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Cacería en las montañas
Max Haines
El hombre más viejo le dijo a su cautiva
que no se veían muchas mujeres en las montañas y que sólo quería
conversar
Estar
en el lugar equivocado en el momento equivocado fue la mala suerte
de Kari Swenson.
Kari Swenson tenía un sueño.
Algún día quería representar a su país
y ganar una medalla en las Olimpíadas de su especialidad,
el agotador biatlón. El biatlón combina el tiro al
blanco con una ruta de ski a campo traviesa. En el comienzo de 1984,
obtuvo el quinto lugar en la Competencia Mundial de Biatlón,
el mejor puesto ocupado por una mujer estadounidense.
Durante el verano de 1984, Kari, habiendo
recibido recientemente su grado en Microbiología en la Universidad
del Estado de Montana, era empleada del Lone Mountain Ranch en el
Condado de Madison, Montana. La mayor parte de su tiempo libre lo
pasaba entrenando en su especialidad. Había llegado a alcanzar
10 kilómetros a través de las escabrosas rutas de
las montañas y los desolados caminos. El 5 de julio de 1984,
Kari comenzó su corrida de rutina, la cual culminaría
en los titulares de Estados Unidos.
La bella chica corría a través
de los bosques y alrededor del lago hasta que estuvo a varios kilómetros
de su punto de partida. A la distancia vio a dos hombres. No le
gustó su aspecto. Tenían espesas barbas, estaban sucios
y llevaban pistolas y rifles. El instinto de Kari fue el correcto.
El más viejo de los hombres la agarró por las muñecas
y la tomó con fuerza mientras que el más joven regodeaba
su mirada en la camiseta sudada que se pegaba a su busto.
El hombre más viejo le dijo a Kari
que sólo quería hablar. No veían a muchas mujeres
en las montañas y sólo querían conversar. Le
aseguró que su intención no era violarla. Kari no
les creía. Discutieron, pero la conversación llegó
a un final abrupto cuando el hombre mayor le dijo al joven: "Bueno,
Danny, ¿qué crees, nos la deberíamos quedar?".
El hombre joven dijo: "Sí, quedémonosla".
Kari gritó mientras los hombres ataban
sus muñecas con una cuerda de nylon. Luego pateó y
peleó hasta que el hombre mayor la golpeó en el costado
de la cabeza, mandándola directamente al piso. Kari dejó
de gritar.
Los dos hombres llevaron a Kari al bosque.
El hombre más viejo le explicó a su hijo, Danny, que
necesitaban una mujer y que ella lo haría bien.
Con cada paso que daban, Kari iba dejando
atrás la civilización más y más. Los
hombres tenían la esperanza de que ninguno de sus amigos
la siguiera, porque si lo hacían, tendrían que matarlos.
En el Lone Mountain Ranch, se le reportó
como desaparecida. En lo alto del desolado terreno, encadenada a
un árbol, Kari temblaba dentro de la bolsa de dormir. Esperaba
que la violaran en cualquier momento, pero ninguno de los hombres
la tocó. Tal vez el grupo de búsqueda se estaba acercando,
pensaba. Tal vez todo terminaría pronto.
Mientras que estos pensamientos corrían
por su cabeza, se oyeron ruidos en los arbustos cercanos. Los dos
hombres, instintivamente, tomaron sus armas. Kari pudo ver a un
hombre agachado en el césped. Ella gritó: "¡Cuidado!
¡Van a disparar! ¡No se acerque, tienen armas!".
El hombre más viejo gritó: "¡Danny,
cállala!". Danny apuntó a Kari con su pistola
.22. Jugueteó con el gatillo automático -tal vez para
amenazarla-. La pistola se disparó. La bala impactó
contra el pecho derecho de Kari. La chica se mareó y se desmayó,
pero no perdió conciencia. Escuchó que Danny gritaba:
"Le disparé. Oh, no quise hacerlo".
Uno de sus rescatantes caminó hasta Kari y le ofreció
ayuda. Desde lejos, el hombre mayor miraba con ira. Luego, levantó
su rifle, apuntó con cuidado y disparó. Al Goldstein
cayó al piso. El segundo rescatante se escabulló para
escapar y Kari nuevamente estuvo sola con sus captores.
Los dos hombres la abandonaron a su suerte.
El silencio del campamento era interrumpido solamente por la trabajosa
respiración de Kari. La chica se dio cuenta de que le habían
disparado en los pulmones y no podría aguantar mucho sin
asistencia. Tal vez los hombres que le dispararon podrían
ayudarle, pero Al Goldstein no podía ayudarla. La única
compañía de Kari Swenson esa noche estaba muerta.
La señora Joel Beardsley le dijo a la policía el 14
de julio, que el día anterior a la captura de Kari, se había
encontrado con dos hombres cuando ella y su marido habían
estado pescando en el Lago Ulevys. A la señora Beardsley
le resultó asospechoso cuando los hombres parecieron querer
quitarla de la línea de visión de su esposo. Pensaba
que el hombre más viejo se llamaba Don.
Los oficiales sabían que Don Nichols
y su hijo, Danny, habían estado viviendo en las montañas
durante los últimos años. Aparentemente, cuando la
esposa de Don murió, algo ocurrió en su cabeza y se
llevó a su hijo de 20 años a las montañas.
Se convirtieron en los primeros sospechosos en el secuestro de Kari
Swenson.
Jim Schwalbe, el hombre que se había
cruzado con Al Goldstein en el campamento de los Nichols, bajó
de las montañas y le dijo a las autoridades dónde
-él creía- podrían encontrar a Kari. Un grupo
del sheriff fue hasta la escena del crimen. Mientras se acercaban
al viejo campamento de los Nichols, escucharon un quejido bajo:
"Ayúdenme, por favor". Kari estaba cubierta en
su propia sangre. La bala le había entrado en el pecho y
se había alojado en su cuerpo, pero todavía estaba
viva. Un helicóptero la llevó de urgencia al hospital.
Durante el resto del verano y el otoño,
Don y Danny Nichols fueron buscados por las montañas de Montana.
No era una tarea sencilla. Los Nichols eran montañeses expertos
y podían vivir de la tierra durante un tiempo prolongado
robando cabañas en busca de comida y haciendo excursiones
periódicas. Dispararían a cualquiera que se pusiera
en su camino. Los buscadores debían tener experiencia y ser
cautelosos.
El tiempo estaba del lado de la ley. Mientras el duro invierno de
Montana se iba acercando, parecía que los dos hombres iban
a dejar el campo alto para irse a las montañas bajas. Se
esperaba que fueran vistos por los cazadores.
En realidad, los Nichols prolongaron el viaje
hasta las tierras bajas. Cavaron el helado suelo y pusieron una
bolsa plástica para tapar el agujero. Esto creaba un efecto
invernadero que les permitía mantenerse calientes con pequeños
fuegos dentro. De esta forma, podían permanecer en el campo
alto hasta la mitad de octubre. Eventualmente, tuvieron que bajar
de las montañas. Ocasionalmente, entraban en un campamento
vacío para robar comida y ropa de invierno. Cuando se reportaban
los robos, la policía podía conocer las actividades
de los Nichols.
El 24 de octubre, Tom Heintz, el dueño
del Medicine Lake Outfitters, se cruzó con los Nichols. Se
ganó la confianza de éstos y tuvo una larga conversación
con ellos. Tom le informó a los hombres que Kari Swenson
no había muerto. Danny estaba feliz. Gracias a un golpe de
suerte, él no era un asesino. Tom reportó el incidente
a la policía, pero igual los escurridizos hombres evitaban
ser capturados.
El frío y la nieve pronto llegó
al alto campo de Montana. Las temperaturas de -10 °C no eran
extrañas. Los Nichols bajaban de las montañas y realizaban
saqueos, para no perder la costumbre, pero les faltaba carbohidratos
y grasas en sus dietas. Además, desde que Danny supo que
Kari estaba viva, estaba más rebelde hacia la autoridad de
su padre.
Finalmente, se tomó una decisión.
Irían hasta el pueblo de Harrison, donde Danny se rasuraría
y bañaría. Nadie lo reconocería como el montañés
desesperado. Se compraría algunas cosas en la tienda.
El 13 de diciembre, el ranchero Roland Moore
estaba haciendo sus rondas cuando vio a un hombre soplando un humo
en una fogata de su propiedad.
Rolando
pensó que el buscado Nichols podría estar acampando
en su propiedad. Le informó a la policía sobre sus
sospechas. Un grupo de búsqueda del sheriff arribó
rápidamente a la propiedad de Moore. Les costó poco
trabajo rastrear las huellas de los Nichols en la nieve profunda.
Luego de una búsqueda de cinco meses, los fugitivos se agazaparon
debajo de un árbol. El sheriff les hizo una advertencia,
los hombres buscaron esconderse.
Con un sólido telón blanco de
fondo en el quieto y frío aire de Montana, el sheriff Johnny
France apeló a los sentimientos de Don Nichols por su hijo
Danny. Convenció a los Nichols para que se entregaran.
En mayo de 1985, Danny Nichols fue hallado
culpable de secuestro y robo a mano armada, pero no de asesinato.
Esto fue extraño, ya que la ley estipulaba que no era necesario
ser la persona que jala del gatillo para ser culpable de un asesinato
que ocurre durante el curso de un delito. De todas formas, Danny
recibió la sentencia máxima de 25 años y seis
meses en prisión.
Don Nichols fue hallado culpable por asesinato
y sentenciado a una pena máxima de 85 años, con la
estipulación de no poder ser considerado para libertad condicional
hasta que haya servido 42 años de condena.
Kari Swenson se recuperó de su odisea
y dio evidencia en los juicios ante ambos captores.
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