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Un gran invento
Mónica Montañes
Parece ser que en otros países,
más allá de nuestras fronteras, el asunto es viejo
y ya nadie se asombra. Parece ser que hasta es costumbre
y a nadie se le quita ni el hipo por eso.
Parece ser que es así como cotidiano, como normalito, como dos más
dos, como prender el televisor y encontrarse con la cuña de la pocetita
parlanchina del desinfectante que desinfecta más, que limpia más
y no daña... Algo de todos los días y de siempre. Sin embargo, como
quiera que nosotros aún no lo hemos descubierto para nada, vale
la pena hablar de eso, tú sabes, pa' ver… Se trata de: la consecuencia.
Sí, y no ponga esa cara de que ¿cómo que la consecuencia?, o ¿es
que usted no se ha dado cuenta de que en este país de inventores
ha pasado algo con la consecuencia, un olvido, un descuido, no sé,
pero no hemos inventado eso que pareciera tan sencillo, aquello
de que las cosas, todas las cosas, los actos, todos los actos, tienen
que tener una consecuencia? Hace unos cuantos días me cayó la locha
leyendo una noticia de aparente no relevancia, una columnita esquinada
en un pedacito de las páginas del periódico que se ocupan del acontecer
internacional. Venía de Suecia. Por eso lo leí, porque uno como
que rarísima vez lee una noticia sueca, seguramente porque son una
gente seria que no se anda metiendo en los problemones que normalmente
acogotan al resto del mundo. En fin, en la columnita contaban algo
así como que un grupo de suecos organizados, no recuerdo si periodistas
o qué, se habían puesto a grabar las conversaciones privadas de
ciertos suecos importantísimos. Habían introducido en sus oficinas
cámaras escondidas, grabadores, micrófonos, en fin… y así recogieron
comentarios tipo: "es que esos chilenos que viven aquí son los que
lamentablemente se le escaparon a Pinochet" o "la única diferencia
entre un negro y un mono es que los monos agarran los cambures con
los pies" o "qué fastidio con ese poco de árabes que nos tienen
invadidos". Comentarios todos hechos por personalidades relevantes
dentro del acontecer político sueco digamos que entre panas. No
declaraciones a la prensa, obvio. Lo insólito de la noticia, observada
desde nuestro punto de vista venezolano, es que estos señores, al
formarse el lío correspondiente porque sus desatinos habían salido
a la luz pública, renunciaron a sus cargazos, perdieron sus puestos,
y sobre todo sus aspiraciones a ascender a cargos mayores. Es decir,
hubo una consecuencia. Pusieron la torta y pagaron por ello. No
salió un abogado, ni se armó una comisión, ni se discutió eternamente
sobre la libertad de expresar uno la barbaridad que a uno le dé
la gana, ni se propuso meter presos más bien a los que grabaron,
ni hubo una marcha ni una contramarcha, ni un yo sí lo dije pero
no con esa intención, o ¿no será esto una conspiración de los chilenos,
negros o árabes? No señor. Usted metió la pata, como quiera que
esto se diga en sueco, y se fregó y punto. Sin mucho aspaviento,
como algo lógico. Yo hubiera puesto la noticia de una columnita
a abrir el periódico, con un titular inmenso con las letras en negritas
y todo. Digo, a ver si aquí a alguien más le parecía una gran idea,
un buen invento, digno de ser copiado por nosotros. Sería toda una
novedad en nuestra idiosincrasia nacional eso de que el que la hace
la paga, no como un castigo divino ni algo personal, sino inherente
a vivir en una sociedad donde la lógica tuviera consecuencias lógicas.
Quizá así dejaríamos de vivir en medio de tanto sobresalto absurdo,
sin tanta alarma y tanta zozobra sin consecuencias, sin tanto pillo
macro o micro sabiéndose de antemano inmune a cualquier tipo de
castigo. Como quiera que tenemos tantos años viviendo al margen
de ese gran invento, todo esto pudiera sonar como una inocentada
o como una utopía, pero ¿quién quita? Capaz que al ver al primer
preso por sinvergüenza, por ladrón, por negligente o hasta por bestia,
al primer fregado, la cosa cambiaría. Yo sigo creyendo que en esos
países no es que la gente le tenga más aprecio a la patria que nosotros,
sencillamente si no actúas bien, pagas las consecuencias .
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