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Mantener la distancia
Estudios realizados entre niños
europeos permitieron demostrar cuáles sustancias pueden
estar asociadas al brote de un proceso de dermatitis de contacto.
Algunas de ellas son:
Benzocaína: Se utiliza comúnmente como anestésico
tópico.
Cobalto: Se encuentra en objetos metálicos. También
en las pinturas y creyones de cera.
Dicromático potásico: Zapatos y abrigos elaborados
con pieles teñidas. Este elemento también se ubica
en objetos cromados.
Neomicina: Agente antibacteriano presente en pomadas con efecto
en pequeñas heridas, quemaduras o determinado tipo de
infecciones cutáneas.
Níquel: Las hebillas de los cinturones, monturas de lentes
y cierto tipo de joyas.
Mercurio: Antisépticos como el mercuriocromo o el Merthiolate
lo contienen tal y como su nombre lo indica.
Materiales sintéticos: Hay que estar atentos a aquellos
fabricados con látex, dacrón o lycra. |
La piel en emergencia
Idalia De León
Son varios los factores alérgicos que inciden
en el desarrollo de este padecimiento que afecta especialmente a
las amas de casa y a los niños.
También se le conoce como dermatosis,
pero usualmente se le denomina dermatitis, vocablo que significa
inflamación de la piel. Es muy común hallarla en las
manos de las amas de casa debido a su frecuente exposición
con cierto tipo de químicos, o en bebés por el uso
continuo de pañales. Si bien en el país no existen
estudios que revelen la incidencia de dermatitis, se sabe que el
15 por ciento de las consultas que llegan a la Unidad Dermatológica
Pediátrica del Hospital Universitario, por ejemplo, es a
causa de dermatitis atópica. Asimismo, los datos indican
que el 80 por ciento de los casos se presenta en niños entre
los dos y los diez años.
La principal característica de la dermatitis es que altera
el estado natural de la piel, inflamándola, enrojeciéndola,
y produciendo picazón en quien la padece. Primordialmente
se desarrolla cuando se entra en contacto directo con algún
tipo de sustancia, y se diferencia de otras enfermedades eruptivas
en que no desarrolla ronchas en la piel, según explica Ana
María Sáenz, dermatóloga profesora de la Cátedra
de Dermatología de la Escuela Luis Razetti de la Universidad
Central de Venezuela.
Las pieles que padecen de dermatitis tienen la característica
de que reaccionan de manera irregular frente a algunos reflejos
cutáneos, como consecuencia de alteraciones en las terminaciones
nerviosas que regulan la secreción de las glándulas
sebáceas o la sudoración. Aunque es cierto que existen
factores nerviosos (como el estrés) que están asociados
al problema y que pueden ocasionar un brote o la exacerbación
de un proceso de dermatitis, hoy se sabe a ciencia cierta que éstos
no originan el problema.
Actualmente la ciencia médica ha podido diferenciar varios
tipos de dermatitis. La dermatitis de contacto, por ejemplo, se
produce ante la reacción con determinada sustancia (como
el cromo o el níquel); la del área del pañal
que afecta principalmente a los niños, y la dermatitis seborréica,
la cual debe su nombre al hecho de que lesiona aquellas zonas con
abundantes glándulas sebáceas. Sin embargo, la más
común es la dermatitis atópica, cuyo cuadro completo
implica que el problema se puede presentar de manera crónica
y recurrente en distintos períodos. Puede surgir desde el
nacimiento y aparecer en diferentes etapas de la vida del individuo.
Quienes la padecen saben que el picor característico de la
enfermedad puede ser casi insoportable, al punto de que al rascarse
la piel para intentar aliviar el prurito, terminan lastimándose
aún más la zona inflamada. La piel de los atópicos
suele ser reseca en varias regiones del cuerpo, y fundamentalmente
delicada y sensible ante diferentes agentes externos, incluso climatológicos.
"Pero la enfermedad tiene la ventaja de ser autolimitada; es
decir, cuando el niño que la sufre se desarrolla, esta evoluciona
hacia la mejoría por lo que desaparecen las lesiones. Son
muy raros los casos que tienden a persistir hasta la edad adulta",
señala la especialista, quien también agrega que aquellos
niños que han sufrido de dermatitis atópica tienen
muchas probabilidades de desarrollar asma o rinitis, en algún
período de su vida.
En este sentido hay que tener en cuenta que el padecimiento no se
elimina pero afortunadamente sí se controla. Actualmente
la ciencia puede tener a raya la dermatitis con tratamientos que
contienen corticoides. De la misma manera se están utilizando
antihistamínicos sistémicos, y medicamentos sin esteroides
que ofrecen la ventaja de que se pueden aplicar en menores de dos
años, y en aquellas zonas de la piel más delicadas.
Claro está que, para garantizar que la terapia sea efectiva,
es necesario que el paciente evite el contacto con aquellos factores
o elementos que contribuyan con la aparición de un cuadro
alérgico.
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