| Todo queda en familia
Max Haines No cabía
la menor duda de que los tres niños todavía adoraban a su padre,
el hombre más buscado en Estados Unidos
Algunas
familias son, simplemente, malvadas. Los Tison de Arizona era una de esas familias.
Gary Tison podía encantar a cualquier cosa viviente. Eso es lo que contaban
los vecinos del adolescente atlético, justo hasta el momento en que empezó
a tener escarceos serios con la ley. En 1951, robó un auto. Al día
siguiente, perpetró un asalto en una gasolinera. Al otro día, atracó
una tienda de comida. Tras una persecución, Gary fue detenido y sentenciado
a 15 años en la Prisión Estatal de Arizona. Gary tan sólo
sirvió 25 meses antes de que su sentencia fuera conmutada por el tiempo
que ya había permanecido detrás de las rejas. Mientras estuvo en
prisión, su hermana Martha le visitaba periódicamente acompañada
de una amiga, Dorothy Stanford. Gary se enamoró de Dorothy. El 25 de
octubre de 1957, Dorothy y Gary se casaron. El día de Año Nuevo
de 1958, nacía su primer hijo varón, Donny. Durante años
Gary no dejó de cambiar de trabajo. Todo el mundo estaba de acuerdo en
que era encantador e inteligente, pero no podía mantenerse empleado por
largo tiempo. En 1961, Gary llevó a cabo una serie de pequeños
robos en Arizona, y fue nuevamente detenido. Mientras esperaba ser llevado a juicio
se escapó, pero fue capturado al día siguiente. Ahora, Gary Tison,
padre de tres chicos pequeños, Donny, Ricky y Ray, estaba ante el juez
para escuchar su sentencia. Fue devastadora: de 25 a 30 años. Aunque parezca
extraño, Gary se las arregló para convencer a los oficiales de que
él podría ser un buen caso para concederle la libertad condicional.
Las puertas de la prisión se abrieron de par en par para Gary el 1 de julio
de 1966. Sus hijos ya no eran bebés. Donny tenía nueve años,
Ricky ocho y Ray siete. Los niños adoraban a su padre que apenas conocían.
En abril de 1967, Gary fue arrestado por contrabando. Ahora, como estaba violando
su libertad condicional, se le aplicó una sentencia adicional. Cuando se
llevaban a Gary, éste, entre lágrimas, le intentó dar un
beso de despedida a su mujer. Un guardia, Jim Stiner, se lo impidió. La
prisión estaba a un par de kilómetros del Palacio de Justicia. De
alguna forma, durante el trayecto, Gary sacó una pistola de su cinturón,
ordenó a Stiner que saliera del vehículo, y le disparó tres
veces en el pecho. Gary se escapó en el auto oficial, pero fue arrestado
al día siguiente tras un tiroteo. Enjuiciado y acusado por la muerte del
guardia de la prisión, Gary fue sentenciado a dos cadenas perpetuas consecutivas.
Los años pasaron lentamente. Dorothy siempre se mantuvo al lado de su hombre.
Visitaba la cercana prisión todas las semanas, algunas veces acompañada
de sus hijos. Durante el verano de 1978, Gary preparó un plan detallado
para escapar a México. El 30 de julio de 1978, Gary Tison y el asesino
en serie Randy Greenawalt, esperaron pacientemente a que los hijos de Gary llegaran
a visitarle a la prisión. Ray entró primero y se dispuso a disfrutar
un refresco con su padre. Al poco tiempo, aparecieron Ricky y Donny, llevando
una heladera y una caja de cartón, algo no muy normal para un día
visita. Como el guardia de la prisión estaba ocupado con el interminable
papeleo, Ricky sacó un fusil de la caja. Cuando el guardia se dio la vuelta,
estaba mirando directamente el cañón del arma. Con precisión
militar, Ricky le entregó a Greenawalt otro rifle y una pistola. En pocos
minutos, todos los guardias en la oficina y los visitantes estaban tendidos en
el piso. Gary se unió a sus hijos y a Greenawalt.
Donny
Tison, de 20 años, su hermano Ricky, de 19, y Ray, de 18, salieron de la
prisión con su padre y Greenawalt. Los guardias miraron hacia abajo desde
su torre. No había nada fuera de lo común en la escena. Todo el
asunto llevó unos veinte minutos. Gary Tison y Randy Greenawalt eran hombres
libres, y así empezó una de las oleadas de asesinatos más
sangrientas en la historia de Arizona. La banda huyó en un Ford Galaxy,
dejándolo abandonado al poco tiempo para cambiar a un Lincoln Continental
de 1969. Todavía creían poder escapar por la frontera de México.
El día después de la escapada, el sargento de la marina John
Lyons, su esposa Donna, su bebé de 23 meses Christopher y su sobrina de
15 años, Terri Jo Tyson, manejaban de Yuma a Omaha, Nebraska. El perrito
chihuahua de Terri Jo la acompañaba en el asiento de atrás. John
estaba feliz de haber terminado su instrucción con los marinos. Deseaba
empezar a estudiar Derecho en la Universidad de Nerbraska. Terri Jo, que residía
en Las Vegas, estaba visitando a sus tíos. La intrépida adolescente
planeaba estudiar en la Academia de las Fuerzas Aéreas. John guardó
un arma antigua y una pistola de 45 en su maleta, y en la guantera de su Mazda
naranja metió una Colt 38. Esa noche, John cambió de rumbo al
ver a un hombre solo que parecía tener problemas con su Lincoln. John se
dirigió andando hacia Ray Tison, quien le explicó que se le había
reventado un neumático. De repente, estaba rodeado de cinco hombres armados.
Gary metió a la familia en el Lincoln. Donny manejó el auto, mientras
Ray mantenía a la familia cubierta. El resto de la banda manejaba adelante
en el Mazda. A pocos metros de la carretera, se desviaron en un camino desolado. Sin
expresar remordimiento, Gary Tison y Randy Greenawalt apuntaron sus armas al asiento
de atrás del Lincoln y dispararon, cargaron de nuevo y dispararon otra
vez. Dispararon 16 tiros. La banda se marchó en el Mazda. Increíblemente,
John Lyons pudo andar cierta distancia desde el vehículo antes de caer
muerto. Terri Jo también fue capaz de arrastrarse, con su Chihuahua a sus
pies, hasta el bosque, donde murió. Antes de perder la conciencia, Terri
Jo desabrochó el collar de su perro y lo puso en su tobillo. Sabiendo que
estaba a punto de morir, quería ser identificada. El perro fue encontrado
muerto más tarde al lado de su dueña. El 6 de agosto, Tom Peeples
descubrió el Lincoln con los cuerpos acribillados de Donna Lyons y su hijo
Christopher dentro. El cuerpo de John Lyons estaba a poca distancia del Lincoln.
El cuerpo de Terri Jo fue encontrado días después. A lo largo
de Arizona, Colorado y Nuevo México, la caza seguía abierta. En
los días consecutivos, la banda estuvo cerca de ser capturada en varias
ocasiones, pero, como por instinto, Gary Tison huía cada vez que olía
el peligro. Los asesinatos no pararon. Margene y James Judge se casaron en
Amarillo el 5 de agosto. Los recién casados planeaban pescar truchas, el
deporte favorito de Margene, antes de asistir al partido de fútbol de los
Dallas Cowboys/Denver Broncos en Denver al final de la semana. El martes por
la noche, después de su boda, Margene llamó a sus padres. Se reía
y contaba lo bien que la estaba pasando intentando enseñar a su marido
cómo pescar truchas. Después no supieron nada más. Ambos,
Margene y James, fueron asesinados y enterrados en dos lúgubres tumbas
por Gary Tison y Randy Greenawalt. La banda necesitaba la furgoneta de los Judge. Doce
días después de su escapada, los Tison cruzaron disparos con las
autoridades al intentar saltarse un control de carretera. Donny Tison murió.
Ricky, Ray y Randy Greenawalt pudieron llegar a unos campos cercanos antes de
ser capturados. Ninguno de los tres resultó herido. Gary Tison se escapó.
Once días más tarde, todavía andaba suelto y era el hombre
más buscado en América. Roy Thomas, un empleado de Papago Chemical
Co., situada a dos kilómetros del control de carretera en el que la banda
encontró su final, detectó un extraño olor que provenía
de la carretera que llevaba a la planta química. Decidió investigar
y encontró el cuerpo de Gary Tison. Gary se había quedado atascado
y había muerto de hambre y exposición al sol. Los otros tres participantes
de la ola de asesinatos, Ricky Tison, Ray Tison y Randy Greenawalt fueron declarados
culpables de asesinato y fueron enviados a la cárcel. Dorothy Tison
aún visita cada domingo a sus hijos en la cárcel, como lo hizo con
Gary l
ilustraciones:
David marquez |