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Los tuyos, los míos
y los nuestros

Geraldine Bedell
Compartir hermanos y más de una mamá y un papá
puede ser motivo de celebración.

Uno de cada cuatro niños de la actual generación verá a sus padres divorciarse. Muchos de estos padres hallarán nueva pareja y a esa nueva relación irán con toda la carga de un matrimonio: hijos, probablemente -y si los hay- también abuelos, tías y tíos. Si la nueva pareja se encuentra en posición similar, los hijos de una familia reconstituida pueden terminar teniendo seis padres en tres hogares diferentes.
Un centro de investigación ha calculado que, en el año 2010, más familias sufrirán separaciones y reestructuraciones que las que permanecerán unidas. Se estima que sólo en países como el Reino Unido, 18 millones de británicos se encontrarán de alguna manera en una familia combinada y reconstituida.
Existen numerosos ejemplos de alto perfil de este tipo de reorganización: el príncipe Andrés y Fergie, Mick Jagger and Jerry Hall, Tom Cruise y Nicole Kidman. Recientemente, Jude Law habló de su amistad con Gary Kemp, quien había estado casado con la esposa de Law, Sadie Frost, y es el padre del hijo mayor de la actriz. "Sin embargo, demoró un tiempo -apagando fuegos y todo eso- pero estamos cerca. Es de lo más moderno, ¿no es cierto?".
"Las complejas relaciones en el seno de las nuevas familias reestructuradas es materia de creciente preocupación", comenzaba un párrafo en un reciente reportaje, sin mencionar para quién o por qué.
Supongo que depende de la propia filosofía, si se cree que la familia existe primero y ante todo para la exhortación moral y las responsabilidades formales, o si se piensa, de manera más significativa, que es donde aprendemos acerca de las relaciones.
Desde luego, en las familias felices ambas cosas coinciden sin problemas, pero no siempre coinciden y nunca lo han hecho. En 1954, la revista norteamericana Woman's Day exhortaba a sus lectoras a fijarse en el caso de Howard y Susan Brown. Susan se iba a la cama temprano todas las noches, porque los niños se levantaban a las siete, lo que quería decir que Howard "debía" salir por su cuenta. Lo inevitable ocurrió y "ahora Susan es una figura trágica y sus hijos están criándose sin padre porque ella permitió que su matrimonio se le alejara". A pesar de su vergonzosa conducta al dejarse utilizar, en la actualidad Susan podría tener la oportunidad de contar su versión de la historia y así ocurre con las familias reconstituidas.
Habrá quienes lo tomen a la ligera, pero no he conocido a ninguno. En consecuencia, estamos más conscientes de qué significa ser una familia, porque nos vemos ante la pregunta todos los días y de centenares de maneras distintas. Para nosotros, las familias se componen de varias capas. Hay personas que viven en nuestro hogar -entre quienes figuran algunos que no están allí todo el tiempo- con quienes mantenemos lazos de amor y lealtad, y también porque sabemos que no estamos sellados automática, completa y herméticamente como otras familias nucleares. En las familias reconstituidas no hay parejas autosatisfechas.
También existe la familia contingente, definida no por el hogar compartido sino por la historia compartida. Esta es un área de desacuerdos, porque la nueva pareja se define precisamente por no estar conformada por las ex parejas. No obstante, los hijos pertenecen a ella. La nueva pareja puede dejar atrás el pasado sólo en la tranquilidad de la alcoba e, incluso allí, sólo parcialmente. En cuanto a los niños (sobre todo porque odian a quien critique a su otro padre), la apertura y la cordialidad resultan vitales. Públicamente, al menos, no existen obligaciones, lealtades o cosas que se deban entre sí.
Finalmente, existe la familia ampliada, que puede ser vasta -abuelos, abuelastros, tías y primos. Si se mira positivamente, es mucha gente ocupándose de los niños y a mi parecer tiene poco de negativo.
La escritora Christina Hardyment determinó una vez que en una biografía nacional de prominentes mujeres históricas, una tercera parte de ellas provenía de "hogares deshechos".
Carol Smart, coautora de The Changing Experience of Childhood (La cambiante experiencia de la niñez), editado por Polity Press, ha realizado investigaciones con muchos niños cuyas familias se han deshecho. En la mitad de los casos, al menos uno de los padres ha encontrado otra pareja. "No es que a los adultos siempre les fue divinamente bien, pero en los casos en que funcionó, los niños sentían que tenían dos hogares". No obstante, estos hogares eran sutilmente distintos de los anteriores .
"En los casos en que había contacto frecuente con el padre biológico", descubrió Smart, "al padrastro le resultó difícil convertirse en padre o madre sustituta. Su tendencia era asumir un papel más bien no autoritario, no disciplinario y de compañía. Está apareciendo un nuevo protocolo". Quizás la razón sea que se trata de familias reconstituidas relativamente jóvenes: Dorit Braun de la organización Parentline Plus, afirma que las familias mezcladas demoran diez años en establecerse completamente. No tanto, lo que sí es verdad es que el papel sustituto -a veces una especie de tío, padre o hermano mayor- es cambiante e incierto, y la disciplina es el ejemplo más cargado de incomodidad y el más visible. Tal y como dijo una de las personas que entrevisté: "¿Está todo relacionado con que uno les guste o no?". El consejo es dejar que el padre biológico imponga la disciplina y si la madre no está presente, decir: 'No creo que a tu madre le guste que hagas eso".
Existen muchas otras dificultades que tienen las familias intactas. ¿Cómo manejar los cumpleaños? ¿Qué hacen todos la noche de Navidad? ¿Cómo va a reaccionar todo el mundo cuando llegue un nuevo bebé que sea en realidad hijo de esta familia? A los adultos podría parecerles una buena idea que los niños dividan su tiempo a partes iguales, pero ¿deberían los niños pasar la tarde viajando en auto entre hogares, a kilómetros de distancia de sus amigos? Además, está el asunto de los valores diferentes. Inevitablemente, una casa es más estricta que la otra. Existen reglas diferentes con relación a la hora de ir a dormir, las tareas, y comer juntos. Muchas veces eso resulta tedioso, especialmente si el adulto más estricto resulta ser nuestra pareja. Peter Elrid, de Parentline Plus, advierte que es importante no presumir que cada dificultad que se enfrente guarda relación con el hecho de ser una familia reconstituida. Todas las familias sufren conmociones. No obstante, no hay manera de evitarlas: las familias que comienzan con una gran carga han padecido al menos una gran agitación y sus efectos irán despareciendo con los años.
Los cambios hacen que las personas cuestionen sus valores. Todas las familias que conocí habían compartido objetivos y grandes expectativas. Todas las personas tenían claras sus funciones. Hablaban bastante y se mostraban abiertas y confiadas. No trato de decir que las segundas familias sean mejores. Obviamente, todo resultaría mejor si, para comenzar, se juntaran las personas adecuadas, se quisieran entre sí para siempre y criaran a sus hijos para que fueran ciudadanos útiles y productivos. No obstante, con frecuencia las segundas familias son muy reflexivas.
Las familias con carga son, por definición, más nutridas que las demás, lo cual quiere decir que carecen de dinero y requieren espacio: ambos factores conspiran contra la supervivencia. Sin embargo, las familias grandes pueden ser también, quizás para sorpresa de los adultos, una fuente de alegría. Los niños que conocí parecían vivir de una manera que evocaba más las infancias al estilo antiguo: sin mucho dinero, sin darle sentido a ir tras las cosas materiales porque en gran medida no pueden tenerse, pero con mucho tiempo para divertirse entre sí. Boo Spurgeon, quien, con cinco niños, posee la familia más reducida de las que conocí, dice: "Se pueden mantener conversaciones maravillosas con siete personas en la mesa".
He aquí una importante reflexión que los moralistas deben mantener en mente -y no es diferente de lo que Peter Eldrid quiere decir cuando afirma: "Cuando existe profundidad y comprensión, es posible sobrevivir a casi todo". Allí está la clave, a mi parecer. Si los padres son felices y realmente están comprometidos en hacer que funcionen sus familias, los hijos serán felices también. Y luego, el resto, las preocupaciones por el capital social, las "complejas relaciones en las familias reconstituidas" que son "creciente materia de inquietud" se harán cargo de sí mismas.

 

 
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