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Caminando por una ciudad de Europa,
rodeada de todas esas bellas construcciones de piedras antiguas,
de colores grises y sepias, en un ambiente un poco frío y
húmedo me sorprendió observar en un balcón
minúsculo, una planta hermosa y exuberante de geranios rojos.
En ese paisaje gris resaltaba mostrando todas sus cualidades...
Pensé ¡así tenemos que ser nosotros!
Más tarde, durante el viaje nos encontramos con tres personas
que me recordaron, una vez más, la planta de geranios rojos.
Una señora que atendía en una tienda de tejidos a
la que no le compramos nada, pero que aún así nos
dedicó su mejor sonrisa y los más sensibles comentarios
acerca de su viaje a México; un señor de edad, taxista,
que de manera sorprendente se bajó para abrirnos la puerta
del carro, en una ciudad donde nadie te carga una maleta a menos
que pagues la tarifa que amerita; y una prima divertida y llena
de vida que nos atendió como si fuésemos las personas
más importantes en ese momento de su vida, fueron personas
que resaltaban en un ambiente austero y lleno de muchas personas
poco tolerantes y rígidas en sus hábitos y pensamientos...
¡Cuántas veces permitimos que el medio y las personas
que nos rodean afecten negativamente nuestra manera de ser! Tendríamos
que desarrollar una coraza emocional y espiritual para proteger
nuestra verdadera identidad, para conservarnos limpios, entusiastas,
confiados, seguros y positivos, a pesar de las circunstancias. Lo
más fácil es volvernos negativos, agresivos, críticos
y amargados, igual que la mayoría de las personas que nos
rodean, pero lo más difícil es mantener nuestra diferencia,
aún en un medio completamente hostil... esa, es nuestra tarea!
Cuando recordamos que todo pasa, sin importar que tan intenso sea,
tenemos como alternativa el aferrarnos a lo positivo aunque sea
pequeño, en todo momento. Podemos ser como la planta de geranios
rojos...
Es posible que te parezca poco importante invertir unos minutos
en ser amable, en sonreír o en atender de manera especial
a una persona... tal vez nunca llegues a saber de qué manera
suavizaste o refrescaste su vida con tu presencia en un momento
dado, pero te aseguro que tus comentarios, tus gestos y tu actuación
positiva y amorosa, dejaron una huella amable y grata que recordarán
toda la vida. Además, la recompensa instantánea será
el sentimiento de satisfacción y alegría, acompañado
de una serie de eventos pequeños pero milagrosos, que comenzarán
a atraer la prosperidad y la suavidad a tu vida.
Cómo convertirnos en una planta de
geranios rojos
1- Valora lo que das.
Considera valioso e importante todo lo que das o haces por los demás.
Vale la pena dar lo mejor de nosotros a los demás sin esperar
nada a cambio. Cuando quieras hacer o decir algo bueno hacia otra
persona, hazlo y piensa que puede hacer una diferencia en su vida...
2- Copia las características
positivas de alguien. Recuerda
a una persona que haya sido especial para ti, por su trato amable,
y copia sus gestos y sus palabras.
3- Sonrie con frecuencia. Cuando
sonríes con facilidad, dejas salir lo mejor de ti y cualquier
diferencia o distancia que exista entre tú y otra persona
desaparece instantáneamente. Para estar serios se requiere
el trabajo de 40 músculos y para sonreír sólo
necesitamos mover 15. Es fácil hacerlo.
4- Sé generoso con los demás.
Ser generosos no sólo implica dar lo que nos sobra en la
vida, sino ser capaces de extraer de la vida aquello que creemos
que necesitan los demás. Puedes ser generoso con la sonrisa,
con los abrazos, con tu presencia. Ser capaces de animar a otro,
aún cuando estamos viviendo un mal momento, es muestra de
generosidad.
5- Exprésate con amabilidad.
Cuida tus palabras y tus frases. Con ellas puedes hacer la diferencia.
Saluda, da las gracias, pide por favor, pide disculpas si fuese
necesario y, sobre todo, habla con suavidad de forma clara y directa
buscando siempre lo mejor para los demás.
6- Interésate por los demás.
Es maravilloso guardar silencio y escuchar con atención la
historia de otros, casi siempre descubrimos en un comentario, o
en una frase, la afinidad que tienen con nosotros. Dedica unos minutos
a compartir con una persona sin juzgarla, hazlo abierto como un
niño y disfruta de la experiencia.
7- Actúa con sencillez.
Evita ser superficial y trata de ser auténtico. Tu valor
real no depende de tus posesiones materiales, sino de tus cualidades
y características personales. Atrévete a ser tú
mismo y muéstrate con naturalidad.
Nos hace falta tu presencia amable, generosa y espontánea
para sentir que vale la pena esforzarnos en vivir la diferencia.
Juntos podemos hacer un mundo mejor.
¡Suelta el pasado, no te preocupes por el futuro, vive el
presente, la vida es maravillosa y todo va a estar bien!
maytte@maytte.com
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