a los excelsos, ni que lo diga la ley. No me vengan. ¿Igualdad de deberes y derechos y encima agradecidas porque antes era peor? Si quieren no aplaudan ni piropeen, pues, pero dejémonos de igualdades, por favor. l

 
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