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Una mamá asesina

Dos niñas adoptadas desconcertaron a los médicos con una extraña enfermedad

Max Haines

No habia nada extraño en Priscilla y Steve Phillips. Se conocieron en la universidad y se casaron después de que Steve cumplió su servicio militar obligatorio en Vietnam. En 1974 ya tenían dos hijos: Eric y Jason. Steve tenía un buen empleo en el Departamento de Rehabilitación Vocacional en Oakland. Cuando Priscilla se sometió a una histerectomía, decidieron adoptar una niña pequeña.

En ese entonces había un
debate público en torno
a los niños de soldados estadounidenses y mujeres vietnamitas abandonadas. Los Phillips introdujeron solicitudes en varios organismos y se sintieron complacidos cuando les informaron que una bebé coreana de seis meses de edad estaba disponible para ellos.

La pequeña Tia, de ojos oscuros, agradó de inmediato a la familia Phillips. Era una criatura saludable y normal. Sin embargo, casi desde el momento en que Priscilla Phillips tuvo a su nueva hija en casa, surgieron complicaciones médicas. La pequeña sufría de una infección del trato urinario y de persistentes ataques de diarrea, por lo que su madre adoptiva la llevó al San Raphael’s Kaiser Hospital. La Dra. Evelyn Callas le aseguró que aparentemente Tia no tenía nada serio; la tendrían varios días en observación en el hospital.

Pero la niña nunca mejoró: durante cuatro meses seguidos permaneció en el hospital, en los cuales Priscilla llegó a conocer muy bien al personal de la institución. No creían recordar a una madre más amorosa que ella.

La bebé continuó teniendo diarrea, por lo que la deshidratación era una amenaza que se debía combatir constantemente. Cuando no sufría de diarrea, vomitaba, tenía calambres y a menudo le daba fiebre. Se volvió letárgica y miraba al vacío durante largos períodos de tiempo.

Se propusieron varias teorías sobre qué causaba la enfermedad de la niña. El primero de abril de 1975 la transfirieron al centro Kaiser en San Francisco, donde podía recibir mejor atención. Priscilla acompañó a su hija en la ambulancia. Una vez allí, Tia mejoró al punto que Priscilla pidió que la regresaran a San Raphael. Su solicitud fue concedida.

En San Raphael regresaron las diarreas. El peso de la pequeña bajó hasta convertirse en una criatura demacrada de apenas 6 kilos. Continuamente le realizaban exámenes para encontrar la causa de su enfermedad, pero nada parecía llegar a la raíz de su problema, por lo que fue transferida a San Francisco por segunda ocasión, donde mejoró notablemente. Lentamente recuperó peso hasta que llegó a 7,7 kilos, un récord para ella.

Los médicos la alimentaban ahora con sólidos, tales como bananas y cereal de arroz. El 28 de julio, Tia fue dada de alta del hospital después de pasar cinco largos meses en instituciones médicas. El prolongado vía crucis de los Phillips parecía haber quedado atrás. La niña estaba recuperándose.

Priscilla llevó a Tia a su primer examen de control luego del período de hospitalización. La pequeña tenía ahora 15 meses y ya intentaba caminar. Aunque nunca se había diagnosticado su enfermedad, todos estaban sumamente complacidos por su recuperación.

Ocurrió sin previo aviso. Priscilla llevó a Tia de emergencia al hospital, porque sufría de diarrea y vómitos; perdió un kilo durante la noche, estaba letárgica y tenía la vista fija al frente. La niña estaba en shock. Se recurrió a todo examen y procedimiento de emergencia concebible para salvarla. El más desconcertante de todos los resultados de pruebas fue un nivel de sodio excesivamente alto.

Sin motivo aparente, la niña se recuperó. Se consultó a expertos en todo Estados Unidos. Se realizaron más exámenes y se propusieron más teorías. Para entonces, la madre adoptiva era muy bien conocida en todo el hospital y llamaba por su primer nombre a los médicos y las enfermeras. Le dijeron que su hija quizás nunca estaría realmente bien; finalmente, fue dada de alta del hospital.

Pasaron tres semanas sin incidentes. El progreso de Tia era tan alentador que se comentaba que quizás saliera de su delicado estado. Sin embargo, ése no fue el caso. En medio de la noche, tuvo un ataque de diarrea y vómito. Priscilla la llevó corriendo al hospital, donde los médicos la atendieron lo mejor que pudieron. Todo fue inútil. El corazón de la criatura dejó de latir.

Poco después de su funeral, los Phillips decidieron adoptar a otro niño. Un año después, Priscilla y Steve
se convirtieron en los orgullosos padres de su segunda niña coreana adoptada. Mindy Phillips fue enfermiza justo desde el principio. A los 13 meses le diagnosticaron citomegalovirus congénito. Desde su primer cumpleaños había sido hospitalizada varias veces debido a diarrea crónica. Se intentaron varios tratamientos, pero nada parecía ayudar.

Debido a que el caso de su hermana Tia había sido tan inusual y a que muchos de los mismos médicos y enfermeras la habían atendido, se sintieron muy cercanos de Mindy y su madre. Al igual que con la primera bebé, ella se involucró totalmente con la enfermedad de Mindy.

Durante toda la tragedia de la niña, Priscilla estuvo siempre a su lado. El personal del hospital se solidarizó con la madre, que obviamente amaba tanto a su hija adoptada.
La primera pista sobre la causa de los vómitos y la continua diarrea se obtuvo cuando un médico solicitó un examen para determinar el nivel de sodio en las heces. El doctor sabía que la ingesta de la niña había sido 14 miniequivalentes de sodio, el cual debió ser el resultado del examen. El nivel de sodio alcanzó la increíble cifra de 251 miniequivalentes.

El médico realizó todas las comprobaciones necesarias. No se administraron productos defectuosos a la pequeña. La única persona que no pertenecía al personal y que había tenido acceso a Mindy era su madre. La sombra de la muerte de Tia ahora parecía proyectarse fantasmagóricamente. ¿Por qué nadie había pensado en la madre antes? Pero, ¿por qué alguien tendría que pensar en Priscilla, quien estaba hecha pedazos por la enfermedad de sus hijas?

Las sospechas del medico fueron transmitidas a la jefa de pediatría, la doctora Evelyn Callas. Recientemente había leído sobre el síndrome de Munchausen, una terrible enfermedad que se manifiesta en individuos que buscan ser el centro de atención. Llegan a las salas de emergencias quejándose por dolores insoportables, con historias médicas falsas y todo. Desean ser hospitalizados. Algunos estudian los síntomas de enfermedades graves y, como resultado, son sometidos a operaciones innecesarias.

¿Podría Priscilla Phillips estar sufriendo del síndrome de Munchausen a través de terceros ¿Podría estar atrayendo atención hacia ella al introducir sal en la dieta de su hija? Esa parecía ser la única respuesta. Todos los exámenes indicaban que Mindy estaba recibiendo grandes cantidades de sodio de una fuente externa.

La doctora Callas se reunió con los Phillips. Les dijo que se permitiría a Priscilla visitar a Mindy sólo bajo supervisión y únicamente cinco minutos cada hora. La niña era observada constantemente, y sólo personal del hospital la alimentaba. La mejoría en su estado fue patente. Apenas Priscilla fue alejada de Mindy, la salud de la pequeña progresó rápidamente. La médico llamó a la policía; la bebé se recuperó y la enviaron a un hogar adoptivo.

Después de una profunda investigación, Priscilla Phillips fue acusada del asesinato de Tia Phillips y de intento de asesinato de Mindy Phillips. El 19 de marzo de 1979, fue enjuiciada por asesinato e intento de asesinato en la Corte Superior del Condado de Marin. Después de un proceso de dos meses y medio, el jurado deliberó durante dos días. Encontraron a Priscilla culpable de asesinato en segundo grado por la muerte de Tia y culpable de poner en peligro la vida de Mindy. Fue sentenciada a cinco años por asesinato y a dos años de cárcel por poner una vida en peligro, sentencias que se cumplirían simultáneamente. l

Traducción: José Peralta. Ilustraciones: David Márquez

davidmarquez@cantv.net

 
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