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revista Estampas
 

¡Guapea Willie Colón!

El niño malo de la salsa se está despidiendo de los escenarios.
El 17 y 18 de agosto ofrecerá sendos conciertos en el Teatro Teresa Carreño, para hacer un recorrido por sus 40 años de histórica trayectoria en la salsa, género del cual ha sido precursor y maestro. A sus 56 años quiere demostrar que sigue siendo El Todopoderoso.
Idalia De León / Fotos: Katiuska Hernández

Al otro lado del telefono, la característica voz nasal de Willie Colón lo delata con sólo decir hola. Un castellano que le sale a los trancazos le pone el freno antes de empezar a articular palabra. Pareciera sentírsele el esfuerzo que hace en llevar al español lo que piensa en inglés, el idioma de su cotidianidad neoyorquina. Sin embargo, una vez que empieza a hablar, no se le escapa un solo vocablo en lengua anglosajona y deja al descubierto su acento de claro origen puertorriqueño. “Me retiro porque, antes de que la memoria me falle, quiero empezar a escribir mi autobiografía”, es su respuesta a la primera pregunta que más bien esconde una preocupación: ¿Por qué se retira Willie Colón?

Y es que por aquello de todo tiene su final, nada dura para siempre, el maestro del trombón decidió decirle adiós a los escenarios a los que se subió por primera vez cuando apenas era un adolescente para protagonizar, desde Nueva York, uno de los fenómenos musicales más importantes e influyentes de América Latina. Columna vertebral, junto a Larry Harlow y Johnny Pacheco, de la mítica orquesta Fania All Stars, el creador de leyendas como La Murga y Timbalero, hace gala de esa ligereza y capacidad de simplificación propia del caribeño y resume todo ese fecundo proceso del que fue una de las figuras principales en una llana expresión: “Un vacilón, lo de la Fania fue un vacilón”.

Pero que no se le juzgue mal. Todo el que conoce el trabajo de William Anthony Colón Román identifica que detrás de esa frase se oculta un rico mundo interior y un talento catalogado de excepcional para la composición y arreglos musicales, lo cual le permitió llegar a conformar un sólido currículo que suma más de 40 producciones discográficas, y escribir tres momentos importantes en la historia de la salsa cuando hizo llave con Celia Cruz, Héctor Lavoe y Rubén Blades. Y ese vacile, que el salsero de los ojos tristes estelarizó con estas tres estrellas de la salsa, es lo que recreará el jueves 17 y viernes 18 de agosto, cuando se suba por primera vez al escenario de la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño para ofrecer dos únicos conciertos, dentro de la gira denominada Farewell Tour 2006. “Se trata de mi 40° aniversario, de mi retirada que culminaré seguramente a finales de 2007. Para el espectáculo estaré con ocho músicos en escena y convoqué al cantante venezolano Amílcar Boscán con quien repasaré algunos temas de las etapas con Rubén, con Héctor y con Celia”, comenta Colón, quien no venía al país desde hace casi tres años cuando se presentó en el Poliedro de Caracas.

Una leyenda urbana dice que por un tiempo tuvo una relación incómoda con Venezuela después de, supuestamente, haberse arruinado a causa del Viernes Negro. El maestro se presta gustoso a despejar la duda. “Eso fue en el 83 —imposible olvidar la fecha—; habíamos montado un gran show, con unos 32 músicos, bailarinas, y resulta que como cerraron los bancos, el carnaval se enfrió, y el espectáculo no se vendió, yo tuve que pagar todo de mi bolsillo. Fueron unos 150 mil dólares. Fue muy fuerte”. ¿Pero ya perdonó a Venezuela?, le preguntamos. Una risa fue su respuesta.

Calle Luna, calle Sol
“Tengo 56 años aunque me siento como de 55”, comenta Colón, dejando relucir ese humor con el que le gustaría ser recordado en la posteridad, pero con el que sus seguidores no lo asocian. Porque Willie, el “niño malo” de la salsa, siempre se sintió cómodo con los temas que le fueron más familiares desde su infancia en el South Bronx: la calle y sus peligros. Mucho antes de que Yordano le dijera a la gente que se cuidara de las esquinas, Willie ya había recomendado aquello de “camina pa’ lante no mires pa’ los laos”. Y en temas como El día de mi suerte, Colón armó, como bien lo define César Miguel Rondón en El libro de la salsa, “una mezcla explosiva de dolores y expectativas de las minorías marginadas de los barrios latinos”.

Usted le cantó a la calle peligrosa, pero también a los amores difíciles. ¿A qué le canta hoy Willy Colón?
“La verdad es que a lo mismo de siempre, porque fíjate que hasta Shakespeare no se salía de los mismos temas. ¿No dicen que sólo son siete tramas diferentes? De ahí no te sales. En este momento estoy trabajando en el que podría ser mi último disco y allí hay canciones sobre la droga y sus peligros, por ejemplo”.

Los discos que considera más
emblemáticos en su carrera:


El Malo (1967)


Cosa Nuestra  (1970)


Asalto Navideño
(1971)


Siembra 
(1978)

El disco que se arrepintió
de haber hecho:

Corazón guerrero (1982)

La canción que más le emociona cantar: Idilio (Hecho en Puerto Rico, 1993)
Que a besos yo te levante
al rayar el día
Y que el idilio perdure
siempre al llegar la noche
Y cuando venga la aurora
llena de goce
Se fundan en una sola
tu alma y la mía

Su carrera pasó por varios momentos. ¿Puede identificar cuáles factores privaron en cada etapa?
“Creo que lo más importante siempre ha sido encontrar un tema que provoque a la gente. Es una combinación de varias cosas. Siempre he procurado hacer una propuesta musical con letras que inspiren pensamientos en las personas. También me concentro en la posibilidad de contar un buen chiste, quiero decir, una historia que provoque risa. Lo importante no es hacer música por hacer música ni ser tan pretencioso como para decir que es por el arte. Yo creo que de lo que se trata es de llegarle a la gente”.

De todo lo que hizo ¿qué no volvería hacer?
“No me casaría tan joven. La primera vez que lo hice fue a los 18 años y fue una decisión traumática tanto para mi esposa como para mí y que nos afectó en muchos sentidos. Pienso que la  gente no se debería casar tan joven”.

¿Con cuál bastimento emocional contaba para haber podido hacer una carrera en una época tan difícil y expuesto como estaba a tantas tentaciones?
“Debe ser mi abuelita. Ella sólo estudió hasta tercer grado, pero me inculcó una formación ética, moral y espiritual muy sólida”.

¿Tiene conciencia de que fue un adelantado para su época?
“Así me dicen, pero creo que todo lo que hice en mi juventud fue una cosa completamente orgánica. Fue un viaje intuitivo, nada premeditado. Si tuviera que hacerlo otra vez a lo mejor no me sale”.

¿Cuál es su música de referencia?
“Tengo un gusto muy ecléctico. Me gusta la música del Medio Oriente, la clásica. No me gusta el jazz, me resulta muy complicado entenderlo, no me puedo relajar escuchando a un tipo descargando muy técnicamente”.

¿Cuál es su relación con Puerto Rico? ¿Va con frecuencia?
“No, el Puerto Rico que yo conozco está en Nueva York. Ya no voy a la Isla, voy más a México, a Colombia, a América del Sur”.

¿Efectivamente colaboró en la producción de la película sobre Héctor Lavoe, El Cantante?
“Yo fui contratado como asesor del proyecto y me dieron un libreto. Hice mis comentarios y correcciones, pero después de eso no he sabido más nada”.

¿Cómo quiere ser recordado?
“Me gustaría que mis hijos me recordaran como un buen padre, pero en general me gustaría que el público me recordara como una persona con sentido del humor”.

¿Dónde quedan sus aspiraciones políticas?
“Cuando me retire me gustaría dedicarme también a eso; pretendo aspirar a un escaño, pero todavía no sé muy bien a cual”.

¿Qué tipo de salsa se está haciendo actualmente desde su punto de vista?
“Es una fórmula que ya está bastante manoseada. El hecho de que haya sólo unas tres disqueras internacionales y que ellas sean las dueñas del talento, impide que se pueda desarrollar una música diferente. Las corporaciones hacen todo por fórmulas, se convierten en fábricas culturales. No es como antes, que había muchos sellos independientes, compañías pequeñas donde había mucha competencia y gran variedad de ideas y estilos de crear música”.

Sin embargo esa música tiene quien la consuma. ¿Cambió el gusto de la gente o se adaptó a lo que hay en el mercado?
“Exactamente, la gente se acostumbra a lo que hay. Existe muy poca diferencia entre el producto que sale de las disqueras; todo sale higienizado, esterilizado. La música como el reggaeton no salió de las corporaciones. A lo mejor tiene demasiado de rebeldía, de sucio, pero es una música que la juventud parece necesitar. El impacto que ha tenido el reggaeton me recuerda mucho al que tuvo la salsa en sus inicios. Ambos surgieron así, espontáneamente, no de un plan corporativo. Cuando la salsa está bien hecha tiene un valor cultural. Hay gente de la música que no la conoce bien y creen que pueden ponerse a cantar salsa fusionando con rithm & blues o jazz y resulta que no entienden lo que es la verdadera maña de la salsa”.

¿Sigue guapeando Willie Colón?
“Sí, dos veces por la mañana y una antes de dormir”.

ideleon@eluniversal.com

TRIBUTO A CELIA Y A HECTOR

“Celia fue la madrina de mi última boda, la tercera. Ella me enseñó muchas cosas de este negocio que es muy duro a veces. Celia siempre estuvo en el top porque se manejó bien. Es una persona que pudo mantenerse porque de verdad respetaba la música, se respetaba a ella misma y respetaba al público. A pesar de su edad, salía al escenario desplegando una sonrisa grande. En el estudio se bajaba a tu nivel y trataba a todo el mundo con mucho respeto”

 “Héctor se ha convertido en algo más que una leyenda, ha adquirido dimensiones míticas, casi como un Dios. El va a seguir fuerte, no va a envejecer nunca, siempre lo van a recordar joven y eso es bueno, aunque haya implicado para él haber dejado de vivir muchas cosas. Héctor fue un genio por su espontaneidad, una persona con mucha chispa, un tipo muy inteligente. A mí me molesta mucho que sólo se presente al Héctor drogado, y resulta que eso fue solamente al final de su vida. Para él llegar adonde llegó tenía que tener mucha inteligencia y talento”.

 

 

 

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- El reino de terror de 24
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