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Celos que matan
Max Haines
John Taylor no pudo soportar que su ex novia saliera con otro hombre

Las peluquerias son establecimientos fantásticos donde las mujeres se reúnen para intercambiar información, estar al tanto de las últimas novedades y, en general, pasar un buen rato charlando con las amigas. Además, les arreglan el pelo, se lo secan, se lo peinan y, en ocasiones, se lo cortan. Es raro que en uno de estos negocios se cometa un asesinato sangriento.
María Tonge era dueña de una peluquería floreciente en Newmarket, Inglaterra, un lugar más conocido por sus carreras de caballos que por sus peluqueras. Llevaba saliendo ocho años con John Taylor y estaba locamente enamorada de él. John tenía una armería en la ciudad de Lincoln, a unos 160 kilómetros de Newmarket. Aparentemente, él también estaba perdidamente enamorado de María.
De haberse seguido el guión habitual en Hollywood, María y John se deberían haber casado y vivido felices para siempre, pero eso no es exactamente lo que pasó. John Taylor no paraba de decirle a María que no estaba hecho para el matrimonio.
¿Qué puede hacer una chica en ese caso? En el cálido pero típicamente neblinoso verano de 1977, María le pidió a John que se casara con ella o que se separaran. Pese a ello, el experto en armas no quiso comprometerse a casarse. Frustrada, María dijo a John que todo había terminado.
La atractiva mujer estaba ahora libre para salir con otras personas. Entonces, conoció a Peter Davis. En poco tiempo, se enamoró como loca de Peter, que era alto, encantador, maduro y considerado un buen partido. Tenía una compañía de subastas justo en las afueras de Newmarket. Peter sentía por María lo mismo que ella sentía por él.
Hasta ese momento todo iba bien. Luego, María tomó una decisión equivocada. Escribió a su antiguo novio, informándole de su nuevo amor. John no perdió tiempo en recorrer los 160 kilómetros hasta la peluquería de María en la calle Old Station. Estaba hecho una fiera y no dejaba de lanzar improperios contra María. En el calor de la discusión, espetó la desdichada frase: "No vas a ser suya. Te voy a matar".
Pero como todos ustedes saben, los amantes irritados suelen decir cosas sin sentido. María no se tomó las palabras de John en serio. Siguió saliendo con Pete Davis.
A María, una persona decente, le pareció que tenía que tener a John informado. Le escribió unas líneas un mes después de su visita, explicándole que era extremadamente feliz con Peter.
John no soportó el dolor, tanto así que de buenas a primeras le pidió la mano. Durante ocho años, esa petición hubiera vuelto loca a María pero ahora las reglas del juego habían cambiado. Estaba enamorada de Peter. Le dio las gracias a John, pero le dijo que no. Había llegado ocho años tarde.
Al ver que era rechazado, John se metió en su vehículo y se fue directamente a la peluquería de María. Como tenía una armería, no le fue difícil conseguir una pistola. Llevaba un revólver Smith and Wesson cargado, escondido en su bolsillo. John llegó a la peluquería, entró apresurado y le gritó a María: "Voy a matarte".
No tengo constancia alguna de la reacción de las clientas de la peluquería pero seguramente que una afirmación así interrumpe un lavado y secado. María conservó la calma y le habló a John con tranquilidad. Por un momento, pareció tranquilizarse pero luego empezó a sollozar y le dijo a María que no podía vivir sin ella. Luego, John sacó su revólver del bolsillo y se apuntó a la cabeza. María logró convencerlo de que no se precipitara.
En ese preciso momento, Peter Davis entró en la peluquería. John gritó: "Tú me has quitado a mi chica". Peter, por cuyas venas debía correr agua helada, le dijo a John con toda tranquilidad que eso no era verdad. Si hubiera pensado que María quería a John, nunca habría tenido una relación con ella.
En esos instantes, John tenía de nuevo el revólver en el bolsillo. Sólo María sabía que momentos antes, ella y/o John habían estado cerca de la muerte. Increíblemente, John y Peter siguieron hablando sobre su situación excepcional. A María le parecía que Peter estaba empezando a hacer razonar a su antiguo novio. Honestamente, creía que John tenía intención de dejar la peluquería y volver a Lincoln cuando, de repente, se volvió, revólver en mano, y disparó a Peter.
María salió gritando de la peluquería. Peter luchó por mantenerse en pie y salió tambaleándose por la puerta. John le siguió, todavía disparando con el revólver. Al final Peter cayó desplomado. John se puso encima de él y disparó las balas restantes contra el cuerpo de su víctima.
Después del asesinato, John encontró a María cerca de la peluquería. La miró a los ojos y le dijo: "Lo hice por ti. Lo maté. Te amaba".
En mayo de 1978, John Taylor fue juzgado por asesinato. En ningún momento negó que había matado a Peter Davis ni sus intenciones de hacerlo. Fue sentenciado a cadena perpetua.
En cuanto a María, después de la tragedia cerró su peluquería y se fue a un convento, aparentemente para olvidar para siempre el día en que su novio fue matado a tiros en su peluquería.

 
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